miércoles, 16 de mayo de 2012

De noticias, libros y premios.

Aquí estoy, té en mano, pensando en compartirles un poco lo que ha venido pasando por acá, y no me refiero precisamente a la toma de posesión de Hollande, caballero sin armas en el que mucha Europa ha puesto sus esperanzas de cambio. Aunque, dada mi afición al misterio, no pude dejar de fijarme en esa ¿señal? en forma de rayo que lo hizo regresar a París cuando intentaba reunirse con la Merkel, ni en la testarudez o ceguera humana que consiguió que el encuentro por fin se realizase. Porque, como saben, creo en las señales, y creo también que el hombre tiende a ignorarlas.

Pero en realidad no venía a hablarles de franceses ni de alemanes y ni siquiera de señales. Quería contarles que estoy muy contenta porque, apurado el sinsabor del último libro que terminé, me sumergí en una obra que me ha permitido navegar a gusto por la Habana. No mi Habana sino una (otra) que no conocí, a la que llegué tarde por poco menos de un siglo –¡afortunadamente!-, pero de la que aún pude ver y palpar muchos atisbos. Y digo palpar porque, desde mucho tiempo antes de escuchar a aquel maestro japonés instándome a tocar la madera de un templo de más de 600 años "porque la historia también se puede sentir así", ya había descubierto ese placer dejándome enamorar por lo poco que queda de la Habana más antigua: un pedazo de muralla, el patio tranquilo de una iglesia, los adoquines de algunas calles... Todo esto está ahí, al alcance de la mano, y no hay quien no desee ni ley que impida alargar el brazo para tocarlo o, de plano, recostarse a una de estas paredes para escapar un poco del sol tropical.

Claro que no sólo es el encanto de la Habana lo que me tiene atada a estas páginas, pero de esto mejor les hablo otro día, cuando termine el libro -no creo que tarde mucho más- y esté entonces lista para darles una opinión más completa sobre él. Hoy quería contarles otra cosa, y no tiene que ver con el ascenso al poder del partido neonazi en Grecia ni con el estremecimiento que eso me produce de sólo pensarlo. No.

Lo que quiero contarles tiene que ver, por el contrario, con algo muy pero muy especial. ¿Se acuerdan de mi proyecto de las notas de agradecimiento? (¿Cómo olvidarlo, dirán ustedes, cuando yo me encargo de mencionárselos cada dos por tres?) Bueno, pues, les cuento que por segundo año consecutivo… 

¡estamos nominados con ese proyecto para los premios 

 TNF BLOGGERS AWARDS


¡¿Que no los conocen?! ¡Pero si son los Oscar de los blogs! Así son de especiales y glamorosos, no les quepan dudas, y cuentan hasta con fiesta después de la ceremonia en la que pienso este año estrenar mi mejor vestido de seda, si, ese con escote infinito e incrustaciones doradas. Los zapatos aún no los tengo decididos, pero de unos Manolo Blahnik no me bajo! (Disculpen el estallido de frivolidad, pero en ocasiones así una chica se permite soñar.)

El año pasado, para nuestra sorpresa y alegría, nos llevamos entre otros el Máxima Award, el premio grande entre los grandes. Hasta dentro de un mes no estarán los resultados de este año, pero la sola nominación ya es todo un honor y garantía de nervios durante al menos un mes. En este tiempo pueden pasar por Un blog... al fin!, el blog de TNF, a conocer al resto de los nominados (para que vean a qué dura competencia nos enfrentamos), y a proponer y votar por sus preferidos en la categoría Blogger Choice Award. 

A Antonio y los temidos y desconocidos jueces, ¡gracias por la oportunidad de estar ahí! 

Y a todos los demás que me leen, no dejen de asistir a la ceremonia el próximo 15 de junio. 
¡Quedan formalmente invitados¡



12 comentarios:

  1. Se nota la emoción por ambas cosas :) el libro (que por cierto omitiste el nombre, no sé si con o sin intención) y por supuesto por la nominación al Premio TNF (primera vez que escucho esto) Cuentas con mi voto!
    ;)

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    1. Omitido con toda intencion, Miriam. Asi garantizo tenerlos en ascuas hasta que publique la reseña, jajaja!
      Si pasas por lo del premio, lo vas a disfrutar seguro!
      Besos! y gracias por el voto!

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    2. Ahhh picarona, con que teniéndonos en ascuas :) tú si sabes cómo hacer las cosas jaja

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    3. Jajajaja! Algo se va aprendiendo, Miriam! Ya veras como tu misma lo haces dentro de poco!

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  2. Dicen que La Habana es la ciudad donde los sueños aprenden a nadar....y buen, es un placer que queden entre los finales, vieras que cuando dejo todo en otras manos me entra el nervio de que mis favoritos no queden!!! abrazos!

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    1. En la Habana, Antonio, los sueños salen a nadar para alegria de los tiburones. Es esa una historia triste.

      Y no te preocupes. Ganar siempre es un incentivo, pero participar ya es un gran regalo!!! muchas gracias!
      Besos!

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  3. Hola Pelusa! Soy una gran admiradora de tus blogs y por supuesto doy mi voto a Una nota de agradecimiento porque me encanta esa forma de hacer que las cosas pequeñas parezcan más grandes. Tengo un blog novato muy sencillito (algo cutre, tengo que admitirlo), que todavía no termina de salir a la luz. Espero que tu experiencia me ilumine para darle mejor aspecto. Mucha suerte y enhorabuena!!!

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    1. Hola, Victoriamar! Bienvenida a este espacio!
      Muchas gracias por tus palabras, por tu confianza y por tu voto.
      Todos los blogs al principio son asi, sencillos y algo cutres, pero con el tiempo uno va ganando en experiencia y todo tu desarrollo se vera reflejado en tu blog. Si quieres que te de alguna opinion personal, puedes escribirme a la direccion de contacto de este diario. ¡Me encantaria ver tu blog!
      Un abrazo!

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  4. Felicidades Pelusa, tu optimismo lleva consigo premios y sonrisas.


    te quiero.

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    1. No mas que tus maravillosas historias, mi Malque! Suerte!!! Votare por ti en todas las categorias, incluso en las que no estas!!
      Besos!

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Dime lo que piensas y te diré quién eres.

Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)