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El Rinconcito de G: "Metáfora de la ventana y el espejo (II)". (por Gustavo Pita Céspedes)

José Martí. Conociendo poco a poco su obra: "Martí y el haiku." (por Jorge Braulio Rodriguez)

Escribidores y Literaturos: "La Persuasión" (por Pelusa)

Revelación de sábado

Proyecto 365, dia 267

Acabo de tener una revelación y quiero compartirla con ustedes:


"Allí donde todo está hecho,
donde no se siente la necesidad de aportar nada,
no hay desarrollo posible para el alma humana."

¡Buen fin de semana!

Viernes creativo

Proyecto 365, dia 266

Y bien, ya saben que ando creativa en estos tiempos, por eso hoy les comparto una de mis últimas manualidades en:


¡Espero que la disfruten!

Sabor Oriental

Proyecto 365, dia 265


Longevidad efimera,
la infancia se eterniza,
y las manos, cargadas de esperanza,
ungen con su resplandor a lo divino.

Es mi turno en:









Proyecto 365, dia 264

Mensajes ocultos -o tal vez no tanto.

Proyecto 365, día 263

Hay ciertos nombres que se cruzan en nuestra vida desde bien temprano y con mucha frecuencia. Podemos pasarlos por alto, no tomarlos en cuenta, pero si nos paramos a pensar un poco en ellos descubriremos que encierran solo para nuestros ojos cierto simbolismo personal, oculto para el resto del mundo.
Quizás Ivanius tenga razón –salvando las distancias, claro está- cuando me compara con el alma de un Leonardo de intereses todo-abarcadores; quizás no fue una casualidad el que, en un país donde las escuelas todas portan nombres de mártires patriotas, mi escuela primaria se llamase “Leonardo D’Vinci”; y –siguiendo este caótico razonamiento- quizás tampoco sea casual el que, abriendo hoy al azar un libro de ensayos de Ortega y Gasset, diera con los siguientes fragmentos de un ensayo aun no leído:

Leonardo, como nadie ignora, es el más típico representante de aquel universalismo del primer Renacimiento, que fue como una profética ampliación súbita de los horizontes humanos. Matemático y arquitecto, ingeniero y filósofo, citarista y jinete, hombre de trato ameno y delicadas aficiones, apareció a sus contemporáneos como una encarnación demoníaca, como algo más que humano. (…)
¡Que no ha anticipado este vidente en geología y en física, en mecánica, en astronomía, en el arte de la guerra, en la aerostación, en botánica, en fisiología! (…)
Todo lo intentó, todo lo quiso, lo que podía y lo que no podía. Y le quedaba un desencanto melancólico que luego inyectaba en los labios de sus figuras, como en la Gioconda. Y como la Gioconda, todos sus semblantes sonríen para no llorar, sonríen de hastío y descontento, sonríen para no acabar de morir. Porque una manera de muerte es para la Gioconda –el alma de Leonardo- vivir solo como una parte del mundo y no poder abarcar el temblor inagotable de la vida universal.

(Fragmentos del ensayo La Gioconda, de José Ortega y Gasset)

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