lunes, 8 de marzo de 2010

¡El abuelo del frio por fin sacudio su alfombra! (Fotoreportaje)

(Texto de Gustavo Pita: "Memoria de la Nieve" al final de esta entrada)



Nunca es tarde para una primera vez. Estamos comenzando marzo, se esta terminando el invierno, la primavera ya esta casi encima nuestro y hasta han aparecido los primeros brotes en las ramas de los robles y han abierto los primeros botones de las flores del ciruelo... Sin embargo, la madre naturaleza no se cansa de ser buena con nosotros y hoy nos tenia preparada una linda sorpresa: desde muy temprano en la mañana ha estado nevando por aqui.





Al principio no me lo podia creer, pense que era una ilusion de mis ojos recien abiertos, y hasta saque el brazo para comprobar que era realmente nieve lo que caia mezclada con la fria lluvia matinal. Y es que hoy, como la primera vez que vi nevar en Japon mientras iba en tren una mañana de Tsukuba a Tokyo, mi impresion fue que lo que estaba cayendo del cielo no eran mas que pelusas blancas, como si alguien estuviera sacudiendo despues de mucho tiempo una gran alfombra sobre nuestras cabezas.





Pero la nevada continuo arreciando, todo comenzo a cubrirse de blanco a nuestro alrededor y llego el momento en que ya no cayo mas agua, solo nieve... y de que manera! Nunca habia yo visto una nevada tan grande en toda mi corta vida en paises donde las estaciones tienen cambios que mostrar. No nos pudimos contener mas dentro de casa y, tras apertrecharnos lo mejor que pudimos con guates, gorros y bufandas, salimos a recorrer este mundo cotidiano que se nos antojaba nuevo y diferente.












No eramos los unicos en la calle, todos los jovenes estaban alli, como si se hubieran puesto de acuerdo entre ellos, enfrascados en una divertida guerra de bolas de nieve. Ese fue el momento en que me pellizque para comprobar que no estaba soñando ni dentro de una pelicula. ¡Que alegria compartida!









A poco de caminar, aquella nevada que no cesaba arremetio contra nosotros con un fuerte viento, lanzandonos miles de copos por segundo al rostro. No podiamos ni abrir los ojos y, sin embargo, ¡que agradecidos estabamos por la oportunidad que se nos daba de disfrutar del poder y la belleza de la naturaleza en nuestra propia piel!










Paseamos un poco mas y, de regreso, no dejamos de asombrarnos de cuanto habia cambiado el paisaje en tan solo unos minutos. Donde antes se veia el asfalto de la calle, ahora solo habia una enorme capa blanca en la que nos hundiamos hasta el tobillo con cada paso, que no permitia distinguir siquiera el borde de las aceras y que amenazaba con cubrir poco a poco y hasta el techo los coches estacionados.










Lamentablemente, no todo fueron buenas impresiones en este dia. Uno de los pinos mas cercanos a nuestra ventana (el mismo que se ve en la primera foto) no soporto el peso de la nieve acumulada en sus ramas y se desplomo sobre nuestro edificio -por suerte sin daño para los inquilinos-; los gatos tuvieron que venir bajo la nieve, temblando, a por su comida y, en medio de nuestro paseo, un cariñoso perro que evidentemente habia perdido el camino entre tanta blancura, nos abordo con ojos suplicantes... ¿Que hacer en esos casos?


La vida siempre nos enseña que todo tiene dos caras.




Y bueno, sin mas que contarles por mi parte (como si hubiera hablado poco!), mientras disfruto un tecito caliente, quisiera compartirles un breve texto recien salido de la pluma de nuestro G:



Memoria de la Nieve.

Cuando era niño, mi tío me hablaba de la nieve.
Él era correo diplomático y viajaba por todo el mundo.
Yo le pregunté si no me podía traer un poco para verla, pero él me respondió: “es imposible, se derritiría”.
La primera vez que vi la nieve fue en Leningrado.
Sasha[1] descorrió en la mañana las cortinas y exclamó:

“Rebyata, sneg vypal!” [2]

Era hermoso. Todo estaba tan blanco a la redonda que el lugar parecía irreconocible.
Durante toda la noche, mientras dormíamos, la Naturaleza había estado trabajando duro por todos nosotros.
Así de sencillo es mi primer recuerdo de la nieve, justo como lo fue mi primera nevada.
La nieve se derrite con la primavera, como los recuerdos cuando no se apuntan. Mi primer recuerdo de la nieve sigue sin derretirse y si lo anoto ahora es para que otros aún después de mí puedan recordarlo, para que mi recuerdo sea también suyo, como la nieve, que sin importar dónde esté es de todos.
La nieve vuelve cada invierno y las memorias renacen cada vez que abrimos nuestros diarios y nuestros libros.
Cuidemos a la Madre Tierra para que duren por siempre la nieve y nuestros más sencillos recuerdos.

Gustavo Pita Cespedes
Barcelona, 8 de marzo de 2010
_________
Notas:
[1] En la habitación 525 del quinto piso de la residencia estudiantil No. 4, ubicada en la calle Shevchenko 45 de la isla Vasilievski, vivíamos dos rusos y tres cubanos: Alexander Andréyev, Vladímir Kritskó, Cristian Salado Monteagudo, Rolando Brizuela Salgado y Gustavo Pita Céspedes. Ese día de finales de noviembre de 1979 se iniciaba nuestro primer invierno en la Unión Soviética, el más frío después de la Segunda Gran Guerra y del Bloqueo fascista a la llamada “Venecia del Norte”, nuestra inolvidable ciudad de Leningrado.

[2] “¡Muchachos, ha caído la primera nevada!”

3 comentarios:

  1. No voy a comentar lo primero que pensé porque se convirtió en un apunte muy largo.

    Pero debo decir que por lo visto estás invocando al clima, Pelusa. Así que cuando llegue el momento de visitar aquellas regiones, además de consultar al meteorólogo, habrá que asomarse a este blog, para ir prevenidos. :oP

    Un beso.

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  2. Que buenas fotos, se ve que lo disfrutaste y envidia ura por la vista que tienes desde tu mesa de trabajo.

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  3. Ivanius: No lo creo... Si asi fuera, tendriamos nevadas como esta casi todos los dias mientras dure el invierno... y hasta alguna en medio del verano! Mas bien creo que fue Zhora, nuestro nuevo amigo, quien la trajo... Besos!

    NTQVCA:
    Lo disfrute muchisimo!!! Espero que no te hayas fijado en el desastre de mi escritorio... y te aseguro que esta el doble de organizado que el de G!
    Un beso!!

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)