Variedad de la magia cotidiana

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No fue como cuando me vi envuelta en la gran batalla, con gritos y caballos a todo alrededor yendo y viniendo en una coreografía mayor que yo no alcanzaba a ver. El sonido era entonces atronador, y mi corazón empujaba sin mucho compás las paredes de mi pecho. Esta vez fue todo mucho más tranquilo. Logré remontarme a los senderos de un jardín natural en el que las flores apenas comenzaban a asomar. Era el verde lo que prevalecía y las voces quedas a lo lejos de quienes, como yo, aspirábamos a enlazar todos esos acordes en una melodía para un sólo instrumento.
 




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