miércoles, 14 de octubre de 2009

Crónica de una visita.

Proyecto 365, dia 245

Desde hace tiempo les vengo hablando de las bellezas de Barcelona. De las pocas ciudades que he visitado, y por muchas razones, son ella y Kyoto las que ocupan los primeros lugares en mi gusto personal. Sin embargo, un encuentro inesperado hizo que comenzara a verle otra cara.
Casi por casualidad, este sábado visitamos por primera vez Sant Cugat. No me atrevo a llamarlo ‘ciudad’ puesto que ese no es en absoluto su espíritu: calles adoquinadas; casas bajas (como mucho de dos o tres pisos) con flores en los balcones; parques casi en cada esquina; cálidos y acogedores cafés cada dos pasos que extienden sus mesas hasta los adoquines; y todo conviviendo codo con codo en armonía con las mas modernas tendencias de la moda y el diseño dispuestas con delicadeza en los escaparates de las tiendas. En fin, que sería el más clásico y encantador pueblo español si no fuera por su extensión y los índices poblacionales que lo categorizan como ciudad.
La joya del lugar es el Monasterio, ejemplo de arquitectura románica del siglo XI. A él conducen todas las calles. El es el centro de referencia para todo. Orgullo citadino. Punto de encuentro. Objetivo en sí mismo. Parte inamovible de un paisaje siempre cambiante. Excusa milenaria para el goce y el esparcimiento. Algo pude ver de su interior, pero fue su exterior enmarcado por castaños y rodeado de sonrisas de todas las edades lo que me fascinó.
El Monasterio impone su ritmo a esta ciudad llena de árboles y librerías, donde la gente sale en masa a la tarde sabatina, camina sin prisas, se saluda amablemente, se detienen a tomar un café o un helado, pasean a sus mascotas, juegan con sus hijos pequeños. Ellos viven su ciudad, y lo hacen con una alegría tal como he visto pocas veces antes.
La Ciutat Vella de Barcelona –su parte más comparable a este pueblo-ciudad- de tan coqueta ha devenido, aunque disfrutable, enajenada de sí misma, vuelta al visitante, al extranjero, como una bella actriz maquillada posando eternamente para las cámaras. Falta en ella, muy a pesar de sus viejos muros y sus calles estrechas, la naturalidad de lo cotidiano tan necesaria a mi alma.
Será porque nací en la Habana, donde el itinerario para pasear más preciado pasa por la parte vieja de la ciudad que comparte muchas de las características pueblerinas de Sant Cugat, porque mi corazón necesita ese contacto con la historia hecha piedra, o porque mis ancestros caminaron por tierras como esta… no sé. Lo cierto es que en aquellas calles, con el eco espontáneo de mis pasos en los adoquines, reencontré un fragmento perdido de mi esencia.

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Aqui les dejo con mis fotos turisticas. Las "artisticas" las podran ver en el fotoblog poco a poco.





12 comentarios:

  1. También es una de mis ciudades favoritas. Sin duda es una suerte poder disfrutar de una ciudad que lo tiene todo. Además de todo lo que describes, el mar Mediterráneo.

    Un beso desde Madrid, cuyo cogollito central tampoco está mal y promete estar mejor (eso sí, buenos dineros nos está costando).

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  2. Oh cielos! Y escribes esto justo cuando pienso que ME ENCANTARÍA vivir en España... (envidia).

    en fin, me llama la atencion cuando mencionas esa parte de "la historia hecha piedra", no se si has notado que la mayor parte de los pueblos así con caracter historico-turistico-tranquilo (como el que describes) se caracterizan, precisamente, por tener zonas hechas de piedras antiguas y resistentes (iglesias, parques, casonas etc.).

    el monasterio de Sant Cugat se ve bien chido.

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  3. bello rincon de este planeta el que nos muestras.
    Amo las fotos "genericas" de los lugares visitados, mucho mas que aquellas que muestran los millones de veces fotografiados sitios histórico/turísticos. Las "genéricas" nos muestran detalles aparentemente insignificantes que al final resultan ser los que nos da indicios de la forma de vida, de la rutina que pueden vivir los habitantes del sitio, de lo eu uno amaria si fuera su propia cuadra, barrio o colonia. por ejemplo, las fotos de enmedio muestran locales en las aceras, uno el de la entrada cafe en primer plano se me antoja como una panaderia o pastelería donde yo -si viviera ahi- compraria con amor las viandas para la merienda.

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  4. Pelusilla querida: me encantó el paseo y aunque disfruto de las fotos (me quedo sedienta de las otras hasta que lleguen al fotoblog), me quedo con la crónica sabrosa que se antoja de veras. Confieso que de pronto, te tengo mucha envidia: no sabes cuánto anhelo esas caminadas sin prisas, ese detenerse en los detalles, esa vida que no existe en estas ciudades... un besotote.

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  5. Aquí Estoy Yo:

    En Madrid he estado muy pocos dias, menos de una semana, pero lo que vi de ella me gusto mucho.
    Fueron paseos asociados a la musica y ahí me di cuenta cuan cercana me era esta ciudad. Camine por la calle de Alacala y la cancion en voz de mi madre (Por la calle de Alcala, con la falda almidona’…) no dejaba de resonarme en los oidos durante todo el paseo, hasta la famosa Puerta, donde el fondo musical me cambio instantáneamente a la voz de Ana Belen...
    Pero es cercana no solo por la musica, las zonas que pude ver me recordaban mucho a mi propia Habana, pero no a la que yo conozco, a la Habana que Es, sino a la que Hubiera Llegado a Ser de haber seguido otro curso su historia.
    Espero regresar y ver mas, mucho mas. Me lo debo a mi misma!

    Besos!

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  6. Morinakemi:

    Mi teoria es que son esas piedras las responsables del ambiente del lugar. Llevan tanto tiempo ahí que pareciera que su funcion ha pasado a ser el recordarnos la impermanencia de nuestra propia vida y sugerirnos que la aprovechemos mientras dure, porque ellas han estado ahí desde mucho antes que nosotros y permaneceran mucho mucho después.

    Termina tus estudios, y luego vente a España si quieres. Estoy segura de que asi la disfrutaras muchisimo mas.

    Un abrazo!

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  7. Lic:

    Que suerte tenerlo por aca!

    Eso es justamente lo que trate de mostrar con las fotos que puse. Escogi aquellas en las que se viera no solo el monasterio, sino la gente en torno a el y en las calles, disfrutando de esa tarde sabatina. También para mi lo mas importante es la cotidianidad de un lugar, no su aspecto turistico. Eso lo aprendi en tu pais: no hay ciudad que se conozca mejor –y se recuerde con mas cariño- que aquella en la que hemos pasado un tiempo prudencial como para que nos abandone el turista interno y nos quede solo el yo cotidiano para apreciarla.
    Tengo que trabajarlo mas aun, pero te aseguro que es ese el objetivo de mis fotos.

    Un saludo extensivo a su linda familia!

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  8. Palomita:

    Yo he ido aprendiendo el placer de vivir sin prisas. Y no te creas, a pesar de lo mucho que se disfruta siempre hay una parte en mi diferente, medio indomable, que se apura, que quiere consumir mas de la cuenta en los primeros momentos, pero luego, por suerte, llega a reinar la calma que me deja apreciarlo todo mejor.
    De las otras fotos, ya hay una por el fotoblog. Y de las cronicas, cada dia me parece mas que son lo que mejor se me da.

    Un beso!

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  9. Es curioso... por que a pesar de que lo describes como pueblo, en las fotos se transmite muchísima vida. Enseguida hice las referencias cruzadas con la Habna Vieja, hay una vista por ahí que parece de refilón la calle de madera frente al palacio de los Capitanes Generales... sigue compartiendo con n osotros, Pelusita, que tienes una fabuloso habilida para transmitir tus viviencias. Besitos.

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  10. Mi Mara querida:

    Eso fue lo que mas me gusto del lugar: que mantiene lo pueblerino sin renunciar al desarrollo y a la vida. Por eso no me atrevia a llamarlo ‘pueblo’ o ‘ciudad’ y termine llamandole ‘publo-ciudad’.
    Me aplicare en tener mas de estas experiencias, porque lo cierto es que disfruto mucho contandoselas. He encontrado un venita por ahí.

    Muchos besos!

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  11. Ah.... qué ganas de brincar el charco. Pero mientras tanto, viajaré al estilo Verne.


    Otro beso.

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  12. Ivanius:

    Si por aca te servimos de guia... ¡encantada!

    Besos!

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)