jueves, 9 de mayo de 2013

De cómo restirar truena las letras

Hace unos pocos días publicamos aquí mi reseña sobre el libro de Ray Bradbury El vino del estío (De cómo estirar una buena lectura), y también un texto-comentario derivado de esta reseña escrito por mi G (De cómo estirar una buena reseña). Lo más interesante ha sido, sin dudas, las reacciones de quienes han leído estos dos textos, tanto aquí en el Diario como por correo. Hoy les comparto la creativa respuesta que nos ha hecho llegar don Ivanius (del blog Chancho pensante), y que no deja de maravillarnos.
_____________________________

De cómo restirar truena las letras


Mientras los ojos envejecen,
las inquietudes del alma sedimentan.

Así sucede a veces:
palabras entre vaivenes,
espejismos de nube,
dónde queda el autor,
qué voz es esa que oyes, lector,
de vuelta
a cavilar en cábala,
a dormitar páginas amarillentas.

No sé si es eso lágrima o engaño:
no le atino al cansancio del fonema.
No escucho las campanas como antes,
no leo tanto (o tan poco) que estremezca.

Con cascadas de tinta, el electrón deshoja
sensaciones -¿espasmos, parpadeos,
suspensión, medicina en adicción pequeña?

Leer no es maratón. Es triunfo del pie plano
que, cauteloso, posa pleno y deja poso
para que, en el surco del zanco, surjan letras.

De vez en cuando, pausa
es el nombre del paso, y la sonrisa
no llega encuadernada como siempre
...pero la envoltura virtual hace de oblea.

Así, de pronto, regresa el apetito,
resucitan los párpados, se animan las imprentas.
Por un rumor de voces que, allende en el camino,
enarbolan a un tiempo aceite, vino... y linterna.

Ivanius (que no ha leído El vino del estío)
1/mayo/2013

2 comentarios:

  1. Qué bonito! Felicitaciones Ivanius, ¡qué inspiración!
    Tampoco he leído el vino del estío y ya me siento enriquecida :)
    Saludos!

    ResponderEliminar
  2. Miriam: Gracias; me alegra que te haya gustado. :) ¡Saludos!

    ResponderEliminar

Dime lo que piensas y te diré quién eres.

Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)