lunes, 5 de octubre de 2009

Marti y la noche.

1º de abril de 1895

Hijo:

Esta noche salgo para Cuba: salgo sin ti, cuando debieras estar a mi lado. Al salir, pienso en ti. Si desaparezco en el camino, recibirás con esta carta la leontina que usó en vida tu padre. Adiós. Sé justo.
Tu
JOSÉ MARTÍ

Y llegó Martí a Cuba, y se reencontró con sus olores, con sus visiones, con sus sonidos, y fue la noche su callada compañera, testigo aquiescente de la inquietud de su pluma –reflejo de sus pasiones revueltas- que aprovechaba cada minuto robado al sueño necesario para recoger en un cuadernillo todo cuando salía a su encuentro.
Hoy les invito a asomarnos a este reencuentro de Marti con la noche, del hombre con su esencia, cuando apenas lo separaba un mes de su destino.


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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)