martes, 31 de enero de 2012

Una simple observación

Nunca había sentido tanto frío como hoy cuando salí a correr, ni siquiera cuando nieva. Es verdad que la temperatura hoy estaba mucho más baja que en días anteriores -¿Cuántos grados habría? ¿Cinco? ¿Cuatro?-, pero yo suponía que al correr, como el cuerpo se caliente, todo iría bien. Y no es que haya ido mal, porque efectivamente el cuerpo se calentó con el ejercicio, pero las manos no, las sentía congeladas. Será mejor que diga entonces que “nunca había sentido las manos tan frías como hoy cuando salí a correr”. ¡Y sí que estaban frías! ¡Y rojas! Rojas como cuando las mantengo un rato bajo el agua caliente. Intenté frotármelas, o calentarlas dentro de los bolsillos pero, al estar corriendo, esta posición resultaba muy incómoda y me impedía mantener el ritmo. ¿Qué hacer? Por supuesto que pensé con nostalgia en los guantes calentitos que había dejado en casa, pero en esos momentos no era cuestión de volver atrás sólo por los guantes. Mis manos, entre tanto, se habían vuelto aún más coloradas y ya me estaban doliendo. Me dolía la piel, me dolían las articulaciones de los dedos, ¡me dolían hasta las uñas! Pero de pronto, como tocadas por una varita mágica, las manos comenzaron a calentarse. Fue una especie de golpe de calor, se calentaron no por partes sino íntegramente y al instante. ¿Qué había pasado para que ocurriera aquel cambio tan brusco? Miré a mi alrededor. Seguía corriendo por el  bosque, sólo plantas y altos árboles en torno a mí. Entonces un pajarito comenzó a cantar y caí en la cuenta de que, al fin, había salido el sol. Un sol tímido, escondido tras los árboles, del que sólo podía yo ver unas escasas manchitas de luz entre las hojas, pero suficiente para que el cuerpo, las manos –como pajarillos- captaran su calor y reaccionaran a él. 

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lunes, 30 de enero de 2012

El perro, la dueña y el camino.


Mientras caminábamos, un perro se nos acercó amistosamente. Era un perro grande, de ojos nobles y sonrisa juguetona. Por su pelo entrecano pensé que sería ya mayor, a pesar de la vitalidad que desplegaba en sus vueltas frente a nosotros. Llevaba un collar (es raro ver un perro sin dueño por aquí) y en efecto, al ratito de caminar a nuestro lado se escuchó un silbido a lo lejos, a nuestras espaldas. En cuanto el perro lo escuchó, salió corriendo en sentido contrario al origen del silbido.
Unos minutos después fue la dueña la que llegó a nuestro lado, una mujer madura pero aun vigorosa. Venía a buen paso, con una correa en la mano y resollando. Intentaba darle alcance a su mascota, era evidente. “¿Se fue por ahí?”, preguntó sin aminorar la marcha, y ante nuestra respuesta afirmativa replicó a modo de excusa innecesaria: “Es que a él le gusta pasear sólo. ¡Como ya conoce el camino…!” Y se alejó, sin mas, apurada en pos de su perro.
Al regreso, volvimos a encontrar a la pareja. El perro aún iba delante, marcando el paso, pero se detenía de vez en cuando para esperar a la dueña, a la que ya se le notaba el cansancio en el andar. El perro, pues, se paraba en cualquier sitio, olisqueando un árbol o la entrada a un camino lateral, y dejaba que la mujer se acercara, permitía que le acariciara la cabeza por unos instantes e inmediatamente retomaba la marcha, siempre delante.
¿Soy acaso como el perro, espíritu libre que conoce el camino pero no renuncia a explorar nuevos territorios, que ha encontrado su propio ritmo, que marca el paso, que se detiene a esperar a los ya cansados…? ¿O soy acaso como la dueña, siempre a la saga, creyendo controlar la situación y pensando que lo que sucede responde a lo que yo he decidido? ¿Soy, por fortuna, el espectador, el camino?


Imagen tomada de mundoanimalia.com


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sábado, 28 de enero de 2012

Proyecto creativo semanal No. 4: Mini libro "Hanagakure" con estuche.

Para el proyecto creativo de este semana estuve pensando en reciclar algo pero no encontraba qué, hasta que al fin se desocupó una cajita de fosforos... 

Forré la cajita con papeles de origami y recorté una silueta de gato para el frente:



jueves, 26 de enero de 2012

De plácemes

10 minutos de escritura libre
sobre lo primero que me vino a la cabeza
(Imagenes añadidas a posteriori)


Estamos de plácemes por acá: están poniendo buenas películas y buenas series en la tele, cosa inusual pero totalmente gratificante.

Hace un par de días vimos "Rebeca, la primera mujer", historia que yo no conocía pero mi G sí, de la escritora Dauphne du Maurier, en una versión excelente italiana del 2008, y ayer vimos "Mansfield Park", basada en la novela de Jane Austen. El mundo de Jane me encanta, y este film estaba muy bien logrado... Me hizo desear comenzar a leer, por fin, ese tomo de sus obras completas que tengo en mi escritorio acumulando polvo hace ya varios años. La versión de Rebeca me tuvo buscando información sobre la autora en Internet y lo que encontré resultó muy interesante. Ya está en mi lista de posibles lecturas para este año. Me gustaría mucho ver la versión que hizo Hitchcock de esta historia...

En  cuanto a las series, están poniendo "Sherlock", una versión moderna de las clásicas historias de Conan Doyle, una especie de extrapolación de los conocidos casos y personajes a la actualidad, conservando toda la intriga de las historias originales y contando con todos los avances tecnológicos de hoy. Puede sonar raro pero resulta sencillamente genial. Es una serie de la BBC... ¡y de estas series no me ha decepcionado ni una! En resumen, que los pocos minutos que le dedicamos a ver la tele en la noche, después del estudio, los estamos disfrutando mucho.


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miércoles, 25 de enero de 2012

Por el escritorio no se fue...

Ayer me preguntaba si quizás la inspiración habría salido huyendo aterrorizada de mi atestado escritorio... Poco después de haber escrito eso, pensé que sería bueno hacerle una foto a mi mesa para darles una idea visual de lo que les estaba diciendo. Pues bien, así luce mi escritorio por estos días:


 Entonces me picó la curiosidad por saber en qué condiciones trabajan otras personas, porque estoy segura de que esos escritorios super organizaditos que se ven por ahí en publicaciones están así sólo para el momento de la foto, o porque no se usan nunca. Y busqué... y encontré que ya a otros se les había ocurrido esta misma pregunta y aquí les traigo varias fotos de escritorios famosos e interesantes:

Dos escritorios "ideales" (por lo organizados):

Jane Austen

Steve Jobs

Dos más realistas que me devuelven la confianza:

Mark Twain

Albert Einstein
Y los espacios creativos de dos de mis artistas favoritas:

Elsa Mora

Alisa Burke

¡Ahora me siento más reconfortada! Al menos sé que el exceso de cosas no espanta a la inspiración...


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martes, 24 de enero de 2012

Dispersa

10 minutos de escritura libre
sobre lo primero que me vino a la cabeza.

Mi mente no anda bien en estos días. Me siento, como ejercicio diario, a escribir y resulta que mi mente anda divagando tras una cosa u otra. No importa si son cosas importantes o si no lo son, todas parecen tener cierto relumbre en el momento en que las veo de tal modo que, cual si fuera cuervo o urraca, salgo volando detrás del más mínimo brillo por fugaz que pueda ser. Así no hay quien pueda escribir sobre un tema en concreto. La cabeza aparece llena de palabras ajenas, de imágenes que no tienen nada que ver conmigo. Si, antes de escribir, me siento a leer (y en eso sí que puedo concentrarme sin problemas), las palabras del autor me van rellenando el cerebro y luego ya no encuentro las mías. Tengo la terrible sensación de que ya no tengo nada que decir a pesar de que los sucesos no se detienen ni en mi vida, ni en mi entorno, ni en el mundo. Hubo un tiempo en que cualquier cosa me daba un buen tema para divagar, y la intención de compartir, el anhelo de compartir lo poco que encuentro en mi camino continúa intacto, pero las palabras no fluyen como antes. Tomo asiento y puedo pasar horas mirando una página en blanco sin que una buena idea florezca ante mí. ¿Qué más podría compartir? Últimamente mis mejores publicaciones tienen que ver con mis manualidades y esto no está del todo mal, pero lo siento como un estado de decadencia insufrible para este espacio que conoció, sin duda, tiempos mucho mejores. Aunque la vida intelectual sigue tan activa como siempre (o al menos eso me gusta pensar), no soy capaz de ponerla en palabras. ¿Tendrá que ver con que la blogósfera está mucho más tranquila que antes? ¿O será que yo no encuentro tiempo para detenerme a leer en otros blogs? ¿Será por eso que la inspiración abandonó mi escritorio? ¿O se habrá ido porque, de tantos trastos que tengo en mi mesa –y en mi cabeza-, ya no hay mucho lugar libre para ella con sus ideas?


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lunes, 23 de enero de 2012

"Fantasmita" o "De los efectos inmediatos de la buena literatura (II)"

Hace unos días apareció un nuevo gatito por acá pidiendo, como todos, su ración de comida. Este es algo más tímido que los demás, y tiene la habilidad de desaparecer y aparecer a voluntad. No les tomo el pelo, es completamente cierto: el gatito está delante de ti y, en un abrir y cerrar de ojos, ya no está. Hasta el día de hoy no hemos podido descifrar cómo lo logra. A diario los contamos para saber a cuantas raciones debe ascender nuestro cotidiano milagro de hacer rendir las escasas latas de comida, y entonces el gatito está visible, pero si decides hacer un segundo conteo ya no lo ves. Claro, eso no quiere decir que debes dar por sentado que se ha marchado, porque a la hora de servir la comida invariablemente aparece. Por esto le hemos nombrado "Fantasmita". No podía ser de otra manera.
Pues resulta que a mediados de la semana pasada, la muchacha del programa que le brinda atención veterinaria a los gatos callejeros de por aquí, capturó al Fantasmita para hacerle una revisión y, de paso, una intervención que evitará que en un futuro vague engendrando Fantasmitas a su imagen y semejanza entre las gatas de la comunidad.
Un día más tarde Fantasmita regresó, es decir, lo trajo de vuelta la misma chica que lo había capturado, y nos dio la noticia de que todo había dado buen resultado, tanto el chequeo como la intervención. Yo sé, desde mi punto de vista humano, que es lo mejor para ellos en las circunstancias de vida que llevan, pero me pregunto si Fantasmita es de la misma opinión. Me imagino las conversaciones que pueda tener con los otros gatos, sabiendo ellos por experiencia propia el motivo seguro de esa captura. ¿Se sentirá Fantasmita apenado ante el resto de la comunidad?  ¿Me estará afectando mucho la lectura del gato de Soseki?




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viernes, 20 de enero de 2012

3er Proyecto creativo semanal: Libreta de inspiración japonesa..

El proyecto creativo de esta semana resultó algo bien sencillo: una (¡otra!) libreta. Ya saben que me encanta hacer libretitas y que en los últimos tiempos he hecho varias (aquí pueden ver la historia de este particular love affair), pero la verdad es que desde hace años no hacía una como la de esta semana. 
Cuando vivía en la  isla y tenía pocos materiales, un día me dediqué a estudiar cómo estaban hechos los cuadernillos japoneses con forma de acordeón que usaba mi G y que sólo parecían necesitar papel, cartón y pegamento (ideales para esa época en la que conseguir cordel o grapas era toda una proeza). Y así fue como terminé generando mi propia versión de acordeón para libretas que, como supe después, no es nada nuevo pero no por eso deja de ser bonito. La libretita de esta semana, pues, está hecha con ese modelo de acordeón del que les hablo, forrada con papel de origami azul como homenaje a sus orígenes japoneses. Aquí les dejo las fotos... ¡Espero que les guste!






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jueves, 19 de enero de 2012

Aprender de los errores.

Una vez dijo William Somerset Maugham que "adquirir el hábito de la lectura es construirse un refugio contra casi todas las miserias de la vida", y la considero una frase cierta desde la primera hasta la última letra, sin dudas, sobre todo ese "casi" incluido como por casualidad. Porque no puede uno pasarse las 24 horas leyendo, ni aunque quisiera, y no hacemos más que despegar los ojos del libro y ya están las miserias haciéndose sentir: el crucero que encalla, los futbolistas violentos, la crisis que no cede, la así-llamada-escritora que se enoja porque la lean, las leyes que quieren vedarnos el acceso al conocimiento... ¡hasta hablan de que el chocolate corre el riesgo de desaparecer! ¿Saben qué es lo peor, incluso peor que la desaparición del chocolate? Que todo lo que he mencionado, y mucho más, es debido a "errores humanos".
Sin comentarios. 

Hoy he venido en realidad para compartirles un fragmento un poco largo pero excelente de mi nueva lectura, "Soy un gato" de Natsume Soseki (un Premio Nobel bien ganado), donde al menos el gato sabe aprender de sus errores:

Y allí estaba la sopa con el mochi, el pastelito de arroz, como yo recordaba, pegado al fondo del cuenco, y con el mismo color que tenía por la mañana. Debo advertir que nunca antes había probado estos pastelillos. Me gustó su buen aspecto, pero sentí una sombra de duda. Con la pata delantera arañe los vegetales adheridos al pastel. Las uñas, al tocar su parte exterior, se me pusieron todas pegajosas. Las olfateé y reconocí ese olor característico del arroz cuando se ha pegado al fondo de la olla y se cambia a otro recipiente. Mire a mi alrededor y pensé: «¿Debo comérmelo o no debo?». Por suerte o por desgracia, no había nadie alrededor. Osan, la criada, jugaba al bádminton. Tenía la misma cara agriada que el año pasado. El Año Nuevo no parecía haber tenido efecto en ella. Las niñas, en su cuarto, cantaban algo sobre un conejo. Si tenía que comerme esa especialidad del primer día del año, ése era el momento. Si perdía la oportunidad tendría que esperar todo un año completo para conocer el sabor del mochi. En ese momento, a pesar de ser un simple gato, vislumbré una verdad resplandeciente: las oportunidades de oro impulsan a los animales a hacer cosas que en circunstancias normales no harían ni atados.A decir verdad, yo no quería comerme el pastel. De hecho, cuanto más  miraba aquella cosa pegajosa y fría en el fondo del cuenco, más nervioso me ponía y más inclinado me sentía a rechazarlo. Si Osan hubiera abierto en ese momento la puerta de la cocina, si hubiera  escuchado los pasos de las niñas acercándose, habría abandonado el cuenco sin dudarlo. Y no sólo eso. Habría eliminado todo tipo de pensamiento sobre el mochi durante lo que quedaba del año. Pero nadie vino. Seguí dudando un rato. Y por allí seguía sin aparecer ni un alma. Sentí como si alguien estuviera forzándome, susurrando a mi oído: «Cómetelo. ¡Deprisa!» Miré dentro del cuenco y recé para que viniera alguien. Después de todo, la voz dentro de mi cabeza me repetía sin parar que tenía que comérmelo. Al final, dejando caer todo el peso de mi cuerpo sobre el fondo del cuenco, mordí no más de un trocito de la esquina del mochi.
La mayor parte de las cosas que muerdo de un modo tan decidido como yo lo hice en esa ocasión entran directas mi gaznate. Pero aquí me llevé una sorpresa. Una vez la densa pasta entró en mi boca, me di cuenta de que, por mucho que intentara abrir la mandíbula, ésta no se movía. Probé a liberarla con todas mis fuerzas, pero nada. Mis dientes estaban pegados. Me di cuenta demasiado tarde de que el mochi es en realidad un alimento del demonio. Imaginaos a un hombre que ha caído en una ciénaga e intenta escapar. Cuanto más apretaba las mandíbulas para sacar las piernas, más profundamente se
hundirá en ella. Pues bien. A mí me pasaba exactamente lo mismo. Cuanto más apretaba las mandíbulas más peso sentía en la boca y más se me inmovilizaban los dientes. Podía sentir su resistencia, pero eso era todo. Simplemente no podía disponer de ellos. Meitei, el amigo esteta del maestro, le describió en una ocasión como una persona indivisible, y debo decir que se trataba de una expresión de lo más ajustada. Este pastel, como mi maestro, era prácticamente indivisible. Me parecía que por mucho que intentara morderlo no obtendría ningún resultado. El proceso podía continuar así, eternamente. Era como dividir diez entre tres. Estaba en mitad de esta angustia cuando de repente me vi iluminado por una segunda verdad: que todos los animales son capaces de decidir por instinto lo que es bueno o malo para ellos.
Aunque ahora había descubierto dos grandes verdades, me sentía bastante infeliz por causa de ese pastel de arroz adhesivo. Mis dientes se estaban pegando irremediablemente a la masa, y todo el proceso se iba volviendo cada vez más doloroso. A menos que pudiese completar el mordisco y salir de allí pitando, Osan volvería y me pillaría con las manos en la masa. Parecía que las niñas habían dejado de cantar y seguro que pronto entrarían en la cocina. En un ataque de angustia, di unos cuantos latigazos con la cola sin resultado alguno. Estiré las orejas y las encogí, pero sin ningún efecto. Empecé a pensar que ni la cola ni las orejas tenían nada que ver con todo el asunto. Como me había entregado a una guerra de desgaste a base de levantar orejas y dejar caer orejas, al final abandoné esta táctica. Hasta que se me ocurrió que lo mejor que podía hacer era forzar al mochi hacia abajo usando mis patas delanteras. En primer lugar levanté la mano derecha y me la acerqué a la boca como pude. Como es natural, este simple movimiento no sirvió en absoluto para mejorar la situación. En segundo lugar, alcé la mano izquierda y la comencé a girar en círculos. Pero estos inútiles giros y piruetas fracasaron en su intento de exorcizar al demonio del mochi. Me di cuenta de que si quería lograr algo era imprescindible que actuara con paciencia, así que rasqué el aire alternativamente con la mano derecha e izquierda, pero los dientes siguieron igual de pegados al pastel. Cada vez más impaciente,
comencé a mover ambas patas simultáneamente, como si fuera un molinillo. Fue entonces, y sólo entonces, cuando me di cuenta, para mi sorpresa, de que podía sostenerme con las patas traseras. De alguna manera dejé de sentirme un miembro de la especie gatuna. Pero gato o no, continué arañando como un loco toda mi cara con frenética determinación, hasta lograr que el demonio del mochi fuera expulsado definitivamente. Como el movimiento de las patas traseras era bastante vigoroso, me di cuenta de que ponía en riesgo mi equilibrio y corría el peligro de caerme estrepitosamente. Para mantenerme en pie comencé a marcar el paso con las patas. Empecé a dar brincos por toda la cocina. Me sentí orgulloso de ser capaz de mantener tan diestramente esa compleja posición erecta. Fue entonces cuando la tercera verdad se reveló ante mis ojos: en condiciones de peligro excepcional, uno puede actuar de modo inesperado, y sobrepasar con creces el estándar de sus logros. Este es el verdadero significado de la Providencia.
Sostenido por esa Providencia, seguía yo luchando por mi apreciada vida contra ese demonio que habitaba en el mochi, cuando de pronto escuché unos pasos. Alguien se acercaba. Pensando que sería fatal que me encontrasen en ese trance, redoblé mis esfuerzos y eché a correr alrededor de la cocina. Los pasos cada vez se acercaban más. Oh, Dios mío, empecé a sospechar que la Providencia no duraría para siempre. Eran las niñas. En cuanto me descubrieron se echaron a gritar:
—¡Mirad! ¡El gato se ha comido el mochi y ahora está bailando!
La primera en escuchar el aviso fue Osan. Dejó de lado el bádminton y voló hasta la puerta de la cocina.
—¡Santo Cielo!
Después entró la señora, vestida con un kimono de seda. Me miró con condescendencia y se limitó a apuntar:
—¡Por Dios, que gato más imbécil!
Y el maestro, violentamente expulsado de su estudio a causa del escándalo señaló:
—¡Será idiota!
Pero las que encontraron más graciosa la situación fueron las niñas. Así que después de un rato la casa entera se carcajeaba de mí sin piedad. Era irritante, era doloroso, pero también me era imposible dejar de bailar. ¡Maldición! Al poco, las risas empezaron a calmarse. Pero entonces la encantadora niña de cinco años me señaló con el dedo y dijo:
—¡Qué gato más cómico!
Y toda la familia se empezó a reír de nuevo. Vaya, que se partieron de risa a mi costa. He  oído que los seres humanos eran despiadados, pero nunca hasta entonces había encontrado su conducta tan absolutamente detestable. De la Providencia, mientras tanto, no había ni rastro, y yo había vuelto a mi postura habitual sobre las cuatro patas. Estaba al borde de la desesperación y, por causa del mareo, creo que mi semblante era un tanto ridículo. El maestro debió de pensar no era el momento de dejarme morir ante de sus ojos. Sería una verdadera lástima. Así que le dijo a Osan:
—Anda, sácale el mochi de la boca...
Osan miró a la señora como diciendo: «¿Y por qué no le dejamos que siga con el bailecito?». A la señora le hubiera encantado verme seguir con el minuet. Pero como tampoco quería verme bailar hasta la extenuación o la muerte, no dijo nada. El maestro se volvió enfadado hacia la criada y le ordenó:
—Date prisa o morirá.
Osan, casi sin ganas y con una mirada torva en sus ojos, como si la hubieran despertado de golpe de un sueño particularmente dulce, me metió los dedos en la boca y me arrancó el mochi. No tengo una dentadura tan débil como la de Kangetsu, pero en ese momento pensé que, en la operación, la criada se llevaría por delante mis muelas. El dolor fue indescriptible. Entended que yo tenía mis pobres dientes empotrados en el pastel, y que Osan lo arrancó de un tirón. Es imposible expresar con palabras la agonía que sentí. En ese momento me alcanzó la Iluminación y se me reveló una cuarta verdad: que todos los placeres están íntimamente emparentados con el dolor. Cuando por fin pude recobrarme, me giré y comprobé como todo había vuelto a la normalidad. El maestro y su familia habían vuelto a sus quehaceres.


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martes, 17 de enero de 2012

"De una inmersión en lo grande" o "Lo que no se ha dicho sobre el Fausto"

Ya está. Les conté hace un tiempito, justo después de haber leído Madame Bovary, que sentía el espíritu dispuesto para algo grande. La guerra y la paz o Los miserables fueron las opciones que se me ocurrieron en aquel momento, obras que siempre me han intimidado un poco y que ya en alguna ocasión incluso llegaron a rechazar mi tímido acercamiento. Mi inmersión en lo grande, sin embargo, resultó un tanto diferente. Una vez más la realidad, con ese andar sinuoso que la caracteriza, me alejó del camino que yo había esbozado para adentrarme en uno poco menos que sorprendente.

Acabo de leer Fausto, de Goethe, y no me atrevo mucho a comentarlo. ¿Que podría decir que otros no hayan dicho antes? ¿Que es una gran obra? ¿Que es un retrato inigualable del mundo? ¿Que es tan actual hoy como el día en que fue escrita? ¿Que necesita más de una lectura para llegar a entenderla plenamente? Ya todo eso y mucho más se ha dicho sobre el Fausto, y por gente mucho más avezada que yo.

Aunque quizás haya algo que no se ha dicho aún, por su evidente novedad y ligereza: que a mí, a la Pelusa, me divirtió mucho esta lectura y me hizo también pensar mucho; que por vez primera eché en falta que la traducción estuviera en prosa y no en versos, porque sentía al leerla que estaba perdiendo mucho de la belleza del original; que no pude dejar de rememorar El Maestro y Margarita, de entender al fin de dónde surgen Voland, Margarita y su relación tan especial, en la que el lector de Bulgakov encuentra sin remedio cierto regusto ancestral, y que me hizo desear releer esta historia, pronto, sin falta, a partir de esta nueva e iluminadora perspectiva... Tampoco se ha hablado, por supuesto, sobre la sorpresa que experimenté al toparme en las primeras páginas de esta obra, en el llamado Prólogo en el cielo, con la versión que hace Goethe de un pasaje bíblico, la 'apuesta' entre Dios y el diablo que da comienzo al libro de Job, pasaje sobre el que recién había leído ampliamente también en el Caín de Saramago, con total atención y curiosidad. ¿Casualidad? ¡Quién sabe!

Y antes de que comience a salir a flote mi misticismo, les dejo con un fragmento del Fausto, del propio Prologo en el cielo, que me pareció excelente. Es un parlamento de Mefistófeles en el que, con apenas cuatro trazos, plasma ante los ojos divinos un retrato auténtico de la humanidad de dolorosa actualidad:

No sé nada sobre el sol y los mundos, sólo veo cómo se atormenta el hombre. El pequeño dios del mundo sigue igual que siempre, tan extraño como el primer día. Viviría un poco mejor si no le hubieras dado el reflejo de la luz celestial, a la que él llama razón y que usa sólo para ser más brutal que todos los animales. Lo comparo, con licencia de Vuestra Gracia, con esas cigarras zancudas que vuelan continuamente, dando saltos, y, una vez que están sobre la hierba, cantan su vieja canción. ¡Si al menos permaneciera en la hierba!, pero no, tiene que meter las narices donde no le importa.

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viernes, 13 de enero de 2012

2do. Proyecto creativo semanal (2012): Caja reciclada para almacenaje

Para el proyecto creativo de esta semana he reciclado una caja que nos enviaron unos amigos. En realidad necesitaba algo en lo que almacenar mis materiales de pintura... y esta caja resultaba ideal de tamaño, así que decidí darle una nueva vida.

Comencé por quitarle todo el papel adhesivo que tenía alrededor:


Le apliqué una capa de cuadritos rasgados de papel para envolver regalos, que es de un color anaranjado brillante, pero usado por la parte del reverso que es blanca de manera que resaltaran los bordes de color.


Y luego, le hice un diseño sencillo con un marcador permanente, le agregué una cinta a modo de asa para facilitar la apertura y un pequeño toque de color con un pasador:


Y voilá! Caja nueva... vida nueva!


¿Qué tal? ¿Verdad que está hermosa? 
Se nota cuánto me gusta, ¿no? :)


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jueves, 12 de enero de 2012

Mis dos primeras lecturas del 2012

Ya les adelanté el otro día más o menos cuáles han sido mis dos primeras lecturas del año. Hoy les cuento un poco más en detalles:



El primer libro leído en este año es de hecho el que me sirvió para enlazar el final del 2011 con el principio del 2012. Supersticiosa si se quiere, soy de las que creen que los años terminan como empiezan, y por eso es que escojo con cuidado el libro en el que he de ocuparme en esos días iniciales. El de este año, pues, fue Vida y obra del apóstol José Martí, escrito por Cintio Vitier. Escogido porque Martí es uno de los autores que están mas cerca de mi alma, porque quería sentirme vibrando con ese compás específico que solo obtengo cuando lo leo (y el libro está lleno de las más hermosas citas de su obra), porque quería saber un poco más de su vida y de sus símbolos personales y, no menos importante, porque llegó de manos de un amigo muy querido.






El segundo libro, ese que me ocasionó el 'arrebato de lectura' del que les hablaba hace un par de días (aquí), ha sido Caín de José Saramago. Lo escogí porque me encanta Saramago, su uso del lenguaje y la forma que tiene de hacerme pensar aunque mi cerebro esté pasando un día inusualmente letárgico. Lo escogí también porque ya había leído El evangelio según Jesucristo y quería saber un poco más de su visión particular del tema. Y no me he arrepentido para nada. Si bien me pareció mucho mejor tratado El evangelio... -y es mi opinión muy personal-, en Caín no son para nada despreciables su imparable juego con el tiempo, su debatir permanente con lo divino, su omnipresente ironía y las cuestiones fundamentales que se/nos plantea (¿qué es y dónde está el bien? ¿qué es el hombre y cuál es su historia? ¿cuál es nuestro papel en todo esto?...).  
Caín es, sin dudas, un libro excelente.



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miércoles, 11 de enero de 2012

Experimentando en la cocina.


La rúcula es un vegetal muy nuevo en mi cocina. En Cuba me atrevería a decir que es del todo desconocido. Según Wikipedia: 
"La rúcula o "rúgula" es un tipo de hortaliza, considerado para fines culinarios un tipo de lechuga (...) Ha sido cultivada como verdura en el Mediterráneo desde la época romana, siendo considerada un afrodisíaco (aun no investigado). Es rica en vitamina C y hierro."
El hecho es que en un paquete de hamburguesas que compré hace unos días venía la receta de una ensalada muy simple a base de rúcula y champiñones y, como de los cobardes no se ha escrito nada, en la siguiente visita al mercado me traje un paquete de esta hierbita para experimentar con la nueva receta que resultó deliciosa, con un sabor muy peculiar. Aquí se las comparto:

Ensalada de rúcula y champiñones:


-Se saltean los champiñones por unos minutitos en un sartén con un poco de aceite caliente. Se retiran del fuego antes de que comiencen a soltar líquido y se ponen a enfriar. 
- Una vez que hayan perdido el calor, se les agrega la rúcula lavada.
-Le adicionamos aceite, vinagre y sal al gusto, como a cualquier ensalada...y ya está! 
Sencillo, ¿verdad?


Como siempre les digo, si la prueban, no dejen de contarme qué tal les pareció esta ensalada.

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Diario de la Pelusa es un blog escrito por Elena Brito (Pelusa) y esta bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
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martes, 10 de enero de 2012

Una de cal y otra de arena

Comencemos por la cal, la que quema la piel con un simple contacto:

¿Han sentido alguna vez esa sensación de dejarse arrebatar por un libro? Estoy segura de que sí, porque este Diario tiene la suerte de contar con muchos amantes de los libros entre sus lectores. Y, siendo amante de los libros, ¿es acaso posible no haber tropezado alguna vez con un volumen que te mantenga como atrapado, que no puedas abandonar desde el mismo momento en que lo abres por vez primera? Sobre todo cuando acabas de salir de un texto que casi se pudiera calificar como académico por lo erudito y serio del tema, aunque  por suerte tratado con cierta poesía y hasta exquisitez que lo hace ciertamente más legible... No hay nada entonces como la sensación de sentarse a leer y dejarse llevar por la magia de un lenguaje que parece poner desde la primera página bajo tus pies una alfombra tejida con hilos de oro, de esas que tienen la capacidad innata de levantarse por los aires y llevarte consigo a mundos que, sin sospecharlo siquiera, estás deseoso de conocer; mundos que se presentan a tus ojos ya estructurados pero asechadores de tu participación, tu pensamiento, sin el cual no tendrían vida ni sentido... Y en la primera sentada te sorprendes de haber devorado 70 páginas, y te sorprendes también del poco tiempo que te han tomado, porque las has leído con toda la atención posible, la atención que reclama el texto por derecho propio, y esto hace que el tiempo se desdoble para tí en esa otra dimensión profunda que desmiente la linealidad de su superficie.
Si, estoy leyendo a Saramago.
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Y ahora viene la de arena, la que se escapa entre los dedos alegremente:

Hoy, antes del arrebato de lectura que les acabo de contar, de hecho cuando me preparaba para ir a buscar un libro a la biblio que no sabía si sería este o no, me entretuve un rato preparando estos tres lindos paquetitos que vienen a retomar en este nuevo año mi 'tradición' de regalos anónimos (que no es idea mia pero que he adoptado con todo gusto) esos que me gusta dejar por ahí de vez en cuando para que otras personas los encuentren. Pequeños regalitos que no me cuestan prácticamente nada (un sobrecito de té, un marcador de libros) y que puede que terminen alegrándole el día a alguien...



Los dejé en la biblioteca, sin que nadie me viera, colocados en lugares estratégicos donde no llamaran mucho la atención pero donde tampoco pasaran desapercibidos, y fui a sentarme, con mi poco de cal entre las manos, a leer. No supe quién los recogió, ni vi sus caras al hacerlo -tan absorta como estaba en la lectura-, pero al marcharme ya no estaban ahí. :)



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lunes, 9 de enero de 2012

De todo como en botica.

Aquí estoy intentando escribir desde hace rato y no me sale nada, porque tengo tantas cosas en la cabeza que no acabo de concretar un tema para hoy. Lo mejor es, pues, hablarles de todo un poco, sin orden ni motivos aparentes y ya lo de leerme hasta el final es un riesgo que corre o no cada cual, a su elección. Así comienza la semana por acá:

-El día comenzó con la Pelusa Cocinera en modo 'on', atareada con uno de mis platos estrellas: Pollo asado estilo Dulce María (esa es mi madre). Es un plato que siempre ha gustado mucho por acá, quizás porque en la primera Nochebuena que pasamos juntos mi G  y yo, fue este el menú elegido para compartir con unos amigos en casa... y gustó muchísimo! Tanto, que hace poco reencontramos a uno de aquellos amigos que cenaron aquella noche con nosotros y me preguntó si aun hacía aquel pollo asado tan sabroso(!!!!!) <--- Aquí no cuentan modestias, jajaja! Ya tengo fotos de todo el proceso y pronto se los compartiré. ¡Prometido!

- Abro Google, y lo primero que me llama la atención es el dibujito que aparece en lugar del logo (doodle??) y que me lleva a conocer a Luis Coloma (san Luis Coloma debía de ser), jesuita, escritor y padre de mi querido Rantoncito Pérez. Siiii! Resulta que hoy se cumple un aniversario de algo relacionado con él (no me pregunten qué aniversario porque no le presté atención), y ahí estaba toda la información sobre el Ratoncito y su historia. Para mí, este personaje viene completamente asociado a la Cucarachita Martina, puesto que era su esposo, y también a la sopa de cebolla, en la que acabó cayendo por puro goloso que era. Pero resulta que no, que este Ratoncito Pérez es ni más ni menos que el ratoncito que se llevaba los dientes de leche y nos dejaba un regalito bajo la almohada (en mi caso, una monedita) cuando eramos niños. Igual, lo amo. Y me tuvo casi toda la mañana dandole vueltas a su historia, viendo la casa en la que vivía y que aun se conserva, y soñando con ir a visitarla una vez. ¡Quién sabe! Si ya he visto la casa de Cervantes y la de Zorrilla en Valladolid, la de Martí en Zaragoza, la de Serrat en Barcelona... ¿por que no habría de ver también la de este otro personaje famoso, el Ratoncito Pérez, en Madrid? ¿Por qué no?

-Y ya en temas tecnológicos, encontré vía twitter un blog donde hay listados de muchos muchos libros electrónicos GRATUITOS adaptados para Kindle, ese tierno aparatito que por primera vez se hizo deseable a mis ojos... Aquí les dejo el link: Libros para Kindle

-Y para terminar, les comparto el haiku maravilloso que me obsequió el maestro y amigo Jorge Braulio, a propósito de mi dragoncito rojo, ese que les presenté en el último post:



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viernes, 6 de enero de 2012

Proyecto creativo, semana 1: Almanaque 2012

 Se acaba la primera semana del año, ya casi, y como dentro de mis propósitos para este año está el hacer al menos un proyecto creativo cada semana, hoy les muestro el primero de todos, un almanaque para el 2012 hecho con una cartulina reciclada, dos hojas de papel Din A4 cortadas en 6 cuadritos cada una, y un trozo de cinta más lápices acuarelables.


¿El dragón? Lo he pintado yo y tiene una historia muy curiosa detrás que no voy a contarles..., básteles saber que este es el Año del Dragón en el horóscopo chino y que yo nací bajo este signo.


¡Buen fin de semana!

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jueves, 5 de enero de 2012

Regalo de no-cumpleaños

Hoy estoy de cumple y, siguiendo mi vieja tradición, en el día en que todos reciben regalos yo escojo hacerles un regalo a todos mis amigos. Les presento El fantástico diario de nuevas experiencias, el nuevo blog de Diana y Patricio, dos buenos amigos que han tenido la feliz idea de compartirnos sus descubrimientos de una manera fresca y divertida. Hoy pueden ver allí mi primera colaboración como invitada en esta nueva empresa que tanto estoy disfrutando:

Click en la imagen para acceder al blog

¡Feliz no cumpleaños a todos ustedes!

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)