El milagro cotidiano




Hoy agradezco ese milagro cotidiano que, con solo abrir la tapa de este cofre de madera, me trae de vuelta tu olor, tu hacer, la habilidad de tus manos de escultor, tu sonrisa, el brillo de tus ojitos azules. No importa que hayan pasado tres años. Sigues aquí. Siempre.

Hoy agradezco haber tenido el mejor padre del mundo.








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