sábado, 5 de diciembre de 2015

Aprendiendo sobre la marcha

1. Sé fiel a ti mismo. Aunque el mundo vaya por una senda, si tu corazón te invita a ir por la otra no lo pienses dos veces. Podrás sorprender las miradas agradecidas de los demás.

2. Esfuérzate siempre en pronunciar lo más claramente posible. Abre bien la boca y vocaliza lo mejor que puedas. Siempre existe el riesgo de que el suave flujo de tu voz se convierta en un arrullo y termine durmiendo al interlocutor, porque...

3. Después del almuerzo, las charlas siempre son soporíferas. Siempre.

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martes, 1 de diciembre de 2015

El milagro cotidiano




Hoy agradezco ese milagro cotidiano que, con solo abrir la tapa de este cofre de madera, me trae de vuelta tu olor, tu hacer, la habilidad de tus manos de escultor, tu sonrisa, el brillo de tus ojitos azules. No importa que hayan pasado tres años. Sigues aquí. Siempre.

Hoy agradezco haber tenido el mejor padre del mundo.








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domingo, 4 de octubre de 2015

¿Qué celebran los pájaros?

Hoy, mientras caminaba, estuve observando el comportamiento de los pájaros; y luego, ya en casa, también. Era difícil no hacerlo, y ahora les cuento por qué.

Para empezar, vi una especie de reunión de tórtolas. Había varias de ellas, cerca de una docena, paseando por un césped no muy lejos de casa. Hacían como que picaban aquí y allá en la tierra, pero es tan raro ver tantas juntas que era difícil no pensar que en realidad disimulaban, que estaban haciendo algo más.

Claro que no eran las únicas. Más allá, en un parque del pueblo vecino, había no ya una discreta reunión como la de las tórtolas, sino toda una asamblea de ruidosos y conversadores loritos. ¿Cuántos había? No los conté. Calculo que serían unos cincuenta, y no paraban de llegar más, siempre en grupos de cinco o seis. Estos sí que no disimulaban en lo absoluto, su ascendencia latina no se los permitía. Estaban reunidos alrededor del tronco de un árbol, y charlaban a toda voz sin preocuparse de si alguien los escuchaba o no. 

Las golondrinas que vimos más tarde, desde la ventana de casa, estaban no en el césped sino en el aire. Revoloteaban en grandes bandadas de un lado a otro, hacían giros atrevidos, jugaban, se divertían. Daban la impresión de estarse despidiendo del verano y de estas tierras, de celebrar la llegada de la lluvia, y con ella, el despertar del deseo de emigrar hacia sitios más cálidos. 

Y más allá, alzando un poco la vista, se podía ver un ave enorme, un halcón quizás, planeando en círculos. Era notable su tranquilidad, su parsimonia en comparación con todo el ajetreo de las golondrinas. No movía apenas las alas, sólo se dejaba deslizar, sin esfuerzo aparente, disfrutando de su vuelo.

Estuve a punto de hacer toda una alegoría de la humanidad basada en estas observaciones pero al abrir el ordenador algo me hizo cambiar de opinión: es 4 de octubre, y un día como hoy murió san Francisco de Asís, el amigo de los pájaros. Eran, pues, celebraciones y no simples reuniones las que tuve la suerte de presenciar.

Fragmento de obra propia


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viernes, 2 de octubre de 2015

Leer: ¿hábito o adicción?


Claude Monet- Springtime
Imagen tomada de Wikimedia


Estamos de acuerdo en que un hábito es aquello que hago frecuentemente pero puedo dejar de hacerlo cuando lo decida, de lo contrario he perdido el control y lo que sea que haga, bueno o malo, ya no es hábito sino adicción.

Bajo la luz de esta idea me propuse como experimento, no por obligación sino como ejercicio de mi voluntad, dejar de leer por unos días. Una semana, quizás dos. Leer es uno de mis hábitos mejores, más antiguos y más arraigados. Es de los más beneficiosos, por supuesto, y también de los que más placeres me ha proporcionado. ¿Para qué cuestionarlo entonces? Pues porque quiero saber qué tan adicta o tan dueña de mis actos soy, y porque creo que ninguna adicción es buena.

Desde entonces han pasado ya seis días, seis días sin abrir un libro. Tal parecen seis siglos. 

Estoy sufriendo un síndrome de abstinencia y está siendo duro, no saben cuánto. Puede parecer una exageración, pero les aseguro que refrenar el impulso de leer en cuanto aparece un momentito libre es de las cosas más difíciles que he hecho nunca. En serio. Es un impulso físico que nace solo. Con frecuencia me sorprendo a medio camino en busca de un libro, y puedo sentir la rabieta interior cuando decido dar media vuelta y dedicarme a hacer otra cosa. Ahora ya va menguando, pero sobre todo al principio era una pataleta en toda regla, con enojo y gritos (internos) incluidos.

Mi mente exige su droga, ¡y de qué manera!

Los resultados (hasta ahora): he descubierto que le dedico muchísimo más tiempo a la lectura de lo que pensaba. Ahora los días son más extensos... y yo me he reencontrado con un viejo amigo que hace años no veía: el tiempo libre. Las 24 horas han vuelto a llenarse cada una con 60 largos minutos que me permiten hacer un millón de cosas, sobre todo crear. He vuelto a ponerme en contacto con mi naturaleza creadora, he vuelto a estar hecha a imagen y semejanza del Creador, y eso no puedo decir que no sea bueno.

Ya sé que dirán que hay peores vicios. Por supuesto que los hay, pero leer se ha revelado como una adicción en mi vida, y yo quiero volver a leer cómo, cuándo y dónde yo decida, como una persona libre, y no arrastrarme cada día como una adicta inconsciente a meterme mi dosis de lectura.

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miércoles, 30 de septiembre de 2015

Nada es lo que parece

Todo comenzó esta mañana con una palabra. Era una palabra de otro idioma, que estaba incluso trucada, cambiada para ajustarse a los efectos de una propaganda. Pero era una palabra conocida, mi mente la reconocía y, de pronto, ante mis ojos, la palabra se abrió. Dejó de ser sólo letras impresas y se abrió, suave, pausadamente, como si tuviera pétalos. La palabra estaba llena de armonías y quería que yo la escuchara. Su melodía me llenó el alma y ya no quiso irse. Incluso ahora, tantas horas después, puedo sentirla resonando por algún lugar aquí dentro. La palabra era toda canción.

Luego le llegó el turno a una canción. Esta sí que era una canción completa, una que he escuchado miles de veces. La conozco tan de punta a cabo que ya no la creía capaz de sorprenderme. Y sin embargo lo hizo, me sorprendió. La canción en algún momento dejó de serlo y se transmutó rápida, certera, en un objeto punzante. Con un golpe limpio se coló en mi pecho ―hubo dolor, todo hay que decirlo― y se expandió, se expandió, se expandió hasta hacerme romper en llanto. La canción, que parecía tan inofensiva, no lo era tanto. La canción en realidad era una llave.

Y ahora, hace un momento, acabo de ver el cesto de la ropa sucia. Estaba allí, blanco, incólume, inútil, vacío. Me devolvía la mirada ya no con altanería, como lo hiciera hasta ayer, sino con algo que en el fondo era muy parecido a la tristeza. Parecía a punto de preguntarme: "¿Y ahora qué hago?" Pero a estas alturas, ya yo estaba alerta: hoy es uno de esos días en que nada es lo que parece. El cesto, lo supe enseguida, no era un simple cesto vacío. El cesto era mi voluntad.

Y es que el mundo, bueno, el mundo no es lo que parece. Es más, mucho más. Sólo hay que estar atentos y alinearse con esa vibración especial que convierte lo cotidiano en mágico, lo real ―como diría Carpentier― en maravilloso.

Giuseppe Arcimboldo- Otoño (1573)
Imagen tomada de Wikimedia



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martes, 29 de septiembre de 2015

Bebida con mañas

Alfons Mucha, untitled
Imagen tomada de Wikimedia
Hace un tiempo decidí volver al té. Verán, mi cuerpo necesitaba un período de limpieza. De alguna manera, sentía que una temporada tan larga tomando café a diario me había ido ensuciando las tuberías internas, las que sean que tengamos, y clamaba por un descanso. 

Por eso, decía, volví al té. Una bebida simple, ligera, discreta, amable y asimismo estimulante. Un poco de té me lleva de la mano hasta el barrio de Akasaka, en Tokyo, hasta aquel pequeño local con barra libre de tés donde pasamos toda una tarde consumiendo una taza tras otra, cada una mejor que la anterior. 

El té es una bebida con poder, de acuerdo, pero el café tiene sus mañas. El polvo oscuro responde al agua caliente con una columna invasiva de aroma, que se alza y se extiende con toda intención. Lo inunda todo: cada rincón de la habitación, cada rincón de mis células... Hasta que un buen día -digamos, hoy-, ante la pregunta habitual de "¿qué quieres tomar?", mi inercia toma la delantera y termina pidiéndome, con todo gusto, un cafecito.


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lunes, 28 de septiembre de 2015

Cinco frases de mi nuevo personaje favorito

A pesar de no ser el personaje que más evoluciona en la saga de Harry Potter, Dumbledore sigue pareciéndome uno de los más interesantes. Casi tanto como Gandalf, debo reconocerlo. Será que tengo cierta debilidad por los magos sabios con largas barbas y un gran sentido del humor.

En uno de los primeros libros de esta saga (¿el segundo?), he encontrado algunas frases que me impactaron. Profundas, sabias, bien dichas y, bueno, que quería compartirlas por si a alguien le vienen tan bien como a mí.
  • "El problema es que los humanos tienen el don de elegir precisamente las cosas que son peores para ellos."
  • "La verdad es una cosa terrible y hermosa, y por lo tanto debe ser tratada con gran cuidado."
  • "Utiliza siemre el nombre correcto de las cosas. El miedo a un nombre aumenta el miedo a la cosa que se nombra."
  • "Hay que tener un gran coraje para oponerse a nuestros enemigos, pero hace falta el mismo valor para hacerlo con los amigos."
  • "Para las mentes bien organizadas, la muerte es la siguiente gran aventura."


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domingo, 27 de septiembre de 2015

Romper esquemas en la lectura: pros, contras y más

"Tres libros", Vincent van Gogh
Imagen tomada de Wikimedia
Lo bueno: Me gusta releer, pero habitualmente han pasado años -por no decir décadas a veces- entre la lectura de un libro y su relectura; es casi como descubrir una nueva obra. Este año, sin embargo, he releído (¡por segunda vez!) "El maestro y Margarita" y no hacía más de unos pocos meses desde mi último encuentro con él. No me he arrepentido en lo absoluto. Eso me ha permitido un examen más profundo del texto, una inmersión en mis impresiones aún recientes, un análisis más a fondo de los personajes, en fin, una búsqueda de más. Porque un libro, si es bueno, siempre da más. 

Lo no tan bueno: Otro patrón que ha volado por los aires este año ha sido el de no leer varios libros de un autor consecutivamente. Antes, ni siquiera lo hacía con las sagas. Siempre insertaba algo de otro autor, para refrescar la mente, para que cambiara de estilo, para que mantuviera su elasticidad. En estos meses, por el contrario, me he aferrado a un autor hasta agotarlo; y ya voy por la segunda saga que leo de punta a punta, sin interrupciones.  No, no ha sido del todo bueno: por mucho que me guste el autor o la obra, termino un poco hastiada de lo mismo.

Lo sorprendente: Este año no he tomado más de un libro por vez. He dejado la poligamia (¿o era promiscuidad?) en la lectura. ¿Por qué lo he hecho? Creo que ha sido un intento de disfrutar más de la obra, pero conste que ha sido un cambio natural, sin que haya mediado mi esfuerzo consciente en esto. Sencillamente, no he sentido el impulso ni la necesidad de llevar varias historias conmigo.

Lo (re)descubierto: Tanta letra ajena no hace bien. Le roba el espacio a mi creatividad, no me deja escuchar mi propia voz. Todo, pues, ha de ser hecho con medida, hasta la lectura para que siga siendo disfrutable.

El reto: Una semana sin leer. Interrumpir una saga, no cambiar de libro, no leer ni las noticias. Una semana sin letras ajenas. O dos.


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sábado, 26 de septiembre de 2015

Lo que el oso sabe y nosotros no

Imagen tomada de Wikimedia
Hoy estaba viendo Facebook. Ya saben cómo, bajando y bajando en la página, dejando vagar la vista sin fijarla más de medio segundo en una que otra publicación. Cuánto tiempo se me va al día en eso, prefiero no pensarlo. Mejor pensar que no es mucho. Al menos no lo hago más que una vez o dos en una jornada, más bien como para descansar la mente o para esperar a que se despierte del todo.

En fin, que en ese divagar encontré dos noticias en las que sí me detuve. Una estaba justo debajo de la otra, y creo que me sorprendió la incongruencia de esta situación.

La primera era un video de animales. Como saben, me gustan los animales. Veo uno o dos videos de estos al día; me alegran, me enternecen, me hacen reír, me recuerdan que la naturaleza sigue viva. Pues bien, en este había un cuervo que había caído en el estanque del recinto de un oso en un zoológico, luchando por no ahogarse. El cuervo batía las alas con desespero, acercándose a las grandes rocas de la orilla. El oso, que estaba tomando su merienda, lo miró entre bocado y bocado. Quién sabe por qué razón, terminó por acercarse al agua y sacar al cuervo a un lugar seco. El cuervo, poco a poco, se repuso del susto. No murió el cuervo. El oso volvió pausadamente a su merienda.

La noticia siguiente hablaba de un banco de semillas que hay en el Artico. Es un banco internacional en el que se han guardado millones de millones de semillas que sirven como alimento, con el propósito de volver a sembrarlas en caso de cataclismo mundial. La idea suena casi apocalíptica, y lo es: es un banco de alimento para cuando llegue el fin del mundo. Pero esa no era la noticia de hoy, este banco es noticia vieja. Lo de hoy es que ya hay un país que ha entrado en el fin del mundo, que ha pedido ayuda a ese banco porque se ha quedado sin alimentos: Siria.

Y yo me pregunto, ¿qué sabiduría había en ese oso, capaz de moverlo a salvar a un ser de otra especie, que el hombre de nuestros tiempos ha perdido?

Dicen que el orden en que aparecen las publicaciones en Facebook no es aleatorio, que hay una intención siempre detrás. Si así es, lo agradezco, por haberme puesto hoy ante semejante panorama.

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jueves, 4 de junio de 2015

En favor de los libros

Fragmento de una conferencia titulada "Elogio del libro",
pronunciada por Romano Guardini en 1948
 en la Universidad de Tubinga, Alemania.

Romano Guardini
Crédito de imagen
Permitidme ahora, amigos míos, que interceda en favor de los libros, y espero que no lo consideréis una pedantería. Los libros necesitan de esta intercesión porque no siempre —se podría incluso decir que raramente— están en buenas manos.

¿Cómo se trata a un libro cuando se le aprecia? ¿Qué podemos exigir de su propietario? 

Lo primero de todo, que lo tenga limpio —una exigencia obvia en sí misma pero, en realidad, no siempre cumplida—. ¡Qué impresión tan deprimente da un libro sucio! Es como la imagen de una persona descuidada y maltratada por los que la deberían honrar. 

La mínima señal de respeto que hay que tener con el libro es tener las manos limpias cuando se le abre y cuidar que esté también limpio el lugar en el que se quiere colocar. 

Quien coge en la mano un libro y se da cuenta que está desencuadernado porque el lomo está quebrado en el punto en que dos cuadernillos entran en contacto —de forma que incluso la cubierta se ha dañado— comprenderá de inmediato que quien ha hecho una cosa así no puede amar el libro. Puede ser que ame el contenido del libro, pero no ese singular objeto en el que materia y espíritu se unen de una forma tan excepcional. Un libro se puede utilizar durante muchos años sin que tenga por qué estropearse su encuadernación, de modo que sus páginas se puedan hojear cómodamente porque en la estructura que las enlaza constituyen una unidad firme. 

Además, no hay que alisar las páginas con la uña o con el borde de la mano porque se formaría una arruga que estropearía inmediatamente el margen. La página perdería su propia elasticidad y la capacidad de extenderse con elegancia. Le pasaría lo mismo que a su hermana en el reino de la naturaleza, la hoja de la planta, que cuando se la dobla se le quita la feliz flexibilidad que le es propia. 

A menos que sea necesario —por alguna finalidad científica o por algún otro serio motivo—, no se debe ni siquiera escribir en las páginas de un libro. Existen páginas a propósito para ello. 

El libro habla y, si es bueno, lo que dice es el fruto de una reflexión y un largo trabajo; no hay por qué oponerle, sin más, nuestras observaciones personales. El libro no puede, de hecho, defenderse cuando, de repente, por un impulso o inspiración extemporáneos, se escribe una observación en sus márgenes. ¿No creéis que produce la misma impresión que produciría un grito interrumpiendo un discurso bien ordenado? Y, si se vuelve a leer después, ¿no producen esas observaciones la mayoría de las veces un efecto penoso? Se puede pensar entonces: ¿cómo he podido escribir algo tan desconsiderado, pedante o presuntuoso?, decidiéndose luego a borrar de la página lo que se ha escrito antes. 

Se podría tocar otro asunto que constituye un motivo de auténtico conflicto para quien ama sus libros; me refiero al préstamo. 

¿Hay algo más obvio que el hecho de que quien posee un libro lo preste a algún otro que quiera leerlo? Porque lo necesita pero no puede obtenerlo, porque la lectura le será beneficiosa, porque es hermoso establecer una relación humana a partir del conocimiento y la alegría que produce la lectura de un mismo libro. ¡La cantidad de experiencias que se tienen en este sentido! ¿Cuánto tiempo pasa antes de que el libro prestado vuelva a su propietario y en qué estado vuelve, hasta el punto de que, a menudo, querría uno tirarlo? Sufre todos lo que hemos llamado abusos que pueden hacerse a un libro. Está sucio; la encuadernación se ha roto; las páginas tienen arrugas y están dobladas; en los márgenes tienen, si no observaciones, garabatos. Y el comportamiento de quien ha tenido prestado el libro es tan cándido y despreocupado que tenemos la impresión de que no ha tenido ninguna conciencia de tener en sus manos libros que eran de otros... Antes uno podía comprarse un ejemplar nuevo pero, ¿y si hoy no existe tal posibilidad? Por no hablar de la imposibilidad de hacerse con muchos libros en nuestros días. 

Y llegados aquí resulta casi imposible encontrar el modo de hacer justicia al deber que tenemos con relación a la vida espiritual de otros y la preocupación por nuestros propios libros. Conozco personas que afrontan este conflicto con una decisión radical en un sentido o en otro, sin resolverlo. El conflicto permanece y cada uno ha de encontrar el compromiso que corresponda a la propia situación. 

Habría otras cosas que decir del mismo tipo: por ejemplo, que debemos tener los libros protegidos del sol para que el lomo no se desencole... Desempolvarlos de vez en cuando para que el polvo no penetre por el canto de las hojas... Dar la vuelta de vez en cuando a los libros pesados para que el peso de las páginas no tire de la encuadernación unilateralmente hacia abajo, y cosas parecidas. 

Baste por ahora lo dicho. Podríais pensar que quizás no sea del todo equivocada la vieja opinión que asocia libros a pedantería, lo que me desagradaría. Amor y pedantería son, en efecto, dos cosas distintas.


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martes, 2 de junio de 2015

Post-chincheta: Del ornitorrinco a la dialéctica (más o menos)

Soy una persona curiosa por naturaleza. Mil veces al día tengo dudas o siento curiosidad por una u otra cosa, desde, no sé, el significado de ciertas palabras hasta el nombre de alguna estrella. Este es una especie de post, con suerte el primero de muchos, al que he decidido llamar «post-chincheta», porque está dedicado a fijar (y compartir) las respuestas que encuentro para estas dudas o curiosidades, que bien pueden ser las de algunos de ustedes. Claro que cada duda, por simple que parezca, tiene su historia... 



La curiosidad de hoy nació por una frase de Engels... pero no, ese no es el principio. Todo comenzó con un diálogo entre dos personajes de Fforde, en uno de los libros de su serie sobre Thursday Next. En esta serie existe lo que llaman «MundoLibro», una amplia realidad de la que los lectores tenemos un pequeño vistazo cuando leemos un libro. Huelga decir que entre ambos mundos hay cierto flujo de seres. Uno de estos interlocutores, pues, es ficticio, nacido como carácter literario, y el otro, «exterior», o sea, habitante del «mundo real»; ambos están dentro del MundoLibro y conversan sobre las criaturas nacidas de la imaginación de los autores:

—Me gustaría que los escritores en ciernes fuesen más responsables con sus creaciones (...) Eres «exterior», ¿no es cierto? ¿Alguien se ha dado cuenta de que los ornitorrincos y los caballitos de mar son ficticios?
—¿Lo son?
—Claro que sí... no creerás que algo tan extraño podría haber evolucionado por casualidad, ¿verdad?

No pude menos que sonreír al leerlo, porque eso fue lo mismo que pensé cuando, al verlo por primera vez en un libro de biología, caí en la cuenta de la incongruencia a todas luces de un ser como el ornitorrinco: una nutria con pico de pato en lugar de hocico, como si alguien se hubiera equivocado al montar sus partes. Al comentárselo a G., me citó entre risas una frase de Engels que afirma que «la naturaleza es la piedra de toque de la dialéctica.» Y ahí vino mi duda, no ya sobre la dialéctica (donde más que dudas lo que tengo es una ignorancia abismal) sino sobre la piedra de toque. ¡Ah! Esa es la piedra angular, es la que sostiene el edificio, ¿no? ¿NO? Bien, pues no. Se trata de dos piedras muy diferentes:

La piedra de toque es aquella que se usa para verificar la pureza de metales como el oro o la plata. La piedra como tal es una amalgama de varios minerales que dan como resultado una piedra de color oscuro que -y de ahí su importancia- es inmune a la acción de ciertos ácidos. Para comprobar la pureza del metal, éste se frota sobre ella hasta que deja una huella en su superficie. Luego, se vierte sobre esta huella un ácido determinado. De acuerdo a la reacción que produzca, la huella cambia de color o no, y así se puede llegar a saber qué grado de pureza tiene el metal. Es un procedimiento muy sencillo que ya se conocía en el antiguo Egipto y se sigue usando hasta nuestros días.

La piedra angular, por su parte, es la que realmente sostiene el edificio. Se trata de una piedra grande y alargada que se coloca en una esquina entre dos muros, en una posición clave que los sostiene a ambos, de modo tal que si se quita de ahí, los muros pueden venirse abajo. También es llamada «piedra base» porque con frecuencia es la primera que se coloca, y a partir de la cual se construye todo el edificio.

Ya sé que es más o menos como descubrir el agua caliente, pero ahí queda, una duda más resuelta.

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jueves, 28 de mayo de 2015

Reseña: "El caso Jane Eyre" de Jasper Fforde

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Thursday Next es el curioso nombre de una detective que vive en la Inglaterra de los años 80s. Sería todo muy normal si no fuera por la rara circunstancia de que, en esa realidad alternativa, todo se mueve en torno a la literatura: los crímenes tienen que ver básicamente con libros y manuscritos originales; las bandas se pelean por defender sus teorías literarias; el pueblo en general conoce de memoria los grandes clásicos... Además de la policía que persigue los delitos comunes, ha sido necesario crear una red de operativos dedicados a velar por el orden en este otro sentido, y ahí es donde entra en acción la protagonista, una detective literaria que tiene que enfrentarse en su primera aventura a un criminal que intenta entrar a los libros y cambiar sus historias.

Es literatura sobre la literatura, o lo que es lo mismo, metaliteratura, con mucha imaginación y un divertido toque de novela negra. Esta es, a grandes rasgos, la idea base de la serie de libros sobre Thursday Next escrita por Jasper Fforde, un inglés con más de dos dedos de frente. Las suyas son historias llamativas, inteligentes y con un profundo trasfondo cultural.

No sólo he disfrutado en el primer libro de referencias a obras conocidas, y hasta incursiones en ellas, sino que a lo largo de toda la historia encontré un tema recurrente que no me era del todo ajeno, y que me tomó por sorpresa: el de la real autoría de los textos de Shakespeare. Y es que, teniendo en cuenta que el Shakespeare real, de quien la historia tiene referencias, al parecer era un comerciante y actor de segunda sin mucha formación, bastante lejos de la genialidad que se le atribuye, hay quien sospecha que este no era más que un testaferro y que detrás de sus grandes obras realmente había otros autores que decidieron quedar en el anonimato. Fforde, pues, se las arregla para ofrecernos en medio de las aventuras de la detective Next, varias de las hipótesis que se manejan sobre este tema y también, claro, algunas de sus refutaciones. Es más, termina dándonos su propia solución al problema, muy acorde con esa realidad alternativa que ha creado.

En fin, que el primer volumen de esta serie me resultó divertido, interesante y fácil de leer. El balance final ha sido muy positivo y, sí, ya voy por la mitad del segundo libro de esta serie que ya cuenta con siete publicados. Totalmente recomendable, sobre todo para aquellos que gustan mucho de los libros, al punto de que disfrutar leer sobre ellos. Eso sí, un pequeño bagaje sobre los clásicos de la literatura, sobre todo los ingleses, ayuda mucho en esta lectura.


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lunes, 25 de mayo de 2015

¿Cómo ayudar?

Hace unos días, un amigo nos preguntaba de qué manera él podría hacer algo para ayudar. Ayudar, así, en general. Y tenía razón en preguntarlo de esta forma tan abstracta, porque hay tanto por hacer para mejorar este mundo que por cualquier lugar que se empiece ya es una ayuda. Sin embargo, nuestra condición de seres humanos finitos nos obliga a concretarnos. 

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La primera respuesta que me vino a la cabeza en ese momento fue «ayuda a los demás.» Claro que esto no deja de ser tan abstracto como la pregunta, pero es más fácil de entender de lo que parece, y además, resulta una ayuda «de ida y vuelta.» Cuando estés preocupado por algo que no puedes solucionar, cuando andes depre, cuando te sientas de alguna manera negativo, sal por un momento fuera de ti, pregúntate qué necesitan los demás que te rodean y haz lo que puedas por ayudarles. Como decía Dickens: «Nadie es inútil en este mundo mientras pueda aliviar un poco la carga a sus semejantes.» Les aseguro que es completamente gratificante.

Las otras respuestas que se me ocurrieron, mucho más concretas, son cosas que están en nuestras manos y de cuya importancia, por su sencillez, no siempre tenemos conciencia: 
  • Reciclar: separar la basura, depositar las baterías donde corresponda, no tirar el aceite usado por el desagüe...
  • Consumir con responsabilidad. Es decir, no comprar lo que no sea necesario. Lo bello también es necesario, por supuesto. Lo que conviene preguntarse si son necesarias son las ofertas de última hora, las modas, los antojos a los que nos lleva la disposición de los artículos del mercado...
  • Usar con medida los recursos a nuestro alcance: la electricidad, el agua, el papel, el combustible, etc.
  • Dar una limosna, dar una moneda a quien la pida, siempre que se tenga, claro. No es cosa de arruinarse; por una moneda no seremos más ricos ni más pobres. Y no hay más que pararse a pensar en lo difícil que sería para nosotros tener que pedir limosna. Lo que haga el otro con la moneda, eso no es asunto nuestro.
  • Ayudar a los animales: Pan viejo a las palomas, un recipiente con agua a los perros callejeros... Cualquier pequeño gesto de nuestra parte puede facilitarles la vida. No vivimos solos en este mundo. 

No es cuestión de hacerlo todo cada día. Incluso una sola cosa que hagamos, ya es ayuda. Hay algo más que sí podemos hacer a diario, que no nos genera ningún gasto ni siquiera de tiempo ni energía, y es evitar colaborar con la negatividad. No se trata de andar de optimistas por la vida, pero ya hay suficiente oscuridad en el mundo como para prestarnos a ser sus agentes. ¿Qué ganamos con andar propagandizando todo lo malo que pasa? Para eso están todos los medios de comunicación, ¿o no? Mejor si ayudamos a los otros a ver lo positivo de nuestro entorno, o cómo podemos colaborar a hacerlo más hermoso, más creativo, en fin, más positivo. Es el poco de luz que podemor aportar.

He dejado para el final quizás lo más importante, porque no hay nadie en el mundo que lo pueda hacer en tu lugar, y es hacer lo que sabemos hacer. Eso. Si tienes un don, úsalo. Si sabes escribir, escribe. Si sabes cantar, canta. Haz lo que sepas hacer, que para algo tienes ese conocimiento. Y si no sabes hacer nada, que lo dudo, aprende algo nuevo. Daño no te hará, crecerás, te superarás y podrás ser más útil. 



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martes, 19 de mayo de 2015

Reseña doble para coger impulso

Reabrimos el Diario después de un tiempo de descanso con, cómo no, una reseña doble. Es que acabo de leer consecutivamente dos novelas de una misma autora, contemporánea además. Es algo que casi nunca hago. Por mucho que me guste un autor suelo darme un tiempo entre sus obras para, de alguna manera, dejar que en mi espíritu se aposente su hacer. En ese intermedio leo obras de otros autores, de otros temas, de otras épocas, en un intento por mantener la elasticidad de mis neuronas.

Esta vez, sin embargo, me dejé llevar por el gusto que me despertó la fluidez del estilo de María Dueñas. Luego de leer El tiempo entre costuras, novela de moda (y sobre moda entre otras cosas), me lancé con La Templanza.



Crédito: imagen 1, imagen 2.

La primera cuenta la historia de una modistilla madrileña que, justo antes del comienzo de la guerra civil (1936), se traslada a Tetuán, Marruecos, y allí abre un taller de alta costura. Los personajes que conoce y la época en que vive hacen que su vida dé un vuelco sustancial. La Templanza por su parte, se desarrolla en la segunda mitad del siglo XIX, y sigue la historia de un minero arruinado por un golpe del destino. Es español radicado en México, pero la historia nos va llevando en pos suyo de Ciudad de México a La Habana, y de allí a Jerez; de la oscuridad de las minas mexicanas a la tranquilidad de las bodegas de buen vino español, pasando por el inconfundible olor a mar de mi Habana.

Aunque fue la segunda la que me atrapó completamente por esta feliz coincidencia de tocar tres países que me son queridos, ambas me parecieron muy buenas historias, en gran medida por la capacidad de la autora para contarlas. Por diferentes que sean sus tramas, tienen un punto de semejanza que vale la pena hacer notar: son historias personales en las que el protagonista debe afrontar los embates de la vida y crecer por sí mismo; hay amor en ellas, apasionado y vibrante, pero no es el amor lo que hace que el protagonista se supere si bien puede que se apoye en el ser amado en algún momento. La transformación es puramente personal. Y eso me gusta, la independencia de sus personajes y también su humanidad. Porque son profundamente humanos, tanto los protagonistas como los personajes secundarios; caen, se levantan, odian, aman, hacen lo mejor que pueden aunque eso implique a veces hacer lo que no se debe, en fin, viven.

Si hay algo que mejorar en estas dos novelas es que, como se suele decir, los acontecimientos se precipitan hacia el final. Podría argumentarse que es parte del estilo de la autora, pero el lector se queda un poco deseando encontrar al final la misma parsimonia al contar, la misma profundidad de miras y el mismo detalle en los hechos que disfrutó en el resto de la historia. Ahora, el rigor histórico de las novelas es muy de agradecer, sobre todo en la primera que incluye hasta una bibliografía al final.

Con todo, son mucho más abundantes los puntos a favor de estas novelas. Muy recomendables para pasar un buen rato en su lectura y no salir con las manos vacías.



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sábado, 31 de enero de 2015

miércoles, 28 de enero de 2015

Desnuda

Foto 28/365


Dime, ¿de qué árbol caíste,
hoy rama ya sin corteza?
¿Qué tiempo te desnudó,
con qué implacable cadencia?

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martes, 27 de enero de 2015

lunes, 26 de enero de 2015

Mis lecturas del 2015

1. Orgullo y prejuicio (Jane Austen)
2. La música del silencio (Patrick Rothfuss)
3. Pequeño, grande (John Crowley) - inconclusa
4. Martin Eden (Jack London)
5. Al sur de la frontera, al oeste del sol (Haruki Murakami)
6. Doña Flor y sus dos maridos (Jorge Amado)
7. La cruz de Tau (Enric Balasch)
8. El candor del padre Brown (G. K. Chesterton) -relectura
9. El hombre duplicado (José Saramago)
10. Buenos presagios (Terry Pratchet, Neil Gaiman)
11. El hombre que fue jueves (G. K. Chesterton)- relectura
12. San Francisco de Asís (G. K. Chesterton)
13. El maestro y Margarita (Mijaíl Bulgákov)- relectura
14. Qué difícil es ser Dios (Arkadi y Borís Strugatsky)
15. Tehanu (Ursula K. Le Guin)- relectura
16. En el otro viento (Ursula K. Le Guin)
17. Historia de dos ciudades (Charles Dickens)
18. El tiempo entre costuras (María Dueñas)
19. La Templanza (María Dueñas)
20. El caso Jane Eyre (Jasper Fforde)
21. Perdida en un buen libro (Jasper Fforde)
22. El pozo de las tramas perdidas (Jasper Fforde)
23. Algo huele a podrido (Jasper Fforde)
24. El maestro y Margarita (Mikhail Bulgákov)
25. Maldito Karma (David Safier)
26. Harry Potter y la piedra filosofal (J.K Rowling)
27. Harry Potter y la cámara secreta (J.K. Rowling)
28. Harry Potter y el prisionero de Azkaban (J.K. Rowling)
29. Harry Potter y el cáliz de fuego (J.K. Rowling)
30. Harry Potter y la Orden del Fénix (J.K. Rowling)


(Para ver los listados de otros años. volver a Mis Lecturas)
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Destino

Foto 26/365


Somos tres, como las parcas,
y como ellas estamos
quién sabe hace cuántos años
proporcionando elección,
mas sólo en este camino...
¿Por dónde te vas? ¿Por dónde?
Caminante, tu destino
ahora pasa por aquí. 


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domingo, 25 de enero de 2015

Seductora

Foto 25/365


Hoy por fin he decidido
hacer valer mi donaire,
lucir delicados gestos,
vestir de seda y encajes.
No hay nada que me detenga:
el sol me da sus colores,
la lluvia, lustra mi traje.

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sábado, 24 de enero de 2015

Tras el baile

Foto 24/365


En el bosque que hay detrás
de mi casa, al irse el sol,
sospecho se han de escuchar
ritmos de otra dimensión.

Danzan entonces los árboles
saliendo de su sopor;
enraizados sus pies,
el tronco mueven al son.

Al arrancar la mañana,
el ritmo cesa en un do
por sorpresa, y queda el baile
tal cual lo vemos tú y yo.


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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)