Reseña doble para coger impulso

Reabrimos el Diario después de un tiempo de descanso con, cómo no, una reseña doble. Es que acabo de leer consecutivamente dos novelas de una misma autora, contemporánea además. Es algo que casi nunca hago. Por mucho que me guste un autor suelo darme un tiempo entre sus obras para, de alguna manera, dejar que en mi espíritu se aposente su hacer. En ese intermedio leo obras de otros autores, de otros temas, de otras épocas, en un intento por mantener la elasticidad de mis neuronas.

Esta vez, sin embargo, me dejé llevar por el gusto que me despertó la fluidez del estilo de María Dueñas. Luego de leer El tiempo entre costuras, novela de moda (y sobre moda entre otras cosas), me lancé con La Templanza.



Crédito: imagen 1, imagen 2.

La primera cuenta la historia de una modistilla madrileña que, justo antes del comienzo de la guerra civil (1936), se traslada a Tetuán, Marruecos, y allí abre un taller de alta costura. Los personajes que conoce y la época en que vive hacen que su vida dé un vuelco sustancial. La Templanza por su parte, se desarrolla en la segunda mitad del siglo XIX, y sigue la historia de un minero arruinado por un golpe del destino. Es español radicado en México, pero la historia nos va llevando en pos suyo de Ciudad de México a La Habana, y de allí a Jerez; de la oscuridad de las minas mexicanas a la tranquilidad de las bodegas de buen vino español, pasando por el inconfundible olor a mar de mi Habana.

Aunque fue la segunda la que me atrapó completamente por esta feliz coincidencia de tocar tres países que me son queridos, ambas me parecieron muy buenas historias, en gran medida por la capacidad de la autora para contarlas. Por diferentes que sean sus tramas, tienen un punto de semejanza que vale la pena hacer notar: son historias personales en las que el protagonista debe afrontar los embates de la vida y crecer por sí mismo; hay amor en ellas, apasionado y vibrante, pero no es el amor lo que hace que el protagonista se supere si bien puede que se apoye en el ser amado en algún momento. La transformación es puramente personal. Y eso me gusta, la independencia de sus personajes y también su humanidad. Porque son profundamente humanos, tanto los protagonistas como los personajes secundarios; caen, se levantan, odian, aman, hacen lo mejor que pueden aunque eso implique a veces hacer lo que no se debe, en fin, viven.

Si hay algo que mejorar en estas dos novelas es que, como se suele decir, los acontecimientos se precipitan hacia el final. Podría argumentarse que es parte del estilo de la autora, pero el lector se queda un poco deseando encontrar al final la misma parsimonia al contar, la misma profundidad de miras y el mismo detalle en los hechos que disfrutó en el resto de la historia. Ahora, el rigor histórico de las novelas es muy de agradecer, sobre todo en la primera que incluye hasta una bibliografía al final.

Con todo, son mucho más abundantes los puntos a favor de estas novelas. Muy recomendables para pasar un buen rato en su lectura y no salir con las manos vacías.



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Comentarios

  1. un placer como describes lo que lees
    abrazo

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    1. ¡Gracias, Recomenzar! Por cierto, me encanta tu nick. :)
      Abrazos.

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  2. Que bueno que hayas vuelto escribir querida Elena, me hacía falta leerte :)

    Yo he leído obras de un mismo autor, una tras otra, cuando las historias están relacionadas, de manera que es como leer un solo libro, se nota mucho que María Dueñas te agradó, a mí el final de El tiempo entre Costuras fue lo que me quitó el buen gusto de toda la novela. La Templanza aún no lo leo.

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    1. Aquí estoy de nuevo, Miriam, no se librarán tan fácilmente de mí, jajajaja. ¡Gracias!

      Sí, cuando las obras son parte de una serie es más fácil leerlas consecutivamente, pero no es este el caso, por eso se me hace raro. La templanza es una delicia de novela, en serio. La disfruté muchísimo.
      Besos!!!

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