martes, 11 de marzo de 2014

Despertador

Crédito de imagen
El cuerpo sigue respondiendo a su estímulo como lo hacía allá en los albores de mi despertar, con euforia en los miembros inmóviles, con una explosión de fuegos artificiales en el pecho, con un aturdimiendo en la cabeza. Por unos minutos no es necesario más para vivir, ni para morir.

A ella se abrió mi espíritu por vez primera. No es transporte: es estancia, creación, expansión constante. Con ella fue que descubrí la profundidad de una impresión eterna. Es mi cuota de magia personal y no la dilapido. Pocas veces la busco; sé que no se debe forzar nuestro encuentro. Tiene total libertad de venir a mí cuando lo desee y yo, siempre, me dejo sorprender. Entonces le rindo honores. Cierro los ojos y le permito invadirme, recorrerme, limpiarme. Con ella llega mi hora de renacer, y renazco.



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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)