jueves, 29 de diciembre de 2011

Y dos de Balzac para terminar el año.

Hace un tiempo, cuando comenzaba a leer Oblomov, de Goncharov, les comentaba que por primera vez sentía miedo ante un libro. Pues bien, he descubierto que no era miedo a ese libro en específico, sino al Realismo como movimiento literario en su integridad, miedo a que me doliera la realidad tan crudamente reflejada en esas páginas, miedo a verme representada en uno de sus caracteres tan bien dibujados y nada envidiables. Por eso siempre evité medio inconcientemente este tipo de lecturas, en un intento de esquivar el dolor pero, como a todo, creo que esta vez le ha llegado su momento.
Luego de la excelente -aunque fuerte- experiencia de Madame Bovary, al ver la buena recepción que le di a esa obra, decidí que era tiempo de darle una oportunidad a Balzac y su Comedia humana. Me lancé pues a leer Papá Goriot (que en esta edición llaman "El Tío Goriot"), porque de entre todos sus miles de personajes, quién sabe por qué misteriosa razón, en mi cabeza solo resonaba desde mi adolescencia su nombre junto al de Eugenia Grandet y al del coronel Chabert. Así, me encontré leyendo la dura historia de este padre amantísimo, el ideal de un corazón paterno, brillando como un diamante en medio de la podredumbre de la sociedad parisiense, entre tantos espíritus liliputienses, como los llama Balzac. Y no pude evitar el dolor, no lo niego: sufrí esta lectura desde casi la primera página hasta la última. Sin embargo, supongo que debo estar más fortalecida en esta época o mi corazón más fogueado, porque no pude dejar de admirar la obra y, para mi asombro, querer leer un poco más.
Por suerte en la biblio no tenían un libro dedicado solamente a Papá Goriot y, cuando lo fui a buscar, me traje a casa el séptimo tomo de una colección Aguilar dedicada a La Comedia Humana, que incluía también otras dos obras; una de ellas, El coronel Chabert. Justo acabo de terminar esta novela, la historia del coronel que regresa de entre los muertos sólo para descubrir que el mundo que conocía ya no existía más, y he terminado tan asqueada de las bajezas humanas como él. Genial esta pequeña novela, de la que me quedo con la ultima frase lúcida del coronel:
"Al fin y al cabo, más vale poner el lujo en los sentimientos que en el traje".
Y ahora tengo deseos de lanzarme a algo más grande, quizás Los Miserables o La guerra y la paz...  

Aún queda otra obra en este volumen de Balzac, Una mujer de treinta años, otra mujer infeliz en su matrimonio. No sé si quiero leerla, con la Bovary ya tuve suficiente de este tema por ahora. Pero, ¿quién sabe? La biblio está cerrada hasta el 10 de enero y el grupo de lectura no reinicia sus actividades hasta el 15... Es mucho tiempo y tengo pocas opciones por acá, quizás sí que le dé un vistazo.

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1 comentario:

  1. los miserables es maravillosa! es de mis obras favoritas... la mejor forma de expresar todos los tipos de amot

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)