Protagonismo

Proyecto 365, dia 173

Los domingos en la madrugada ponen en la TV la retransmisión de un programa, al parecer muy popular aquí, que va tocando temas misteriosos y escalofriantes, de esos que no nos gusta ver pero no podemos dejar de mirar. Apoyados en “entrevistas estelares” a especialistas, a autores de libros, a protagonistas, hablan en este programa de apariciones, de muertos-vivos, de espíritus que regresan y vagan por sus antiguos hogares, de ovnis avistados, de posibles visitas extraterrestres, de historias de abducciones sin comprobar, de misterios pueblerinos que cuentan la desaparición de unos niños mientras jugaban o la inexplicable falta de la cabeza de un muerto reciente, de leyendas vueltas realidad, de enfermedades que han despoblado ciudades enteras, de profecías y de profetas, de monumentos con raras inscripciones, de símbolos desconocidos, del posible origen de ciertos ritos, de momias halladas por casualidad, de médiums y ectoplasmas… En fin, hablan de todo aquello que, aunque todo el mundo lo sabe y comenta, aunque en los periódicos salgan miles de notas explicándolo, aunque esté en realidad ya muy abierto e iluminado, por alguna extraña razón sigue estando dentro de los límites de lo oscuro y lo esotérico.

Este domingo, sin embargo, el programa llegó a sorprenderme: la entrevista central se apartaba un poco de los temas frecuentes y se centraba en tres periodistas, corresponsales de guerra, y sus experiencias - con el evidente proposito de (ab)usar de la relacion Guerra-Muerte. “Estos están locos”- pensé yo, que nunca he entendido bien cómo puede haber alguien que vaya voluntariamente a un lugar donde puede encontrar no ya La Muerte en general, sino Su Propia Muerte.

Los tres hombres –era la primera vez que se sentaban juntos- se trataban con una familiaridad rayante en la complicidad de la que el espectador por lo general quedaba excluído. Se veía que estaban disfrutando de aquel encuentro enormemente: se contaban anécdotas simpáticas, se mostraban heridas adquiridas en el trabajo y hasta reían abiertamente con ciertos recuerdos rompiendo el ambiente regularmente lúgubre del programa. Entre ellos había una química que se le escapaba al presentador y que yo, como espectadora, degustaba sin llegar a comprender del todo.

El presentador, hombre de no muchas luces, trataba de centrar a sus entrevistados sobre todo en aquellos momentos en que vieron fallecer al que tenían al lado, en que estuvieron en contacto con muertos, en que tuvieron que salir huyendo de un ataque sin fijarse en lo que sus botas pisaban, en que cayeron accidentalmente en un lago lleno de cadáveres… Trataba en fin, siguiendo su costumbre, que fuera la Muerte y no la Vida la protagonista del programa. Y los periodistas invitados hacían lo posible por complacerlo, hablaban un poco mas del tema como quien accede a responder las preguntas obvias de un niño curioso, pero se miraban entre si con una sonrisa pícara en los labios. Les pidió entonces que mostraran fotografías que fueran especialmente valiosas para ellos –esperando que mostraran algo como aquella famosa foto de Robert Capa - y uno llevó una foto de cuando era niño al lado de la hermosa tía que lo crió; el otro, una imagen de un niño en la que el veia el resplandor de la esperanza; y el tercero, la del mejor guía que tuvo en África cuando cubría la guerra del Congo, un rozagante y sonriente negro al que le debe la vida…

Esos tres hombres, que han vivido la guerra, conocen un mundo muy diferente al que yo conozco, lo que han encontrado en sus caminos les ha dado un conocimiento al que yo no tengo acceso, sus valores son otros, sus impresiones otras… En sus ojos había ALGO común que hacía parecer vacíos los ojos del presentador -y supongo que de haberme visto, los mios propios-, sentado como un ente ajeno entre ellos. Viendo que este quedaba un poco desencantado con estas muestras y que no había entendido nada de aquel coloquio, el mayor de los periodistas invitados, en un intento por ayudarle a comprender un poco le dijo una frase memorable:

“No importa la guerra que se esté librando ni en qué lugar del mundo ni por qué motivos, de todos los que participan en ella solo nosotros –los corresponsales- estamos ahí porque realmente lo queremos. ”

Comentarios

  1. ¨estamos hí, porque realmente lo queremos¨y es verdad, porqeu habrá que preguntar a los demás quién quiso ir por propia cuanta.

    Esos periodistas... ellos ya pertenecen a otra clase de humanos, los héroes, así me lo parece.

    Saludos Pelusa.

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  2. Son los q tienen esa excitante experiencia de haber caminado de la mano con la muerte, esos ojos cómplices de "nada mas importa, ya vimos la muerte a la cara y aun estamos aquí, vamos a disfrutar"

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  3. Pelusita

    Pues sí, los corresponsales de guerra en verdad que tienen arrestos, para irse a meter en esos infiernos. Recuerdo el año 2006 cuando los 36 días de bombardeos sobre Líbano, las imágenes eran aterradoras, casi apocalípticas y ahí andaban los foto-reporteros sacando las imágenes en el momento preciso.

    Un beso

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  4. Recuerdo "Territorio Comanche" de Pérez-Reverte, un estremecedor pero interesante recuento de sus días como corresponsal de guerra. Hoy estoy muy bibliómano, señal de que debo ir a...

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  5. Malque:

    Pues si, tienes razon: heroes.
    Un beso!
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    Hombre mirando al SO:

    Han encontrado ese placer por la vida que a los demas tanto nos cuesta.
    Saludos!
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    Marichuy:

    Yo nunca lo haria, ir a meterme entre las balas, por eso los admiro (aunque antes de este programa no los entendia)
    Un abrazo!
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    Ivanius:

    Ve a darte el gustazo... y luego nos cuentas

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