domingo, 9 de marzo de 2014

Variedad de la magia cotidiana

Crédito de imagen.

No fue como cuando me vi envuelta en la gran batalla, con gritos y caballos a todo alrededor yendo y viniendo en una coreografía mayor que yo no alcanzaba a ver. El sonido era entonces atronador, y mi corazón empujaba sin mucho compás las paredes de mi pecho. Esta vez fue todo mucho más tranquilo. Logré remontarme a los senderos de un jardín natural en el que las flores apenas comenzaban a asomar. Era el verde lo que prevalecía y las voces quedas a lo lejos de quienes, como yo, aspirábamos a enlazar todos esos acordes en una melodía para un sólo instrumento.
 




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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)