martes, 31 de diciembre de 2013

Brindis de año nuevo


El tiempo no nos deja más opciones
que celebrar su paso inexorable;
mejor con alegría, y no es en balde:
aprendimos a danzar con sus canciones.

Ya estás aquí, año nuevo, en pocas horas
celebraremos la ilusión del cambio.
Mañana volveremos al sensato
ir y venir del ocaso y de la aurora.

Nada habrá cambiado, no bajo este cielo,
salvo la luz del sol, siempre naciente;
y el viento, el frío, el río y su corriente,
la impermanencia, mi rostro y su reflejo.

Nada será igual ya desde el alba, 
salvo la falta de palabras en mis labios,
la ambición de ahondar en textos sabios,
y el calor de su abrazo en la mañana.



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lunes, 30 de diciembre de 2013

De un paquete bien envuelto

Ursula K. Le Guin
(crédito de imagen)
"(...) no hay nada aquí, nada más que los Estados y sus armas, los ricos y sus mentiras, y los pobres y su miseria. No hay modo de actuar honestamente, con el corazón limpio (...). No hay nada que uno pueda hacer en que no intervenga el lucro, y el miedo de perder, y el ansia de poder. No es posible darle a alguien los «buenos días» sin tener presente cuál de los dos, usted o el otro, es el «superior», o tratar de demostrarlo. No puede actuar como un hermano con la gente, tiene que manipularlos, o mandarlos, obedecerles, o engañarlos. No puede tocar a otra persona, pero sin embargo no lo dejan solo. No hay libertad. Es una caja... (...), un paquete guardado en un hermoso envoltorio de cielo azul y prados y bosques y grandes ciudades. Y usted abre la caja, ¿y qué hay dentro? Un sótano negro lleno de polvo, y un hombre muerto. Un hombre a quien le ametrallaron la mano porque la tendía a los otros. He estado en el Infierno por fin."

Fragmento de Los desposeídos.
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jueves, 26 de diciembre de 2013

Lluvia de invierno

Crédito de imagen (modificada)
Alzo los ojos, la veo, me sorprende
cayendo suave, insospechadamente.
No son gotas aisladas, es lluvia constante.
No la sentí llegar.
No hace ruido al caer.
Lluvia fría, ligera, esponjosa casi,
no se conforma con mojar la piel.
Lluvia que cala el día gris hasta su centro
o quizás desde él.
Lluvia muda, acalla el mundo a su paso,
reclama en sus dominios el silencio.
Los árboles, quietos, esperan que termine,
no se agitan, no susurran, no suspiran.
No es este el flujo veraniego que agradecen,
es la lluvia de invierno que
gota a gota,
callada,
los doblega.


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martes, 24 de diciembre de 2013

Ese punto de mi alma


El café de hoy no alcanza
ese punto de mi alma
que prefiere el silencio,
que mantiene la calma.

Ni las letras lo logran
cuando no las comprendo.
No resuena la historia,
no se mueve el cerebro.

Sólo llega la música;
voces en mis oídos
susurran mil verdades,
realidades, sentidos...

No hay dos días iguales.
No hay tristeza, sonrisa.
Sólo hay calma aquí dentro,
sólo una luz tranquila.


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domingo, 22 de diciembre de 2013

De la Navidad, la lotería y algo más.

crédito de imagen

Las iluminaciones de la ciudad ya no me encandilan como antes, cuando las veía por primera, segunda o tercera vez. Me siguen gustando las decoraciones navideñas, un poco menos ahora que el diseño de líneas estilizadas le va ganando la partida a la tradición; aunque he de reconocer que la impresión de estar caminando dentro de una película sigue siendo la misma, un poco más ahora que la realidad va perdiendo inexorablemente su autenticidad a golpe de una globalización que no implica hacernos semejantes los unos a los otros, como pudo pensarse en sus inicios, sino todos iguales a los cánones de belleza y felicidad que establecen la televisión y la propaganda. Me sigue gustando ver las calles iluminadas, sí, pero ya no me creo que todos bajo esas luces son felices.

La Navidad, sin embargo, siempre es una época de alegres remembranzas. Al menos lo es en mi caso, y sobre todo desde hace unos cuantos años cuando dejamos de hacer fiestas en familia para comenzar a extrañarlas. En las Navidades de mi memoria en la isla no había luces en las calles ni arbolitos decorados salvo en algunas pocas casas, pero todo el que podía se esforzaba por darle una nueva capa de pintura a su hogar para comenzar el año con un sentimiento de renovación; no se cantaban villancicos ni canciones alegóricas a las fechas, pero no faltaba la música alegre en cada calle; no se comía pavo como ahora se ve en todas partes, ni se hubiera aceptado en ninguna mesa que se respetara teniendo el típico lechón asado que tanto se disfrutaba; no se intercambiaban regalos sino alegría en aquellas grandes comidas de familia reunida, donde cada ausencia era notable y dolorosa.

Este año en particular y gracias a la prolongada crisis, estas fiestas en España han venido marcadas por la lotería, desde el desacertado anuncio de la lotería nacional -y la aparición en él de grandes artistas como Monserrat Caballé y Raphael, que hasta ahora no me explico- hasta la triste estadística que muestra que en esta ocasión tres de cada cuatro españoles han comprado un boleto, sin olvidar el "árbol" de la Plaza del Sol en Madrid: un cono de metal dorado con bombos de lotería como único tema decorativo.

No condeno la lotería; en la isla también se jugaba. Estaba prohibido y creo que lo sigue estando pero la gente nunca renunció al sueño de ganar dinero fácil. No había lotería, lo que había era algo llamado "la bolita", una charada con influencia china en la que se usaban para el premio los números ganadores de los sorteos hechos en otros países y captados por radio. A cada número del 1 al 99 se le atribuían uno o varios significados en ese sistema, y la gente solía asociar sus sueños a esos significados para escoger su número.

No recuerdo cómo se jugaba, sólo recuerdo a mi madre anotando una vez por semana sus números en un papelito y dándoselos con algo de dinero a quien pasaba a recogerlos. A veces ganaba algo, a veces no. Creo que lo que más le gustaba era la incertidumbre del jugador y la camaradería que se generaba al salir a la calle y preguntarle a cualquier vecino qué número había salido. Todos jugaban, como ella. Todos formaban parte de un mismo organismo oculto y excitante.

Mi padre también jugaba pero en él había algo distinto: mi padre jugaba no para ganar dinero sino para realizar sus sueños. Como buen sagitario que era, siempre vivió construyendo castillos en el aire. Hacía miles de planes y jugaba a veces para poder realizarlos. Incluso cuando vivió varios años en otros países también jugó, a su manera tranquila y moderada. A él no le ganó nunca la idea del dinero, no era ese su objetivo. Mi padre nunca perdió la ilusión.
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sábado, 21 de diciembre de 2013

El punto de partida.

crédito de imagen

"Para Shevek el retorno siempre sería tan importante como la partida. Partir no era suficiente, o lo era sólo a medias: necesitaba volver. En aquella tendencia asomaba ya, tal vez, la naturaleza de la inmensa exploración que un día habría de emprender hasta más allá de los confines de lo inteligible. De no haber tenido la profunda certeza de que era posible volver (aun cuando no fuese él quien volviera), y de que en verdad, como en un periplo alrededor del globo, el retorno estaba implícito en la naturaleza misma del viaje, tal vez nunca se hubiera embarcado en aquella larga aventura. Nunca navegarás dos veces por el  mismo río, ni volverás jamás al mismo punto de partida. Shevek lo sabía bien, ese principio era la base de su concepción del mundo. Más aún, a partir de él, del reconocimiento de la transitoriedad de todas las cosas, había desarrollado una vasta teoría según la cual la eternidad se manifiesta plenamente en aquello que más cambia, y tu relación con el río, y la relación del río contigo y consigo mismo es a la vez más  compleja y menos inquietante que una mera carencia de identidad. Puedes volver al punto de partida (...) siempre y cuando comprendas que el punto de partida es un lugar en el que nunca has estado". 

Ursula K. Le Guin, Los desposeídos 


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martes, 17 de diciembre de 2013

Reflejo

Landscape with a Solitary Traveler
por Yosa Buson (crédito de imagen)
El cristal de mi ventana 
no siempre está limpio, abierto.
Hoy es el reflejo gris 
del paisaje que no muestro.

Monocromática yo
en ropa, alma y cabellos,
como el mundo que recrea
el pincel chino, el maestro.

No conoce otros colores
más allá del gris y el negro.
No llueve en esos paisajes;
tampoco llueve aquí dentro.

Es el blanco lo que importa
en un paisaje señero:
lo no visto, lo vacío,
la luz creadora, el silencio.

El sol sigue imperturbable
su camino por el cielo.
¡Qué importa que a mi ventana
hoy no alcance su reflejo!



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lunes, 16 de diciembre de 2013

Un chico de esos

Era un chico de esos, delgados que van todo de negro. Ya saben. Gorro de invierno negro calado hasta las cejas, negras y muy pobladas. Aro plateado, encajado como ojete en el lóbulo de la oreja. Camiseta negra medio ajada, medio oculta dentro de una chaqueta de piel negra, también ajada. Jeans negros con una cadena plateada colgando de un bolsillo, ajustados más allá de lo posible. Botas enormes, de piel negra, tachuelas plateadas, suela de al menos cinco centímetros de alto.
Era un chico de esos que iba en el tren, ya saben, tirado en el suelo al lado de las puertas dificultando el paso, leyendo atentamente a Ortega y Gasset, sus "Estudios sobre el amor".
Sí, era un chico... ¿de esos?
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lunes, 9 de diciembre de 2013

Junto a la ventana

Los encantos del invierno
entran por mi ventana:
el sol, que ya se extiende
hasta la habitación;
calienta  pies y piernas,
hace brillar las alas
del insecto que busca
escapar de prisión.

Un gato se baña
indiferente a todo,
al ladrido del perro,
al sonido del viento,
al balido de un ciento
de ovejas y de cabras
que siguen cabeceando
a su amo, el pastor.

Cierra ahora los ojos,
entretente un instante
y todo se habrá ido
en pos de su silbido:
las ovejas, las cabras,
el perro y hasta el gato.

Sólo el insecto insiste
en escapar de un sueño;
en la tierra persisten
la huella y el silencio.

El sol ya no calienta
como hace un momento.


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sábado, 7 de diciembre de 2013

Parecía Shakespeare...

"¡Oh muerte fría, fría, rígida y atroz, eleva aquí tu altar y vístelo con esos pavores que sólo a ti obedecen porque este es tu reino! Pero en tus terribles propósitos no podrás volver odioso un solo rasgo ni tocar un solo cabello de los rostros amados, honrados y reverenciados. Y no es porque la mano sea pesada y se desplome al soltarla, ni porque se hayan parado los pulsos y el corazón, sino porque era una mano abierta, generosa; fiel; porque era un corazón valiente, cálido y tierno; porque el pulso era un pulso de un hombre de verdad. ¡Golpea, sombra, golpea y verás cómo manan de la herida sus buenas obras para sembrar en el mundo vida inmortal!" 
"Oh cold, cold, rigid, dreadful Death, set up thine altar here, and dress it with such terrors as thou hast at thy command: for this is thy dominion! But of the loved, revered, and honoured head, thou canst not turn one hair to thy dread purposes, or make one feature odious. It is not that the hand is heavy and will fall down when released; it is not that the heart and pulse are still; but that the hand was open, generous, and true; the heart brave, warm, and tender; and the pulse a man’s. Strike, Shadow, strike! And see his good deeds springing from the wound, to sow the world with life immortal!"

Charles Dickens, Cuento de Navidad

Crédito de imagen



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jueves, 5 de diciembre de 2013

De los placeres del alma

Hay cosas que me gusta mucho hacer. Quedarme leyendo un rato después del desayuno es una de ellas. No siempre se puede, claro. Sin contar ya esos días ocupados en que hay que salir corriendo, hay otros en los que a pesar de estar en casa la mente no tiene suficiente poder de concentración para la lectura. Pero hay otros días en que lo logro, y esos momentos son lo más cercano a la perfección que conozco: junto a un café o un té en su defecto, un asiento cómodo y un buen libro, mejor en papel, el resto del mundo tiende a desaparecer. No importa si es en un jardincillo privado, en un soportal con vistas al Mediterráneo o en mi pequeña estancia de todos los días. Todo es mero decorado cuando la mente logra encontrar su camino entre las letras.



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Otras divagaciones sobre este mismo tema:

Sigue siendo un placer
Mi espacio ritual

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sábado, 30 de noviembre de 2013

Réquiem



Tenía veinticinco años —dice el verdugo
esclavo de voluntades ajenas
que no escatiman resoluciones,
asalariado al servicio de órdenes
que no cuestiona,
que no puede cuestionar:
tiene una crisis que bandear,
una familia que mantener,
un trabajo que conservar.

¡Veinticinco años! —repite con cierto orgullo
sin borrar su sonrisa.
No entiende mi ceño fruncido,
ni la mezcla de enfado y temor
en mi voz —¡Dios te perdone!—,
ni el dolor en mi ojos.
Hoy, como mañana hace un año,
ha sido cortada la vida
del abeto más hermoso
que protegía esta tierra.


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domingo, 24 de noviembre de 2013

Del exorcismo y el arte.

No imaginaba que se podía hacer periodismo en twitter, pero hoy pasé buena parte de la velada fascinada leyendo una especie de entrevista que le hacía Arturo Pérez-Reverte a un escritor de graffitti, Jeosm, y me enteré de muchas cosas interesantes: que se llaman a sí mismos no "grafiteros" sino "escritores de graffitti"; que escriben sobre todo su firma, como se hacen llamar, en un acto de reafirmación propia; que no consideran arte lo que hacen (esto último me sorprendió mucho porque yo sí veo arte en el graffitti), entre otras.

Siendo twitter una red abierta, no sólo estaban ellos en la conversación. Todo el que pudo insertó su opinión y lamento decir que no todo lo que leí fue bueno. De hecho había mucha negatividad en algunas reacciones: gente molesta por los graffittis, gente molesta por la fama de los interlocutores, gente molesta por la conversación, gente molesta por la vida aprovechando ese espacio para liberarse de la bilis que cargan consigo.

Esto me trajo de vuelta una impresión que me quedó luego de ver hace poco una peli de Tarantino. A pesar de saber que en sus películas no faltan las escenas violentas, y tener la certeza de que la pantalla estará teñida de sangre desde el primer minuto hasta que termine el film, Tarantino es un director de los que más me gusta. El hombre conoce su medio y detrás de toda la violencia hay un lenguaje artístico innegable. Tarantino es arte, del bueno.

Pues bien, la peli en cuestión es "Malditos bastardos" ("Inglourious Basterds", en el original). Hay violencia extrema, mucha sangre y mucha imaginación en ella, de lo contrario no sería una obra de Tarantino; pero también da expresión libre a todo el odio contra la barbarie del fascismo que lleva buena parte de la humanidad dentro. En esa peli, los judíos y los norteamericanos, como exponentes del mundo libre, cada cual por su parte pero al mismo tiempo, logran acabar con todo el alto mando nazi. Se recrean especialmente dándole muerte a su máximo líder, en una larga escena en la que el espectador llega a sentir que es él mismo quien está apretando el gatillo. Dicen que el arte es el único instrumento que nos permite vivir varias vidas en el tiempo que se nos ha dado para vivir la nuestra. Tarantino, pues, a través de su arte nos ayuda a realizar virtualmente un poco de la justicia que anhelamos.

De estas dos experiencias inconexas, la entrevista en twitter y la peli anti-nazi, terminé con impresiones similares. En ambas me quedó claro que hay odios que la gente lleva muy adentro y que debe sacar. Y también que el arte bien llevado puede servir de instrumento para el exorcismo.

En fin, que recomiendo mucho la peli de Tarantino, y que me gustó mucho ver a Pérez-Reverte en su papel de periodista; lo hace muy bien.
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miércoles, 20 de noviembre de 2013

El retrato de Ponce

Mi pequeño homenaje a Fina García Marruz, ahora que no ganó el Cervantes, y a Fidelio Ponce, uno de los mentores de este espacio.

El retrato de Ponce

La sala se centró a partir de entonces
en torno al retrato que me hizo el pintor
y que iba a ver, algunas veces,
sin ocuparse de saludar a nadie,
atravesando toda la habitación
con un rodeo desdentado y príncipe,
el sombrero de enormes alas gachas.
Se plantaba ante él, mudo, aprendiendo
de sí, él tan humilde,
lo que le dictaron el cierzo y el oliva,
y, altivo, retirábase,
sin decirnos adiós.

«La posteridad!» decía con su voz oquedosa,
funeral, verdemusgo, mirándonos como a muertos,
«La posteridad!»

Envuelta en una luz verdosa
de fantasmal  marina, aparecía en el lienzo,
con solo un toque grana en los labios fruncidos,
sin que se vieran los ojos
y sí la sombría mirada,
una mirada como la que debían tener
los muertos que hemos olvidado demasiado pronto.
Qué estanque tan quieto y tan lleno de limo era
yo allí algunas tardes!
Tras la albura aparente de la edad
la corrupción devoraba los blancos.

Nadie sino aquel ciego,
aquel vidente,
que en nada se fijaba
vio más, vio la amenaza
acechando, minando, devastando,
la débil luz tras la armadura,
con algo de esgrimista:
el pecho traspasado
por una estocada profunda,
el reino lejos, lejos,
y, tras la sangre invisible,
el guante blanco.

Fina García Marruz
tomado del libro ¿De qué, silencio, eres tú silencio?
Colección La isla infinita. La Habana, 2013

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sábado, 16 de noviembre de 2013

Reseña: El nombre del viento (Patrick Rothfuss)

El otoño se ha hecho esperar este año. Recién hoy, ya a mediados de noviembre, comienzan las lluvias y se hace sentir el viento. Mientras en otros lugares más cálidos se quejaban de las inusuales bajas temperaturas de los días pasados, aquí no sentimos menos calor que en el verano. Sin embargo, no pude quejarme, aunque me guste mucho el frío y el calor no haga más que agotarme. No me quejé y por una buena razón: no andaba yo por estos lares.

Si bien mi cuerpo sí que se mantuvo por aquí, mi mente estaba atrapada en otro mundo: el mágico espacio creado por Patrick Rothfuss en El nombre del viento

Antes de comenzar a leerlo, busqué algo de información sobre el autor y me pareció sobrevalorado. ¿Cómo es posible que alguien se atreva a comparar la (casi) primera obra de un joven escritor con mi bienamado Tolkien? "Un imitador, seguro. No puede ser más que eso" —sentencié en lo más profundo de mí a pesar de las buenas recomendaciones que trajeron este libro a mis manos. El mapa que encontré en sus primeras páginas, muy al estilo de Tolkien y hasta de Ursula K. LeGuin, vino a confirmar mi sentencia.

Me senté a leerlo, y con gusto, porque si bien esa impresión a priori no fue del todo buena he aprendido a no confiarme a mis primeras impresiones en cuanto a lectura se refiere. En arte —ahora lo sé— no hay nada escrito, no hay opiniones infalibles, y ya más de una vez me he visto refutando mis propias palabras. Además, ¿cómo negarle a mi espíritu adolescente un viaje a esos mundos de la fantasía que tanto le gustan? En el peor de los casos, pasaría al menos un rato entretenido. Siempre podría abandonarlo cuando quisiera, ¿no?

Pues no. Este no es de esos libros que es posible abandonar cuando uno quiera. La historia te atrapa, los personajes te vuelven cómplice de sus andanzas. La traducción —excelente, por fortuna— te hace fluir de un pasaje a otro y te envuelve de tal forma que desde el mismo principio encuentras de lo más natural la existencia de oscuridades, demonios, dragones y todo tipo de criaturas fabulosas. Es de esos libros que se leen con avidez, que cuesta cerrarlos hasta para dormir, y cada vez que te asomas a sus páginas, así sea por unos pocos minutos, consigue que la mente se deslice a ese otro mundo sin notar la frontera entre él y la realidad. Rothfuss no es un simple imitador de los grandes de este género. Es su heredero.

El nombre del viento es parte de la historia de Kvothe, asesino de reyes, contada por él mismo a Cronista en tres días. Este libro contiene apenas lo narrado el primer día. Hay otros dos que completan la narración: El temor de un hombre sabio es el segundo que ya estoy deseando leer, y un tercero aún no publicado.

Sólo me queda agregar una pequeña impresión sobre el final de este, que me sorprendió y no por lo abierto, situación lógica siendo esta la primera parte de una trilogía, sino por lo inusual en cuanto a estructura. Conté, al menos, tres falsos finales en este libro. Cuando uno siente que ya no da para más la historia narrada en este primer día y que el autor buscará la forma de cerrar la jornada, los personajes vuelven a sentarse a la mesa. "¿Te animas a escribir un poco más esta noche?, le pregunta Kvothe al escribano, y para alegría del lector retoman el relato donde lo habían dejado.
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viernes, 8 de noviembre de 2013

De la cocina.

Cebolla al fuego. 
Olor dulzón que invade mi cocina. 
Pimiento verde, pimiento rojo. 
Aceite que crepita.

Perejil y tomate picaditos. 
Sal y pimienta, como el gusto crea. 
Salsa que bulle y acentúa 
el sabor del caldo de reserva.

Pollo y brócoli, 
maíz y zanahoria. 
Son los colores 
que completan mi paleta.


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Hoy es uno de esos días en que me creo que enlazar palabras es hacer un poema. :)
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sábado, 26 de octubre de 2013

Reseña: "Rebelión en la granja", de George Orwell

Pocas veces he dudado tanto antes de escribir una reseña. Generalmente me siento y suelto todas las impresiones que me ha dejado la lectura, luego edito un poquito y lo lanzo. Total, reseñas no son lo que falta en Internet. Si al lector no le gusta la mía, seguramente hay otras mil que puede consultar.

Esta vez es diferente. Las impresiones que tengo no son las mejores. ¿El libro? Rebelión en la granja, de George Orwell. ¡Excelente! Pero duro y hasta cruel, demasiado cercano, demasiado conocido. Doloroso. Una gran alegoría que usa animales para su objetivo. ¡Animales! Que sí, que es una alegoría, lo sé. Que sí, que he visto cosas semejantes y hasta peores en mi entorno, antes y ahora, y siempre afectando a las mejores personas, pero --y aunque sea lo de menos-- ¿quién me quita ahora de la cabeza las imágenes en las que son animales los que sufren? ¡Pobre Boxer! 

Es un libro que quizá no debí leer, como decidí no terminar nunca El proceso de Kafka. Por conocido, por vivido. Porque era imposible que me mostrara nada nuevo. Porque daña.

Puede ser que lo erróneo no haya sido la decisión de leerlo sino el momento y lugar, justo en un vuelo de Ryanair, donde los empleados te miran desde su altura, como si les estorbaras; donde te obligan a guardar un pequeño bolso de mano dentro de la maleta y hasta miran de reojo el libro que dejas fuera; donde más que con aeromozas viajas con vendedoras que te obligan a escuchar sus propuestas sin darte siquiera la opción de escuchar música; donde te llevan caminando casi medio kilómetro hasta el avión y te obligan a esperar en la pista a que uno de sus aviones despegue justo a tu lado (ruido insoportable, aire caliente,  vibraciones...); donde te piden con voz molesta un poco de cooperación para poder salir en hora, cuando el avión ha llegado con un retraso de 25 minutos...

Sí, puede que ese entorno en el que te hacen sentir tu insignificancia no haya sido el mejor para leer un libro que te muestra tan descarnadamente la verdad de las sociedades modernas, porque si bien en un origen puede que su crítica se orientara al socialismo, hoy es tristemente aplicable a cualquier sociedad.

El libro, repito, es excelente. Sólo alerto a los espíritus sensibles sobre su dureza, por otra parte tan necesaria para despertar.

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jueves, 26 de septiembre de 2013

Amadís de Gaula. Reseña escrita por Saramago.

Estoy leyendo El viaje del elefante, de Saramago, porque es difícil despedirse de sus letras. Cuando se termina uno de sus libros no queda más remedio que buscar otro, con cierta urgencia incluso, más si es uno que ya saboreé una vez y tuve que devolver a la biblio antes de haber satisfecho mi hambre. En medio de este viaje maravilloso encontré un fragmento intercalado, una especie de reseña que hace Saramago del famoso y poco leído Amadís de Gaula, y como en este Diario solemos compartir reseñas, pues aquí se las traigo, de la mejor pluma y para su completo disfrute. La reseña como tal aparece en el segundo párrafo, pero el primero que les copio me resulta también muy interesante.

"(...) un grueso volumen, con el título amadís de gaula, obra de la que parece que fue autor, como juran algunos eruditos más patriotas, un tal vasco de lobeira, portugués del siglo catorce, aunque la obra sería publicada en farragosa, en traducción castellana, en mil quinientos ocho por garci rodríguez de montalvo, que le añadió unos cuantos capítulos de aventuras y amores y enmendó y corrigió los antiguos textos. Sospecha el comandante que su ejemplar procede de cepa bastarda, de una edición de esas a las que hoy llamamos piratas, lo que demuestra de cuán lejos vienen ciertas ilícitas prácticas comerciales. Salomón, otras veces lo hemos dicho, hablamos del rey de judea, no del elefante, tenía razón cuando escribió que no hay nada nuevo bajo el sol. Cuesta imaginar que todo ya fuese igual a todo en aquellas bíblicas eras, cuando nuestra pertinaz inocencia sigue obstinándose en imaginarlas líricas, bucólicas y pastoriles, quizá por estar tan próximas de los primeros tanteos de nuestra occidental civilización.
El comandante está leyendo por cuarta o quinta vez su amadís. Como en cualquier otra novela de caballerías, no faltan batallas sangrientas, piernas y brazos amputados a cercén, cuerpos cortados por la cintura, lo que dice mucho sobre la fuerza bruta de esos espirituales caballeros, puesto que en aquella época no eran conocidas, ni imaginables, las virtudes seccionadoras de las sierras metálicas con el vanadio y el molibdeno, hoy fáciles de encontrar en cualquier cuchillo de cocina, lo que demuestra cuánto hemos progresado en la buena dirección. El libro cuenta con minucia y deleite los atribulados amores de amadís de gaula y oriana, ambos hijos de reyes, lo que no fue obstáculo para que la madre del niño decidiera repudiarlo, mandando que lo llevasen al mar y allí, en una caja de madera, con una espada al lado, lo abandonaran a merced delas corrientes marinas y del ímpetu de las olas. En cuanto a oriana, la pobre, contra su voluntad, se vio prometida en casamiento por el propio padre con el emperador de roma, cuando todos sus deseos e ilusiones estaban puestos en amadís, a quien amaba desde los siete años, cuando el mocito tenía ya doce, aunque por la complexión física aparentaba los quince. Verse y amarse fue obra de un instante de deslumbramiento que permaneció intacto durante toda la vida. Era el tiempo en que la andante caballería se había propuesto terminar la obra de dios, es decir, eliminar el mal del planeta. Era también el tiempo en que el amor para serlo tendría que ser extremo, radical, la fidelidad absoluta un don del espíritu tan natural como el comer y el beber lo es del cuerpo. Y, hablando del cuerpo, es cosa de preguntar en qué estado estaría el de amadís, tan cosido de cicatrices, abrazado al cuerpo perfecto de la sin par oriana. Las armaduras, sin el vanadio y el molibdeno, de poco podrían servir, y el narrador de la historia no evita señalar la fragilidad de las chapas y de las cotas de malla. Un simple golpe de espada inutilizaba un yelmo y abría la cabeza que estaba dentro. Es asombroso cómo esa gente consiguió llegar viva al siglo en que estamos. Ya me gustaría a mí, suspiró el comandante."
El viaje del elefante. José Saramago
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lunes, 23 de septiembre de 2013

Historia con moraleja



Íbamos en el tren de pie, al lado de la puerta. Un poco más allá, sentado, iba un chico con su guitarra. Llevaba el cabello largo -el chico-, y barba y bigote, y pulseras de hilos de colores en los brazos. La guitarra iba de rojo lacado y era feliz. Lo sabía suyo y él, gustoso, se dejaba arrastrar a su mundo de notas y melodías. 

Yo miraba el paisaje, y el chico tocaba. Yo hablaba con mi G, y la guitarra no dejaba de sonar. Yo espiaba el periódico del señor sentado cerca de mí, y la música me llegaba en todo momento. Nuestro corto viaje terminó pronto. El tren se alejó dejándonos en nuestro mundo conocido, con aroma a castaños y tierra húmeda. El chico y su guitarra siguieron de largo, disfrutándose mutuamente, sin haberse percatado siquiera de nuestra presencia.

Moraleja: Puede que viaje junto a tí y que incluso vaya en la misma dirección, pero quien lleva su propia música va por la vida en un tren diferente.
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sábado, 21 de septiembre de 2013

Recuerdo blanco

Salí, toda vestida de blanco a una ciudad gris. Todo era gris allí, los edificios, el asfalto, los árboles, las palomas, los miles de turistas. Todo gris excepto el cielo, siempre ajeno, siempre azul. Era lindo caminar toda de blanco en medio de tanto gris, envuelta en el secreto vaivén que sólo mi cuerpo y yo conocíamos. Hubo de todo ese día, hasta lágrimas, blancas, convocadas por el recuerdo espontáneo -blanco, luminoso- de la voz de mi padre que escuché alguna vez justo en esa esquina. El blanco, claro, duró lo que tardó en pasar el primer ciclista por mi lado, pero no importa, duró lo suficiente para colarse por mis poros y mantener mi interior blanco todo el día.

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martes, 17 de septiembre de 2013

Reseña: "Todos los nombres", de José Saramago

¿Qué es realmente estar vivo? Esa es la pregunta con la que me ha dejado la lectura de Todos los nombres, el libro de Saramago que acabo de cerrar hace unas horas. No es un libro fácil, aunque podría serlo si sencillamente nos dejáramos llevar por la historia, si nos dejáramos arrebatar por sus (muchas) frases tan bien dichas, tan propias del autor. 

Pero no se puede pasar por una obra de Saramago y salir inmune, es una contradicción de base. Por eso me gusta tanto. Por eso ha escalado con tanta facilidad en mis preferencias, para ir a ocupar el ángulo izquierdo -por supuesto- de un triángulo perfecto que tiene a Hesse en el vértice derecho, y en la cúspide a mi amado Carpentier. Todo lo demás se mueve entre sus lados.

Todos los nombres, pues, nos hace pensar aun a pesar nuestro; nos plantea, con la magia de las palabras cotidianas, cuestiones espinosas que podríamos obviar si no se engancharan en las arrugas del cerebro y salieran luego hasta en los sueños: ¿Qué es realmente estar vivo? ¿Es tan diferente a estar muerto, como pensamos? ¿Qué diferencia hay entre la muerte y la vida que llevamos? ¿Acaso no estamos mayormente muertos en vida? ¿Qué tanto de muerte hay en mi vida? ¿Qué tanto de vida habrá en mi muerte? 

En este libro lleno de símbolos, donde un pastor de ovejas reparte aleatoriamente la memoria eterna, donde un cementerio se va insertando solapadamente en la ciudad y las fichas de los muertos van invadiendo poco a poco el espacio de las de los vivos, los personajes son escasos; los nombres, apenas uno, el de don José, protagonista por derecho propio de esta historia del despertar, en la que el individuo casi por necesidad se enfrenta al poder, y en la que la muerte se impone como uno de los grandes personajes, pero no solo la muerte física del hombre, sino también todas las demás (está esa muerte cotidiana, mística, de cada noche -"ella es la condición del día", asegura Saramago-, y la no menos cotidiana e invisible muerte que nos llega cada día, cada hora, cada minuto, con las rutinas automáticas, esas que hacemos sin necesidad de pensar, sin que apenas intervinamos nosotros mismos; y la muerte social, que según dicen los que saben, es la primera de las más terribles muertes del hombre, entre otras muchas), que a la larga no son más que una. Don José, el humilde escribiente, pasa de entretener su tiempo coleccionando recortes sobre celebridades, vidas más o menos tan vacías como la suya propia, a encontrar el sentido último de su existencia investigando una vida ajena, anónima, desconocida, una vida que pronto pasa a ser una muerte más, al menos en papeles... 

En casi todas las reseñas que leí sobre este libro se dice que esta es una gran historia de amor, "la historia de amor más intensa de la literatura portuguesa de todos los tiempos", reza la contracubierta. Yo creo que si de alguien se enamora don José en estas páginas, en las que actúa ciertamente con la misma insensatez y temeridad que un enamorado, es de la Vida, así, con mayúscula.

"Un libro muy existencial", dice ante mis comentarios mi G, que me ayudó a salir del pasmo en que me dejó el final de esta obra porque, como les advertí desde el principio, no es fácil y hasta precisé de su ayuda para entenderla. 

"Un libro vital", digo yo, que no sé nada de términos filosóficos pero acabo de someter mi alma y mi cerebro a la almazara de letras de Saramago. Don José, por su nombre de pila.

Y como las cosas cuando son buenas nunca aparecen solas, y como las casualidades no existen, hoy les comparto junto a esta reseña una frase de Neruda que acaba de caer bajo mis ojos, y que de alguna forma sirvió de pretexto e impulso a esta reseña: 
 
Muere lentamente quien se transforma en esclavo de sus hábitos, quien no se arriesga, quien evita una pasión, quien abandona antes de empezar, quien se queja de su mala suerte, quien no viaja ni lee, quien no sueña ni persigue sus sueños, quien no confía, quien no lo intenta, quien no ama… Lo contrario de estar vivo. 
Pablo Neruda
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lunes, 2 de septiembre de 2013

Septiembre y los comienzos.

Septiembre es un mes de comienzos. Siempre me ha arrastrado a comenzar algo, desde que era así de chiquitita (¿pueden ver mi gesto?)  y mi madre me llevaba de la mano al colegio, con zapatitos y uniforme nuevos. ¡Oh, sí! Septiembre siempre trae olor a ropa y libros nuevos, a colegios  pupitres nuevos, a amigos nuevos. Septiembre siempre trae nervios, suspiros, expectativas... y alegrías. 

Esta vez no ha sido diferente. Aquí estoy, de la mano de Septiembre, comenzando un nuevo proyecto a cuatro manos con Loly Angélica, amiga de mi grupo de lectura. Queremos conocernos más a través de este proyecto, tanto a nosotras mismas como mutuamente, divertirnos y pensar, y también compartirlo con ustedes. ¿Se suman? (Click en la imagen)

 

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sábado, 24 de agosto de 2013

Krishnamurti. Disolución de la Orden de la Estrella.

Vuelvo una y otra vez a este texto. Hay mucho en él. Inagotable y corto, como debe ser.
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La Orden de la Estrella se fundó en 1911 para proclamar la venida del Maestro Krishnamurti. El 2 de agosto de 1929, el día de la apertura del Campamento anual de la Estrella en Ommen, Holanda, Krishnamurti disolvió la Orden ante 3000 miembros.
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Vamos a discutir esta mañana la disolución de la Orden de la Estrella. Se alegrarán muchas personas, y otros estarán bastante tristes. No es una cuestión para regocijarse ni para entristecer, porque es inevitable, como voy a explicar.
Ustedes recordarán la historia de cómo el diablo y un amigo suyo estaban caminando calle abajo, cuando vieron delante de ellos un hombre inclinarse y recoger algo de la tierra, mirarlo, y guardarlo en su bolsillo. Dijo el amigo al diablo: "¿Qué recogió ese hombre?". "Él recogió un pedazo de Verdad", dijo el diablo. "Ése es un mal negocio para usted, entonces", dijo su amigo. "Oh, para nada," contestó el diablo, "yo voy a permitirle organizarlo."
Yo mantengo que la Verdad es una tierra sin caminos, y ustedes no pueden acercársele en absoluto por ningún camino, por ninguna religión, por ninguna secta. Ése es mi punto de vista, y me adhiero a él absolutamente e incondicionalmente. La Verdad, siendo ilimitada, incondicionada, inaccesible por cualquier camino en absoluto, no puede organizarse; ni se debe formar una organización para conducir o para forzar a la gente a lo largo de cualquier camino determinado. Si ustedes entienden primero esto, entonces verán cómo es imposible ordenar una creencia. Una creencia es puramente una cuestión individual, y usted no puede y no debe organizarla. Si usted lo hace, se transforma en muerta, cristalizada; se convierte en un credo, una secta, una religión, para ser impuesta a otras. Esto es lo que todos a lo largo del mundo estamos intentando hacer. La verdad se limita y se hace un juguete para aquellos que son débiles, para aquellos que sólo están disgustados momentáneamente. La verdad no se puede limitar, más bien el individuo debe hacer el esfuerzo de ascender a ella. Usted no puede traer la cima de la montaña al valle. Si usted quiere alcanzar la cima de la montaña, debe pasar a través del valle, subir por sus laderas, sin miedo a los precipicios peligrosos. Usted debe subir hacia la verdad, no puede "ser traída abajo" o ser ordenada para usted. El interés en ideas es sostenido principalmente por organizaciones, pero las organizaciones despiertan solamente interés desde afuera. El interés, que no nació por amor a la Verdad en sí misma, sino que fue despertado por una organización, no tiene ningún valor. La organización se convierte en un armazón en el cual sus miembros pueden encajar convenientemente. Ellos ya no se esfuerzan por alcanzar la Verdad o la cima de la montaña, sino que tallan para ellos mismos un nicho conveniente donde guardarse, o permiten que la organización los guarde, y consideran que la organización los llevará por eso a la Verdad.
Esa es la primer razón, desde mi punto de vista, de por qué debe disolverse la Orden de la Estrella. A pesar de esto, ustedes formarán otras Órdenes probablemente, continuarán perteneciendo a otras organizaciones que buscan la Verdad. Yo no quiero pertenecer a ninguna organización de tipo espiritual, por favor entienda esto. Yo haría uso de una organización que me llevara a Londres, por ejemplo; éste es un tipo diferente de organización, meramente mecánico, como el poste o el telégrafo. Utilizaría un automóvil de motor o un buque de vapor para viajar, éstos son sólo mecanismos físicos que no tienen nada que ver con espiritualidad. De nuevo, yo mantengo que ninguna organización puede llevar al hombre a la espiritualidad.
Si una organización es creada para este propósito, se vuelve una muleta, una debilidad, una esclavitud, y deja inválido al individuo, y le impide crecer, establecer su singularidad, miente en el descubrimiento por sí mismo de lo absoluto, de la verdad incondicionada. Esta es otra razón por la que he decidido, siendo la cabeza de la Orden, disolverla. Nadie me ha persuadido a esta decisión.
Éste no es ningún hecho extraordinario, porque yo no quiero seguidores, y quiero explicar esto. En el momento en que usted sigue a alguien, usted deja de seguir a la Verdad. Yo no estoy interesado si usted presta atención a lo que digo o no. Quiero hacer algo en el mundo y voy a hacerlo con concentración firme. Me estoy refiriendo solamente a una cosa esencial: liberar al hombre. Yo deseo librarlo de todas las jaulas, de todos los miedos; y no fundar religiones, nuevas sectas, ni establecer nuevas teorías ni nuevas filosofías. Entonces usted me preguntará naturalmente por qué viajo por el mundo y hablo continuamente. Le diré por qué razón hago esto: no porque desee a un partidario, no porque desee un grupo de discípulos especiales. (¡Cómo aman los hombres ser diferente de sus compañeros, sin embargo cuán ridículas, absurdas y triviales pueden ser sus distinciones! Yo no quiero animar esa absurdidad.) No tengo ningún discípulo, ningún apóstol, ni en la tierra ni en el reino de la espiritualidad.
Ni el señuelo de dinero, ni el deseo de vivir una vida cómoda me atrae. ¡Si yo quisiera llevar una vida cómoda no vendría a un Campamento o viviría en un país húmedo! Estoy hablando francamente porque quiero dejar esto claro de una vez por todas. No quiero discusiones infantiles año tras año.
Un reportero que me entrevistó consideró un acto magnífico disolver una organización en que había miles y miles de miembros. Para él era un gran acto porque, dijo: "¿Qué hará usted después, cómo vivirá usted? No tendrá ningún partidario, las personas ya no lo escucharán." Si hay sólo cinco personas que escucharán, que vivirán, que vuelvan sus caras hacia la eternidad, será suficiente. ¿De qué sirve tener miles que no entienden, que estén totalmente llenos de prejuicios, que no quieren lo nuevo, pero traducirían más bien lo nuevo para satisfacer sus propios egos estériles, estancados? Si yo hablo fuertemente, por favor no me entiendan mal, no es por falta de compasión. ¿Si usted va a un cirujano por una operación, no es bondadoso de su parte operar aun cuando él le cause dolor? Así pues, de modo semejante, si hablo rectamente, no es por carecer de verdadero amor.
Como he dicho, tengo solamente un propósito: hacer al hombre libre, para impulsarlo hacia la libertad, ayudarle a romper todas las limitaciones, porque solo ello le dará felicidad eterna, lo dará la realización incondicional de sí mismo.
Porque soy libre, no condicionado, entero -no una parte, no relativo, sino la Verdad entera que es eterna- deseo a aquellos que buscan entenderme, para ser libres; no seguirme, no hacer de mí una jaula que se volverá una religión, una secta. Más bien deben ser libres de todo miedo, del miedo a la religión, del miedo a la salvación, del miedo a la espiritualidad, del miedo al amor, del miedo a la muerte, del miedo a la vida misma. Como un artista que pinta un cuadro porque siente deleite en esa pintura, porque es su auto expresión, su gloria, su bienestar, así es que yo hago esto y no porque deseo cualquier cosa de cualquier persona.
Ustedes están acostumbrados a la autoridad, o a la atmósfera de autoridad que piensan los llevará a la espiritualidad. Ustedes piensan y esperan que otro pueda, por su extraordinario poder -un milagro- transportarlos a este reino de libertad eterna que es la Felicidad. Su perspectiva entera de vida está basada en esa autoridad.
Ustedes me han escuchado durante tres años, sin ninguna transformación, excepto en unos pocos. Ahora analicen lo que estoy diciendo, sean críticos, para que puedan entender completamente, fundamentalmente. Cuando usted busca una autoridad para llevarlo a la espiritualidad, usted está automáticamente obligado a construir una organización alrededor de esa autoridad. Por la misma creación de esa organización que, usted piensa, ayudará a esta autoridad a llevarlo a la espiritualidad, usted se aprisiona en una jaula.
Si hablo francamente, por favor recuerden que lo hago no por aspereza, no por crueldad, ni por falta de entusiasmo en mi propósito, sino porque quiero que entiendan lo que estoy diciendo. Ésa es la razón de por que ustedes están aquí, y sería una pérdida de tiempo si yo no explicara claramente, decididamente, mi punto de vista.
Durante dieciocho años se han estado preparando para este evento, para la Venida del Maestro del mundo. ¡Durante dieciocho años ustedes han organizado, han buscado a alguien que les daría un nuevo deleite a sus corazones y mentes, que transformaría su vida entera, que les daría una nueva comprensión; a alguien que les educaría a un nuevo plano de la vida, que les daría un nuevo estímulo, que los haría libre; y ahora miren lo que está pasando! Consideren, razonen por ustedes mismo, y descubran de qué manera la creencia no los ha hecho diferentes, con la diferencia superficial de llevar una insignia que es trivial, absurda. ¿De qué manera ha barrido esta creencia todas las cosas no esenciales de la vida? Ésa es la única manera de juzgar: ¿de qué manera está usted más libre, más pleno, más peligroso para cada sociedad que esté basa da en lo falso y lo no esencial? ¿De qué manera los miembros de esta organización de la Estrella se vuelven diferentes?
Como he dicho, ustedes se ha estado preparando durante dieciocho años para mí. A mí no me interesa si creen que yo soy el maestro del mundo o no. Eso es de importancia muy pequeña. Puesto que ustedes pertenecen a la organización del Orden de la Estrella, ustedes han dado su simpatía, su energía, reconociendo que Krishnamurti es el maestro, parcialmente o totalmente: totalmente para aquellos que realmente están buscando, sólo parcialmente para aquellos que están satisfecho con sus propias medio-verdades.
Ustedes se han estado preparando durante dieciocho años, y miren cuántas dificultades hay en su manera de comprensión, cuántas complicaciones, cuántas cosas triviales. Sus prejuicios, sus miedos, sus autoridades, sus iglesias nuevas y viejas; todo esto, yo mantengo, es una barrera para entender. No puedo explicarme más claramente. Yo no quiero que usted esté de acuerdo conmigo, no quiero que me siga, yo quiero que usted entienda lo que estoy diciendo.
Esta comprensión es necesaria porque su creencia no lo ha transformado, sólo lo ha complicado, y porque usted no está dispuesto a hacer frente a las cosas tal cual son. Usted quiere tener su propio dios, nuevos dioses en lugar de las religiones viejas, nuevas formas en lugar de las viejas, nuevo en lugar de lo viejo, todo igualmente sin valor, todas las barreras, todas las limitaciones, todas las muletas. En lugar de las distinciones espirituales viejas usted tiene nuevas distinciones espirituales, en lugar de los cultos viejos usted tiene nuevos cultos. Ustedes están dependiendo para su espiritualidad de alguien más, para su felicidad de algún otro, para su esclarecimiento de algún otro; y aunque ustedes han estado preparándose para mí durante dieciocho años, cuando digo que todas estas cosas son innecesarias, cuando digo que deben poner todo lejos y mirar dentro de ustedes mismos para el esclarecimiento, para la gloria, para la purificación, y para la incorruptibilidad del uno mismo, ninguno de ustedes está deseoso de hacerlo. Puede haber unos, pero muy, muy pocos.
¿Entonces por qué tener una organización?
¿Por qué tener personas falsas, hipócritas, que me siguen como la encarnación de la Verdad? Por favor recuerden que no estoy diciendo algo áspero o duro, pero nosotros hemos alcanzado una situación cuando ustedes deben enfrentar las cosas tal cual son. Dije el año pasado que no me comprometería. Muy pocos me escucharon entonces. Este año la he hecho absolutamente claro. Yo no sé cuántos miles de miembros a lo largo del mundo se han estado preparando para mí durante dieciocho años, pero ellos no están dispuestos ahora a escuchar, incondicional, enteramente, a lo que digo.
¿Entonces por qué tener una organización?
Cuando dije antes, que mi propósito es hacer a los hombres incondicionalmente libres, porque mantengo que la única espiritualidad es la incorruptibilidad del sí mismo, que es eterno, que es la armonía entre la razón y amor. Esto es el absoluto, la Verdad no condicionada que es la Vida misma. Quiero por consiguiente hacer al hombre libre, dichoso como el pájaro en el cielo claro, aliviado, independiente, extasiado en esa libertad. Y yo, para quien usted se ha estado preparando durante dieciocho años, ahora digo que usted debe estar libre de todas estas cosas, libre de sus complicaciones, sus enredos. Para esto usted no necesita tener una organización basada en una creencia espiritual. ¿Por qué tener una organización para cinco o diez personas en el mundo que entienden, que están esforzándose, que han apartado todas las cosas triviales? Y para las personas débiles, no puede haber ninguna organización para ayudarlos a encontrar la Verdad, porque la Verdad está en todos; no está lejana, no está cercana; está eternamente allí.
Las organizaciones no pueden hacerlos libres. Ningún hombre puede hacerlos libres; ni lo puede la adoración ordenada, ni la inmolación de ustedes mismos para una causa; ni formándose una organización, ni lanzándose en trabajos, puede hacerlos libres. Usted usa una máquina de escribir para escribir cartas, pero usted no la pone en un altar y le rinde culto. Pero eso es lo que usted está haciendo cuando las organizaciones se convierten en su principal preocupación. "¿Cuántos miembros hay allí?" Ésa es la primer pregunta que me hacen todos los reporteros. "¿Cuántos seguidores tiene? Por su número nosotros juzgaremos si lo que usted dice es verdad o falso." Yo no sé cuántos hay. No me preocupo por eso. Como he dicho, si hay un solo hombre que fue libre, incluso eso es bastante.
Una vez más, usted tiene la idea que solamente cierta gente tiene la llave del reino de la felicidad. Nadie la tiene. Nadie tiene la autoridad para tener esa llave. Esa llave es su propio Ser, y en el desarrollo y la purificación y en la incorruptibilidad de ese Ser solo está el Reino de la Eternidad.
Entonces ustedes verán cuan absurda es la estructura que han construido, buscando ayuda externa, dependiendo de otros para su consuelo, para su felicidad, para su fuerza. Éstos sólo pueden encontrarse dentro de ustedes mismos.
¿Entonces por qué tener una organización?
Usted está acostumbrado a escuchar cómo ha adelantado, cual es su estado espiritual. ¡Qué infantil! ¿Quién sino usted mismo puede decirle si usted es hermoso o feo por dentro? ¿Quién sino usted mismo puede decirle si usted es incorruptible? Usted no es serio en estas cosas.
¿Entonces por qué tener una organización?
Pero aquellos que realmente desean entender, que están buscando encontrar aquello que es eterno, sin comienzo y sin un final, caminarán con una intensidad mayor, serán un peligro para todo lo que es no esencial, para lo irreal, para las sombras. Y ellos se concentrarán, ellos se volverán la llama, porque ellos entienden. Tal es el cuerpo que debemos crear, y ése es mi propósito. Debido a esa comprensión real habrá verdadera amistad. Debido a esa verdadera amistad -que ustedes no parecen conocer- habrá allí cooperación real por parte de cada uno. Y esto no debido a la autoridad, no debido a la salvación, no debido a la inmolación para una causa, sino porque usted entiende, y por lo tanto es capaz de vivir en lo eterno. Ésta es una cosa mayor que todo el placer, que todo el sacrificio.
Éstas son tan algunas de las razones por las que, después de la consideración cuidadosa por dos años, he tomado esta decisión. No es un impulso momentáneo. Ninguna persona me ha persuadido a ella. No me persuaden en tales cosas. Por dos años he estado pensando en esto, lentamente, cuidadosamente, pacientemente, y ahora he decidido disolver la orden. Ustedes pueden formar otras organizaciones y esperar a algún otro. Por eso yo no me preocupo, ni en crear nuevas jaulas, ni nuevas decoraciones para esas jaulas. Mi única preocupación es hacer a los hombres absolutamente, incondicionalmente libres.
Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)