martes, 2 de junio de 2015

Post-chincheta: Del ornitorrinco a la dialéctica (más o menos)

Soy una persona curiosa por naturaleza. Mil veces al día tengo dudas o siento curiosidad por una u otra cosa, desde, no sé, el significado de ciertas palabras hasta el nombre de alguna estrella. Este es una especie de post, con suerte el primero de muchos, al que he decidido llamar «post-chincheta», porque está dedicado a fijar (y compartir) las respuestas que encuentro para estas dudas o curiosidades, que bien pueden ser las de algunos de ustedes. Claro que cada duda, por simple que parezca, tiene su historia... 



La curiosidad de hoy nació por una frase de Engels... pero no, ese no es el principio. Todo comenzó con un diálogo entre dos personajes de Fforde, en uno de los libros de su serie sobre Thursday Next. En esta serie existe lo que llaman «MundoLibro», una amplia realidad de la que los lectores tenemos un pequeño vistazo cuando leemos un libro. Huelga decir que entre ambos mundos hay cierto flujo de seres. Uno de estos interlocutores, pues, es ficticio, nacido como carácter literario, y el otro, «exterior», o sea, habitante del «mundo real»; ambos están dentro del MundoLibro y conversan sobre las criaturas nacidas de la imaginación de los autores:

—Me gustaría que los escritores en ciernes fuesen más responsables con sus creaciones (...) Eres «exterior», ¿no es cierto? ¿Alguien se ha dado cuenta de que los ornitorrincos y los caballitos de mar son ficticios?
—¿Lo son?
—Claro que sí... no creerás que algo tan extraño podría haber evolucionado por casualidad, ¿verdad?

No pude menos que sonreír al leerlo, porque eso fue lo mismo que pensé cuando, al verlo por primera vez en un libro de biología, caí en la cuenta de la incongruencia a todas luces de un ser como el ornitorrinco: una nutria con pico de pato en lugar de hocico, como si alguien se hubiera equivocado al montar sus partes. Al comentárselo a G., me citó entre risas una frase de Engels que afirma que «la naturaleza es la piedra de toque de la dialéctica.» Y ahí vino mi duda, no ya sobre la dialéctica (donde más que dudas lo que tengo es una ignorancia abismal) sino sobre la piedra de toque. ¡Ah! Esa es la piedra angular, es la que sostiene el edificio, ¿no? ¿NO? Bien, pues no. Se trata de dos piedras muy diferentes:

La piedra de toque es aquella que se usa para verificar la pureza de metales como el oro o la plata. La piedra como tal es una amalgama de varios minerales que dan como resultado una piedra de color oscuro que -y de ahí su importancia- es inmune a la acción de ciertos ácidos. Para comprobar la pureza del metal, éste se frota sobre ella hasta que deja una huella en su superficie. Luego, se vierte sobre esta huella un ácido determinado. De acuerdo a la reacción que produzca, la huella cambia de color o no, y así se puede llegar a saber qué grado de pureza tiene el metal. Es un procedimiento muy sencillo que ya se conocía en el antiguo Egipto y se sigue usando hasta nuestros días.

La piedra angular, por su parte, es la que realmente sostiene el edificio. Se trata de una piedra grande y alargada que se coloca en una esquina entre dos muros, en una posición clave que los sostiene a ambos, de modo tal que si se quita de ahí, los muros pueden venirse abajo. También es llamada «piedra base» porque con frecuencia es la primera que se coloca, y a partir de la cual se construye todo el edificio.

Ya sé que es más o menos como descubrir el agua caliente, pero ahí queda, una duda más resuelta.

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1 comentario:

  1. Gracias Pelusita por tu muy bien pensada resolución de ayudarnos a entender muchas cosas con la publicación de tus investigaciones, como es la entrega de esta fecha. Realmente me parece una manera muy elegante de dar sentido a la frase, tantas veces repetida, que aprendemos hasta el ultimo día que vivimos.

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)