Proyecto 365, dia 112: No tengo coche, ¿y qué?

Es curioso como mi educación de país con ideas socialistas y pocos recursos en el que - al menos en una época - no se pensaba demasiado en la apariencia y las posesiones, me provoca frecuentes tropezones en el resto del mundo. Aquí, quizás por estar acostumbrados a ver diariamente en las calles tanta gente y tan diversa, no intentan convencerme (como en México) de que me alise el cabello y me ponga tacones, pero si me miran como un bicho raro cuando confieso ciertas cosas.
Sucedió en una de mis últimas clases. Leímos un texto que versaba sobre los coches y aconsejaba qué hacer antes de salir a dar un largo viaje en este medio de transporte. Al final, en parejas, tuvimos que nombrar cada parte en una gran figura de un coche con un corte transversal –que me recordó las imágenes de ciertas plantas en mis libros de biología de la secundaria.
Al ver que mis conocimientos en este tema se limitan al parabrisas, el espejo retrovisor y poco mas, mi compañera comenzó a hacerme preguntitas insidiosas hasta que terminé por decirle abiertamente que yo no sé manejar y, lo que es mas, que nunca he tenido un coche en mi vida.
De poco valió que le explicara que en mi país comprar un coche no es cosa sencilla y que son pocos los que poseen uno; que en México, a pesar de haber estado varios años por allá, nunca nos animamos por la inseguridad, la locura viaria de la ciudad y porque, a fin de cuentas, en metro llegas mas rápido a donde sea que en coche; que en Japón ni pensamos en eso, tan entretenidos estábamos con las maravillas del país; y que aquí, pues, llevamos poco tiempo…
Esas razones me parecieron más potables para ella que las que realmente me llevan a no tener coche: que quiero colaborar lo menos posible con la contaminación, que no he tenido dinero para comprármelo y que no quiero endeudarme varios años con un banco en la compra de algo que en realidad, hasta ahora, no he necesitado. Quizás si un día tengo hijos mis necesidades cambien, pero hasta ahora, con lo bien que funciona el transporte público en estos lugares, no lo encuentro imprescindible.
Mientras le hablaba, mi condiscípula pasó de la incredulidad al asombro, y del asombro a un estado que prefiero no explicarme. Mi sinceridad me trajo como recompensa ser mirada –por ella, y poco después por el resto del aula- como un ser caído de otro universo.

Comentarios

  1. ... el universo de quienes no sólo viajan, sino también piensan, y por eso saben que las cosas son para las personas, y no al revés.

    Aunque puedan tener algunas cosas solamente por tenerlas. ;-)

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  2. Es que tanta claridad, resulta ofensiva para algunas personas, es obligarlos a hacer reflexiones, y eso a algunos, les insulta.
    Yo nunca te insinué que te alisaras el pelo, ¿verdad? Me ha entrado la duda y me quedo inquieta... pero no... creo que no.
    Un beso pelusita.

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  3. Eso, Ivanius, hay que defender el derecho a seguir siendo los portadores de la razon en la tierra! Besos!

    Mara, no te preocupes, ni de ti ni de ninguno de los tuyos escuche nunca nada asi. Por eso los quiero tanto, porque me quieren como soy, con lo que tengo y lo que no, jejeje
    Besos

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  4. Manejo porque es una necesidad impuesta pero si pudiera evitarlo creeme que lo haría

    alguna gente suele hacer extensiones de sus precarias vidas a través de artículos inventados como son los autos... pero solamente es muestra de su vacio, de nada más

    el día, en que, pobres de ellos, pierden sus ridículos privilegios se les va el significado de su existencia

    y sin embargo es cuando empiezan a vivir realmente, si tienen suerte.

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  5. Pelusa amiga mía no eres la única, aquí también estoy yo.
    No se manejar, no tengo coche y no venimos de otro universo.
    No te preocupes, ni mucho menos te hagas la cabeza un rollo por lo que piensen los demás.
    Siempre van a pensar. A mi también me pasan cosas parecías en estos parajes en el que vivo.
    Mucha fuerza y un abraso amiga mía.

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  6. Pelusa querida: por desgracia, vivimos en un mundo en el que el ser distinto no es bien visto, así que en la vida, hay que andar seguros de lo puesto que del resto, se ocupan los cotillos... Y no sé a quién coño se le ocurrió decirte que te alisaras el pelo y te pusieses tacones, pero ten por seguro que a mí nunca se me hubiese ocurrido... besazos.

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  7. Jaja, Pelusa, me hiciste darme cuenta que los tacones y la alisada de cabello ya es algo tan habitual en mi que no lo noto. Sin embargo, desde que ví tu foto me gusto mucho tu cabello chinito. Esa eres tú, no importa en que lugar del mundo estes.

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  8. Jajaja! Mi cuarto se alquila! Traducción para los no cubanos: a mí me pasa igual. Y tengo miles de razones para no tener auto: argumentos ecológicos, por ejemplo. O las molestias de tener que parquear!!! O tener que conducir!!! Que si no puedes beber cuando se te antoje, que si tienes que atender al timón en vez de ir reclinada leyendo, escuchando música, contemplando el paisaje, durmiendo...
    Además, eso de la "libertad que da tener carro" me parece tan raro. Yo siempre me he sentido libre, he ido adonde he querido, y si algo me ha frenado alguna vez no ha sido precisamente la falta de auto.
    Encima vivo en una ciudad tan pequeña y tan adaptada a los ciclistas, que pedalear en verano es un placer, y en invierno pues se alterna con los buses en dependencia del tiempo y yatá.
    Ah... este es un tema hermoso, vivan los de a pie! Voy a contar en mi blog algunas cositas sobre este tema que siempre me parecieron interesantes en Suecia.
    Te citaré, si me lo permites.
    Por cierto,Pelusa: eres una mujer bellísima, y tu pelo es precioso!
    Saludos desde SueciaEnBici!

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  9. Querido Mau: Yo no condeno a quienes manejan. Bien sé que es una necesidad para muchos (no descarto que algún día yo también lo necesite) y una carta de membresía en esta sociedad, pero tampoco me gusta que me condenen a mi por hacer uso de la libertad de escoger no hacerlo.
    Y tienes mucha razón, los objetos están ahí para satisfacer una necesidad humana, no social. ¡Pobres de aquellos que pierden esta referencia y, más que usar los objetos, llegan a ser esclavos de ellos!
    Encantada con tus visitas!

    Ay, Azucala! Si yo pensara en el que dirán no saldría de casa! Jajaja! Imagínate, yo no voy a la estética, no me maquillo, no uso tacones, siempre ando en jeans y zapatos deportivos…
    Traje este tema al blog porque me pareció interesante y simpático, un modo mas de estudiar esta sociedad en la que vivimos -nueva para nosotras- con sus pro y sus contra… Gracias por los ánimos! Besos azucaraditos!

    Palomita de los azahares: Eso mismo decía yo, que a mi no me hacia falta cambiar, pero ellos insistían… jajaja! No te preocupes, que soy un hueso duro de roer, nunca lograron convencerme! Besitos!

    NTQVA?: Gracias por el piropo! Jeje! Lo más que lograron conmigo en tu tierra fue que visitara con frecuencia la estética, por lo menos mientras estuve allá. Me daba aceites en el cabello y masajes faciales, sobre todo porque eran una delicia, pero incluso ahí me costaba convencer al estético de que yo no quería alisarme el cabello… “Pero aunque sea el flequillo”-me insistía el… Un abrazo!

    Silvita de la isla: Como ves, lo mismo pienso yo. En México, nada mejor que el metro para mi –rápido y sin problemas de aparcamiento-, y en Japón anduve en bici todo el tiempo. Total, la ciudad en la que vivía no tenia mas de dos kilómetros cuadrados! Ni los japoneses tenían coche, jejeje.
    Cítame todo lo que quieras… yo encantada! Y gracias por lo de bellísima… (con amigas así se llega lejos muy lejos) Saludos y besos bicicleteros!

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