domingo, 31 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 118: Un buchito de cafe (I)

A mi me gusta mucho el café, pero estoy conciente de que es un gusto aprendido. De niña no lo podía ni probar, por amargo, pero uno crece y aprende que tiene buenas propiedades, que brinda un estimulo intelectual nada desechable, que es un buen tónico de corazón y que es un pretexto mas para compartir con otras personas un buen momento. Sin embargo, crecí acunada por su aroma… Como tantas otras cosas, es parte de mi historia personal.
No recuerdo ni un solo día de los 17 años que viví con mis padres que mi casa no oliera a café desde bien temprano en la mañana. Cuando mi madre me despertaba para irme a la escuela, poco antes de las 7 a.m., ya había hecho la primera colada con la que coloreaba un poco mi leche del desayuno. Ella solía decirme que ese era como su motor de arranque: si antes de las 9 no había degustado su primera taza, la cabeza comenzaba a dolerle como si se le fuera a partir.
Colar café en mi casa –y me atrevería a decir que en todas las casas de la isla- era no solo necesario, sino que había ya cobrado incluso tintes de ritual, la versión caribeña de la ceremonia del te. Cada día al levantarse, mi madre ponía al fuego la cafetera (que después me entere que es de estilo italiano) con el filtro repleto de café molido y en cuanto colaba lo vertía en un jarrito de aluminio en el que previamente había puesto dos o tres grandes cucharadas de azúcar. Lo batía todo muy bien y lo echaba cuidadosamente dentro de un termo. Enfriaba bajo el grifo la cafetera y repetía la operación un par de veces más. Ese era su café de reserva, solo para ella y mi padre.
Cada vez que aparecía un vecino, un amigo o cualquier visita en casa, mi madre preparaba inmediatamente la cafetera para hacer una colada fresca. Ofrecer café del termo, recalentado o frío, era una vergüenza para el anfitrión. Y una pregunta del tipo: “¿Vd. toma café?” era casi una ofensa para el huésped. Todo el mundo daba por sentado que el resto también lo tomaba, y juro que nunca vi a nadie rechazar la taza que le ofrecían. Mi madre se sentaba a conversar con la visita también con su taza en la mano -porque no acompañar hubiera sido una descortesía- pero cuando estaba ella sola en casa, sin extraños, no usaba tazas ni nada tan sofisticado, sino un jarrito de aluminio esmaltado en blanco con una línea azul en el borde. Cariño debía tenerle a aquel sencillo implemento porque lo usó durante muchos años, hasta que ya no quedaba del esmaltado ni el recuerdo, y cuando por fin lo cambió por uno nuevo, el sustituto se parecía muchísimo al anterior.

sábado, 30 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 117: SOS

La música retumba en mis oídos. Es Bach. Nunca me ha parecido retumbante pero hoy me parece que mas que una Fuga, Gould está interpretando toda una persecución con caballos, gritos y disparos al más puro estilo Western. Cada nota del piano resuena en mi interior como si fuese interpretada con una trompeta mi lado, o por un tambor… Pienso en bajarle el volumen. No, sería lo mismo, ya la tengo dentro. Aunque estuviera casi en el mínimo, apenas perceptible, la escucharía igual que ahora. En algún momento ha de acabarse.
Y encima, ha comenzado un ruido en el pasillo. Me asomo. El muchacho de mantenimiento con su máquina enorme limpiando el suelo. ¿Cómo le hace para no quedarse atorado en uno de los pasillos del edificio? La máquina (una versión moderna de aquella que usó Cantinflas en “El barrendero”) es casi tan ancha como el espacio que limpia. Hace un ruido infernal. ¡Así no hay quien se concentre!
Por fin termina la limpieza afuera y Bach parece estarse cansando ya. No, aun queda un poco para el final de la pieza. No importa, esta parte no es tan estridente. Ahora podré escribir algo… ¿Y ese llanto? ¡No, no puede ser! El niño de los vecinos nuevos ha comenzado a llorar. Siento a la madre cantándole… Por la hora intuyo que es tiempo de la siesta y que el pequeño no quiere dormir. ¿Por qué será que todos los niños hacen lo mismo? ¡Con lo sencillo que es dormir con el estomago lleno!
Parece que ya va quedándose dormidito… ¡Pequeño diablo! Lleva casi una hora gritando como el mejor de los barítonos. La madre debe estar al quedarse sorda… ¿Estará enfermito? ¡Pobre! A lo mejor le duele algo y como es tan pequeñín no puede decirlo… Ya, ya se ha dormido.
¿Qué era eso que me pareció tan interesante como tema para hoy? Iba sobre la nostalgia… ¿o era sobre las películas? Ya no me acuerdo.

viernes, 29 de mayo de 2009

Para leer el post de hoy con el mismo estado anímico con el que fue escrito, sugiero escuchar primero esta canción…

Proyecto 365, dia 116: Porque soñar no cuesta.

Hoy he pasado todo lo que va de día –y pasaré lo que resta de él- leyendo y confeccionando un mapa, así que no puedo hacer otra cosa que hablarles de esto. En las clases de catalán tenemos como tarea principal del curso leer un libro en este idioma y el próximo lunes hemos de exponer una breve reseña de la obra en clase. Yo busqué y busqué hasta que al fin encontré el libro ideal para mí.
Ya saben que me gusta mucho viajar, que me encanta la historia y que me maravilla el Mediterráneo. De hecho, uno de mis sueños es hacer un viaje en barco por estas aguas y visitar todas esas ciudades que casi siento como mías a fuerza de leer aventuras, ver películas o sencillamente disfrutar con la música del lugar…
¿Les he contado alguna vez de mi encuentro con el Mediterráneo? Pues resulta que de Madrid a Barcelona vinimos en tren y durante todo el trayecto estaba yo muy inquieta porque allí, a lo lejos, veía una pequeña línea azul. Para quien ha vivido cerca del mar, esa línea azul no puede anunciar otra cosa que su presencia y, en estas tierras, no podía tratarse de otro que de aquel al que tanto y tan bien le cantó Serrat y que gracias a su voz llevo mezclado en mis venas… Y cuando me paré por primera vez cara a cara con el Mediterráneo, los pies desnudos en su arena, sentí una alegría tan grande recorriéndome el cuerpo –la alegría de ver realizado un sueño- que eché a correr y no paré hasta que me di cuenta que estaba metida en el agua hasta la cintura con todo y ropa! Pero, bueno, ya me fui por la tangente…
El libro que por fin encontré es nada mas y nada menos que “Cabotatge Mediterrani”, el diario de un bogeo por el Mediterráneo que realizo Josep Pla (el mismo de El Quadern Gris) en 1956. Tiempo de posguerra en Europa; de tierras renaciendo tratando de olvidar los horrores vividos y comenzar de cero con nuevos aires; de pueblos por primera vez concientes de su nacionalidad, de su humanidad; de ojos que no pueden desterrar la tristeza y que se aferran a la esperanza. En fin, tiempo de cambio histórico, de giro, de alegrías silenciosas, de laboriosidad, de confianza en el futuro.
Aquí les regalo el mapa que acabo de hacer, en el que he localizado los puertos y ciudades que visito Pla en aquel momento y que espero yo también pisar un día. ¡Esta permitido soñar!

Proyecto 365, dia 115: Una de heroes.

La anoréxica novia del mas guapo del pueblo esta preocupada. Su relación ya no es lo mismo. Hay algo que no funciona. Llevan ya varios meses juntos y la verdad es que han sido muy felices, pero ha sido siempre gracias a que ella ha dejado que las cosas sigan de largo sin hacer demasiadas preguntas.
Se lo dijo desde principio, desde que se conocieron que fue mucho antes de que comenzaran a salir: “Yo lo único que necesito es sinceridad. No me mientas y me tendrás a tu lado para siempre.” Y el no ha cumplido con este sencillo pedido. El no es sincero con ella. Ella lo sabe. Su sexto sentido femenino se lo recuerda cada vez que se ven, cada vez que el la acaricia con sus enormes manos, cada vez que la besa. Ella puede sentir toda la pasión que hay contenida detrás de esos labios pero, por algún extraño motivo, el evita esos momentos a solas y, por si fuera poco, nunca va mas allá de los besos.
“Mmmm”- piensa arrugando su escuálido entrecejo – “Aquí esta oscuro y huele a queso… Debo terminar con esto de una vez.”

El más guapo del pueblo esta muy preocupado. Esta sentado en medio de un granero esperando a su mejor amiga. Es cierto que no es tan bonita como su anoréxica novia - tiene los cabellos de un color amarillo pálido que no la favorecen en nada – pero siempre le ha dado muy buenos consejos. Es eso justamente lo el necesita en estos momentos, un buen consejo, un par de palabras mágicas que le hagan recuperar a su amada. ¡Cuánto la quiere! No puede ni imaginarse la vida sin ella… Pero no puede ser del todo sincero, no. ¡Es imposible! Si ella supiera toda la verdad su vida correría un grave peligro y el quiere protegerla a toda costa. ¡Es tan frágil!
Su amiga entra por fin al granero, lo ve y se acerca:

- ¿Qué pasa? Parecías no estar muy bien cuando llamaste.
- No, nada esta bien. ¡Estoy perdiendo a mi novia!
- Pero, ¿cómo es posible? Ustedes se quieren mucho, cualquiera que los vea juntos podría asegurarlo.
- Si, pero nunca le he contado mi secreto y ella siente que le oculto algo…
- Bueno, es sabido que ella valora mucho la sinceridad. Entonces, ¿ella no sabe nada aun de tus súper-poderes? ¿Y la última vez, cuando la sacaste del almacén en llamas, no se dio cuenta?
-No… ella estaba inconciente. Siempre he podido inventarle una excusa pero… ese es el menor de mis problemas… Nuestra relación se viene abajo. Yo no puedo… no puedo… Ya sabes, nuestra relación sexual…
- ¿Tienen problemas con el sexo?
-¡Peor que eso! No hemos tenido sexo… aun.
- Pero, Clark, ustedes ya deberían tener la suficiente confianza…
- Si, la tenemos pero yo…no puedo… tengo miedo.
-¿Miedo?
-Tengo miedo de hacerle daño… ya sabes, aun no he podido aprender a controlar todos mis súper-poderes y ella… ¡ella es tan frágil!

jueves, 28 de mayo de 2009

Extra: Premio!!!

Estoy muy contenta. Azucala, una cubana que me regala hace poco con sus visitas, me ha otorgado un premio. ¡Mi primer premio blog!!!!! ¡Gracias!!!


Yo veía los premios en los blogs de otros y pensaba que era no mas cosa de recibirlos y alegrarse tanto como yo en estos momentos, pero este ‘venía con sorpresa’. Recibirlo implica sentarse a hacer una lista de siete cosas extrañas, raras o diferentes de nosotros. No hay nada tan difícil. Primero pensé: ¿raras para mí o para los demás? Las reglas del premio no especifican… ¿Cómo hacer un listado de cosas raras sin parecer un alien o un depresivo? ¡Ah! ¡Que difícil! ¡Mira que me gusta complicarme la existencia! ¡Si tuviera yo la espontaneidad de Azucala!
Pasé un buen rato sentada tratando de escribir al menos una y nada me parecía lo suficientemente raro. Le pregunté a mi G. y no supo que decirme: “Imagínate, si tienes cosas raras yo llevo mas de una década viviendo con ellas así que ya me acostumbre y hasta debo haberlas asumido”.
Me levanté del ordenador, me dí un buen baño caliente, me acosté un rato a dormir y hace un cuarto de hora me senté nuevamente frente a la pagina en blanco. Siete cosas raras… de mí… Y comencé a escribir… Y comenzó a fluir el pensamiento… Ahora el problema era reducir mi listado de dos docenas a solo siete puntos… Ja! Y yo que me creia de las mas normalitas!
Hacer este listado, se los aseguro. resultó ser un completo despojo espiritual con ramalazos de hierbabuena y un poco de agua bendita incluida, a lo cubano. Así que, Azucala, gracias de nuevo por este premio, por el despojo y la alegría!!!

Aquí va, finalmente, mi listado –con las rarezas mas inofensivas porque, conste, quiero conservar a mis amigos!:

  1. Me gusta complicarme la vida aunque enarbole en todo momento la bandera de la sencillez.
  2. No me gusta el calor, aunque vengo de tierra caliente.
  3. No he visto un partido de fútbol en años (mas de 15 ya), ni siquiera ahora cuando todo a mi alrededor se paraliza si un balón se mueve en un terreno.
  4. Me gustan los idiomas, pero no soporto el francés.
  5. Escribí mi primer intento de novela a los 7 años, y desde entonces no paro de intentarlo.
  6. Tengo una peligrosa tendencia a caerme –o por lo menos eso dicen los que me son cercanos.
  7. Nunca he terminado nada en mi vida.

    Ah! La segunda parte de la ‘sorpresa’ que venía convoyada con el premio implica compartirlo con otros blogs tan femeninos e inteligentes como el mío, jejeje. Aquí tengo mi lista de ganadoras, con la invitación al despojo incluida (que aunque el premio es solo para mujeres, hago extensiva a los amigos que me visitan) ¡Que lo disfruten!

miércoles, 27 de mayo de 2009

Proyecto 365. dia 113: La nostalgia como etiqueta.

“Y muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado y por la perspectiva de otro triste día tan melancólico por venir, me llevé a los labios una cucharada de té en la que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que causaba. Y él me convirtió las vicisitudes de la vida en indiferentes, sus desastres en inofensivos y su brevedad en ilusoria, todo del mismo modo que opera el amor, llenándose de una esencia preciosa; pero, mejor dicho, esa esencia no es que estuviera en mí, es que era yo mismo. Dejé de sentirme mediocre, contingente y mortal. ¿De dónde podría venirme esa alegría tan fuerte? Me daba cuenta de que iba unida al sabor del té y del bollo, pero le excedía en mucho, y no debía ser de la misma naturaleza. ¿De dónde venía y qué significaba? ¿Cómo llegar a aprehenderlo?
(…)Y de pronto el recuerdo surge. Ese sabor es el que tenía el pedazo de magdalena que mi tía Leoncia me ofrecía, después de mojado en su infusión de té o de tila, los domingos por la mañana en Combray.”
(Marcel Proust. En busca del tiempo perdido.)
En este archi-conocido pasaje, Proust logra algo que muy pocas personas consiguen: seguir un movimiento que está naciendo en su interior hasta sus últimas consecuencias sin etiquetarlo.
Lo ‘normal’ es ponerle un nombre a cualquier movimiento por pequeño que sea que descubrimos en nosotros. Es un reflejo aprendido, pero tan bien incorporado que se ha vuelto extremadamente rápido. No nos da tiempo a nada más. El movimiento aparece y en una milésima de segundo ya le hemos puesto nombre y, lo peor, actuamos en consonancia. Ahí es justamente cuando se complica todo.
Si sentimos algo al ver a una persona, enseguida deducimos que nos gusta; si nos falta alguna sustancia en el organismo y esto hace que al despertarnos tengamos poca energía una mañana, lo mas probable es que a esta carencia le llamemos ‘depresión’ o ‘tristeza’ y que estemos así el resto del día; si al ver una vieja foto algo se nos mueve dentro, no demoramos nada en llamarlo ‘nostalgia’…
Krishnamurti dijo alguna vez que ‘no es que el deseo sea errado, sino que la percepción es limitada’. Ese es el meollo del asunto. Nuestra limitada percepción tiene siempre a mano pegatinas con denominaciones, y al menor asomo de un movimiento interno le pone una de estas pegatinas en la cabeza, le bautiza –con todo el trasfondo que la sociedad le ha adosado al nombre que sea- y da por terminado el caso.
Somos tan eficaces en este proceso que son poquísimos quienes, y solo después de un buen tiempo de estudio de si mismos, logran lo que Proust: colarse en el intervalo infinitesimal entre el surgimiento del movimiento (o deseo o proceso o como quieran llamarlo) y el acto de etiquetarlo. Si nos detuviéramos a observar sencillamente las sensaciones que surgen en nosotros, si lográsemos alargar ese intervalo y dejar que lo que sea que este naciendo se desarrolle en nosotros sin ponerle un nombre en cuanto aparece, descubriríamos un mundo totalmente nuevo.
Leer a Proust es una inmersión en ese mundo de sensaciones innombradas, en ese universo sin etiquetas que todos llevamos dentro. Quizás por eso resulta tan difícil lectura para la mayoría (yo inclusive, que solo he logrado leer los dos primeros tomos).
Si Proust no hubiera investigado aquella sensación que le producía el sabor de la magdalena mojada en su té y se hubiera conformado con ponerle la etiqueta de ‘nostalgia’, este hermoso pasaje nunca hubiera trascendido, su obra como tal probablemente nunca hubiera existido y, lo que es mas, nunca hubiéramos disfrutado escuchando replicar desde las páginas de Carpentier a nuestra querida Maria Luisa Gomez Mena, condesa Revilla de Camargo:
“¡…y como jode este hombre con la magdalena esa!”

martes, 26 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 112: No tengo coche, ¿y qué?

Es curioso como mi educación de país con ideas socialistas y pocos recursos en el que - al menos en una época - no se pensaba demasiado en la apariencia y las posesiones, me provoca frecuentes tropezones en el resto del mundo. Aquí, quizás por estar acostumbrados a ver diariamente en las calles tanta gente y tan diversa, no intentan convencerme (como en México) de que me alise el cabello y me ponga tacones, pero si me miran como un bicho raro cuando confieso ciertas cosas.
Sucedió en una de mis últimas clases. Leímos un texto que versaba sobre los coches y aconsejaba qué hacer antes de salir a dar un largo viaje en este medio de transporte. Al final, en parejas, tuvimos que nombrar cada parte en una gran figura de un coche con un corte transversal –que me recordó las imágenes de ciertas plantas en mis libros de biología de la secundaria.
Al ver que mis conocimientos en este tema se limitan al parabrisas, el espejo retrovisor y poco mas, mi compañera comenzó a hacerme preguntitas insidiosas hasta que terminé por decirle abiertamente que yo no sé manejar y, lo que es mas, que nunca he tenido un coche en mi vida.
De poco valió que le explicara que en mi país comprar un coche no es cosa sencilla y que son pocos los que poseen uno; que en México, a pesar de haber estado varios años por allá, nunca nos animamos por la inseguridad, la locura viaria de la ciudad y porque, a fin de cuentas, en metro llegas mas rápido a donde sea que en coche; que en Japón ni pensamos en eso, tan entretenidos estábamos con las maravillas del país; y que aquí, pues, llevamos poco tiempo…
Esas razones me parecieron más potables para ella que las que realmente me llevan a no tener coche: que quiero colaborar lo menos posible con la contaminación, que no he tenido dinero para comprármelo y que no quiero endeudarme varios años con un banco en la compra de algo que en realidad, hasta ahora, no he necesitado. Quizás si un día tengo hijos mis necesidades cambien, pero hasta ahora, con lo bien que funciona el transporte público en estos lugares, no lo encuentro imprescindible.
Mientras le hablaba, mi condiscípula pasó de la incredulidad al asombro, y del asombro a un estado que prefiero no explicarme. Mi sinceridad me trajo como recompensa ser mirada –por ella, y poco después por el resto del aula- como un ser caído de otro universo.

lunes, 25 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 111: Pensandolo bien... (III)

Ver la tele engorda. Esa es una de las razones por las que no me gusta sentarme mucho tiempo frente a ella. Cuando era niña, sobre todo en las vacaciones, mi tendencia a engordar era preocupante y estoy segura de que la causa estaba en aquellas largas tandas sin moverme frente al televisor.
Pero, ¿acaso se puede ver gratamente y durante largo tiempo la tele sin comer algo? Allá y en aquel entonces no se estilaba comer rositas de maíz (popcorn), siempre fueron consideradas ‘comida de bobos’. Era la época de las vacas gordas y la ausencia del popcorn, lejos de ser una restricción, era una puerta completamente abierta a la imaginación.
Mi padre era el encargado de mis meriendas televisivas y se preocupó siempre de alimentarme bien, porque ‘la etapa del crecimiento es la más importante’. Lo que recuerdo con mas cariño eran los panes que me preparaba con medio kilo de jamón y dos barras gruesas de queso crema, aunque he de reconocer que tampoco le quedaban nada mal cuando le ponía masitas de cerdo fritas en lugar de jamón; de postre, un poco mas de queso con dulce de guayaba. De la bebida me encargaba yo misma: una lata de leche condensada mezclada con una de malta o de refresco de cola era mi combinación preferida. ¡Delicioso!
En los días en los que mi padre no estaba en casa para prepararme aquellas meriendas, era mi hermano quien me deleitaba con sus últimos inventos culinarios que casi siempre consistían en una variación de la clásica tortilla de huevos combinada con mango, plátanos o piña, e incluso con la leche condensada que tanto me gustaba, siempre acompañada de pan con queso crema, por supuesto.
Incluso había momentos en los que no había nadie cerca a la hora en que mi estómago comenzaba a pedirme alimento. Para esos casos de emergencia, siempre tenía a mano un sobre lleno de galletitas dulces a las que invariablemente agregaba mi tan amado queso o un poco de mayonesa y azúcar (esta última mezcla de mi propia invención). Podía comerme un kilo entero de galletitas de una sentada, ¡lo aseguro! Eran tan sabrosas…
Por suerte ya no me siento tanto tiempo a ver la tele. He comprobado que provoca un aumento considerable de calorías en el organismo.

domingo, 24 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 110: Pensandolo bien... (II)

Pues sí, como les iba diciendo, a mi no me gusta mucho ver la tele.
Y cómo me va a gustar si siempre la sentí como un agente contaminante ante el cual mi madre no podía sentarse una hora consecutiva sin salir enferma de algo. Resulta que en mi país sólo tenemos tres canales, uno educativo, uno deportivo y el cultural. El educativo nació hace unos pocos años, así que en la época de la que les estoy hablando solo teníamos dos (bueno, uno y medio, porque el deportivo solo transmitía tres o cuatro horas diarias y nadie lo veía a no ser que hubiera campeonato de baseball). El hecho es que en el canal cultural se podía ver de todo: los muñes, el noticiero, la telenovela, las películas, los musicales, algún que otro programa de participación y muchos informativos, la mayoría sobre medicina y –sobre todo- enfermedades. De modo que al final de cada día, los tele-espectadores tenían una cantidad enorme de información especializada en estos temas.
Mi madre, que cuando terminaba el noticiero de las ocho ya tenía todos los quehaceres de la casa hechos, se sentaba frente a la tele con mi padre hasta que terminaba la programación. Y era justo ahí, viendo alguno de aquellos espacios ‘medico-educativos’ cuando se exponía a todo tipo de virus nuevos y desconocidos o descubría que aquel dolorcito de cabeza que tenía de vez en cuando se debía a no sé qué rara enfermedad de cura improbable.
Al día siguiente, con mi madre a punto de desfallecer, salíamos todos corriendo para la clínica más cercana y descubríamos que había un brote –con magnitudes casi epidémicas- de lo que fuera que estuviera incubando el cuerpo de mi progenitora. Todo el barrio estaba allí, todas las madres y abuelas de mis amiguitas, acompañadas por sus familiares, estaban sentadas en la sala de espera con la misma palidez que la mía y casi con los mismos síntomas –sospechosamente concordantes con lo que habían explicado unas horas antes en la tele.
Claro que con la llegada del canal educativo, la plaga de hipocondría que afectaba a nuestras familias dejó de incidir tanto sobre la salud ampliando su campo de acción a otras esferas. Personas que nunca han visto un ordenador en su vida comenzaron a manejar términos informáticos que no comprendían para nada y, por supuesto, a preocuparse por los virus electrónicos que parecían propagarse con una rapidez espeluznante por una red maléfica llamada Internet. Tuve que hacer un buen esfuerzo para convencer a mis madre de que el hecho de tener un email no me exponía a semejantes influencias y que, al contrario, agilizaría mucho la comunicación con mis hermanos que vivían en el extranjero. Eso la tranquilizó, pero no eliminó del todo sus sospechas.
Un buen día en que estaba yo de visita en su casa, llegó el aviso de pago del consumo eléctrico. La compañía de electricidad por aquel entonces había mejorado un poco la calidad del papel en que imprimía estos avisos y este, en particular, venía impreso incluso en colores. Al ver el importe tan elevado que ponía, alerté a mi mama sobre un posible problema y le sugerí que fuera a reclamar. Ella tomó el papel con tintas de colores de mi mano, lo miró detenidamente y lo dobló.
“No hay problemas –me dijo con una sonrisa tranquilizadora-. Es normal que me cobren mas. ¿No ves que me la están bajando por Internet?”

sábado, 23 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 109: Pensandolo bien... (I)

A mi no me gusta mucho ver la tele.
Bueno, cuando era niña me encantaba. Salíamos de la escuela a las 4:30 p.m. y en la siguiente hora y media yo hacía mis deberes, salía a jugar con mis amiguitas y me bañaba. A las seis comenzaban “Los muñe” (de ‘muñequitos’ que es como les decimos por allá a los animados) y justo a esa hora mi madre perdía a su hija mas pequeña diariamente. No había poder humano en la tierra capaz de moverme de mi sofá antes de las ocho.
Era una tanda de dos horas que yo disfrutaba muchísimo. Hasta las siete y media puros muñes, y luego, las aventuras. Los muñes eran casi siempre rusos (categoría que para nosotros, niños incapaces de identificar idiomas, incluía todas las producciones del campo socialista) y cubanos. Rara vez ponían alguno de otra nacionalidad. Las aventuras, casi todas de factura nacional, representaban obras de la literatura clásica universal juvenil o infantil y lograban ponerte los cabellos de punta.
Evidentemente los encargados de la proyección tenían cintas con secuencias de muñes y, como las repetían con frecuencia (a veces varios días consecutivos), uno llegaba a conocerlas al punto de saber, con solo ver los primeros minutos, qué animados desfilarían ese día por la pantalla. Pero, si soy sincera, yo nunca me cansé de verlos y, a juzgar por las impresiones luego compartidas con otros amigos –que en aquel entonces no soñaba conocer-, nadie de mi generación se cansó. Todos podíamos, y podemos, repetir de memoria frases enteras de cualquier animado –en español, por supuesto- que luego pasarían a formar parte de nuestro ‘acervo’ y que nos identifican donde sea que estemos. Y las melodías que allí escuchábamos hoy día las tarareamos con un aire de complicidad infantil encantador.
Me queda claro que fuimos unos pocos, mi generación y quizás una o dos mas, los afortunados adictos a los muñe. Mi hermano, un poco mayor que yo, me sacaba de sus “conversaciones de mayores” amenazándome con ‘ponerme a ver muñequitos rusos’ (nunca llegué a entender esa afirmación… ¡aquello no podía ser un castigo para nadie!), y las generaciones posteriores que poco alcanzaron de aquel esplendor, no los disfrutaron de la misma forma, entretenidos como estaban con los video-juegos –plásticos y poco imaginativos.
Claro, luego uno crece y va aprendiendo que la vida no se limita a dos horas de muñes en la tele, que hay también otras formas de vivir y experimentar el arte, y se va dejando llenar la cabeza de ideas raras que escucha por aquí o por allá que dicen que la tele es una ladrona de la voluntad, que los programas que ponen nos dan una visión parcializada de las cosas y luego es esa la que uno adopta sin cuestionársela, que la propaganda (allí donde la hay) es una inyección en vena que pretende hacerte creer que la vida no tiene sentido si no consigues un objetivo básico –los productos que anuncian-…
Y entonces es cuando uno se complica, deja su cómodo sofá y se pasa largas horas de cola para ver algo del Festival de Cine Latinoamericano, o atraviesa media ciudad bajo la lluvia para llegar a la inauguración de una exposición de pintura tan abstracta que ni el propio autor ha podido ponerle titulo a las obras, o se queda hasta la madrugada escuchando a un amigo con una guitarra en el Malecón después de haber salido de un concierto…
Al final, de vuelta de todo eso, retomamos gustosos la sencillez de aquellos años y, aunque la tele ya nunca volverá a ser la misma para nosotros, nos encontramos con algún amigo en la calle o en Facebook o en Skype y no dejamos de intercalar en la conversación, a modo de chistes-con-visos-de-sabiduría, aquellas frases que aprendimos en la infancia.

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Aquellas tandas vespertinas terminaban a las ocho de la noche, horario del noticiero, pero media hora más tarde, justo antes de la telenovela, despedían la programación para niños con una especie de nana muy tierna: La Calabacita. Aquí abajo se la comparto:

La calabacita

viernes, 22 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 108: Visiones desde la Gatedral


Cada mañana me despierto como en el Gaticano
Y lo primero que hago es pensar en mis cuatro felinogreses.
Corro la cortina y ahí están ya, listos para la miausa.
Abro la ventana y les grito: Habemus papam!
Y se abalanzan sobre lo que les de, así sea tortilla de papa
–“¡miaulagro! ¡miaulagro” -
como si les estuviera repartiendo la eugatistía.
Viven en eterna cuaresma, se les han perdonado todos los pescados
con tal de que no se dejen tentar por Ratanás.
O ellos tienen un lugar muy especial en la Creación
O yo estoy alcanzando la gatitud.
¡Amiau!

Gus-gato Pita

jueves, 21 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 107: Vacio.

Hoy lo hice todo al reves.
Me sente a leer antes de escribir.
Lei mucho y ahora me he quedado sin palabras.
¡Maldita rutina!

miércoles, 20 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 106: Burlando la "linealidad" del tiempo.

Hoy no tengo mucho tiempo. Salgo en un rato y probablemente no regrese hasta la noche bien noche, pero no quería dejar de compartirles mi último descubrimiento en la Web. Se trata de un blog: “El quadern Gris”. Es el diario de un muchacho y comienza el día que cumple sus 21 años. Cuenta la historia de su familia, sus amigos, su pueblo… en fin, un diario como todos. La peculiaridad esta en las fechas… comienza el 8 de marzo de 1918.
En realidad, es la digitalización en formato de blog del dietario mas famoso de Josep Pla, escritor y periodista catalán (1897-1981). Las entradas del blog coinciden en día y mes con las anotaciones del dietario y, de hecho, aun no termina. Es un puente temporal que nos traslada a la Catalunya de principios del siglo pasado, y nos muestra a través de los ojos de un joven su cotidianidad como podría hacerlo cualquiera de los bloggers actuales.
Esta escrito en catalán, por eso no les digo que se dediquen a leerlo (si les interesa, la obra, por supuesto, esta traducida al castellano y a otros muchos idiomas). Pero eso si, si tienen tiempo no dejen de asomarse a este túnel de gusano que, gracias a Internet, se ha abierto para nosotros.

martes, 19 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 105: Inauguracion de nueva taberna.

¿Se acuerdan del famoso café barcelonés “Els Quatre Gats”, donde solía reunirse la crema y nata de los artistas? Pues resulta que por acá hemos fundado una filial en toda regla y, dada la calidad de los productos que ofertamos, poco tardó en correrse la voz entre lo mas selecto de la sociedad que nos rodea. A continuación les presento a los clientes mas asiduos de nuestra taberna “Los cuatro gatos”.


No mas espero que los vecinos o la gerencia del edificio no protesten. ;)

lunes, 18 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 104: Lunes rojo.

Lunes otra vez. Los lunes son días cansados casi para todos. Ya se que el problema es que los fines de semana aprovechamos para relajar de todas las tensiones acumuladas. Hay quienes liberan tanto que terminan enfermándose, los más se van por ahí de parranda diurna y nocturna de modo que, al final del fin de semana, no hay nada mejor que… ¡otro fin de semana!
Los que saben dicen que lo mas adecuado es tomar por ejemplo al corazón, que no para nunca de trabajar pero tampoco de descansar. De hecho, si sumamos sus tiempos de contracción y de relajación, nuestro órgano favorito esta la mayor parte del tiempo remoloneando. Los que saben dicen que esa es la forma mas óptima de hacer rendir nuestro tiempo, trabajar un poco todos los días, pero también descansar un poco todos los días, sin hacer claras diferencias entre los fines de y el resto de la semana. Así, dicen los que saben, el cuerpo –y sobre todo el cerebro- no tienen que emplear tanta energía en retomar el ritmo que traía antes de trabajo porque es precisamente esto lo que termina agotándonos los lunes.
Lo que no saben los que saben es que los domingos son días azules. Los sábados son verdes, por lo que son aptos incluso para el trabajo; pero los domingos son de color azul, y no cualquier azul: los domingos son celestes.

domingo, 17 de mayo de 2009

Utopia y virtualidad. A proposito de los veinte años de Internet. (Gustavo Pita Cespedes)

Con el nacimiento del capitalismo renacen las Utopías, porque el individuo humano se empieza a sentir con el derecho de intervenir en la transformación de un mundo que también él, no sólo Dios, puede cambiar; un mundo social y natural dotado de un horizonte de posibilidades y sorpresas que dejan un margen para la libertad creativa del ser humano, la cual hace sus primeros intentos de recreación de lo existente en el ámbito práctico-espiritual de los ideales, los sueños y las utopías.
El "renacimiento del capitalismo" llega antecedido en nuestros días por el nacimiento de internet y de un espacio cibernético en el que se ensaya por primera vez no ya en forma utópica, sino virtual, un nuevo tipo de relación humana que no es ya meramente posible, sino imprescindible para el "nuevo capitalismo". Con el decursar de la historia, la capacidad de realización de los seres humanos se ha incrementado notablemente, y lo que era hace siglos una posibilidad abstracta, apenas esbozada o sugerida por la tendencia de los acontecimientos y tan sólo asequible a la genial previsión del escritor de Utopías del Renacimiento, es ya hoy una clara indicación y hasta una exigencia que puede leerse en esa realización primera de la historia ideal y posible que es la historia virtual. La relación de la realidad con el ser humano se transforma con los siglos, lo que la realidad antes sugería, ahora lo reclama, de modo que resulta cada vez más difícil para cada uno de nosotros salir absueltos del juicio de la historia. La exigencia de nuestros tiempos es que leamos en la realidad lo que el hombre renacentista leía en los libros, porque también hoy estamos en condiciones de sembrar y cosechar en la historia real, lo que en otras épocas servía sólo para engordar aún más los tomos ya gruesos de las bibliotecas. Acaso en los libros del mañana los utopistas de hoy serán recordados no por la genialidad de su previsión, sino por su imperdonable ceguera.
La transformación necesaria al capitalismo se viene ensayando desde hace dos decenios en internet. Aquí no existen ya las trabas feudales que siguen impidiendo la materialización definitiva en la realidad histórica de su peculiar naturaleza como sistema social. En primer lugar, el ciberespacio circunscribe cada vez más el ámbito justo de aplicabilidad y viabilidad de la relación de propiedad privada como relación humana dotada de funcionalidad y sentido. En segundo lugar, en el ciberespacio no hay nacionalidades ni fronteras. En todo caso, hay aquí sólo dos cosas que merecen nuestra lealtad: la humanidad en nosotros y la Madre Tierra en torno a nosotros.
El ser humano es ciudadano del mundo, su verdadera patria es la tierra y su lugar en la sociedad capitalista está en cualquier lugar del planeta en el que se haga útil y remunerable su trabajo. Nada está más acorde con la fluidez necesaria al capitalismo y a la verdadera riqueza. Como en eI antiguo koan del Mumonkan, internet nos enseña en nuestros días: no es el viento ni la bandera lo que se mueve.
Gustavo Pita Cespedes
Barcelona, abril de 2009.

Proyecto 365, dia 103: Pequeña serenata nocturna.

La verdad es que esto de vivir tan cerca de un bosque tiene un encanto inagotable. Cada día descubro algo nuevo. Anoche, por ejemplo, cerca de las 2:30 a.m., siento el canto de un ave que logro atravesar los cristales de mi ventana. Yo pensaba que los pájaros no cantaban de noche porque estarían durmiendo, pero este cantaba cada vez más alto y más hermoso. No pude menos que abrir mi ventana y pararme a escucharlo un buen rato. Enseguida me puse a buscar en Internet y resulto que el intérprete de tan linda serenata era un ruiseñor. Es la primera vez que escucho algo que, parafraseando a Carpentier, “merece el peligroso calificativo de sublime”.
Por suerte, atine a tomar un par de pequeños videos para que ustedes también puedan escucharlo. Aquí abajo se los pongo. Es mi regalo de fin de primavera!

Canto Nocturno de un Ruiseñor

Canto Nocturno de un Ruiseñor (2)

viernes, 15 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 101: Despues del baño.

Ayer estuvo todo el día lloviendo por acá. Casi nunca llueve, y lo hace justo el día en que nos toca ir a hacer las compras semanales. En esas circunstancias tan incómodas, cargada con una pesada bolsa en cada mano y tratando de convencer a la sombrilla para que se mantenga sobre mi cabeza, es un poco difícil disfrutar de la lluvia que tanto me gusta. Sin embargo, basta que al día siguiente –o sea, hoy- amanezca el cielo limpio como nunca y los árboles luzcan sus colores más brillantes, para que olvide todos los sinsabores del pasado.
Afuera hay un mundo recién bañadito y perfumado, y adentro, bien adentro, hay otro mundo que esta pidiendo a gritos la oportunidad de fundirse con aquel… Si no salgo a caminar pronto creo que estallo!

jueves, 14 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 100: ¡Ya entiendo!

Siempre me pregunte cual seria la magia de esta ciudad, Barcelona, que tanto me atrajo desde el primer día. Ciertamente es una ciudad hermosa, pero he pisado antes ciudades muy hermosas… Y también es verdad que, sobre todo en la zona antigua, me recuerda un poco a aquella otra que andaba y desandaba a todas horas… Y sus comidas, ¡son tan parecidas a las de mi madre! No importa si el día es de los hormonales o no, la simple idea de pasear sus calles me moviliza tanta adrenalina como la que buscan los jovencitos en los parques de atracciones, y voy con tanto ímpetu que puedo estar todo el día –lo he probado mas de una vez- caminando apenas sin detenerme y sin cansarme.
“Es un lugar mágico”-me decía… “Seguramente he estado aquí en otras vidas…” –teorizaba… Pero lo cierto es que, una vez más, la realidad me ofrece respuestas allí donde me gusta aventurar teorías esotéricas. Hoy encontré este titular en las noticias:

Un estudio detecta que el aire de Barcelona y el de Madrid contiene cocaína.
Barcelona, 13 may (EFE).- El aire de Barcelona y de Madrid contiene varias drogas en suspensión, y entre ellas destaca la cocaína, según un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científica (CSIC) en el que se ha medido la calidad del aire de dos estaciones convencionales de control y vigilancia de estas ciudades.

Nunca mejor pretexto para una buena cancion.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 99: ¿Quien orquesta las "casualidades"?

Escena I.
Una habitación pequeña con una gran ventana. Por los cristales se ven unos árboles inundados de luz matinal. La Pelusa esta sentada frente al ordenador. El, en una mesa con varios libros y diccionarios abiertos.

Pelusa (con voz alegre) -Mira lo que acabo de publicar en el blog.
El (sin apartar la vista de los libros) -¿Qué?
Pelusa (con tono caprichoso) -No te lo voy a deci-ir. Tienes que verlo por ti mismo.
El (aun sin levantar la vista) -Pero no tengo mucho tiempo…
Pelusa (con tono decepcionado) -Bueno, si no te interesa…

* * *
Escena II
La misma habitación. Las cortinas a medio cerrar. Afuera ya es de noche. La Pelusa esta sentada en una cómoda silla con un libro en la mano. El se levanta por fin de su mesa y se sienta frente al ordenador.

Pelusa (impaciente) -¿Ya viste el Diario?
El (con voz cansada) -No, lo había olvidado… A ver… (Se escuchan varios clicks) ¡Ah! Publicaste el discurso de Krishnamurti…
Pelusa (se levanta y se le acerca entusiasmada) -¡Si! ¿No es interesante?
El (con un tono mas animado) -¡Claro! Y es una linda forma de hacerle un homenaje…
Pelusa (dudando) -¿Homenaje? ¿Por qué?
El (cierra el ordenador y se estira antes de contestar) -Pues porque hoy es 12 de mayo, ¿no? Hoy cumpliría 104 años…

lunes, 11 de mayo de 2009

Proyect 365, dia 97: Casi dos siglos mas tarde...

"La verdad es una tierra sin caminos"
Jiddhu Krishnamurti
Ayer por fin encontre tiempo para ver el archi-famoso documental Zeitgeist Addendum que tanto me habian recomendado.
Mientras avanzaba el video, crecia dentro de mi la ligera impresión de que eso ya lo habia escuchado en alguna parte. Ideas como esas sobre el dinero, sobre la tecnología y el desempleo, sobre el uso racional de los recursos, sobre el empleo creativo del tiempo vital que quedara libre en un mundo tecnológicamente desarrollado, ya habian pasado alguna vez por mis oidos.
Y si, haciendo memoria recorde que lo habia escuchado todo y con muchos mas detalles de los que muestra esta obra en aquellas clases en que mi G nos presentaba la obra de Marx y Engels. “¿Dónde era que Marx hablaba de los errores del sistema monetario capitalista?”-le pregunte inmediatamente. “Jejeje…En toda su obra, de eso precisamente trata El Capital”- fue su respuesta.
Yo, como es de suponer, no me he leido nada de estos autores pero ayer me puse a buscar en la web y, bajo certeras recomendaciones, di con el noveno capitulo de “El origen de la familia, la propiedad privada y el estado” de Engels y el siguiente fragmento en el que se resume toda la primera hora del tan nombrado documental:
“Verdad es que en el grado de desarrollo que estamos analizando, la naciente clase de los mercaderes no sospechaba aún las grandes cosas a que estaba destinada. Pero se formó y se hizo indispensable, y esto fue suficiente. Con ella apareció el "dinero metálico", la moneda acuñada, nuevo medio para que el no productor dominara al productor y a su producción. Se había hallado la mercancía por excelencia, que encierra en estado latente todas las demás, el medio mágico que puede transformarse a voluntad en todas las cosas deseables y deseadas. Quien la poseía era dueño del mundo de la producción. ¿Y quién la poseyó antes que todos? El mercader. En sus manos, el culto del dinero estaba bien seguro. El mercader se cuidó de esclarecer que todas las mercancías, y con ellas todos sus productores, debían prosternarse ante el dinero. Probó de una manera práctica que todas las demás formas de la riqueza no eran sino una quimera frente a esta encarnación de riqueza como tal. De entonces acá, nunca se ha manifestado el poder del dinero con tal brutalidad, con semejante violencia primitiva como en aquel período de su juventud. Después de la compra de
mercancías por dinero, vinieron los préstamos y con ellos el interés y la usura. Ninguna legislación posterior arroja tan cruel e irremisiblemente al deudor a los pies del acreedor usurero, como lo hacían las leyes de la antigua Atenas y de la antigua Roma; y en ambos casos esas leyes nacieron espontáneamente, bajo la forma de derecho consuetudinario, sin más compulsión que la económica.”
Fue entonces cuando me pregunte en voz alta: “¿Se habrán leído ellos este texto?”. “Noooo”, la respuesta no se hizo esperar. “Su enfoque dista mucho de ser marxista.” (Para mas detalles pregúntenle a alguien que haya estudiado a profundidad sus obras. Yo seria incapaz de argumentar esta respuesta.)
Algo si me quedo claro: Si han organizado todo un movimiento (Zeitgeist Movement) para desarrollar sus ideas, necesitaran del dinero que tanto desprecian para mantenerlo.
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La revolucion de la conciencia es necesaria, por supuesto, pero para intentarla yo prefiero leer a Krishnamurti (o a Marx).

domingo, 10 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 96: Retrospectiva personal.

Hoy he estado viajando por las salas que mas me gustan del Museo de Bellas Artes de La Habana. Aqui les dejo con una pequeña muestra de lo que he podido encontrar en la web entre lo que mas me gusta.

Siempre me fascino el tino con que Victor Manuel capto los colores de mi identidad.
Gitana Tropical (Victor Manuel)
Paisaje (Victor Manuel)
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Marti no podia faltar en mi iconografia personal, y nunca mejor humanizado que por Arche.
Retrato de Marti (Jorge Arche)
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Esto es mi recuerdo mas real del campo cubano, cafe, humildad y tabaco incluido.
¿Mas cafe, Don Nicolas? (Gattorno)
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Y mas que con el Rapto de las Mulatas, toda la sensualidad cubana de Carlos Enriques me llega con el retrato de esta francesita.
Eva saliendo del baño (Carlos Enriques)
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Pero es esta ultima obra la que se lleva mis palmas. No se el por que, pero ahi, entre esas paredes, en esa mecedora vieja, en esa luz, esta mi infancia...
La siesta (Guillermo Collaso)

sábado, 9 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 95: Un poquito de cordura.

Ayer terminé por fin “La taberna errante”, de Chesterton, y me dejó con un saborcito tan agradable que hice lo que nunca: me quedé hojeando las últimas páginas del libro, leyendo incluso una nota a la traducción que aparece justo al final. Digna nota de tan simpático libro, sin duda. Aquí reproduzco el párrafo con el que concluye:

"Esta traducción esta protegida –o liberada, según se mire- bajo licencia copyleft, una perversión del copyright que explícitamente permite (y alienta incluso) a hacer lo que nosotros hemos hecho con la traducción defectuosa de Pineda: rehacerla en cooperación con otros. Como decía Bertolt Brecht, todo debería pertenecer a quien lo mejora. (Existe una edición digital completa de este libro, libremente descargable, en:
http://sindominio.net/biblioweb/literatura/flyinginn-es)"


A lo mejor es noticia ya conocida, pero para mí es toda una novedad. Es la primera vez que leo algo sensato a este respecto. Lo que no me parece razonable es la prohibición de reproducción que aparece en letritas pequeñas en libros o CDs o videos cuando, físicamente hablando, son materiales esencialmente reproducibles (¿quién le dice a un estudiante cubano que no puede fotocopiar un fragmento o todo un libro que necesita para sus estudios cuando no tiene ninguna otra oportunidad de obtenerlo porque ni siquiera lo encuentra en las librerías, y si lo encuentra, puede costarle lo que ganan sus padres en un año de trabajo?).
No estoy a favor de la piratería, que quede claro, siempre y cuando los precios del mercado sean asequibles al público y reflejen el valor real del producto. Esto de “valor real” hablando de obras artísticas ya sé que es discutible, pero también sé que a Cervantes le daría lo mismo el precio que le pongan a su Quijote y, de hecho, creo que estaría mucho mas contento con que alguien pueda comprarlo en una edición sencillita por poco dinero y leerlo a gusto, a que su obra en una edición de lujo quede empolvándose en los estantes de una librería por los siglos de los siglos.

viernes, 8 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 94: Cuando calienta el sol...

Debo haberme saturado de sol y altas temperaturas en las casi tres décadas que viví en mi país. Mi cuerpo debe haber almacenado lo suficiente como para alimentar mi chimenea interior por el resto de mi vida, porque en cuanto comienza a calentar un poquito ya estoy yo refugiada en el rincón mas fresquito de casa y, si tengo obligatoriamente que salir, voy pescando las sombritas en la calle y deteniéndome ante las puertas de los locales climatizados para darle un respiro a mi piel.
Me bastó un solo invierno con nieve para darme cuenta de que soy un espécimen de los que reviven en esa estación. Por mucho que me gusten la primavera, el reverdecer del mundo, los pajaritos cantando y las flores explotando por doquier, entiendo que una gran parte de mi gusto se debe a que las temperaturas no pasan de 20º por esos días. La proximidad del verano me apaga un tanto, lo reconozco, y si no lo logra por completo es porque me mantiene a flote la idea de que en apenas tres o cuatro meses comenzará a refrescar nuevamente.
Y es que lo sé por experiencia propia: del calor no hay escapatoria. El estado ideal en un país como el mío es estar tumbados al lado de una piscina en un sitio cubierto, con la menor ropa posible y tomando mojitos con bastante hielo, y así y todo estarás sudando y agotado todo el día. Climatiza el lugar y terminarás constipado por los cambios de temperatura, y no hay nada peor que un dolor de garganta allí donde no puedes dejar de tomar algo frío. Cualquier intento de trabajar o estudiar es vano, el cerebro en verano (que en el Caribe se extiende a once meses por año) sencillamente no funciona y el cuerpo no le ayuda en nada.
El calor, definitivamente, no es lo mío. “Pero si naciste en tierras calientes”, me dicen unos. “¡Que envidia de playas!”, me dicen otros. “¿Saben qué?”-pienso en esos casos- “¡se las regalo toditas!”. Mientras otros sueñan con vacaciones en las islas Fiji, yo me imagino caminando por los fiordos noruegos; mientras mis amigas me envían fotos en topless junto al mar, yo les cuento la maravilla de una bebida calentita en plena nevada…

jueves, 7 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 93: Renovacion.

No soy una persona que se amilane por cualquier cosa. No me asusta el trabajo por fuerte o difícil que sea. Un reto siempre es bienvenido en mi vida. Y me da lo mismo que sea un reto intelectual o físico –puedo llevar grandes cargas por kilómetros o estudiar en una semana el contenido de un curso de tres meses. A golpes he aprendido que sin reto que te obligue a superarte no hay desarrollo posible.

Solo hay algo que realmente llega a atemorizarme –serpientes aparte-: esos días en los que mis hormonas deciden hacer conmigo lo que les plazca. Entonces cualquier tarea del día, por simple que sea, se convierte en una montaña infranqueable. Levantarse de la cama, por ejemplo, implica mover demasiados grupos musculares como para que sea algo sencillo de realizar, y prepararse un té es una actividad tan compleja que requiere toda la concentración de la que soy capaz.
Lamentablemente, la sociedad sigue su curso incluso en días así, y con frecuencia me obliga no solo a levantarme y prepararme un té, sino incluso a salir de casa para asistir a clases. Cómo lo logro es algo que ni yo puedo explicarme. Cuando llega la noche tengo tal punto de agotamiento que me dejo caer en la cama –que se hunde mucho más que otras noches bajo mi peso- y reniego de mi existencia hasta varias (muchas) horas después.
Por lo general al día siguiente soy una mujer nueva que exhala felicidad por cada uno de sus poros, la felicidad de respirar a gusto y moverme con soltura. Si hay algo que le puedo agradecer a esos días de hormonas rebeldes es la renovación completa de mis sentidos que me hacen despertar en un mundo sin estrenar.

martes, 5 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 91: Los ovnipresentes.*

Conforman esa especie tan particular que, aunque no llega a ser omnipresente puesto que aun no ha logrado la ubicuidad, lo intenta con todas sus fuerzas. Se les puede encontrar en todo tipo de cursos, charlas o talleres de reiki, yoga, taichi, energía universal, sanación, meditación, zen… Siempre que se mantenga dentro de los marcos de lo ‘esotérico’, el tema en específico no es lo importante.
Yo pensaba que eran endémicos de mi país, y los justificaba un poco con la escasa variedad de canales televisivos o de estrenos cinematográficos y con el intrínseco deseo de saber todo acerca de nuestros congéneres propio de los cubanos, pero me engañaba. Son una especie que ha logrado sobrevivir y desarrollarse en todos los confines de la faz terrestre. Al menos donde quiera que he estado –sin importar el país y el espectro tan amplio de ofertas de entretenimiento que tenga- los he encontrado.
Su aspecto exterior suele ser muy variado, pero con frecuencia llevan ropa holgada al estilo hippie y algún collar o pulsera de piedras o metales con presuntos efectos curativos. Los más conservadores, suelen ir incluso con traje y corbata, pero casi siempre llevan alguna lectura ‘comprometida’ bajo el brazo o en el portafolio. Visible o no, todos llevan consigo un inseparable amuleto protector en el que coexisten símbolos católicos, yorubas, egipcios, budistas e islamistas.
No llegan nunca a comprometerse con un solo camino y a alcanzar la consecuencia en el, por lo que nunca podrás aventurar una afirmación rotunda sobre ellos. Hoy puedes escucharles toda una charla sobre los perjuicios del cigarro o el consumo de carne y dos días mas tarde encontrarlos fumando o argumentando contra el vegetarianismo. Pueden sentarse a meditar todos los días, pero el Domingo de Ramos no olvidaran pasar por una iglesia a buscar su ramo bendito. Le pondrán un incienso al Buda en su aniversario e irán en peregrinación al templo del patrono de la ciudad en el dia de su fiesta. Asistirán a unas danzas sufies en la tarde y en la noche pasaran un rato por un toque de santo.
Es sorprendente el amplísimo almacén de conocimientos que poseen. Allí donde estén, siempre se mueven como pez en el agua, siempre tienen algo que opinar, siempre tienen un punto de comparación con otros eventos a los que han asistido anteriormente. Puedes preguntarle cualquier duda que siempre tendrán una respuesta a mano y casi nunca estarán equivocados, porque lo cierto es que han asistido a muchos cursos y se han leído innumerables libros sobre lo que te interesa. Sus conocimientos son muchos, si, pero poco profundos. No hurgues mas allá de la superficie porque no encontraras un proceso autentico de reflexión ni una sola experiencia consumada.
No obstante, eso no es razón suficiente para que no los pongan en práctica con el más puro y bienintencionado eclecticismo. No dejaran nunca de recomendarte una piedra de amatista para tu tranquilidad, una cadenita de plata para aplacar a tu hijo hiperactivo, o una buena limpieza con hierbabuena para alejar los malos espíritus. Se brindaran alegremente a confeccionar tu carta astral o a leer tu futuro en el tarot o en las líneas de tu mano. Te harán una sesión de sanación para tu padecimiento o un masaje aural para alinearte los chakras. Te dirán donde conseguir la miel mas pura, el autentico incienso hindú o una medallita de la virgen y, en el raro caso de que te vean muy mal y reconozcan su imposibilidad para ayudarte, te llevaran a ver a un maestro tibetano recién llegado o a una madrina muy experimentada en Palo Monte.
De naturaleza alegre y extrovertida, siempre están prestos a entrar en conversación a grandes voces en cualquier momento y lugar y –ojo- son muy sensibles. Ante un inminente encuentro con ellos en plena calle, nunca corras a esconderte -herirías sus sentimientos porque ya seguramente te habrán visto. Aprovecha entonces para preguntarles alguna duda o pedirles alguna recomendación, y para informarte por la última publicación interesante o los próximos cursos o conferencias. Terminaras probablemente con más información de la que necesitas pero toda será, nunca dudes de ello, absolutamente fidedigna.
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*El termino no es de mi invencion.

domingo, 3 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 90: Nostalgias.


Hoy no tengo muchas ganas de escribir. Acá en España, hoy celebran el Día de las Madres, y esto me ha dado mucho que pensar. Bueno, si soy sincera, me ha dado mucho que sentir, porque no puedo llevarlo a palabras y ¿que es el pensamiento sin palabras?

sábado, 2 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 89: Nevada primaveral.

Ahora mismo estoy viendo por mi ventana casi nevar en el bosque que tengo enfrente. No hace más que soplar un vientecito y miles de livianos copitos blancos se lanzan a volar muy contentos. A pesar de disfrutar mucho estos árboles desde el primer momento que pise este departamento, quizás por faltarme la costumbre de vivir en un lugar tan cerca de la naturaleza, nunca conté con este despliegue de semillas voladoras.
Son hermosas, sobre todo vistas así, desde detrás de un cristal. Y es que la última vez que fuimos a Barcelona nos jugaron una mala pasada. Los castaños estaban en su apogeo y en plena Plaza Catalunya nevaban semillas sin parar. Nosotros disfrutamos mucho con el espectáculo por unos momentos, pero luego comenzamos a estornudar, a toser más fuerte y, por último, salimos corriendo para resguardarnos en algún local donde pudiéramos tomar un poco de agua porque se nos estaba cerrando la garganta y casi no podíamos respirar.
Es la primera vez que nos sucede algo así, y no pudimos menos que asombrarnos y… reírnos. Esto nos trajo el recuerdo de una amiga cubana muy simpática que lleva en Japón más de una década. Para nosotros, los cubanos –que no sé por que razón nos creemos inexpugnables- resulta raro ver a los japoneses todo el año, pero sobre todo en primavera, con las ahora tristemente famosas máscaras faciales para protegerse de los resfriados o del polen (kafún, en japonés), al que muchos son alérgicos. Con tanto tiempo viviendo allá, esta amiga nunca había hecho alergia a nada y estuvimos largo tiempo divirtiéndonos con sus chistes a costa de los nipones enmascarados, hasta un día en que la encontramos con la piel llena de pintitas rojas por todas partes y una máscara cubriéndole la nariz y la boca. En esa ocasión, su único comentario entre risas y lágrimas fue:
“¡A mi también me cogió el kafún!”

viernes, 1 de mayo de 2009

Proyecto 365, dia 88: La cortesia de la simplicidad.

A mí con los libros de historia me sucede algo muy desagradable: no los puedo leer. Es traumático para quien, como yo, es aficionada a esta materia. Lo cierto es que esos libros donde cada dos palabras aparece una fecha y en cada párrafo aparecen al menos tres nombres de personalidades me son completamente ilegibles. Es como si estuvieran escritos en alguna lengua muerta y olvidada por la humanidad. Por eso prefiero las biografías bien contadas, como las que escribía Stefan Zweig, por ejemplo, o las de Chesterton (que ya estoy deseando leer), y estoy convencida de que se aprende y se disfruta mucho más la historia desde sus páginas que desde los aburridos libros plagados de cronologías para recordar.
Con todo, esto no es tan traumático como tratar de entrarle a un texto puramente literario y no entender ni jota. Así me sucedió con “Paradiso” de Lezama: a pesar de haberlo comenzado cinco veces, ni en una sola ocasión pasé de la octava página. Quizás la culpa fue de que era apenas una adolescente y no era el mejor momento, quizás tuvo que ver el que al mismo tiempo descubriera a Carpentier –El arpa y la sombra- con sus luminosas páginas que opacaban del todo a las laberínticas lezamianas. No sé, quizás pudo haber sido el que mi cerebro sencillamente no tenía las suficientes conexiones neuronales para descifrar el texto. Hasta hoy no he podido superar el trauma que me dejó aquel infructuoso intento, y Lezama sigue siendo un inalcanzable. Nunca he vuelto a tocar uno de sus libros, y no sé cuándo me anime, la verdad.
Pues hoy he tropezado con una tapia similar. Era un pequeño texto contemporáneo, filosófico, interesante… y complicado. Tres veces seguidas tuve que leer y releer una página. Tuve, incluso, que leerla en voz alta antes de extraer al menos un sentido de aquellas líneas y estoy segura de que se me escaparon muchos más. ¡Ah, cuánto extrañé al buen Descartes! Me sentí como una pelota de tenis rebotando una y otra vez contra una pared.
No obstante, me sirvió para entender por qué me gusta tanto la prosa (mas en el estilo martiano) escrita con la cortesía del lenguaje afable, que da la bienvenida al lector desde las primeras páginas, que te deja adentrarte a gusto pero que, al mismo tiempo, no te deja “dormirte en los laureles” y te hace reflexionar.
Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)