viernes, 22 de febrero de 2013

Ciclo vital en Carpentier.

Es lo último que les comparto de esta lectura de Carpentier, y no porque no haya más fragmentos valiosos en esta obra sino porque, de tantos que hay, si no me pongo freno puede que no acabe nunca. ¡Espero que lo disfruten!

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 "Esteban seguía la vida de estas criaturas con el interés que podía inspirarle el desenvolvimiento de alguna existencia zoológica. Primero aparecían las frutas en germen, semejantes a verdes abalorios, cuyo áspero zumo tenía un sabor de almendras heladas. Luego, aquel organismo colgante iba cobrando forma y contorno, alargándose hacia abajo para definir el perfil cerrado por un mentón de bruja. Le salían colores a la cara. Pasaba de lo musgoso a lo azafranado y maduraba en esplendores de cerámica —cretense, mediterránea, antillana siempre— antes de que las primeras manchas de la decrepitud, en pequeños círculos negros, comenzaran a horadar sus carnes olorosas a tanino y yodo. Y una noche, al desprenderse y caer con sordo ruido entre las yerbas mojadas por el rocío, era anuncio de muerte próxima para el fruto, con aquellos lunares que se iban ensanchando y ahondando hasta abrirse en llagas habitadas por las moscas. Como cadáver de prelado en Danza Macabra ejemplar, lo caído se iba despojando de piel y entrañas, hasta quedar en el hueso de una semilla listada, incolora, envuelta en hilachas de sudario. Pero aquí, en este mundo sin muertes invernales ni resurrecciones en Pascuas Floridas, el ciclo de la vida se reanudaba sin demora: semanas después, de la semilla yacente brotaba, semejante a un minúsculo árbol asiático, un retoño de hojas rosadas, de una suavidad tan semejante a la de la piel humana, que las manos no se atrevían a tocarlas..."
 Alejo Carpentier, El siglo de las luces.
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2 comentarios:

  1. que hermoso... me encantó la historia...

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  2. Un cierre espectacular el del ciclo de Carpentier, sobradas razones para tu gusto y admiración por él.
    Besos!

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Dime lo que piensas y te diré quién eres.

Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)