La Habana de Carpentier.

Si hay algo por lo que me gusta la obra de Carpentier, algo en especial quiero decir, es porque encuentro mis recuerdos en sus páginas. No importa que, como en este libro que leo ahora, esté retratanto la Habana de finales del siglo XVIII. La ciudad, su espíritu original, no ha cambiado. Y no sé si eso es bueno o malo. Lo que sé es que esa Habana de Carpentier es también la mía. 

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"(...) el adolescente miraba la ciudad, extrañamente parecida, a esta hora de reverberaciones y sombras largas, a un gigantesco lampadario barroco, cuyas cristalerías verdes, rojas, anaranjadas, colorearan una confusa rocalla de balcones, arcadas, cimborrios, belvederes y galerías de persianas —siempre erizada de andamios, maderas aspadas, horcas y cucañas de albañilería, desde que la fiera de la construcción se había apoderado de sus habitantes enriquecidos por la última guerra de Europa. Era una población eternamente entregada al aire que la penetraba, sedienta de brisas y terrales, abierta de postigos, de celosías, de batientes, de regazos, al primer aliento fresco que pasara. Sonaban entonces las arañas y girándulas, las lámparas de flecos, las cortinas de abalorios, las veletas alborotosas, pregonando el suceso. Quedaban en suspenso los abanicos de penca, de seda china, de papel pintado. Pero al cabo del fugaz alivio, volvían las gentes a su tarea de remover un aire inerte, nuevamente detenido entre las altísimas paredes de los aposentos. Aquí la luz se agrumaba en calores, desde el rápido amanecer que la introducía en los dormitorios más resguardados, calando cortinas y mosquiteros; y más ahora, en estación de lluvias, luego del chaparrón brutal de mediodía —verdadera descarga de agua, acompañada de truenos y centellas— que pronto vaciaba sus nubes dejando las calles anegadas y húmedas en el bochorno recobrado. Bien podían presumir los palacios de tener columnas señeras y blasones tallados en la piedra; en estos meses se alzaban sobre un barro que les pegaba al cuerpo como un mal sin remedio. Pasaba un carruaje y eran salpicaduras en mazo, disparadas a portones y enrejados, por los charcos que se ahondaban en todas partes, socavando las aceras, derramándose unos en otros, con un renuevo de pestilencias. Aunque se adornaran de mármoles preciosos y finos alfarjes de rosáceas y mosaicos —de rejas diluidas en volutas tan ajenas al barrote que eran como claras vegetaciones de hierro prendidas de las ventanas— no se libraban las mansiones señoriales de un limo de marismas antiguas que les brotaba del suelo apenas empezaban los tejados a gotear... Carlos pensaba que muchos asistentes al velorio habrían tenido que cruzar las esquinas caminando sobre tablas atravesadas en el fango, o saltando sobre piedras grandes, para no dejar encajado el calzado en las profundidades de la huella. Los forasteros alababan el color y el gracejo de la población, luego de pasar tres días en sus bailes, fondas y garitos, donde tantas orquestas alborotaban las tripulaciones rumbosas, prendiendo fuego al caderamen de las hembras; pero quienes la padecían a todo lo largo del año sabían de sus polvos y lodos, y también del salitre que verdecía las aldabas, mordía el hierro, hacía sudar la plata, sacaba hongos de los grabados antiguos, empañando perennemente el cristal de dibujos y aguafuertes, cuyas figuras, ya onduladas por la humedad, se veían como a través de un vidrio aneblado por el cierzo."
Alejo Carpentier, El siglo de las luces.
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Comentarios

  1. "Aneblado" y "cierzo". Don Alejo me recuerda, qué se le va a hacer, palabras que también oí en vivo, recuerdos de fogón y sobremesa, y de la magia sutil de las palabras, que no sabía entonces cuánto y cómo me atraparían. Hace tiempo no lo releo; será tal vez tiempo de intentarlo. ¡Besos!

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    1. Es que son los recuerdos de Latinoamerica los que viven en sus paginas, Ivanius...
      Besos!

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  2. Ugh. "Palabras" y "palabras", "tiempo" y "tiempo"... Achácalo a mi dejadez. Besos y besos.
    =)

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  3. Me hiciste recordar 2 cosas:
    1.-Aquellos 3 días entre bailes, fondas y garitos que pase hace años en las mismas calles de Carpentier y tuyas.
    2.- Un bonito retruécano que a mi padre le gustaba mucho y que le encantaba decírmelo de vez en cuando, hace ya casi 30 años: "en los siglos de los dioses de las cruces colgaban los ladrones. Ahora en el siglo de las luces del pecho del ladron cuelgan las cruces" y que gracias al intertet hace algunos pocos años redescubrí correctamente "En tiempos de las bárbaras legiones, de lo alto de las cruces colgaban a los ladrones… Hoy, en pleno siglo del progreso y de las luces, del pecho de los ladrones cuelgan las cruces"... pero desde entonces no había vuelto a recordarlo hasta hoy.

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    1. ¡Saludos, Lic.! Yo lo conocía así:
      "En tiempos de las bárbaras naciones,
      de las cruces colgaban los ladrones;
      ahora, en el siglo de las luces,
      del pecho de ladrones cuelgan cruces".

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    2. Hola, Lic! Que alegria leerle de nuevo!
      3 dias en la Habana deben sentirse como un breve viaje al paraiso, como no! :)
      El retruecano no lo conocia pero me parece excelente. Gracias por compartir!
      Abrazos!

      Y mas abrazos para don Ivanius!

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  4. Que bonito que un libro tenga plasmados tus recuerdos, puedes rememorar cada vez que sientas la nostalgia :)
    Besos!

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    1. Miriam, tiene mucho mas que mis recuerdos... ya veras! ;)
      Besos!

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