Del eclecticismo propio y el ajeno

Dice la RAE del eclecticismo, en su segunda acepción:
2.m. Escuela filosófica que procura conciliar las doctrinas que parecen mejores o más verosímiles, aunque procedan de diversos sistemas.
Pero -disiento- no hay que ser filósofo para ser ecléctico. De hecho, estoy segura de que todos lo somos un poco (o un mucho): tomamos de aquí y de allá lo que más nos vale, y con esos ladrillos vamos construyendo el edificio de nuestra personalidad. La mía, al menos, está cimentada con un poco de música clásica alemana, un poco de costumbres japonesas, una comidita mexicana, unos trovadores cubanos... y mucho más de todas partes y de todas las épocas. 
No es que sea un nuevo descubrimiento, pero sí que tuve una confirmación profunda en la velada del 31 de diciembre, viendo en la tele un programa musical en el que ponían fragmentos de melodías famosas de casi todos los países. Ahí me di cuenta de dos cosas: 1) que la idea que tienen de Cuba y su música en el mundo es muy diferente de la que tiene un cubano, y 2) que he visto, escuchado y disfrutado música de muchísimos géneros diferentes (algunos -Wilfred y la Ganga con el rap de mi abuela????- me hicieron sonrojar de pura vergüenza) y de casi todo el mundo. Cuando llegaba el turno en el programa a un país del que me resultaba lejano hasta el nombre, resulta que algo de su música ya conocía: ¿Suecia? ¡Europe! ¡Abba! ¿Nueva Zelanda? ¡Deep Obsession! ¿Australia? ¡Air Supply! ¡Olivia Newton John!... y así podría seguir hasta el infinito. 
Sin embargo, no ha sido la única confirmación de eclecticismo que he visto en la tele últimamente. No hablo ya de mí y mi formación, sino de eclecticismo en general. Como ejemplo clarísimo no puedo dejar de mencionar una peli que vimos hace poco sobre la relación existente entre Dalí y Lorca, donde el personaje de Dalí era interpretado sorprendentemente bien por Robert Pattinson, el actor que da vida al vampiro de la saga de Crepúsculo. (¡¡¡¡¡¡) Como digo, me gustó mucho la interpretación de Pattinson, pero no podía dejar de ver en él, detrás de Dalí, al vampiro. ¿Y saben qué fue lo más extraño? ¡Que no me resultó extraño en lo absoluto! Dalí era raro, rarísimo, y disfrutaba siéndolo. ¿Vampiro también? ¡¿Por qué no?!
Ya para terminar, si hablamos de eclecticismo en la tele no podemos pasar por alto los eternos programas de adivinación, lecturas del tarot, horóscopos y todo tipo de esoterismos varios que copan las madrugadas de casi todos los canales públicos... Rara vez encuentras uno de ellos que se dedique a una sola especialidad, y suelen mezclar de todo un poco en sus consultas. No debería extrañarme, sobre todo en estas fechas de principios de año donde yo misma pongo un árbol de navidad con su nacimiento, convivo sin conflictos con el Caga Tió catalán, el Papá Noel nórdico y los Reyes Magos del oriente, y consulto la letra del año de los sacerdotes de Ifa. Pero ayer, sin exagerar, encontré alguien entre esos místicos de la tele que es aun mucho más ecléctica que yo y que me ha tenido hoy casi todo el día riendo a carcajadas. Vestida con una sotana griega, varias velas rojas y doradas encendidas a su alrededor, una inmensa cruz egipcia a sus espaldas, los brazos en alto y los ojos cerrados, aquella mujer le decía a la infeliz que la había llamado para consultarla: 
"A ver, repite conmigo las palabras mágicas: ¡Om mamá shivaya*!"


*El mantra hindú sería Om namah shivaya.





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