miércoles, 31 de julio de 2013

Doy gracias

Doy gracias por tener un mundo interior, por haber tenido la oportunidad de crearlo a base de lecturas y experiencias, por haberle sabido dar color, olor, sabor y sonido propio, aumentándolo y enriqueciéndolo cada día.
Doy gracias por conocer el placer de sentarme tranquilamente durante horas a leer, por sumergirme en el universo de la literatura que se vuelve mío con cada giro de página, por vivir en silencio batallas, amores, desengaños.
Doy gracias por la banda sonora de mi existencia, por el latido de mi corazón, por la respiración acompasada, por mis pasos tranquilos, y por un poco de Bach, Silvio o Janis de vez en cuando a unos decibeles aceptables. 
Doy gracias por tener también un espacio vacío dentro de mí, que convive pacíficamente con todo lo anterior, y por no temerle.
Doy gracias por no necesitar llenar cada segundo de mi vida con voces, palabras, música a todo volumen, escándalos, gritos, risotadas y eructos públicos. 
Doy gracias, en fin, por no ser como mis nuevos vecinos.



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lunes, 29 de julio de 2013

Cosecha de verano.

¿Se acuerdan que en primavera les compartí un foto-paseo? Les mostraba entonces las maravillas naturales que encontramos en esa época por los campos que rodean el lugar donde vivimos. Pues bien, los regalos de la naturaleza parecen no tener fin para quien tiene los ojos abiertos. 
En aquel foto-paseo, destacaban dos árboles en flor, una explosión de flores blancas como nunca antes habíamos visto por acá.


No sabíamos qué tipo de árboles eran hasta que, compartiendo este paseo con unos amigos, nos dijeron que eran perales, y que los frutos que en ese momento ya estaban naciendo donde antes había tantas flores eran las deliciosas Peritas de San Juan. Tuvimos que esperar a que madurasen en el árbol casi un mes entero, cosecharlas antes de tiempo hubiera sido un desperdicio, pero la espera valió -y mucho- la pena. Aquí los dejo con fotos de nuestra segunda cosecha (la primera fue devorada a tal velocidad que no dio tiempo a tomarle fotos ;)




¿Tengo que decirles que estamos desayunando como reyes? :)

Pero no es la primera vez que les comparto nuestras cosechas de frutos silvestres en este Diario. Aquí les dejo los enlaces por si quieren ver más de los regalos que nos ha ofrecido la naturaleza desde que vivimos en esta zona:

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miércoles, 24 de julio de 2013

¿Verano = Mar?

El verano ya está aquí, en pleno. Los 41ºC que marcaba hoy el termómetro de la plaza me hicieron recordar otros veranos de hace ya tres décadas.

En los veranos de mi infancia, mis padres solían llevarme a disfrutar de todo tipo de actividades. Íbamos a  la playa y también al campo, a montar a caballo, a hacer largos paseos en bici, o a un parque de diversiones en plena campiña. Íbamos a museos, al acuario, a exposiciones alimentarias o industriales, a ferias artesanales, a recorrer el casco histórico de la ciudad o a visitar otras ciudades del país. Eran vacaciones muy completas, la verdad.

Movida por estos recuerdos, se me ocurrió buscar "verano" en Google Imágenes. El 99% de las fotos que aparecieron hacen referencia a la playa, al verano en la costa, a  los bañadores... No es que yo tenga nada en contra de veranear así, porque es cierto que el cuerpo pide refrescar con estos calores, pero este aluvión unidireccional de imágenes me hizo preguntarme hasta qué punto nos han condicionado a pensar que ésta es la mejor -sino la única- forma de disfrutar unas buenas vacaciones estivales, y qué intereses hay detrás de esto. 

Y no pude evitar lamentarme por los chatos recuerdos que tendrán un día las nuevas generaciones que hoy aprenden que verano es sinónimo casi exclusivamente de mar.



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lunes, 22 de julio de 2013

Productores de sueños.

Tengo unos amigos que hacen cine. Bueno, en realidad tengo varios, pero estos son productores de sueños. Ellos creen que son historias lo que llevan a la pantalla, pero esta vez también -y sin saberlo- han llevado un sueño, uno muy mío que me ha acompañado prácticamente desde que aprendí a leer.

Uno de los primeros libros, sino el primero, que trajo mi padre a casa fue el cuento Caperucita Roja. Era un libro ruso, de aquellos que tienen no solo letras e imágenes. Era de esos libros, hoy  tan comunes, que con el simple gesto de volver la página y por el buen oficio de una armazón de papel doblado, hace que la historia se alze frente a los ojos del pequeño lector y cobre vida. A mis cortos cuatro años, eso tenía  para mí todo el encanto de la magia. Mi gusto actual por el trabajo con papel demuestra que lo sigue teniendo.

Pues bien, estos amigos me han compartido este video -que hoy les comparto a ustedes- en el que han recreado el famoso cuento. Ya les comenté cuánto me gustó, la frescura de su acercamiento a una historia tan conocida y muchas otras cosas que se suelen decir en estos casos. Lo que aun no saben es que al verlo rememoré aquella  fascinación que sentí la primera vez que abrí aquel libro, que volví a ver la sonrisa de mi padre a mi lado. Y eso, ahora lo sé, no tiene precio.



 
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viernes, 19 de julio de 2013

De relecturas con sorpresas

Les dimanches de la Rochelle
(Francine Van Hove- sitio web)

Estoy releyendo "El juego de abalorios" de Hermann Hesse. Lo leí hace más de diez años y conservo la mejor de las impresiones. Recuerdo incluso el lugar en el que solía sentarme a leerlo en ese entonces, y si me apuran mucho puedo hasta decirles qué ropa llevaba puesta en algunas de esas ocasiones. Me impresionó tanto que lo he recomendado a varias personas como un libro de esos que uno debería leer en algún momento de la vida. Sin falta.

Al iniciar esta relectura lo primero que me sorprendió fue  la época en que se desarrolla la historia de Joseph Knecht. Hubiera jurado que se trataba de algún momento de la primera mitad del siglo XX, en tanto que Hesse la ubica en el año 2400, un futuro incluso ahora muy lejano, tanto que cabe dudar si, como van las cosas, aún habrá una Tierra para ese entonces en la que pueda surgir una Castalia.  Pero esta no ha sido la única sorpresa que me he llevado en estos días.

Los primeros capítulos del libro los recordaba bastante bien, al menos de qué iba la historia, pero a medida que avanzo en esta relectura me voy dando cuenta de que mi memoria ha borrado mucho de lo que había leído con tanto interés hace una década. No recuerdo prácticamente nada salvo algunos hechos puntuales, los más importantes de la biografía del protagonista. Nada más.  Es como si estuviera leyendo un libro nuevo y desconocido para mí del que sólo hubiera leído una simple reseña. 

Y es que siempre se dice que los libros nos llegan en el momento oportuno, pero ahora veo que puede no ser así del todo. Podemos no estar abiertos a ellos en ese momento. Podemos leerlos y no entenderlos. Podemos no estar preparados para entender. Podemos no haber vivido lo suficiente para que las palabras de un libro tengan significado para nosotros. Podemos no estar listos para captar la profundidad además de la grandeza de una obra.

Quizás estos no sean libros para un momento específico de nuestra historia. Quizás sean libros para toda la vida... siempre que no los olvidemos, sepultados en el rincón de los "ya leídos" y, sobre todo, siempre que sepamos mantenernos dentro de su órbita.

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jueves, 11 de julio de 2013

El mejor lugar

¿Qué hacer si de pronto te dicen que es posible que se te cierren las puertas de uno de tus paraísos terrestres? ¿Que hacer si te dan a escoger los últimos libros que puedes pedir prestados de una biblioteca muy bien surtida? ¿Que títulos escoger para tan sólo dos meses de lectura?
En este dilema me vi hace unos días, y esta fue mi elección:


¿Qué hubieran elegido ustedes?

P.D. Por suerte, las puertas del paraíso seguirán abiertas para mí, a pesar del comentario insidioso del bibliotecario: "Hay mejores lugares para ir en verano que una biblioteca". En serio, ¿los hay?

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)