domingo, 15 de noviembre de 2009

La historia tras la metáfora.

(Como respuesta a las motivadoras preguntas de Alexis Lago sobre la Metáfora de la ventana y el espejo, recientemente publicada en este sitio)

"Querido G, este escrito tuyo lo he llevado entre mis recortes y es siempre un placer volverlo a leer. Yo en esto de la filosofía soy todo un neófito( parafraseándote) , pero aun así me atrevo a comentarte que los términos de clásico y no clásico, aunque sirven muy bien al propósito de este planteamiento y a otras ideas, me resultan algo” incómodos “, debe ser, tal vez porque me parecen vinculados a una perspectiva académica y euro céntrica o debe ser, lo más seguro, asunto de mi limitado alcance. Pregunta : Existe lo puramente clásico? Según veo, la cuestión está planteada entre el mundo del conocimiento objetivo, sistémico sobre que ‘es el hombre , que está en el fundamento de toda la tradición esotérica, esencialmente fuera del tiempo y lo que es el mundo del saber atado al tiempo histórico y a conceptos circunscritos, horizontales, donde la idea del sujeto absoluto prima como centro, que es el caso de la experiencia clásica. Esta última concepción más bien parece una huida del conocimiento no lineal que una contraposición. Es una trama compleja la del saber y sabemos que las consideraciones intelectuales son limitadas. Por otro lado desde una mirada más amplia lo que acá se llama clásico podría cosiderarse una pequeña porción de tiempo en la historia del hombre respecto a la que ocupa el conocimiento llamado no clásico que incluso en muchas tradiciones orales, se dice, es anterior a la tierra. Aquí aunque vinculadas a la idea de la duda, parecen tratadas como situaciones paralelas, cuando me parece que no lo son exactamente.
Me pregunto tambien: Como se veria esta cuestion, en zonas de la cultura clásica de Japon , China, la India o la cultura persa donde el mundo del conocimiento objetivo, esotérico a permeado totalmente sus formas aun en circunstancias históricas diversas?
Yo se que esencialmente estas palabras no surgieron de consideraciones meramente intelectuales y por eso me son más valiosas. Solo quería apuntar sobre esta impresión que pudiera ser superflua, porque las ideas están exactamente expresadas para mi.
Este es un tema que provoca preguntas."
(Alexis Lago)
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Lamento no haber respondido inmediatamente, aunque la cuestión de qué es inmediato o mediato depende en estos casos, más que de un criterio cronológico objetivo, de lo vivo que sea capaz de mantenerse sin disiparse, transcurrido un tiempo, el interés tanto del que pregunta, como del que contesta.
En primer lugar hay que señalar que una noción de lo puramente clásico sería a su vez clásica, en otras palabras, reflexiva, y reflejaría la imagen que el conocimiento clásico tiene de sí mismo. Por otra parte, la identificación de conceptos como “no clásico”, “oriental” y “esotérico” no me parece adecuada.
En segundo lugar, creo que hablar de la racionalidad clásica como de una "huída", es simplificar demasiado la cuestión, si consideramos que en el ámbito de la ciencia, de la técnica y de la cultura en general, los resultados del conocimiento clásico no son simplemente intelectuales, sino que hay todo un mundo de nuevos objetos, una "segunda naturaleza tecnológica" o "cuerpo inorgánico del ser humano" que es su resultado, y que nos ha permitido llegar hasta este punto de la historia para plantearnos la necesidad de una visión complementaria de la realidad.
En tercer lugar, estimo que el mundo generado por ese conocimiento clásico es a su manera no menos rico (internamente) que su "opuesto", lo que se hace evidente cuando entendemos que se trata de todo un paradigma que abarca manifestaciones muy diversas en todos los niveles: desde la conciencia individual hasta la social, desde la ciencia hasta las artes, desde la economía hasta las concepciones ideológicas y las prácticas políticas que las sustentan, desde las nociones éticas hasta los programas pedagógicos, desde el conocimiento exotérico hasta el esotérico (no olvidemos las enigmáticas relaciones de Descartes con la tradición oculta)... Es decir, si tenemos en cuenta que a medida que avanza la civilización los intervalos temporales se "saturan" de acontecimientos científicos y, en un sentido más amplio, socio-culturales (a lo cual se refirió ya en su momento Federico Engels, como hoy lo hace Raymond Kurzweil) hasta el punto de que un decenio equivale a varios siglos o incluso a milenios de historia, acaso podamos darnos cuenta hasta qué grado puede ser relativa la propia comparación entre el prolongado “antes” y el “corto” después. Y esto resulta relevante para mí no sólo por la saturación del período llamado "clásico", notable ya en sí misma, sino también, porque, por suerte o por desgracia, el que escribe el texto ha nacido justamente en ese "corto intervalo" y ha crecido y ha sido educado en sus tradiciones, de modo que para él ese estrecho margen de tiempo no puede dejar de ser relevante y significativo por sobre todas las demás cosas. (Desde el punto de vista de su sistema de referencia, la tradición clásica occidental es, por el contrario, un mundo más vasto que el de la tradición "oriental", que él percibe subjetivamente, a la inversa, desde su limitada perspectiva, como un período “demasiado corto” de la historia universal).
En cuarto lugar, la diferenciación entre la racionalidad clásica y la no clásica afecta no sólo al saber, sino también a su productor, quien dentro del paradigma clásico alimenta todavía toda una serie de ilusiones en cuanto a sus prerrogativas como sujeto y el alcance de su conocimiento, ilusiones que la contemporánea industria del saber se encarga de disipar con sus millones de asalariados de la producción espiritual y su generación en serie de libros y títulos de todo tipo, e incluso de tesis doctorales, que se “montan” casi mecánicamente aplicando a los hechos ciertos standars o patterns teóricos irreflexivamente asumidos, y combinando como ladrillos “toneladas” de citas (a propósito, el criterio “informático” para elegir un artículo o libro entre los miles o decenas de miles que existen sobre un tema, es ¡¡¡la cantidad de veces que ha sido leído o citado!!! ).
En quinto lugar, la idea de diferenciar el paradigma clásico del no clásico, no se queda en la mera diferenciación. Pensar es relacionar lo diferente, y lo que se busca es precisamente un puente conceptual que una ambos paradigmas, así como a las más diversas culturas con sus respectivas visiones del saber. El planteamiento de este problema tiene que ver muy especialmente con la necesidad de lograr incluir los fenómenos vitales y conscientes en el cuadro científico del mundo, y reunir en una misma investigación la compresión de los fenómenos físicos junto con la de la estructura de conciencia que los comprende. (El logro fundamental del paradigma clásico en la ciencia – y recalco que se trata precisamente de un logro y no sólo de una "limitación" - fue la "objetividad" científica alcanzada (justamente gracias a esa limitación) en detrimento de la comprensión de la subjetividad del sujeto que la aprehendía. Lo que está en juego en todo esto es una investigación “crítica” (Kant) en torno a la posibilidad real de que la ciencia como forma del saber sea capaz de investigar y comprender también "objetos no clásicos"; pero ello implica como punto de partida llegar a una nueva concepción de hecho científico y de observación (su comprensión clásica presupone la posibilidad de la repetición de la experiencia en cualquier punto del espacio y el tiempo bajo el control consciente del sujeto cognoscente; sin embargo, fenómenos parapsicológicos como, por ejemplo, la premonición no se ajustan a esta condición y desde esa perspectiva no constituyen hechos científicos). Todo lo cual quiere decir que el problema de la relación de los paradigmas clásico y no clásico, planteado como una necesidad del desarrollo del conocimiento en una etapa bastante reciente de la historia de la cultura occidental, es como un Jano con dos caras (bifronte), una de las cuales está dirigida hacia el pasado, mientras que la otra lo está hacia las infinitas posibilidades de una evolución futura de la cultura que integre como complementarias las visiones, hasta ahora disociadas, de la realidad.
Mientras más trata uno de eludir la historia, más se enreda en ella. Así ahora, para tratar de explicar un poco un texto que habla de superar la historia personal, me veo obligado a dedicar un poco de tiempo a exponer algunos eventos de mi pequeña "historia" como persona. Porque parte de las preguntas se resuelve quizás para el lector, si se ubica en que el texto se refiere ante todo a la obra de Mamardashvili y, en particular, a la percepción que he tenido de ella... Es que aun cuando uno trata un tema de “lógica” no puede ignorar la historia. Y esta no es una “palabra mayor”, sino nuestra realidad individual de cada día. (A propósito, esa vivencia de la cotidianidad de la historia era la que me obligaba a exigirles a mis alumnos del ISA que no llegaran nunca tarde a las clases, porque cuando uno estructura la explicación de un tema considerando, además del programa, las peculiaridades del auditorio – que varía de día en día como los sujetos que lo componen y sus respectivos estados – así como sus implicaciones vitales y existenciales, la propia clase adquiere, además de su lógica, una historia propia, un componente “eventual” que no puede ser deducido de su contenido, como tampoco puede ser reproducida a posteriori la historia de la explicación mediante la reproducción de su lógica decantada, lo cual es sustancial cuando no se trata simplemente de llegar a una explicación, sino de alcanzar una cierta comprensión...)
Entonces, veamos la historia tras la “Metáfora”...
Los conceptos de "clásico y no clásico" fueron explicados detalladamente en los años setenta del pasado siglo por pensadores soviéticos como M. Mamardashvili, E. Soloviov y V. Shvyriov. Entre 1989 y 1990 pude hacer un primer estudio de los mismos que me sirvió de base para organizar poco después en la Facultad de Cine, Radio y TV del ISA (con la ayuda del profesor Wilfredo Domínguez) un seminario teórico titulado "Los ideales clásico y no clásico de racionalidad como problema del pensamiento teórico actual". Dicho seminario se extendió por varios años (hasta 1995 o 96) y en sus sesiones se discutieron temas como "La racionalidad clásica y no clásica en la física" (a cargo del Dr.Sc. Hugo Pérez Rojas), "La racionalidad no clásica y los fenómenos parapsicológicos" (Dr. Moisés Asís), "La racionalidad no clásica en la obra de Carlos Castaneda” (Dr. Aníbal Pentón), “El universo holográfico de Michael Talbot” (Giselle Gil), "La realidad virtual" (Lic. Carlos (¿?)) (premisa de la serie de encuentros anuales que se celebraron entre 1995 y 2001 en la misma facultad), etc.
Y fue inmerso en el trabajo de la preparación de este seminario que surgió para mí la posibilidad de viajar a Japón, de estudiar el pensamiento de Nishida y de practicar Zazen.
Repito: explico todo esto porque acaso el considerar estos elementos pudiera ayudar al lector a comprender mejor mi escrito. Lamentablemente, como señalaba, quizás por haber estudiado filosofía, no acostumbro a discernir entre mi desarrollo profesional y personal, y al exponer algo no puedo dejar de exponer también mi relación con ello, la manera en que me afecta y “me involucra”. Es una pena que el que lee tenga que pagar las consecuencias de este sincretismo histórico-lógico de vivencias y concepciones.

Gustavo Pita Céspedes
Barcelona, 15 de noviembre de 2009

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)