martes, 17 de septiembre de 2013

Reseña: "Todos los nombres", de José Saramago

¿Qué es realmente estar vivo? Esa es la pregunta con la que me ha dejado la lectura de Todos los nombres, el libro de Saramago que acabo de cerrar hace unas horas. No es un libro fácil, aunque podría serlo si sencillamente nos dejáramos llevar por la historia, si nos dejáramos arrebatar por sus (muchas) frases tan bien dichas, tan propias del autor. 

Pero no se puede pasar por una obra de Saramago y salir inmune, es una contradicción de base. Por eso me gusta tanto. Por eso ha escalado con tanta facilidad en mis preferencias, para ir a ocupar el ángulo izquierdo -por supuesto- de un triángulo perfecto que tiene a Hesse en el vértice derecho, y en la cúspide a mi amado Carpentier. Todo lo demás se mueve entre sus lados.

Todos los nombres, pues, nos hace pensar aun a pesar nuestro; nos plantea, con la magia de las palabras cotidianas, cuestiones espinosas que podríamos obviar si no se engancharan en las arrugas del cerebro y salieran luego hasta en los sueños: ¿Qué es realmente estar vivo? ¿Es tan diferente a estar muerto, como pensamos? ¿Qué diferencia hay entre la muerte y la vida que llevamos? ¿Acaso no estamos mayormente muertos en vida? ¿Qué tanto de muerte hay en mi vida? ¿Qué tanto de vida habrá en mi muerte? 

En este libro lleno de símbolos, donde un pastor de ovejas reparte aleatoriamente la memoria eterna, donde un cementerio se va insertando solapadamente en la ciudad y las fichas de los muertos van invadiendo poco a poco el espacio de las de los vivos, los personajes son escasos; los nombres, apenas uno, el de don José, protagonista por derecho propio de esta historia del despertar, en la que el individuo casi por necesidad se enfrenta al poder, y en la que la muerte se impone como uno de los grandes personajes, pero no solo la muerte física del hombre, sino también todas las demás (está esa muerte cotidiana, mística, de cada noche -"ella es la condición del día", asegura Saramago-, y la no menos cotidiana e invisible muerte que nos llega cada día, cada hora, cada minuto, con las rutinas automáticas, esas que hacemos sin necesidad de pensar, sin que apenas intervinamos nosotros mismos; y la muerte social, que según dicen los que saben, es la primera de las más terribles muertes del hombre, entre otras muchas), que a la larga no son más que una. Don José, el humilde escribiente, pasa de entretener su tiempo coleccionando recortes sobre celebridades, vidas más o menos tan vacías como la suya propia, a encontrar el sentido último de su existencia investigando una vida ajena, anónima, desconocida, una vida que pronto pasa a ser una muerte más, al menos en papeles... 

En casi todas las reseñas que leí sobre este libro se dice que esta es una gran historia de amor, "la historia de amor más intensa de la literatura portuguesa de todos los tiempos", reza la contracubierta. Yo creo que si de alguien se enamora don José en estas páginas, en las que actúa ciertamente con la misma insensatez y temeridad que un enamorado, es de la Vida, así, con mayúscula.

"Un libro muy existencial", dice ante mis comentarios mi G, que me ayudó a salir del pasmo en que me dejó el final de esta obra porque, como les advertí desde el principio, no es fácil y hasta precisé de su ayuda para entenderla. 

"Un libro vital", digo yo, que no sé nada de términos filosóficos pero acabo de someter mi alma y mi cerebro a la almazara de letras de Saramago. Don José, por su nombre de pila.

Y como las cosas cuando son buenas nunca aparecen solas, y como las casualidades no existen, hoy les comparto junto a esta reseña una frase de Neruda que acaba de caer bajo mis ojos, y que de alguna forma sirvió de pretexto e impulso a esta reseña: 
 
Muere lentamente quien se transforma en esclavo de sus hábitos, quien no se arriesga, quien evita una pasión, quien abandona antes de empezar, quien se queja de su mala suerte, quien no viaja ni lee, quien no sueña ni persigue sus sueños, quien no confía, quien no lo intenta, quien no ama… Lo contrario de estar vivo. 
Pablo Neruda
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5 comentarios:

  1. Elena no he leído el libro, pero lo que dices sobre el libro me anima a leerlo, últimamente me encuentro con libros que tratan la existencia del hombre y nuestra percepción de las cosas, que me han hecho pensar en muchas cosas.

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    1. Christian, son los mejores para entendernos un poco mejor, al menos es mi impresión. Saramago es invariablemente bueno. Recomendado.
      Abrazo!

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  2. Hola Pelusa! Me alegro mucho de que te gustara el libro y me parece que has captado su esencia con mucho acierto. Coincido contigo.
    Saramago es capaz de extraer ideas profundas y verdades muy reveladoras de situaciones cotidianas narradas con una sencillez excelente. Cuando te sumerges en sus libros de repente notas que has atravesado la línea difusa entre narración y pensamiento y te has adentrado, sin darte cuenta, en la filosofía pura. Lo mismo me pasó con la novela "Niebla", de Unamuno, tan intensa que tuve que leerla dos veces.
    Si te ha gustado "Todos los nombres", te recomiendo "La caverna", uno de mis libros preferidos junto con "Niebla". Un besito!

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    1. "Niebla" es excelente, Victoriamar. Lo leí hace un tiempo por recomendación de un buen amigo y no me arrepentí en lo más mínimo.
      Gracias por la recomendación de "La caverna". Anotada!
      Besos!

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  3. Pelusa hola¡¡, hace muchos años lei este libro, de hecho fue el primero que lei de Saramago, y me dejo un recuerdo muy profundo, de imaginarme a este personaje hilando historias a traves de la burocracia, de los documentos. Una narrativa bella la de este autor. Saluditos.

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)