martes, 30 de abril de 2013

Thoreau: Sobre la lectura.

Fragmento tomado de Walden. La vida en los bosques, de Henry Thoreau 


Los libros son la riqueza atesorada del mundo y la adecuada herencia de generaciones y naciones. (...) Ellos no tienen una causa propia por la cual abogar, pero mientras iluminen y sustenten al lector, el sentido común de este no los rechazará. Sus autores son la aristocracia natural e irresistible de cualquier sociedad y ejercen en la humanidad una influencia mayor que las de los reyes o emperadores.

Las obras de los grandes poetas nunca han sido leídas por el género humano, porque sólo los grandes poetas pueden leerlas. Han sido leídas únicamente como la multitud lee las estrellas, no en forma astronómica, sino a lo sumo astrológica. La mayoría de los hombres han aprendido a leer para su mezquina conveniencia, como han aprendido a escribir números para llevar cuentas y no ser engañados en el comercio; pero de la lectura, como un ejercicio noble e intelectual, poco o nada conocen. Sin embargo, solamente eso es leer en un alto sentido, no aquel canturrear lujoso que adormece las más nobles facultades. Para leer, tenemos que estar en plena agudeza mental y debemos dedicarle nuestras horas más alertas y despiertas. 

Pero mientras estemos confinados a los libros, aun los más selectos y clásicos, y leamos solamente las lenguas escritas locales(que no son por su parte sino dialectos provinciales), correremos peligro de olvidar el lenguaje que hablan sin metáfora todas las cosas y sucesos y que es el único abundante y el echado. 

Se publica mucho, pero se graba poco en la memoria. Los rayos que se difunden a través de la persiana no se recordarán largo tiempo cuando la persiana desaparezca.

 Fragmento tomado de Walden. La vida en los bosques, de Henry Thoreau
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miércoles, 17 de abril de 2013

Las cosas menudas.

Fragmento tomado de El vino del Estío, Ray Bradbury

Crédito de imagen

— Esa es la dificultad con su generación -dijo el abuelo-. Todas las cosas que pueden saborearse en la vida, ustedes las anulan. Ahorre tiempo, ahorre trabajo, dicen. Bill, cuando tenga usted mis años, descubrirá que las cosas pequeñas, las alegrías pequeñas, cuentan más que las grandes. Un paseo en una mañana de primavera es preferible a un viaje de cien kilómetros en un coche que corre a los saltos. ¿Sabe por qué? Porque en el paseo hay aromas, cosas que crecen. Hay tiempo de buscar y encontrar. Ya sé. Ustedes buscan ahora lo grande, y quizá tengan razón. Pero como hombre que trabaja en un periódico debería fijarse usted en las uvas tanto como en los melones. Usted admira los esqueletos, y yo las huellas digitales. Muchas cosas lo aburren a usted, y yo me pregunto si no se debe a que nunca aprendió a usarlas. Si de ustedes dependiera, emitirían una ley que aboliría todas las tareas menudas, las cosas menudas. Se quedarían sólo con las grandes cosas, y tendrían entonces que pasarse las horas ideando algo que hacer para no volverse locos. ¿Por qué no aprenden de la naturaleza? Cortar el césped y arrancar zarzas puede ser un modo de vida, hijo. (...)
Un matorral de lilas es mejor que una orquídea. Y los dientes de león y la hierba común son todavía mejores. ¿Por qué? Porque lo doblan a usted, y lo alejan de toda la gente y el pueblo por un rato, y lo hacen sudar, y le recuerdan que tiene nariz. Y cuando usted se dedica realmente a eso, es usted mismo un rato. Usted empieza a pensar. La jardinería es la excusa más a mano para ser un filósofo. Nadie sospecha, nadie acusa, nadie sabe, pero ahí está usted, Platón entre las peonias. Sócrates cultivando su propia cicuta. Un hombre que lleva un saco de abono por el campo es como Atlas con el mundo al hombro. Como dijo una vez el caballero Samuel Spaulding: "Cava en la tierra, cava en el alma." Haga girar esas hojas de la cortadora, Bill, y paséese bajo el rocío de la fuente de la juventud. 

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jueves, 11 de abril de 2013

Leonardo Gutiérrez: Contrapunteo del concepto y la imagen.

Texto de Gustavo Pita Céspedes

Una de las peculiaridades del enfoque filosófico de una obra de arte con respecto al que es propio de la crítica artística, estriba quizás en el hecho de que la filosofía puede interesarse en cualquier objeto individual como microcosmos, cualquiera que sea el estadio de su desarrollo, sin imponer a este una pauta o ideal de perfección ajeno a su propio "concepto" o esencia y sin prejuicios referentes a su relativo mérito, importancia o representatividad .Por eso, aun lo que puede resultar inmaduro o deficiente para la crítica desde el punto de vista de la comparación con otros objetos afines, no lo es en modo alguno para la filosofía, a la que no le interesa más compromiso que el que pueda tener el objeto dado consigo mismo como potencia. Por eso, si bien se dice que una crítica irresponsable puede deformar al artista creando en él una autoimagen inadecuada que poco tiene que ver con su verdadera realidad, lo cierto es que en el caso de la filosofía, que aborda la realidad de todo objeto como un horizonte de posibilidades, es su deber ayudar al artista a convertirse en un artista verdadero, acercando lo más que pueda su realidad a su posibilidad, su acto a su potencia, su ser a su poder ser, porque para la filosofía no hay otra verdad que esta coincidencia de la realidad con su semilla o arquetipo, no hay otro artista que el que busca su realización como hombre, ni otro arte que el camino por el cual el hombre busca y encuentra la verdad sobre sí mismo. La crítica, a veces, por salvar al artista mata al hombre, pero ¿como podría la filosofía salvar al hombre matando al artista?...
En el caso de Cuba, la visión filosófica del arte es, además, una peculiar necesidad, porque, al menos durante todo el siglo XX, el pensamiento filosófico nacional se ha desarrollado más bien por la vía de la ciencia y, sobre todo, por la del arte, evitando la de la filosofía profesional que ha sido o muy académica o insuficientemente abierta, bien porque no ha alcanzado a ver la realidad desde la nebulosa de sus categorías, bien porque no ha querido verla acosada por toda una serie de temores y cargos de conciencia. Y en un momento de transición como el que vivimos, en el que el pensamiento filosófico tiende a degenerar en los extremos de la aceptación acrítica o la crítica intolerante, cuando aún el verbo literario peca de tendencioso por la inevitable cercanía del concepto y la pasión en la palabra, acaso no hay mejor vehículo que la imagen plástica joven, sensible por excelencia a los problemas de su país y su tiempo, para ofrecer una visión equilibrada de la realidad, que no alcance a pervertir en conjuro, definición o consigna una riqueza de la que depende el futuro. La Cuba del mañana habría que construirla, no con el machete o la pluma, sino con el pincel y el cincel...
Profunda es pues la deuda de nuestra cultura con el arte, sobre todo el joven. Y la crítica artística al valorarlo debería considerar que ese arte está cumpliendo una función cultural mucho más amplia que la artística. Por otra parte, no deja se ser significativo y revelador el hecho de que aun hoy son justamente los jóvenes creadores los que sienten que su obra necesita de una valoración filosófica, mientras que los filósofos permanecen ciegos a esta demanda y las implicaciones cognocitivas de un arte joven que está produciendo sin embargo las intuiciones básicas o la materia prima para el pensamiento filosófico nacional.
Leonardo Gutiérrez
(crédito de imagen)
Así por ejemplo, en la obra de Leonardo Gutiérrez uno no puede dejar de sentir tras la forma artística el trabajo del pensamiento tratando de abrirse paso entre un monte de antinomias. Pero es un pensamiento cuya conceptualidad no se expresa directamente en la palabra, sino quizás en el componente intelectual de la imagen, un pensamiento que por razones personales e históricas no puede o no quiere recurrir más que a la lógica de la imagen para expresar su propia lógica. Con un tema tan complejo y quemante como el de la génesis, el desarrollo, florecimiento y crisis de su cultura, no le bastan categorías elaboradas en latitudes menos ardientes. Su obra es por un lado el testimonio de las vicisitudes del protopensamiento nacional y por otro, del verdadero sentido del conceptualismo cubano tan distinto en sus motivaciones del europeo. En ella encontramos un concepto criollo que no está dispuesto renunciar a la sensualidad, la pasión y la belleza, que se resiste a la transmutación alquímica de la imagen en categoría, del sentido en significado, o acaso una imagen cuyo destino fatal es ser concepto. Concepto artístico de la voluntad cultural de una nación que no ha alcanzado aun la síntesis de lo destructivo y lo constructivo, de la comedia y el drama, del juego y el trabajo, de lo chistoso y lo serio. Nación apenas esbozada que persiste en la magia de ser la imagen de sí misma.
Muchas son las sugerencias protoconceptuales que deben los filósofos a la creatividad incansable de este Leonardo trinitario: Cabeza esculpida en mármol que no alcanza a ocultar la persistente sonrisa de tres bellas esculturas naturales; pudor católico de la muerte que no puede refrenar el impudor afrocubano del cráneo en prenda de culto. Cuerpo robusto que con un brazo sostiene el vacío y con el otro el machete en alto, revelándonos en su discreción el gesto, la actitud cubana de envolver y cortar; machete que es arquetipo de libertad negativa: la que deja una promesa perenne sobre lo chapeado. Filtro de agua que pende sobre otro "filtro"- de ideas - que brotan no de la boca, sino del "pito", creatividad apolínea obligada a expresarse en forma dionisíaca. Juguete-escultura con base de tente-en-pie y torso de guardián budista; Sísifo criollo condenado a levantar perennemente la carga del sí mismo; porfía cubana del combate convertido en juego nacional. Anillo pendiente - ciclo a la espera de cerrarse - prenda que puede adorarse, añorarse o temerse, pero también usarse, extraviarse o perderse ...Como en la clásica maniobra del choteo cubano, en la obra de Leonardo lo bello es elevado hasta su mayor grado de elaboración y exquisitez para después ser inmediatamente suspendido y cuestionado. Lo bello es relegado a la función utilitaria de revelar su propia insuficiencia o inutilidad. El hombre - el cubano - se revela en esta obra como un antidemiurgo capaz de crear un rosario con el que él mismo no puede rezar. Pero lo maravilloso de todo esto es que también en ella, a la inversa, la actitud crítica resulta por lo mismo magnánima, su destructividad nos construye un monumento, la ironía y la burla nos dejan una obra de arte concreta como flotando en el vacío de una urna de cristal, el espíritu que siempre busca el mal termina por hacernos un bien y el resultado de "la maldad" – que, como decía Martí, "irrita a la bondad" - es a pesar de todo una cosa muy bella...
Cartel de exposición de Leonardo Gutiérrez
(crédito de imagen)
La distancia y el silencio de su retiro europeo ha propiciado acaso que el autor se aventure ahora en una nueva etapa de su creación artística y que, quizás por apenas un momento definitorio, la sucesión casi delirante de imágenes sea sustituída por la gradual descompactación del potencial de intuiciones contenidas en la más vigorosa. El creador, ha empezado a abandonar el abigarramiento del valle y comienza a ascender a golpes de cincel por la cuesta rocosa de sus visiones hacia la cima de una única imagen escueta. Por alto que trepa no pierde de vista la gravedad de su centro, siempre en riesgo de ser arrastrado al infinito o a la ambigüedad – inicio y término – de una costa por los inescrutables vientos del Caribe. El tente-en-pie negro abandona la sala de su casa, para interpretar, convertido en isla que flota, lo mismo en el océano que en el pequeño mar interior de encumbrada piscina cuyo borde desemboca en la perspectiva del Mediterráneo, la trágica metamorfosis de los negros de Landaluce. Es, en realidad, su isla la que presenta los puños, los levanta y los vuelve a bajar, porque los brazos, a fuerza de desesperar la esperanza se han vuelto tan pesados que ni su rigidez metálica puede sostener ya la cabeza cargada de pensamientos-imágenes. La silueta del negro-isla se ha convertido de pronto en la de un caimán que se encorva cual signo de interrogación. La Isla, en su dubitación caribeña, se inclina y saca la bemba. Su hinchado labio inferior parece una península...

Gustavo Pita Céspedes
México DF,  8 de noviembre de 2004

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miércoles, 10 de abril de 2013

Zapatos nuevos

Fragmento tomado de El vino del Estío, Ray Bradbury 

crédito de imagen

— !Papá! -estalló-. Allá atrás, en aquel escaparate, aquellos Zapatos Esponjosos Pieslivianos... 
El padre ni siquiera se volvió. 
— ¿Y si me dijeras por qué necesitas zapatos nuevos? 
— Bueno... 
Era para sentirse como todos los veranos, cuando uno se saca los zapatos por primera vez y corre por la hierba. Era como sacar los pies de las mantas tibias del invierno y enfriarlos en el viento que entra por la ventana abierta, y meterlos otra vez bajo las mantas: dos bolas de nieve. Como todos los años, cuando uno vadea por primera vez las lentas aguas del arroyo y los pies aparecen un centímetro más adelante, aguas abajo, que la parte real de uno sobre el agua.
 — Papá -dijo Douglas-, no sé cómo explicarlo. 
De algún modo la gente que fabricaba zapatos de tenis sabía qué querían y necesitaban los niños. Ponían malvavisco y alambres en las suelas, y tejían el resto con hierbas blanqueadas y cocinadas al sol. En alguna parte, en la arcilla blanda de los zapatos, se escondían los delgados y duros tendones del ciervo. La gente que los hacía debía de haber visto muchos vientos en los árboles, y muchos ríos que bajaban a los lagos. En los zapatos estaba siempre el estío. 
Douglas intentó poner todo esto en palabras. 
— Si -dijo papá-, ¿pero qué ocurre con los zapatos del año pasado? ¿No están aún en el ropero?
Bueno, Douglas compadecía a los chicos que vivían en California donde se usaban zapatos de tenis todo el año, y no se sabía qué era sacarse el invierno de los pies, despojarse de los zapatos de hierro y cuero cubiertos de nieve y lluvia, y correr un día entero con los pies desnudos, y luego ponerse los primeros zapatos de tenis de la estación, mejores aún que los pies desnudos. Había magia en un nuevo par de zapatos. La magia moriría a principios de setiembre; pero ahora, a fines de junio, había aún mucha magia, y zapatos como ésos podían hacerlo saltar a uno sobre casas, ríos y árboles. Y si uno quería, podía saltar también sobre cercas, y aceras, y perros.
 — ¿No entiendes? -dijo Douglas-. No puedo usar ese par. -Pues los zapatos viejos habían muerto interiormente. Habían estado bien cuando había empezado a usarlos, el año anterior. Pero al terminar el verano, uno siempre descubría, uno siempre sabía, que con ellos no se podía saltar realmente sobre casas y ríos y árboles, y los zapatos morían entonces. Pero éste era otro año, y Douglas sentía que esta vez, con este nuevo par de zapatos, podía hacer cualquier cosa, absolutamente cualquier cosa.
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martes, 9 de abril de 2013

De la integridad.

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Provengo de una familia ajena a la política porque, con el buen decir de mi madre, "ninguno de ellos te da un plato de comida". La vida, sin embargo, me ha ido enseñando que mi destino individual es cosa mía, sí, pero mi destino social puede estar sujeto a las decisiones de estos desconocidos. O sea, que no te dan el plato de comida pero te pueden quitar el que consigas con tu esfuerzo. Y reconozco que un plato de comida no sabe del todo bien cuando se sabe que hay millones que no tienen ni eso...
Así, poco a poco, he ido informándome de lo que pasa en el mundo, y de quienes lo dirigen, y de sus intenciones, y de sus motivaciones. Por eso es que cuando muere una figura como Margaret Tatcher, a la que sólo conocía de oídas, no puedo menos que ir a enterarme de quién era y de lo que hizo. 
Y de lo que leo regreso con la imagen de una mujer increíblemente inteligente, fuerte y fiel a sí misma, que tuvo claro sus principios y los llevó con mano firme hasta sus últimas consecuencias, principios pro-económicos y anti-populares, principios que pisan al obrero y destrozan los derechos sociales en pos de elevar la economía; con la imagen de una mujer que al final de su vida quiso borrarlo todo, o al menos así lo quiso su cuerpo/cerebro cuando terminó enfermando de olvido. ¡Si al menos hubiera alguien en el polo opuesto con igual voluntad, firmeza e integridad que las de esta mujer!
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lunes, 8 de abril de 2013

Foto-paseo primaveral.

La naturaleza de este lugar no deja de sorprendernos. Nada cambia aparentemente, y sin embargo, en tantos años no he visto dos primaveras iguales. Todos los años, uno de esos días en los que el sol reparte vida y alegrías, y el césped está repleto de florecitas, salimos con la cámara para tratar de atrapar un poco de tanta magia. Hoy les comparto el foto-paseo primaveral de este 2013:











Un poco de lana de oveja que quedó atrapada en una ramita seca.
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Bonus: No es la primera vez que les comparto fotos primaverales. Aquí pueden ver otra linda muestra de la explosión de belleza que trae la estación a estas tierras: De las flores y las geishas.


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sábado, 6 de abril de 2013

Lanzadera


A veces los caminos del corazón están muy lejos de ser rectos. Se diría que basta con amar. No siempre es tan sencillo. El corazón ama y atraviesa océanos, burla fronteras, sobrevuela los picos más altos del mundo. Le bastan unos pocos momentos para llegar a su destino. Mas demasiado pronto descubre, no sin dolor, que algo tira de él. Se le reclama de vuelta en su lugar de origen: cuerpo grávido, lastre material. Sus sandalias siguen siendo de hierro. Sus pies siguen sin soltar sus alas. 

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jueves, 4 de abril de 2013

Sírvete un poco de estío

Fragmento tomado de El vino del Estío, Ray Bradbury 

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El vino de diente de león. 
Las palabras sabían a verano. El vino era verano encerrado y taponado.(...)
Y allí, hilera sobre hilera, con el color suave de las flores que se abren a la mañana, con la luz del sol de junio tras una débil película de polvo, estaría el vino. Y al mirar el día invernal a través de la botella... la nieve se fundiría en pastos, en los árboles vivirían otra vez pájaros, hojas, y capullos, como un continente de mariposas que se alzara al viento. Y el cielo acerado sería azul. 
Ten el estío en la mano, sírvete un poco de estío, un vasito nada más por supuesto, un sorbito para niños; cambia la estación en tus venas llevándote el vaso a los labios y empinando el estío. (...)
Hasta la abuela, cuando la nieve girase en rápidos torbellinos, mareando el mundo, cegando ventanas, robando el aliento a las bocas jadeantes, hasta la abuela, un día de febrero, desaparecería en el sótano. 
Arriba, en la casa grande, habría toses, estornudos, ronqueras, gemidos, fiebres infantiles, gargantas rojas como carne cruda, narices como cerezas en conserva, microbios en todas partes. 
Entonces, saliendo del sótano como una diosa de junio, la abuela vendría, con algo oculto pero obvio bajo el chal tejido. Lo llevaría a las miserables habitaciones de abajo y arriba, y su aroma y claridad llenarían las copas, y se bebería de un trago. Las medicinas de otro tiempo, el sol balsámico de las ociosas tardes de agosto, el débil ruido de los carros de hielo por las calles de ladrillo, el susurro de los plateados cohetes, y las fuentes de las cortadoras de césped sobre países de hormigas, todo, todo en un vaso. 
Sí, hasta la abuela escaparía al sótano del invierno para una aventura de junio. Se quedaría allá abajo, sola y callada, como el abuelo, o el padre, o el tío Bert, o algún pensionista, y comulgaría con las últimas huellas de un tiempo de picnics y cálidas lluvias, y campos perfumados de trigo, el maíz nuevo y el heno de cabeza inclinada.
Hasta la abuela repetiría y repetiría las palabras doradas y hermosas, como si estuviese diciéndolas en ese mismo momento, cuando las flores estaban aún en la prensa, como serían repetidas todos los años, todos los blancos inviernos del tiempo. Las diría y las diría, y serían en sus labios como una sonrisa, como un repentino rayo de sol en la sombra.
 El vino del estío. El vino del estío. El vino del estío. 
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martes, 2 de abril de 2013

Mini-Reseña: El cementerio de Praga, de Umberto Eco

Terminé, por fin, El cementerio de Praga de Umberto Eco. Se me hizo horriblemente largo pero, ¡oh, magia de la literatura!, mi impresión final es mayormente positiva. A pesar de las largas exposiciones que recordaban los manuales de Historia Universal  que estudié en la escuela y de la repugnancia que genera el protagonista, resulta un libro muy interesante. Creo que son las páginas finales las que consiguen consolidar y darle sentido a toda la obra, las que abrazan y sostienen todo el texto como un lazo bien atado. Aquí se presenta descarnadamente el ascenso del antisemitismo en Europa, envuelto en una historia bien narrada y aun mejor sustentada en la que casi todos los personajes, salvo el despreciable principal y algún que otro secundario, existieron realmente. Estas páginas logran abrir una pequeña mirilla por la que atisbar en ese entramado invisible, aunque intuido, en el que se deciden los destinos del mundo. Valió la pena llegar al final. Supongo que alguien más interesado en la historia y en las teorías "conspiranoicas", disfrutará este libro mucho más que yo desde el mismo principio.
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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)