miércoles, 12 de marzo de 2014

Noche ligera

La mente se aferra a las líneas más marcadas del día pasado, vaga por ellas. ¿Por qué me preocupo si nada puedo hacer? Me regodeo un poco en el calor de mi cuerpo entre las sábanas. Siento llegar el sueño. Uno ligero como ave nerviosa, presto a alzar el vuelo en cualquier momento. ¿Por qué habré empezado a leer ese libro? Se abren mis ojos y los cierro inmediatamente. No me gustan estas noches de sueño entrecortado. Muevo la cabeza para sentir la suavidad de mi almohada y me dejo caer, caer... ¿Podrá el descanso serle reparador? Todo sigue oscuro allí afuera. Obligo a mis párpados a mentenerse cerrados y hundo mis pies en el esponjoso edredón. Es parte de mi táctica casi infalible para atraer al sueño. No, no era así como empezaba la sonata... Ya puedo sentir los pensamientos difuminándose, envolviéndome en una neblina espesa, pesada..., suave..., luminosa —¿Luminosa?— como la mañana que ya se asoma por las rendijas de mi puerta. ¡Aaah, esta jornada no rendiré nada!

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)