jueves, 17 de agosto de 2017

Retos para crecer (o Adiós a la flojera)

En enero de este año me enrolé en un reto lanzado por unas chicas en Instagram para dibujar diariamente. Para entonces ya había entendido que en esto del arte, el trabajo diario es fundamental. Por el camino descubrí que, si bien existía un tema general, los tópicos dados para cada día me resultaban bastante dispersos.

Ese mes aprendí dos verdades básicas:
1) dibujar a diario pero sin una dirección conscientemente elegida no me llevaba a ninguna parte, y
2) la figura humana me resultaba muy difícil.

Así, pues, decidí retarme a mí misma y asumir mi responsabilidad con el regalo que la vida me había puesto delante. Ya me conocen, me lancé a lo grande: comencé a crear mis propios retos mensuales de dibujo diario -que se mantienen hasta hoy-, los dos primeros enfocados solamente en la figura humana, primero figuras y luego retratos. Temas difíciles, sí, pero ideales para romper ese temor paralizante que aparecía cada vez que los enfrentaba.

Y funcionó. El avance es apreciable.

Diferencia entre los primeros y los últimos retratos que hice en Febrero


Si algo he aprendido desde entonces es que si queremos llegar a alguna parte algún tipo de reto personal tiene que haber que nos saque de nuestra zona de confort, y que el compromiso con uno mismo debe ser firme, porque en el camino baches y obstáculos capaces de quitarnos las fuerzas hay más de uno.

Aquí les dejo un par de videos cortos con (muy mal inglés y) mis resultados en esos primeros meses:






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viernes, 11 de agosto de 2017

Ventana a un nuevo mundo

Mi G me dice que vuelva, y yo le hago caso aunque no tenga mucho que decir. Las palabras no son lo que más cerca tengo en estos tiempos. Los colores han tomado su lugar.

Sí. Esta Pelusa se ha reinventado a sí misma, y aquel por largo tiempo acariciado sueño de ser escritora ha cedido paso al mundo de la pintura. Llevo tiempo viviendo entre pinceles, pigmentos, formas, desvelando los secretos de la realidad de otra manera con el mismo entusiasmo -eso sí- con que intentaba hacerlo con palabras.

¿La verdad? No he tenido tiempo de extrañar las letras. Cada universo artístico necesita un tiempo de sedimentación en nuestro espíritu, y mientras este proceso sucede no queda espacio para mucho más. Así que, si no les molesta, por acá les iré compartiendo mi arte porque, como bien dice G, esta sigue siendo mi casa, y ustedes siguen siendo plenamente bienvenidos.


Paisaje a orillas de un lago (Tempera sobre papel de acuarela, Fabriano 350g)


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miércoles, 6 de enero de 2016

Las hojas y el tiempo

A mi Maestro, en su 110 aniversario.

Crédito de imagen

Una vez nos confesó que le habría gustado ser cantante, y nos contó que en ocasiones soñaba que cantaba y cantaba con profundo sentimiento, y se despertaba cantando en medio de la noche.
Luego comprendí que, más que la solemnidad de la oratoria, lo que confería a sus conferencias su encanto era la transparente gracia del canto.
Conocí a García Galló en el año 1976 y fue mi maestro hasta febrero de 1992, cuando murió. Este plazo relativamente corto, equivalente en términos temporales al de los decisivos primeros diecisiete años de mi existencia, redefinió mi vida hasta tal punto que sigue influyendo en ella hasta el presente y de seguro que así será por siempre.
Y es que cuando le conocí, Galló me hizo experimentar un sentimiento que era para mí del todo nuevo: fue gracias a él que por vez primera me sentí discípulo porque en él por primera vez sentí a un Maestro. Afecto único, tan importante en la formación de todo ser humano como el de padre-hijo, hermano-hermano, esposa-esposo, amigo-amigo…
Los padres son quienes cultivan en nosotros el amor a la familia, a la casa, al jardín, la mascota, la historia y las costumbres familiares. Maestro es aquel que en nosotros despierta el amor a la humanidad como nuestra gran familia, pero también a la sociedad, la naturaleza, la cultura y su historia. Es él quien desvela en nuestra alma el espejo de la autoconciencia moral, la conciencia de lo que en lo más hondo eres y puedes llegar a ser para los demás.
A través del Maestro nos hablan milenios de historia. Y nuestro-Maestro-de-siempre hace de nosotros sus-discípulos-para-siempre y nos convierte así en para-siempre-discípulos… Relación inmutable, en la que de su inveterada sabiduría mana inmarcesible nuestra juventud.
La mañana de domingo era fresca y el aire mecía con suavidad los árboles del patio, sobre cuyo tronco el sol acariciaba las orquídeas.
Sentado en su mecedora, Galló conversaba de filosofía con nosotros mientras, a ratos, masticaba con evidente deleite su puro.
Entonces, apareció su esposa y empezó a barrer las hojas secas que la ventolera habían hecho caer a montones hasta casi cubrir la escasa hierba.
-No barras la hojarasca, Grofelia querida; como decían los antiguos, ese es el humus que alimenta la tierra.

Gustavo Pita Céspedes
Bellaterra, Barcelona, miércoles 6 de enero de 2016.
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sábado, 5 de diciembre de 2015

Aprendiendo sobre la marcha

1. Sé fiel a ti mismo. Aunque el mundo vaya por una senda, si tu corazón te invita a ir por la otra no lo pienses dos veces. Podrás sorprender las miradas agradecidas de los demás.

2. Esfuérzate siempre en pronunciar lo más claramente posible. Abre bien la boca y vocaliza lo mejor que puedas. Siempre existe el riesgo de que el suave flujo de tu voz se convierta en un arrullo y termine durmiendo al interlocutor, porque...

3. Después del almuerzo, las charlas siempre son soporíferas. Siempre.

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martes, 1 de diciembre de 2015

El milagro cotidiano




Hoy agradezco ese milagro cotidiano que, con solo abrir la tapa de este cofre de madera, me trae de vuelta tu olor, tu hacer, la habilidad de tus manos de escultor, tu sonrisa, el brillo de tus ojitos azules. No importa que hayan pasado tres años. Sigues aquí. Siempre.

Hoy agradezco haber tenido el mejor padre del mundo.








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domingo, 4 de octubre de 2015

¿Qué celebran los pájaros?

Hoy, mientras caminaba, estuve observando el comportamiento de los pájaros; y luego, ya en casa, también. Era difícil no hacerlo, y ahora les cuento por qué.

Para empezar, vi una especie de reunión de tórtolas. Había varias de ellas, cerca de una docena, paseando por un césped no muy lejos de casa. Hacían como que picaban aquí y allá en la tierra, pero es tan raro ver tantas juntas que era difícil no pensar que en realidad disimulaban, que estaban haciendo algo más.

Claro que no eran las únicas. Más allá, en un parque del pueblo vecino, había no ya una discreta reunión como la de las tórtolas, sino toda una asamblea de ruidosos y conversadores loritos. ¿Cuántos había? No los conté. Calculo que serían unos cincuenta, y no paraban de llegar más, siempre en grupos de cinco o seis. Estos sí que no disimulaban en lo absoluto, su ascendencia latina no se los permitía. Estaban reunidos alrededor del tronco de un árbol, y charlaban a toda voz sin preocuparse de si alguien los escuchaba o no. 

Las golondrinas que vimos más tarde, desde la ventana de casa, estaban no en el césped sino en el aire. Revoloteaban en grandes bandadas de un lado a otro, hacían giros atrevidos, jugaban, se divertían. Daban la impresión de estarse despidiendo del verano y de estas tierras, de celebrar la llegada de la lluvia, y con ella, el despertar del deseo de emigrar hacia sitios más cálidos. 

Y más allá, alzando un poco la vista, se podía ver un ave enorme, un halcón quizás, planeando en círculos. Era notable su tranquilidad, su parsimonia en comparación con todo el ajetreo de las golondrinas. No movía apenas las alas, sólo se dejaba deslizar, sin esfuerzo aparente, disfrutando de su vuelo.

Estuve a punto de hacer toda una alegoría de la humanidad basada en estas observaciones pero al abrir el ordenador algo me hizo cambiar de opinión: es 4 de octubre, y un día como hoy murió san Francisco de Asís, el amigo de los pájaros. Eran, pues, celebraciones y no simples reuniones las que tuve la suerte de presenciar.

Fragmento de obra propia


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viernes, 2 de octubre de 2015

Leer: ¿hábito o adicción?


Claude Monet- Springtime
Imagen tomada de Wikimedia


Estamos de acuerdo en que un hábito es aquello que hago frecuentemente pero puedo dejar de hacerlo cuando lo decida, de lo contrario he perdido el control y lo que sea que haga, bueno o malo, ya no es hábito sino adicción.

Bajo la luz de esta idea me propuse como experimento, no por obligación sino como ejercicio de mi voluntad, dejar de leer por unos días. Una semana, quizás dos. Leer es uno de mis hábitos mejores, más antiguos y más arraigados. Es de los más beneficiosos, por supuesto, y también de los que más placeres me ha proporcionado. ¿Para qué cuestionarlo entonces? Pues porque quiero saber qué tan adicta o tan dueña de mis actos soy, y porque creo que ninguna adicción es buena.

Desde entonces han pasado ya seis días, seis días sin abrir un libro. Tal parecen seis siglos. 

Estoy sufriendo un síndrome de abstinencia y está siendo duro, no saben cuánto. Puede parecer una exageración, pero les aseguro que refrenar el impulso de leer en cuanto aparece un momentito libre es de las cosas más difíciles que he hecho nunca. En serio. Es un impulso físico que nace solo. Con frecuencia me sorprendo a medio camino en busca de un libro, y puedo sentir la rabieta interior cuando decido dar media vuelta y dedicarme a hacer otra cosa. Ahora ya va menguando, pero sobre todo al principio era una pataleta en toda regla, con enojo y gritos (internos) incluidos.

Mi mente exige su droga, ¡y de qué manera!

Los resultados (hasta ahora): he descubierto que le dedico muchísimo más tiempo a la lectura de lo que pensaba. Ahora los días son más extensos... y yo me he reencontrado con un viejo amigo que hace años no veía: el tiempo libre. Las 24 horas han vuelto a llenarse cada una con 60 largos minutos que me permiten hacer un millón de cosas, sobre todo crear. He vuelto a ponerme en contacto con mi naturaleza creadora, he vuelto a estar hecha a imagen y semejanza del Creador, y eso no puedo decir que no sea bueno.

Ya sé que dirán que hay peores vicios. Por supuesto que los hay, pero leer se ha revelado como una adicción en mi vida, y yo quiero volver a leer cómo, cuándo y dónde yo decida, como una persona libre, y no arrastrarme cada día como una adicta inconsciente a meterme mi dosis de lectura.

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)