jueves, 4 de diciembre de 2014

Dos años ya

A veces a la tristeza le da por implantarse. Llueva o no, haga frío o calor, todo parece gris en torno nuestro. Se pierden los estribos por cualquier nimiedad, y si lo que estás haciendo de pronto sale mal terminas llorando y sintiendo que no hay otro modo de existir en ese momento más allá del llanto. No hay sosiego. Puede que la causa real de todo esto esté en las sombras, pero ¡ah! el inconsciente no perdona.

Dos años es mucha ausencia.

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domingo, 30 de noviembre de 2014

La lluvia no siempre se resuelve en poesía

Llueve mucho, pero no voy a escribir poemas esta vez. Tanta agua no me permite escuchar otras cadencias que su repiqueteo a mi alrededor. Ha estado lloviendo toda la semana, todos los días, todas las noches, casi a todas horas. La lluvia ha de haber olvidado cómo detenerse. He ahí la definición del otoño que por fin se ha abierto paso hasta acá. Parece querer llegar todo de una vez; tan apenado está por su retraso.

Como excepción tuvimos una hora sin lluvia este mediodía. El sol se adivinaba apenas en el cielo como un disco opaco detrás de un velo de nubes. Pueden creerme, por romántica que suene la frase es la imagen exacta para hoy.

Bajo ese cuasi-sol, pues, aprovechamos para salir. Todos —nosotros y los otros— salimos a estirar las piernas y respirar aire fresco. ¡Ah, caminar! Caminar se ha vuelto un lujo en este tiempo de lluvias. Ya es un simple recuerdo el caminar con ligereza por los senderos del bosque, sentir el ruido de los pasos amortiguados por las hojas caídas, no amontonar barro en los zapatos hasta que pesan como costales llenos de papas. Ahora es tiempo de dar un paso o dos, con suerte tres, antes de quedar atascados en la tierra o resignarse a seguir el aburrido camino del asfalto. 

Caminamos, pues, entre el olor a tierra húmeda. Saltamos de piedra en piedra. Compartimos la alegría de los pájaros. Fuimos y regresamos tan solo, no dio tiempo para más antes de que allá arriba abrieran de nuevo el grifo. Cortito el paseo pero efectivo, y para cerrarlo con broche de oro fuimos premiados con la vista de una abubilla que no paraba de abrir y cerrar su penacho, "como espantada por tanta agua y viento" —digo yo, buscando y ofreciendo algo de solidaridad. 

No fue más que una pequeña tregua. Ya es noche otra vez y aún sigue lloviendo.





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martes, 25 de noviembre de 2014

Otoño



El otoño viene y se va, no se decide a entregarse del todo. Es hora de que llegue y yo, ¡yo estoy tan lista para recibirlo! Cada día me visto, me cubro, me abrigo, quiero sentir por fin un poco de aire frío en el rostro. Luego salgo de casa, camino, sudo y, claro, me desilusiono. 

Esperar desilusiona. Comparar también. Las comparaciones son odiosas. Lo redescubrí hace un par de días cuando escuchaba la voz espontánea, la risa alta, la soltura de cuerpo y de mente de aquella chica. Tan diferente a mí, tan hacia afuera ella. Tan parecida a mí o a lo que soy bajo este ropaje de esponja.

Un acto de entrega, sístole de esta diástole de aprendizaje y recogimiento. Un acto de entrega, como el del otoño. 

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domingo, 27 de julio de 2014

Reseña (o algo parecido): "Mr Gwyn" de Alessandro Baricco

Dejemos algo claro para empezar: este es un libro hermoso. Es como si Baricco no supiera escribir de otra forma, o no nos dejara otra forma posible para describir su obra. 

Dicho esto puedo asegurar que es también un libro atrapante, pero no como esos otros que atrapan desde la primera línea y no puedes abandonarlos, de los que te van ocupando las neuronas todo el tiempo que no estás con ellos. Este puedes cerrarlo e irte tranquilamente a tu mundo sin temor a que interfiera en tu quehacer. Puedes, de hecho, no pensar en él durante días. No importa. El libro ya ha comenzado su labor. Ha tirado sus redes a tu alrededor, detro de ti, sin dejarte notarlo. Ya es parte de tu sombra.

Diría más bien que este libro es como el mar -incluso más que "Océano mar". Uno llega al mar con sus apuros, sus espectativas, sus miedos y él parece asumirlos todos, aceptarlos, acompañarte en ellos hasta que de pronto te das cuenta de que eres tú quien se mueve como el mar. Te ha ido transmitiendo su ritmo, su vaivén, su música, y ahora está todo dentro de ti. Puedes incluso irte lejos, regresar a casa... En la noche, cuando esté todo en reposo encontrarás al mar en tu interior. Eres parte del mar. Eres el mar. Desde entonces y para siempre.

Y es que -concluyo- este es un libro inquietante, como el mar. Uno siente que el libro lo desnuda. Uno descubre en esas letras una mirada atenta a cada pequeño movimiento nuestro, a cada respiración, como si no fuera uno el lector sino, más que nunca, un texto por descifrar. 

Uno termina el libro llevándose una pregunta dentro que ha sido depositada allí a lo largo de estas páginas sin que se sepa decir si con suavidad, con violencia o con una mezcla de ambas. Luego, frente al espejo la pregunta se escapa por los ojos, por los poros, por los cabellos, por el aura del reflejo una y otra vez sin que seamos capaces de detenerla, ni lo intentemos.


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domingo, 13 de julio de 2014

De domingos y de gatos


Hoy he visto pasar el día por mi lado, literalmente. No es lo mismo que literariamente, aunque se parezcan y aunque en este caso hayan sido causa y consecuencia. 

Sucede que me senté a leer sobre el mediodía y, salvo una pausa o dos, no me levanté de mi asiento hasta hace unos minutos. Sucede también que mi asiento favorito para leer libros en papel está justo al lado de la ventana, y yo lo inclino de modo que al alzar la vista de la página toda la ventana y su más allá caigan sin esfuerzo dentro de mi campo de visión. Sucede además que el día, no por ser domingo, ni por ser domingo de elecciones y ni siquiera por ser el domingo en que se decide el ganador del mundial de fútbol; el día, pues, sin cobrar constancia de las distinciones que de él hacemos, no dejó de pasar. 

Y pasó. 

Pasó todo un domingo de punta a cabo, con todas sus horas compuestas de minutos llenos de segundos sin admitir interrupciones. Pasó un domingo típico con todos sus típicos cambios de luz, violentos algunos, imperceptibles otros, demorándose los más en su propio gusto colmado de fugacidad. 

Pasaron también junto a mi ventana todos los gatos habituales, sin amontonarse. Cada cual a su hora y cada quien a su ritmo. Los gatos, como los cambios de luz, gustan de regodearse en su impermanencia. Si hay alguna diferencia entre unos y otros es, con toda seguridad, que los gatos tienen plena conciencia de que no hay nada más bello que sus movimientos ancestrales mientras que la luz, tan rápida ella, no puede detenerse en tamañas nimiedades.

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Los gatos, como los domingos, pasan por mi lado ajenos a todo tipo de partidos, ya sean de aquellos en los que se corre tras una pelota o tras un cargo político. Tampoco reparan en mí, inmóvil tras mi libro, inmóvil como el libro. Los domingos y los gatos no entienden de estas diferencias. 




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miércoles, 28 de mayo de 2014

Lluvia en dos tiempos

1.
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Llueve también aquí. Lluvia por fin
con ánimo de limpieza,
de descarga y alivio.
Llueve con la serenidad de lo inevitable:
desagüe celestial, lluvia esperada.
Pobre tierra tan viva, tan reseca,
tan simétricamente humana.
Llueve como cierre natural
a la idea de la perfección impuesta.
Lluvia, llueve. Llueve, lluvia,
para que el verde vuelva.

2.

Llueve otra vez, atronadoramente.
Se estremecen los cristales,
retumban los metales,
parpadean las luces
y se moja el mundo en un santiamén.
La lluvia se descarga toda,
con rabia, de una vez.
Llueve como si no hubiera
otra forma posible de llover.
Llueve con el asombro de un trópico
traído por la nostalgia a estas tierras.
Yo me acurruco en mi sillón y sonrío.
Es necesario, imprescindible acaso,
disfrutar el milagro mientras dure.


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sábado, 24 de mayo de 2014

Fábula

Dicen que el mundo es una esfera enorme
con tierras, mares, desiertos y ciudades.
Mas, díganme, ¿a mí de qué me valen?
No los alcanzo con mis alas torpes.

Tampoco es que lo haya intentado,
no estoy hecha con fibra de viajera.
¿Acaso es más verde la otra hierba?
¿Tiene mejor sabor que lo encontrado?

¿Y quién se aventura a esas andadas
teniendo por aquí casa y comida?
¿Para qué arriesgarse en esta vida?
No está garantizado ni el mañana.

No alcanzo a ver más allá del palmo
que sobrevuelo una, dos, cien veces...
¿Puedo saber si hay de veras algo
detrás de aquella línea de cipreses?

Pero, ¿qué es este nuevo olor que siento?
¿Qué extraña flor me envía así su aroma?
Tiemblan mis alas... La inquietud se asoma.
¡Ya voy, mundo! ¡Ya remonto el viento!





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lunes, 19 de mayo de 2014

El cerezo



A mi madre

Me deslumbra este árbol al sol,
tan lejos de la lluvia gris 
que no deja de caer tras su ventana.
Es de corteza clara y áspera
como la pared agrietada en su habitación
ahora vacía.
Me fascinan sus frutos,
de a dos,
tersos, rojos, intensos
como la sangre que nos une.
Deja pasar la luz entre las hojas
con un destello, y lloro
como los ojos de los que la luz se escapa.
Agradezco este regalo inmenso
de fruto y carne,
de zumo y lágrimas,
de generoso amor y desapego.


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sábado, 17 de mayo de 2014

De las máscaras o de su pérdida

Esta tarde mientras esperaba me senté en una piedra a la sombra de un árbol, a la orilla de un campo abierto donde ayer pastaba un rebaño de ovejas. Hoy no quedaba más que el olor de los animales y unas pocas flores, las que no se comieron, suficiente para tenerme entretenida un rato antes de llegar a sentir la dureza de la roca bajo mi cuerpo. ¿Por qué había elegido semejante asiento teniendo tanta suavidad de tierra y césped alrededor? Hace unos años mi elección hubiera sido otra, sin dudas. Hace unos años una amiga criticaba entre risas mi adicción a sentarme en el suelo. Hace unos años un amigo se acercó adonde estaba sentada, en la tierra -en otra tierra- bajo la sombra de un -otro- árbol, para decirme que cuando me quedaba sola un rato se podía leer una profunda tristeza en mi rostro. "No hay más que dejar sólo a alguien durante un tiempo, por breve que sea, para que aflore lo que no quiere mostrar al mundo, lo que no quiere mostrar tal vez ni a sí mismo" -me dijo, y esta tarde mientras lo recordaba agradecí no tener a mano nada en lo que verme reflejada.



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sábado, 3 de mayo de 2014

Ni más ni menos que un recuerdo...

Acaso la muerte equipara las magnitudes. Al final de la vida, lo grande deviene pequeño, y lo pequeño, grande. No en balde en los registros de las viejas crónicas chinas y japonesas lo grande y lo pequeño permanecen por siempre juntos. Justo bajo esa perspectiva es que realizo a posteriori el registro de un minúsculo pedazo de mi biografía.

Febrero de 1972. Sobre las cinco de la tarde, al regresar del trabajo en las plantaciones de tabaco, en la atmósfera del campamento el “Pellejero”* se respiraba un aroma de sorpresa. Después de tomar una irrenunciable ducha fría la noticia de lo que se cocinaba nos calentó el corazón: en el comedor se encontraba ya cenando el grupo Van Van que había llegado de improviso para regalarnos un concierto. Como explicaría más tarde orgullosa la directora María Esther, todo había sido obra de la magia del director de televisión Erick Kaupp, cuyos hijos Anneliese y Erick compartían pupitres con nosotros en la escuela Calixto García del municipio Plaza de la Revolución.

La experiencia fue, al menos para mí, determinante. No había escenario, y los músicos se ubicaron al mismo nivel que nosotros en un pequeño espacio embaldosado que estaba justo delante del comedor, en la plazoleta de nuestras formaciones matutinas. El cantante, un mulato bastante alto de cabeza redondeada, cada vez que entonaba un agudo se empinaba con las piernas muy unidas sobre las puntas de los pies cual si fuera un globo tratando de liberarse de una vez de su amarre terrenal. El director sin embargo, permaneció todo el tiempo sonriendo, como absorto en el sonido de su bajo eléctrico, en un prudente segundo plano. Alguien tuvo que indicarme expresamente: “mira, ese es Juan Formell”, para que me percatara de que lo tenía apenas a unos pocos pasos delante de mí.

Los músicos parecían no cansarse de tocar y cantar, ni los muchachos de bailar y reír. Serían las diez y media de la noche, cuando el cantante, una vez más empinándose con un pequeño bamboleo sobre la punta de sus brillosos zapatos negros gritó finalmente: “¡Hay que dormir!” Nosotros, resignados, les dimos un gran aplauso de despedida. La orquesta se retiró y junto con ella, como un miembro más, Juan Formell.

Hoy me parece entender un poco mejor la impresión que me produjo aquella despedida: Él era su orquesta, su orquesta era él…

Entre la muerte de una Cuba y el nacimiento de otra, los de mi generación crecimos en un margen de brusco acortamiento de las distancias.

                                                                                                                               Gustavo Pita Céspedes
                                                                                                                   Barcelona, 2 de mayo de 2014

* Alquízar.

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martes, 8 de abril de 2014

Estremecimiento

Es sólo una sala más, hasta que los ojos se alzan hacia el techo. 
Compadezcamos a aquellos a quienes no recorra un súbito y 
lancinante estremecimiento: están perdidos para la belleza. 

J. Saramago, Manual de Pintura y Caligrafía 

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Techo del Salón Caballeros 24, en la Madraza de Granada.

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jueves, 20 de marzo de 2014

A rastras

Querido Señor*:

Déjeme asegurarle que su llegada a mi vida no pudo haber sido más arrasadora. Su voz se ha llevado de repente mi silencio, mi tranquilidad, mi armonía. Ha cargado en sus incansables brazos mis deseos de ayudar, mis buenas miradas, mi saciedad. Sus constantes idas y venidas me han obligado a encerrarme detrás de mis cortinas, de mi música, de mis letras. En estos días ha conseguido usted lo que nadie: me ha dejado sin máscaras, sin luces ajenas, sin falsas protecciones. Me ha dejado usted desnuda. Sólo espero que, cuando al fin decida irse, mi alma aún se reconozca.


*En alemán: liebherr.

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miércoles, 19 de marzo de 2014

Historia de un mirador

Sentado en su puesto de observación me estudió durante horas a través de la ventana abierta. Cuando por fin se decidió, con una ligereza de la que sólo él es capaz, lo vi descender del mirador para siempre. Segundos después lo tenía a mi lado y no tardó en encontrar su espacio en mis días. Desde entonces me visita cada tarde. En cuanto estoy lista para recibirlo abro mi ventana; esa es nuestra señal. En ocasiones entra dando voces, reclamando mi atención. Las más de las veces llega en completo silencio, prefiere sorprenderme con una caricia. Y nunca se queda mucho tiempo, es cierto, ni siquiera lo hizo aquella primera vez, pero tampoco es necesario. Un breve lapso juntos es suficiente para dejar su calor impreso en mis manos junto a la promesa del regreso. 

*     *     *

Respondiendo a una breve señal, la máquina extendió sus dedos metálicos. La madera vieja crujió bajo el peso inesperado y el mirador se deshizo al primer embate. Los ojos detrás de las gafas nunca vieron allí otra cosa que un árbol seco. 

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martes, 18 de marzo de 2014

Reestructuración



Cambian la tierra de aquí para allá. Cortan, arrancan, aplastan, aplanan. Donde antes había una verde alfombra de hierbas con pequeñas y agradables ondulaciones en las que empezaba a hacerse notar ya la primavera, allí no va quedando más que tierra removida. Devastación. El panorama, sin embargo, me resulta bastante conocido. Todavía va a ser cierto eso que dicen de que el mundo no es más que nuestro espejo.



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lunes, 17 de marzo de 2014

Concordancia

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Si canto, tú callas. Si por el contrario buscas la alegría con todo tu cuerpo, yo me vuelvo invisible. Sé que tienes razón, mas lo niego. Buscas afincar tus pies donde agito mis alas. Tú escribes con colores mientras yo dibujo letras. Es difícil encontrar la concordancia en este mundo nuestro, sobre todo ahora que somos la última fuente de armonía. Busquemos, pues, en el arte que nos une a medida que unimos las artes, en tu silencio que sólo busca escucharme, en mi invisibilidad que es pretexto para dejar espacio a tu danza.




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domingo, 16 de marzo de 2014

Necesidades propias


Por alguna razón, tener más piel expuesta de lo acostumbrado me hace sentir... extraña. Soy más consciente del movimiento de mis piernas, de la postura de mis pies. Este vestido parece tener sus propias necesidades. Al verme en el espejo, un poco de carmín en los labios, unos pendientes y una inclinación diferente de la cabeza se me hicieron impostergables. Es corto pero no demasiado. Lo es en la medida suficiente para modificar mi forma de sentarme: la espalda recta, las manos posadas suavemente en la frontera entre la tela y tu mirada.



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viernes, 14 de marzo de 2014

Un día para cada cosa

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No es día de escribir: es día de leer. Es día de hablar de libros, de comentar lo leído, de buscar información sobre los autores, de reírme a carcajadas de lo que encuentro. Es día de sopesar el valor del accidente que me lleva a un libro nuevo, y de intentar explicar cómo una relectura puede cuestionar buena parte de mi vida. Es día de sorprenderme pensando a cada rato cómo terminará el cuento que dejé a medias en la mañana. Es día de bucear en aguas caudalosas y preguntarme ante tanta abundancia sobre mis verdaderos intereses. Es día, en fin, de dedicarme por entero a esta, una de mis primeras y perennes vocaciones.



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jueves, 13 de marzo de 2014

Indolencia


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Me pregunto si ellos lo sentirán. Yo puedo casi verlo y no me ufano de ser especialmente sensible. Las plantas se apartan a su paso. Los árboles se estremecen y callan. Las más pequeñas briznas de hierba se quedan quietas, temerosas. Quisieran ser invisibles, lo sé, lo siento. Quisieran pasar inadvertidas ante su mirada. Ellos avanzan con sus botas enfangadas, sus sierras apagadas, sus voces despreocupadas, y una mezcla de temor y odio se va levantando a su alrededor. Me pregunto si se dan cuenta del silencio profundo que los acompaña, de cómo hasta la tierra se resiente de soportar su peso. Pero no, no lo creo. De saberlo, temieran.


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miércoles, 12 de marzo de 2014

Noche ligera

La mente se aferra a las líneas más marcadas del día pasado, vaga por ellas. ¿Por qué me preocupo si nada puedo hacer? Me regodeo un poco en el calor de mi cuerpo entre las sábanas. Siento llegar el sueño. Uno ligero como ave nerviosa, presto a alzar el vuelo en cualquier momento. ¿Por qué habré empezado a leer ese libro? Se abren mis ojos y los cierro inmediatamente. No me gustan estas noches de sueño entrecortado. Muevo la cabeza para sentir la suavidad de mi almohada y me dejo caer, caer... ¿Podrá el descanso serle reparador? Todo sigue oscuro allí afuera. Obligo a mis párpados a mentenerse cerrados y hundo mis pies en el esponjoso edredón. Es parte de mi táctica casi infalible para atraer al sueño. No, no era así como empezaba la sonata... Ya puedo sentir los pensamientos difuminándose, envolviéndome en una neblina espesa, pesada..., suave..., luminosa —¿Luminosa?— como la mañana que ya se asoma por las rendijas de mi puerta. ¡Aaah, esta jornada no rendiré nada!

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martes, 11 de marzo de 2014

Despertador

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El cuerpo sigue respondiendo a su estímulo como lo hacía allá en los albores de mi despertar, con euforia en los miembros inmóviles, con una explosión de fuegos artificiales en el pecho, con un aturdimiendo en la cabeza. Por unos minutos no es necesario más para vivir, ni para morir.

A ella se abrió mi espíritu por vez primera. No es transporte: es estancia, creación, expansión constante. Con ella fue que descubrí la profundidad de una impresión eterna. Es mi cuota de magia personal y no la dilapido. Pocas veces la busco; sé que no se debe forzar nuestro encuentro. Tiene total libertad de venir a mí cuando lo desee y yo, siempre, me dejo sorprender. Entonces le rindo honores. Cierro los ojos y le permito invadirme, recorrerme, limpiarme. Con ella llega mi hora de renacer, y renazco.



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lunes, 10 de marzo de 2014

Café para dos

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¿Y si nos tomamos este café juntos? No sólo por el placer de la bebida, sino por el gusto de sentir nuestros cuerpos desperezarse al unísono. Mi sangre fluirá entonces más y más rápido llevando vida hasta tus células más escondidas. Tu piel despertará de su modorra mañanera y podrá expandir su percepción hasta este otro lado del mundo. Podrás así sentir el calor y la lisura de mi taza en la punta de tus dedos. Mis ojos sustituirán su velo por tu luz y podremos, en fin, ver levantarse el universo a nuestro alrededor o reinventarlo a nuestra imagen y semejanza, borrando entuertos propios y ajenos, viendo trabajar a la par necesidad e imaginación. Ven, tomemos este café juntos. No hay otra forma de garantizar el próximo giro de la Tierra.


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domingo, 9 de marzo de 2014

Variedad de la magia cotidiana

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No fue como cuando me vi envuelta en la gran batalla, con gritos y caballos a todo alrededor yendo y viniendo en una coreografía mayor que yo no alcanzaba a ver. El sonido era entonces atronador, y mi corazón empujaba sin mucho compás las paredes de mi pecho. Esta vez fue todo mucho más tranquilo. Logré remontarme a los senderos de un jardín natural en el que las flores apenas comenzaban a asomar. Era el verde lo que prevalecía y las voces quedas a lo lejos de quienes, como yo, aspirábamos a enlazar todos esos acordes en una melodía para un sólo instrumento.
 




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sábado, 8 de marzo de 2014

El par ideal

Llevo ya un buen rato mirando sus fotos. Repaso una vez más con la vista sus suaves curvas. Promete ser delicado en el trato con mi piel, sí, y tentador: enseña y oculta en la proporción perfecta. Flexible parece ser, fresco como la ya próxima primavera. Puedo imaginarme sobre él marcando el ritmo durante largo tiempo, sintiéndome a la vez hermosa y protegida, erguida y al mismo tiempo libre, sin restricción de movimientos ni asomo de cansancio...

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)