Despertador

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El cuerpo sigue respondiendo a su estímulo como lo hacía allá en los albores de mi despertar, con euforia en los miembros inmóviles, con una explosión de fuegos artificiales en el pecho, con un aturdimiendo en la cabeza. Por unos minutos no es necesario más para vivir, ni para morir.

A ella se abrió mi espíritu por vez primera. No es transporte: es estancia, creación, expansión constante. Con ella fue que descubrí la profundidad de una impresión eterna. Es mi cuota de magia personal y no la dilapido. Pocas veces la busco; sé que no se debe forzar nuestro encuentro. Tiene total libertad de venir a mí cuando lo desee y yo, siempre, me dejo sorprender. Entonces le rindo honores. Cierro los ojos y le permito invadirme, recorrerme, limpiarme. Con ella llega mi hora de renacer, y renazco.



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