martes, 25 de noviembre de 2014

Otoño



El otoño viene y se va, no se decide a entregarse del todo. Es hora de que llegue y yo, ¡yo estoy tan lista para recibirlo! Cada día me visto, me cubro, me abrigo, quiero sentir por fin un poco de aire frío en el rostro. Luego salgo de casa, camino, sudo y, claro, me desilusiono. 

Esperar desilusiona. Comparar también. Las comparaciones son odiosas. Lo redescubrí hace un par de días cuando escuchaba la voz espontánea, la risa alta, la soltura de cuerpo y de mente de aquella chica. Tan diferente a mí, tan hacia afuera ella. Tan parecida a mí o a lo que soy bajo este ropaje de esponja.

Un acto de entrega, sístole de esta diástole de aprendizaje y recogimiento. Un acto de entrega, como el del otoño. 

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)