Proyecto 365, dia 160: Paso a paso

Un día Nishikawa san*, una de las muchachas que trabajaban en la oficina del edificio donde vivía en Japón, me contó que se estaba preparando para correr un maratón de 10 Km. en diciembre. “Cada tarde voy a correr un poco cuando salgo del trabajo –me dijo-. No me canso, al contrario. Correr me llena de energía para el día siguiente. Correr es como meditar”.
Yo misma he corrido muchas veces y no solo detrás de los autobuses. Estando en México, como se nos dificultaban mucho otras prácticas por cuestiones tanto económicas como espaciales, íbamos un día a la semana a un parque cercano a correr. Descubrimos un sendero que alguna vez sirvió como circuito de una competencia de ciclismo de montaña y comenzamos a usarlo como nuestro propio circuito de carrera. Con ojo de buen cubero calculamos que una vuelta completa al circuito hacia más o menos 1 Km., y en mis mejores momentos llegué a darle siete vueltas enteras en poco mas de una hora.
No corría muy rápido, pero mantenía un paso constante que logré armonizar con mi respiración y con los latidos de mi corazón. El cuerpo mejoró ostensiblemente en esos tiempos, la caja toráxica se amplió, los músculos se fortalecieron, y hasta mi voluntad en cualquier otro orden ajeno al correr se hizo mas firme. Solo obtuve buenos resultados de esa práctica, que poco a poco fuimos aumentando hasta 3 o 4 veces semanales, pero nunca correr llegó a ser como una meditación para mí. Mientras que meditar era la completa tranquilidad, correr era el otro extremo, era el tocar los límites de mi cuerpo en movimiento.
Los movimientos de taichi me recuerdan un poco mas la meditación: su lentitud me permite estar presente en cada músculo que se contrae y sentir su descontracción al detalle, convertir cada movimiento en una alegoría del presente en el que el futuro incierto –el siguiente paso- aun no existe y el pasado, pues, ya pasó y tampoco existe. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con la ceremonia del té donde cada instante frente al invitado es único e irrepetible y se valora altamente. Pero el taichi es originalmente chino y la ceremonia del té es japonesa, son también sistemas orientales y pertenecen a la misma cosmovisión que la meditación zen.
Los asiáticos, concluí entonces, tienen otro punto de vista en la vida. Y le pedí días después a Nishikawa san la explicación a aquella afirmación tan enigmática.
“Correr es como meditar- reafirmó-. Cuando meditas, respiras; y no hay nada más que una respiración tras otra (porque meditar –si acaso puede aventurarse una definición inexacta- no es buscar la iluminación, es sencillamente estar). Cuando corres, no hay nada mas que un paso después del otro.”
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Todo esto viene porque sigo leyendo a Carpentier –porque si un libro de Julio Verne lo puedo leer en apenas unas horas, uno de Carpentier mas o menos de la misma extensión me tarda semanas enteras- y he encontrado un fragmento que me recordó aquella reflexión de entonces sobre el correr y el meditar, y el punto de vista occidental y el oriental frente a los mismos problemas en la vida. Con él termino por hoy:

“Como he adquirido la costumbre de andar al ritmo de mi respiración, me asombro al descubrir que los hombres que me rodean, van, vienen, se cruzan, sobre la ancha acera llevando un ritmo ajeno a sus voluntades orgánicas. Si andan a tal paso y no a otro, es porque su andar corresponde a la idea fija de llegar a la esquina a tiempo para ver encenderse la luz verde que les permite cruzar la avenida. (…)
Porque aquí, en la multitud que me rodea y corre, a la vez desaforada y sometida, veo muchas caras y pocos destinos. Y es que, detrás de esas caras, cualquier apetencia profunda, cualquier rebeldía, cualquier impulso, es atajado siempre por el miedo. Se tiene miedo a la reprimenda, miedo a la hora, miedo a la noticia, miedo a la colectividad que pluraliza las servidumbres; se tiene miedo al cuerpo propio, ante las interpelaciones y los índices tensos de la publicidad; se tiene miedo al vientre que acepta la simiente, miedo a las frutas y al agua; miedo a las fechas, miedo a las leyes, miedo a las consignas, miedo al error, miedo al sobre cerrado, miedo a lo que pueda ocurrir.”

(Alejo Carpentier, Los pasos perdidos)


*San en japonés es el equivalente de Sr., Sra. o Srta.

Comentarios

  1. Oar, yo hace años que me inscribi en un maraton escolar... no porque quisiera mejorar mi salud, sino porque ofrecian un premio de 3000 pesotes.

    Correr por dinero tiene mas sentido que correr por salud, sieeeempreee...

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  2. UUUYYY!!! has de cuenta que acabas de describir lo que me pasó a mi cuando empecé a correr. Yo corro muy despacio, muuuuyyyy.... cuando corro una hora, con trabajos llego a los 6 km, o sea que me trado un promedio de 10 minutos por km, pero en mi cabeza recordaba las lecciones de Grotowsky sobre el movimiento enajenado, la respiración rítmica y un estado alterado de conciencia, que te hace ver las cosas en colores. Mi fortuna es el bosque tan cerca y tanto árbol. La música en los oídos, admeás, es como la cereza del pastel para la evasión absoluta. Yo no creo correr nunca una maratón, pero estoy de acuerdo con la descripción. Además de meditar, es inspirador.
    Beso.

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  3. Morinakemi:

    Al menos me queda el consuelo de que correr, aunque sea por dinero, te trae salud.

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    Marita:

    Y ya no corres?
    Piensatelo!
    Besos!

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