jueves, 5 de diciembre de 2013

De los placeres del alma

Hay cosas que me gusta mucho hacer. Quedarme leyendo un rato después del desayuno es una de ellas. No siempre se puede, claro. Sin contar ya esos días ocupados en que hay que salir corriendo, hay otros en los que a pesar de estar en casa la mente no tiene suficiente poder de concentración para la lectura. Pero hay otros días en que lo logro, y esos momentos son lo más cercano a la perfección que conozco: junto a un café o un té en su defecto, un asiento cómodo y un buen libro, mejor en papel, el resto del mundo tiende a desaparecer. No importa si es en un jardincillo privado, en un soportal con vistas al Mediterráneo o en mi pequeña estancia de todos los días. Todo es mero decorado cuando la mente logra encontrar su camino entre las letras.



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Otras divagaciones sobre este mismo tema:

Sigue siendo un placer
Mi espacio ritual

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3 comentarios:

  1. Elena estoy completamente de acuerdo contigo, yo le sumo a los placeres del alma, escribir, escuchar poesía, leer, hacer fotografías entre otras, pero un cafe y hablar con alguien de temas no convencionales me gusta más.

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  2. A mí me encantaría hacer algo así Elena, lamentablemente no puedo hacerlo, mi primer café lo tomo en la oficina, en medio de papeles, llamadas telefónicas y atención a personas :(
    Pero no pierdo la esperanza que algún día así será.
    Por lo regular, mi lectura y mi relajamiento, vienen en la noche :)

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  3. Elena, como tu pienso que no existe placer mejor que el de tomar un momento del día, no importa la hora o el lugar, para tomarnos un café. o en su lugar otra bebida, y apartarnos del mundo a leer un buen libro, el café o te, es complemento del placer que eso significa.

    Miriam, para darse ese gusto tan especial, no importa, la hora o el lugar, lo importante es desearlo y tener voluntad y disposición para darle descanso a nuestra mente, que me imagino después de un día tan agitado lo necesitará.

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Dime lo que piensas y te diré quién eres.

Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)