jueves, 10 de enero de 2013

Reseña: "El camino", de Miguel Delibes

 “Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera
y, sin embargo, sucedieron así.”  
Miguel Delibes, El camino



No sé por qué tenía la idea de que El camino, de Miguel Delibes, hablaba del Camino de Santiago. Desde que me lo recomendaron tenía pendiente leerlo, porque hace mucho que quiero leer algo sobre esta vía de peregrinación. Fue uno de los primeros que anoté cuando estaba haciendo la lista de lecturas para este año, y cuando fui esta vez a la biblioteca no me olvidé de buscarlo como otras veces. 

No puedo negar mi decepción cuando por ahí con el segundo capítulo me llegó la constatación de que aquello no iba de lo que yo pensaba, que el camino del que hablaba el título no tenía nada que ver con el de Santiago. Seguí leyendo, sin embargo, porque el lenguaje es sencillo, de esos que se van como agua, y porque a fin de cuentas me estaba mostrando el retrato de una España que nunca conoceré, la vida en un pueblito rural probablemente en los años 30 del siglo XX, y esa es una oportunidad que una viajera de corazón como yo no desperdiciaría nunca. 

A medio libro y poco más allá, confieso que estuve a punto de abandonar. El argumento se me hizo digno de una telenovela costumbrista, lleno de los dimes y diretes propios de un pueblito pequeño. Que si Josefa se suicidó el día de la boda de Quino con Mariuca, la tísica. Que si Irene, la hermana de la moralista del pueblo, se fugó con el bonitillo del Banco sin apenas conocerlo. Que si la noche en que regresó, sola y avergonzada, Paco, el herrero, borracho como una cuba, dio un escándalo frente a su ventana… 

Me aburría con todo aquello, y de tanto aburrirme descubrí por qué no llegaba a llamarme la atención: es algo que conozco muy bien. Chismes como estos no faltaban en mi barrio natal, tan extrañamente parecido a este pueblito, y si de niña ciertamente me entretenían llegó un momento en mi adolescencia en que preferí salirme de ese mundo vertido en el vecino para construirme uno propio. Leerlo ahora era como volver a esa etapa que ya había superado, y aunque reconozco que estaba muy bien contado no me resultaba interesante. 

Así y todo, no abandoné. La brevedad aparente del libro y la fluidez del lenguaje me hicieron confiar en que terminaría bebiéndomelo en un santiamén. Además, en medio de tanto chisme aparecían intercaladas las aventuras de Daniel, el Mochuelo, y sus amigos para sazonar todo aquello. Lo que hace un niño -o dos o tres- y por qué lo hace siempre me resulta un tema motivador. Quizás porque de alguna forma me recuerda mi propia infancia, o porque me explica los vaivenes de mi niña interior. 

Al final el libro me sorprendió. Los últimos dos capítulos me tuvieron en vilo, bajo su luz refulgieron todos los razonamientos tan bien escritos que salpican esta historia y entonces todo cobró sentido. Entendí que Daniel, el Mochuelo, me era tan simpático porque me recordaba mucho a mí misma. Entendí que la semejanza entre aquel pueblito y mi barrio natal era mucho más que un simple parecido. Entendí que Josefa, Irene, Paco y el resto de personajes me aburrían porque de alguna forma ya los había encontrado en mi vida. Entendí, por fin, que el camino mencionado en el título estaba cubierto por el mismo polvo que el mío.

Disculpen si digo más de lo que se debería decir en una reseña. Digo, en todo caso, mucho menos de lo que encontré en estas páginas.
__________________________ 
Creo que uno no escoge los libros que lee, sino que de alguna manera ellos encuentran el modo y el tiempo de llegarnos al alma. Hoy agradezco esta especie de designio o voluntad que no nace de mí, pero que sin embargo me encuentra.
__________________________________________
Licencia de Creative Commons  Diario de la Pelusa es un blog escrito por Elena Brito (Pelusa) y está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

7 comentarios:

  1. Ea. Me parece, sin embargo, una gran reseña. Quizás porque ese polvo no sólo cubre los caminos, sino por ser el material del que están hechas las estrellas.

    ¡Besos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ivanius, resulto una historia que se supera a si misma, que tiene la grandeza de las obras maestras. Va de lo particular a lo universal con una fluidez que es sorprendente, y lo mejor es que te lleva con ella.
      Gracias! Besos!

      Eliminar
  2. Ah. Una sugerencia sobre el camino de Santiago podría ser "Iacobus" de Matilde Asensi. Es una ficción histórica (más ficción, creo) pero entretenida y buena para cambiar de registro. ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ahora soy yo la que se queja de espionaje... Como sabes lo que estoy deseando leer? :P

      Eliminar
  3. Me encantó la frase del inicio... cada vez que te leo me provoca leer mucho!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es la intencion, Marite, y me alegra que mis escritos la transmitan!
      Besos!

      Eliminar
  4. Gracias por compartirme tus descubrimientos, seguro lo leeré ;)
    Me llegó al fondo el "Hoy agradezco"
    Besos!

    ResponderEliminar

Dime lo que piensas y te diré quién eres.

Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)