miércoles, 18 de agosto de 2010

Prosa (y poesia) para quedarse.

Hoy les traigo una recomendacion muy especial, algo con lo que yo misma acabo de tropezar -no se le puede decir de otro modo-, y de lo que aun no me recupero. Porque hay ciertas formas de escribir, ciertas formas de decir, por las que no se puede pasar asi, sin mas.
Llegue a este autor cuando le comente a mi G algo de lo que ya he ido leyendo de Pessoa, y el me contesto: "¿Y ya has leido a Felix Pita Rodriguez?". No habia llegado antes a el por esa desidia que sentimos hacia lo que sabemos proximo, siempre al alcance de la mano, aunque cuando venimos a darnos cuenta ya se nos ha escapado. Me abstengo de hablarles demasiado, porque quiero que lean estos fragmentos que siguen con la cabecita bien fresca, para que puedan disfrutarlos a plenitud.
Uno puede clavarse las cosas en la cabeza o en el corazón. De las dos maneras está bien y son ya de uno, le pertenecen. Hay, sin embargo, una pequeña diferencia: las que se clavan en la cabeza, aquí dentro, donde la luz de Dios se mete en palabras y nos sirve para comprender un poco lo que nos rodea, ésas, pueden aflojarse con la humedad del tiempo, como las estampas en la pared. Y una ventana abierta cuando hay viento afuera, un poco de arena muerta que se desprende, y la estampa cae, o se olvida uno de lo que parecía tan bien clavado. Sería loco pensar que eso está bien o está mal. Y más loco todavía decirlo, porque la mayor locura es ésa: decir cosas y creer que pueden servir a los demás porque en ese momento son para nosotros como el zapato al pie.
¿Qué es lo que tiene uno para garantizar algo? Y aquí es donde está la diferencia entre las cosas que uno se clava en la cabeza y las que se clava en el corazón. Porque el corazón no entiende de razones, ni tiene nada que hacer con las palabras, pero está hecho de un material que debe ser hermano de aquel con el que se hizo, en la mañana más clara del mundo, la carne, única que no puede ser morada de gusanos, del mismo Dios. Vayan mirando bien, y digan luego lo que se les antoje, que eso no va a cambiar en nada lo que yo estoy diciendo. Esa es otra de nuestras locuras: creer que con las palabras que son de uno, que no pueden ser más que de uno, sea posible convertir en otras las palabras que encierran la luz de Dios metida en la cabeza ajena. Pero de esto no vamos a hablar ahora. El caso es que hay una diferencia entre las cosas clavadas en la cabeza y las cosas clavadas en el corazón. Y que en el corazón, los clavos se doblan por la punta y hacen un garfio. Y como no hay arena, sino del puro material de la carne de Dios, las cosas no pueden caerse, si no es cuando el mismo corazón se deja ir de un lado o del otro, para quedarse quieto después.

Felix Pita Rodriguez, Cuba (1909-1990)
(comienzo de su cuento "Tobias", que pueden leer AQUI junto a otros de sus textos)

4 comentarios:

  1. Hoy tengo un poco clavadas ciertas cosas en la cabeza, tal cual pareciera como muñequita vudú....
    no me siento con fuerza suficiente para desclavar otras que tengo en el corazón.

    ... quisiera quedarme aqui un rato...
    aunque tambien quiero desaparecer...

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  2. auqnue no pude hacer mi lista a tiempo.. te mandare la lista de lo que quiero para mi cumpleaños!!!

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  3. Jo: Esas, las del corazon, como bien dice Felix Pita no se pueden desclavar. Es cuestion de esperar a que llegue la costumbre a socorrernos. Besos!

    Raptor Plateado: Ok! Cuando vea a Papa Noel se la hare llegar. ;)

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  4. En la Mente y en el corazon tenemos clavadas varias cosas, unas con adhesido pega loco y otras que en espinas descanza...

    Ahy unas que no podemos arrancar si que quede restos de adesivo y otras que no podemos arrancar sin llevarnos un pedazo de piel.

    Pero al final lo importante es que tan clavados esten =)

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Dime lo que piensas y te diré quién eres.

Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)