lunes, 24 de mayo de 2010

Veinte mil leguas para (des)conocer a Nemo.

¿Alguna vez se han topado con un libro que les despierte dos tipos de emociones completamente opuestas? Por una parte, la trama esta tan bien montada y los personajes son tan interesantes que no hay quien pueda arrancarte el libro de las manos. Por otra, sin embargo, hay ciertos fragmentos que te aburren sobremanera, a los que les pasas por encima sin leerlos apenas, en busca de la continuacion de la trama que te tiene atrapado. 

No me pasaba esto desde la adolescencia, mientras leia El nombre de la rosa de Umberto Eco y me saltaba paginas enteras de discusiones teologicas ajenas por completo a mis intereses de la epoca para seguir la pista de aquellos asesinatos misteriosos. Siempre le achaque este fenomeno a mi corta edad y la brevedad de mis entendederas en el momento en que ese fascinante libro cayo en mis manos. (Vale decir a modo de acotacion que, aunque mis intereses han cambiado mucho desde entonces, nunca he vuelto sobre el libro para revisar aquellas largas paginas.)

Lo confieso, he vuelto a hacerlo, y con uno de mis autores favoritos, pero esta vez no puedo enarbolar mi edad como justificante (¿o quizas si?). 


Acabo de leer Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne, y puedo decir que es uno de sus mas ambiciosos libros, sin duda. El Capitan Nemo es quizas el mejor personaje -sin exagerar- que me haya encontrado en mucho tiempo vagando por estos mundos literarios. Misterioso y arrebatador* desde el primer momento, Nemo nos hace ir tras sus huellas durante todo el libro y quedar atados a cada minimo gesto suyo, pendientes de una simple mirada que legitime (legitimice??) nuestra propia existencia. Vislumbrar a este gran hombre detras del difuso esbozo que se hace de su figura en esta obra le da alas a cualquier alma para rellenar con nuestros sueños sus mejillas.

Como a todo lo bueno, llegar a Nemo no es tarea facil. Para estar a su lado y caminar a su paso hay que salvar grandes escollos, a veces de dos o mas paginas llenas de descripciones tecnicas, denominaciones en latin, clasificaciones interminables... dignas del mas exhaustivo libro de Ictiologia o de Biologia marina. Salte estos 'obstaculos' con agilidad, si, pero no sin cierta reticencia. A pesar de saber que el propio Dostoievsky -el investigador de los abismos del alma humana- levantaba una ceja despectiva ante estas largas descripciones 'vernianas', habia una vocecita en mi interior que no paraba de rezongar: "¿Como puedes hacer semenjante barbaridad? -decia horrorizada mientra yo pasaba paginas enteras sin leer ni un parrafo- ¡Es Verne a quien estas leyendo!

Aunque hacia el final de la lectura nos cueste creerlo, Nemo no estaba solo en este viaje. Los otros personajes, Aronnax, Ned Land y hasta el propio Conseil, aunque a veces un poco 'planos', nos ofrecen un singular y nada desechable analisis del comportamiento de diversos caracteres humanos en condiciones extremas. Pero, ¡ay, cuanto eche de menos una buena inmersion en la psicologia y el alma del capitan del Nautilus!  Y sin embargo, no puedo dejar de admirar la experta pluma de Verne que, como todo buen pintor conocedor de su arte, no lleva su obra maestra hasta el final agotando todas sus posibilidades, sino que deja siempre algo al vuelo para que el espectador pueda completarlo a voluntad con su imaginacion y, de esta manera, hacerla suya.

* Conste que solo le he escuchado este adjetivo (arrebatadorrrr!) a mi madre ante sus artistas favoritos.

6 comentarios:

  1. Sin nada más que agregar a tu post porque lo arruinaría por mi ignorancia sobre el tema te dejo saludos amorosos Pelusin

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  2. Ay, Pelu, como me reí con lo de "arrebatadorrr", así con muchas errres. Yo también le escuché ese adjetivo a mi madre y sus amigas, ahora mismo me muero de nostalgia por aquellos conciliábulos a los que asistía desde el otro lado de la diferencia de edad. Arrebatadores eran Rogelio Blaín y Enrique Almirante, por ejemplo... y hasta Tito Gómez cantando Vereda Tropical... (Aprentaron!)

    Sabes, yo de niña leía como una guayabita de bibliteca, y no logro entender cómo a mi corta edad me devoraba aquellos novelones, de los que seguro no entendía todo, que va. El capitán Nemo fue siempre un misterio, y hubiera dado cualquier cosa por saber quién era, qué pasó antes y después de las 20 mil leguas. Qué hombre ese! Una hasta se enamora un poco de su envolvencia y su elegancia, jaja! Si me lo encuentro ahora lo invito a salir. Te imaginas qué desplante me hubiera dado? :D

    También me encantaba Los hijos del capitan Grant, con aquel geógrafo, Paganel, tan fabulosamente entretenido!

    Según Eco, las páginas teológicas de El nombre de la Rosa, sobre todo las que dan principio a la novela, están puestas ahí con el propósito de espantar a los lectores que él no deseaba o prefería para su libro. Hum... acaso no se le ocurrió que nos podíamos saltar las páginas?! :D
    Sí te puedo decir que son muy interesantes, por si algún día te da por leértelas.
    Gracias por tu post tan bonito!

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  3. Gracias a don Julio, tengo imborrables recuerdos de cuatro capitanes: Nemo, Grant, Miguel Strogoff y Dick Sand, el capitán de quince años...

    Muchos de sus personajes tenían alguna graduación militar, y otros eran viajeros y aventureros incansables, como Arne Saknussem, en Viaje al Centro de la tierra, y Phileas Fogg. Casi a todos los conocí en casa, aunque un día descubrí una biblioteca. Allí fue donde mi destino como devorador de libros quedó sellado para siempre... Gracias por invocar este recuerdo. ¡Besos!

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  4. Según el decálogo de derechos del lector escrito por Daniel Pennac, tienes derecho a saltar páginas; así que como verás, estás en tu derecho de disfrutar lo que quieras disfrutar de cada libro.

    Me gustó la sinceridad de tu post, no siempre estamos dispuestos a reconocer que nos saltamos páginas.

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  5. Mi Malque: Creo que si existe alguien que no podria arruinar un texto ni aunque quisiera, esa eres tu!
    Besos

    Silvita: Enrique Almirante (epd), para mi, sigue siendo arrebatadorrrr!
    DE niña yo tambien leia mucho. Mi papa, tabaquero de profesion (es decir, oyente por naturaleza), en lugar de muñecas me traia libros a casa, y yo me los leia todos en apenas unas horas. El unico que logro detenerme alguna vez fue "Los Miserables". A mi padre le habia encantado escuchar la lectura de este libro en su fabrica y lo tenia en muy alta estima. Pero, asi y todo...¡No se como se le ocurrio llevarle semejante libro a una adolescente!
    Sin embargo, nunca lei nada de Verne. Quizas el consideraba que esos eran libros de varoncitos y no de niñas... ¡quien sabe! El hecho es que solo ahora es que he podido hincarle el diente... y con que gusto! Ya tengo al resto de tus heroes en cola.
    No he regresado sobre el libro de Eco, y justo hoy me acabo de enterar por G que el tambien escribio otro, de titulo "Apostillas sobre 'El nombre de la rosa'" (o algo asi), para explicar un poco el primero. Creo que considerare la relectura de uno y el descubrimiento del otro en un futuro no muy lejano.
    Ya te contare!
    Un beso!

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  6. Mi querido Ivanius:
    Espero tener recuerdos como estos tuyos gracias a Verne para contarle a mis nietos algun dia.
    Incluso involuntariamente, te sigo los pasos!
    Besos!

    Aus:
    Bienvenida!
    Por estos lares a veces (demasiado frecuentemente, dirian algunos) se peca de un exceso de sinceridad. Pero si es eso lo que te gusta, seguramente disfrutaras este espacio!
    Un saludo!

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)