martes, 22 de enero de 2013

De cómo la Pelusa aceptó los designios de la madre Naturaleza.

Me preguntaba la Malquerida hace poco el origen de mi alias. Me llaman Pelusa por mi cabello siempre despeinado, rebelde, indomable, voluntarioso y rizado, sobre todo rizado. Esta es la historia de cómo la Pelusa aceptó la naturaleza de su cabello y, tal vez, la suya propia. 

Desde pequeña siempre ha habido mujeres a mi alrededor, mi madre, mis vecinas, mis profesoras, mis amigas…, y todas, absolutamente todas, han tenido la misma opinión sobre mi cabello. Qué lindo cabello. Con un cabello así no necesitarás hacerte la permanente. Cuánto volumen en tu cabello. Qué fuerza tiene. Sin embargo, yo no estaba contenta con él, y esa actitud nunca tuvo que ver con aquello de que “nadie está conforme con lo que le tocó”. A mí me gustaba el cabello rizado. Sólo que no me gustaba tenerlo yo. 

Resulta que tener rizos naturales, fuertes, definidos y con volumen es muy bonito pero, hasta que aprendes, mantenerlos es prácticamente una tortura. Sobre todo cuando se es una niña y la madre, que durante toda su vida sólo ha necesitado un ligero pase de mano para poner orden en su cabello liso, no entiende por qué su hija da esos chillidos cuando ella intenta peinarla. 

Porque mi madre intentaba peinarme dos veces al día, cada mañana antes de ir a la escuela y cada tarde después del baño. Creo que eran las únicas ocasiones en las que temía verla, mujer buena y compasiva que nunca levantó su mano para castigarme. No le hacía falta. Yo la veía venir con peine y cepillo, convertidos en hierros al rojo y tenazas saca-uñas a mis ojos, y bastaba para que me echara a temblar. Lo peor es que dos horas y miles de chillidos, pataletas, lágrimas y corajes después, ambas salíamos bastante frustradas de aquellas sesiones porque mi cabello al final quedaba totalmente desenredado, sí, pero con la inconfundible apariencia de un techo de paja. 

Luego vino mi etapa adolescente y juvenil, cuando ya iba por libre y no había quien me obligara a peinarme. Fue una época de liberación y cabello largo, por la sencilla razón de que la única manera que había encontrado para controlarlo era mantenerlo recogido. Más tarde descubrí el cabello súper corto, como machito, aun más fácil de mantener y ahí me quedé unos cuantos años, rasurándome la cabeza como cualquier pandillero de medio palo. Hasta que un día, muy tarde según mi madre, la vanidad femenina hizo su aparición en mi vida. Y lo intenté. 

Este de mi cabello ha sido todo un camino de aprendizaje, no exento de dolor y renuncia. Por suerte, al final se aprende. Aprendes a peinar tu cabello sólo recién lavado, a enchumbarlo en aceite cada semana, a hidratarlo y darle forma cada mañana, a no tocarlo con las manos sucias y, sobre todo, a no asomarte al espejo en casi todo el día. Aprendes que tus rizos tienen voluntad propia, y aprendes a aceptarlos como son. Y aceptas por fin que “lucir peinada” nunca será una de tus cualidades. Es la única manera de mantenerte en la cordura. 

Epílogo: Creerán que exagero toda esta historia para hacerme la interesante o con cualquier otro propósito banal, pero no es así. Tengo la prueba. Hoy estuve buscando en la Web un método para cortar mi cabello en capas. Tal como suponía había muchos, pero también encontré algo más. Encontré los chillidos de miles de niñas y la frustración de miles de madres, la rebelión de miles de jóvenes y la resignación de miles de mujeres. Ahí están.
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Hoy agradezco, cómo no, mi cabello rizado, el largo camino que me enseñó a aceptarlo y que me hizo acreedora de un alias tan bonito.
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Licencia de Creative Commons  Diario de la Pelusa es un blog escrito por Elena Brito (Pelusa) y está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

13 comentarios:

  1. Jaja ya me acordé, me lo dijiste un día jaja.


    Beso.

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    1. Te lo dije, pero no tan a fondo, Malque!
      Besos!

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  2. Qué lindo!!! yo soy lacia, pero siempre he querido ondas y rulos!!! Así es no? Muchos queremos lo que no tenemos y los que lo tienen, no lo quieren. Pero en tu caso, adoptaste los rulos y te ganas como dices un alias lindo!

    Beso!

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    1. "Siempre hay quien quisiera ser distinto,/nadie esta conforme con lo que le toco"-dice Silvio en una de sus canciones.
      Besos!

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  3. Pelusa, tienes unos rizos muy bonitos, grandes, definidos. Mi pelo es liso por abajo, encrespado por arriba, rizos pequeños, sin forma y cabellos muuuuy finos. Un espanto. A mí me costará más que a ti aceptarlo, pero sigo intentándolo. Un saludo!

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    1. La clave esta en no mirarse al espejo, Victoriamar. En serio! ;)
      Besos!

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  4. Me gustaría pasar mis dedos por él :)
    He usado corte de "machito" la mayoría de años de mi vida, a veces ni paso el peine :P
    No logro imaginarte con otro estilo de peinado ¿vas a intentarlo?
    Besos!

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    1. Jajajaja! Eso es algo para nada compatible con el pelo rizado, Miriam. Entras tus dedos en el y no salen! jajaja! No es como el pelo lacio que deja resbalar los dedos...
      Intentar que? El corte en capas? Ya lo hice! La foto es ya con el corte hecho. ;)
      Besos!

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    2. :O
      No sabía que tu pelo era "atrapadedos" gracias por la advertencia!
      Se nota el corte en capas en la foto, lo que sucede es que siempre lo había visto del frente, no sabía cómo estaba por detrás.
      Besos!

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  5. Tanto Gandhi como el mismísimo Buda te dirían que es más fácil acostumbrarse a lo que se tiene que a lo que no se tiene. =)

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    1. Esta claro. Lo dificil es aplicarlo, Ivanius!
      Besos!

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  6. Un hermoso tipo de pelo, en mi caso es muy manejable pero odio peinarme, cuando era pequeño me peinaban en mi casa como aparece en las fotografías de los años 20, prefiero tener poco cabello

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    1. Jajaja! Christian, me has hecho reir! Es que las madres a veces no saben lo que le hacen a sus hijos! :)
      Saludos!

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)