miércoles, 1 de agosto de 2012

Mantequilla de maní.

Hace unos pocos días nos regalaron un frasco de mantequilla de maní. No es la primera vez que la pruebo, pero tampoco es común encontrarla en mi cocina. Cuestión de hábitos, será. 

Mantequilla de maní no hay en Cuba, al menos no la había en mi infancia a pesar de que maníes hay a montones en la isla, y con ellos se hacen todo tipo de delicias que formaron parte de mi dieta básica, como los turrones de maní en grano y molido y los cucuruchos de maní tostado. Pero mantequilla de maní como tal no había. Era algo que solo veíamos en películas. ¡Y qué películas! 

Cuando era niña pusieron en la tele "La fórmula de la mantequilla de maní", y no les miento si les digo que pocas veces he guardado un recuerdo tan exacto de un film de mi infancia como de este. Contaba la historia de un niño que había quedado calvo de un susto y que consiguió una fórmula a base de mantequilla de maní para que su cabello volviera a crecer. Algo salió mal porque el cabello le volvió a crecer, sí, pero a una velocidad pasmosa y para colmo con propiedades mágicas. Enseguida apareció alguien que vio la posibilidad de hacer negocio con aquel cabello que no paraba de crecer, y comenzó a producir pinceles mágicos con él. Al deslizarlos sobre un lienzo, los cabellos en la punta del pincel tenían la capacidad de pintar cualquier lugar que uno imaginara, y de una manera tan realista que luego se podía llegar allí con sólo saltar dentro del cuadro. Al final, el chico logra que su cabello vuelva al ritmo de crecimiento normal sometiéndose al mismo susto que lo había empezado todo.

Imaginación no era lo que faltaba en esta película que, repito, estaba destinada a un público infantil. Sin embargo, había algo en ella que hizo que se me quedara grabada tan fielmente. Como parte de la historia recuerdo al chico tumbado sobre una mesa, sin fuerzas, como drogado, con el negociante dándole algo a cucharaditas, y otros niños a su alrededor cortándole trocitos de cabello para hacer los pinceles. Esos otros niños habían sido esclavizados por el negociante, y ni ellos ni el chico de la historia lo estaban pasando nada bien... 

Este filme fue probablemente mi primer acercamiento a la idea de que los niños pueden ser utilizados y explotados por los adultos, y estoy segura de que su recuerdo, por su modus operandi, es decir, por mostrarse así tan de repente después de tantos años de aparente olvido, y por su intensidad, integridad y exactitud, ha salido de aquel oscuro rincón de mi memoria donde al parecer suelo archivar los más grandes horrores que han pasado por mis ojos. Después de todo, mi no asiduidad a la mantequilla de maní a pesar de lo mucho que me gusta puede que no sea sólo por una cuestión de hábitos. 


 Bonus: 


He encontrado en Youtube la película completa, un trailer oficial muy ligerito que la hace ver casi como una comedia, y otro trailer alternativo que se parece mucho más a mi recuerdo. Los comentarios en estos videos me confirman que no fui yo la única aterrorizada por este film. Aquí les dejo el link al trailer alternativo: The Peanut Butter Solution (Canadá, 1985)

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5 comentarios:

  1. Me encantan las manías :) tostadas, con sal, limón y chile :P o en helado, son deliciosas! pero la mantequilla de maní no está en mi dieta, no me atrae :) y no vi la película del niño calvo :D
    Besos!

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    1. Es que, ademas de todo trauma posible, la mantequilla de mani resulta un poco dificil de comer, no? Es en exceso pastosa y bastante seca para mi gusto. Sin el complemento de la mermelada de fresa creo que envejeceria en mi alacena, jajaja!
      Esa es una de las razones por las que no la compro. La otra razon es que un bote de estos es una bomba de calorias!!!
      Besos!

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    2. Si, creo que se hace difícil de digerir, al menos esa es la impresión que me da, y es como dices, le falta jugo :)
      Besos!

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  2. Yo no puedo tener un sólo recuerdo malo junto a la mantequilla de maní... es una de las cosas que más me gustan sobre la tierra y la como sin interrupción desde que era muy pequeño...

    simplemente la amo.

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    1. Don Mau, me sorprendes! Con lo cuidadoso que eres tu para la alimentacion... Si tu la comes, tendre que considerar seriamente incluirla en mi dieta! ¿O es que la comes solo por costumbre y gusto?
      Besos!

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)