Otoño



El otoño viene y se va, no se decide a entregarse del todo. Es hora de que llegue y yo, ¡yo estoy tan lista para recibirlo! Cada día me visto, me cubro, me abrigo, quiero sentir por fin un poco de aire frío en el rostro. Luego salgo de casa, camino, sudo y, claro, me desilusiono. 

Esperar desilusiona. Comparar también. Las comparaciones son odiosas. Lo redescubrí hace un par de días cuando escuchaba la voz espontánea, la risa alta, la soltura de cuerpo y de mente de aquella chica. Tan diferente a mí, tan hacia afuera ella. Tan parecida a mí o a lo que soy bajo este ropaje de esponja.

Un acto de entrega, sístole de esta diástole de aprendizaje y recogimiento. Un acto de entrega, como el del otoño. 

Licencia de Creative Commons

Comentarios