¿Quién piensa su propia muerte?

Post Mortem
Desmayose la luz y fue la noche
Y hacia el silencio por oscura vía
Marché escuchando en abismal derroche
Llantos perdidos en la lejanía.
Solo en un mundo de penumbras hecho,
Mundo de noches sin brillante luna,
Sin estrellas que brillen en acecho
De la aurora que nace a la fortuna,
Y extático entre lúgubres lamentos,
Evoco de mi vida los momentos
Y añoro desde el féretro la cuna...
[1]

La muerte no puede ser examinada como objeto de estudio o como tema de algún artículo o libro. Para el que con seriedad y sin autoengaño aborda este problema no existe el concepto de “muerte”, sino únicamente “mi muerte”.
“Mi muerte” como problema nos remite directamente al sujeto de la reflexión. Si adoptamos este punto de vista se abre ante nosotros una perspectiva totalmente diferente: ¿Quién es, entonces, ese que piensa sobre la muerte y la llama “mía”? ¿Quién se esconde tras ese “yo”? ¿De quién es, pues, esta muerte?
El problema de mi muerte, en su inevitable formulación lógico-verbal, a quien ocupa es al sujeto del pensar. Y en este sentido, lo que nos resta es plantearnos la pregunta: ¿Cuál es el vínculo entre la muerte, el pensamiento y el sujeto de este último, es decir, entre los tres componentes: yo – pienso – mi muerte.
Eso que solemos llamar “yo” es, en primer lugar, el tiempo, la historia personal y el pensamiento generado por ella. Nuestro “yo” es una formación psicológica, que tiene siempre nombre propio, que nace en una familia, en una casa, en una sociedad concreta, de cuyos prejuicios, modelos, proyectos y motivaciones es que se nutre el movimiento del tiempo del pasado al futuro.
Suspendido en la holgura entre el presente y la eternidad, nuestro “yo” no es otra cosa que lo que él piensa de lo que él ha sido, es y debe ser. Lo que llamamos “nuestra vida” no es más que el proceso de nuestra interacción con el mundo, al que echamos una tímida ojeada desde la abertura de nuestro refugio, en el cual caemos sin saber cómo, inmediatamente después de nacer. Desde este punto de mira, la muerte nos parece apenas una muda de refugio. Abandonamos nuestro escondrijo sólo para cambiarlo por otro. El miedo a la muerte, relacionado con esa transmigración, surge del hecho de que nuestro yo no puede representarse a sí mismo de otra manera que metido dentro de algún refugio.
La muerte lúgubre y dolorosa que cierra con trágico sello la crónica de mi historia personal es un engendro de mi “yo” psicológico, el cual es sólo tiempo y pensamiento. Hasta el rayo de luz más puro y brillante deja apenas una borrosa mancha de angustioso gris en el muro del refugio cuando atraviesa la asfixiadora estrechez del orificio. El sol nos parece una silueta áspera y arrugada en el inevitable tope de la cueva.
¿Qué es la muerte para la mente vacía, de vuelta a la fluidez del instante en el que se esfuma la historia y se diluye el pensamiento? No hay muerte más allá de la conciencia, como no hay fronteras en la meditación del Cielo. El eco de los conflictos terrenos apenas perdura entre las oquedades del azul.

Gustavo Pita Céspedes
San Petersburgo, Rusia. Junio de 1995


(Escrito para un evento de tanatología celebrado en Rusia. Publicado por primera vez en ruso en: Фигуры Танатоса. Философский альманах. Пятый специальный выпуск. СПб., 1995. Traducción al español: Gustavo Pita Céspedes.)


[1] Versos escritos por el autor a la edad de 17 años cuando era alumno de la Escuela Lenin.

Comentarios

  1. La poesía me encantó pues me hizo sentir un montón de cosas, me parece una bellísima interpretación de lo que puede ser mi muerte. Estupendo el reflexionar sobre este tema que a las sociedades occidentales causa tanto miedo. Confieso que siempre hubiese querido sentir el proceso de morir con mayor naturalidad y sin tanto dolor, quizá como creo que lo hacían las civilizaciones prehispánicas, pero como bien dice G, crecí en el seno de una familia, con ciertas costumbres e inmersa en una cultura que limita mi sentir... Me quedo con una gran sonrisa y mucho en qué pensar, este post está genial, Pelusilla, besitos.

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  2. ¿Quién piensa su propia muerte?




    Yo...

    Acostumbrarse a ella, para que cuando llegue, no duela.

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  3. Un texto con múltiples resonancias, que alcanzan para más de un comentario. La muerte como contemplación. Me lo llevo para reflexionar. Gracias por la lucidez.

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  4. Gustavo, ese poema de primera juventud es potente. No es lo mas importante llamarse o no artista. La muerte es un transito a lo que realmente es.
    Preparo la frente para el muro que viene. Gracias. Un saludo

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  5. Hasta el solo nos parece una silueta aspera..." yo creoq que todos alguna vez hemos pensado en nuestra muerte, quisiera tomar la mía como aquella pelicula de "ueños" de Akira Kurosawa, como una celebración.
    Saludos Pelusita

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