De lo real-hilarante.

Proyecto 365, día 172.

A veces la realidad es tan rica que no hay que ponerle adorno alguno para lograr un excelente pasaje. Hoy los dejo con una de esas anécdotas que no por increíbles dejan de ser ciertas, recogida por la pluma de Carpentier. Sucedió en la Habana de 1920, cuando Gerardo Machado ejercía como Primer Magistrado, o sea, dictador de turno:

(…) cuando un terrible estampido sonó en la fosa de la orquesta, bajo el aparato de la batería, echando a volar los platillos, cajas, panderos y timbales, en una repentina expansión de humos blancos. Una segunda bomba estalló tras de los contrabajos, promoviendo la fuga de los músicos que subían al escenario, trataban de huir por la platea, se metían en los palcos, acreciendo el pánico de un público que se atropellaba hacia las salidas, saltando por sobre las butacas, pateando a quien cayera, mientras, arriba, entre bambalinas que les caían en las cabezas, corrían peleando por llegar a las puertas de la calle, los guardias del Faraón, los sacerdotes, arqueros, cautivos encadenados, soldados del 3er Batallón de Húsares, entre obeliscos caídos, esfinges y trastos rotos. (…) En cuanto a Caruso-Radamés, este había desaparecido. Como alguien recordaba haberlo visto salir por una puerta trasera, se le buscó inútilmente en todos los alrededores del edificio, en los cafés y bares cercanos. Tampoco había vuelto a su hotel. Podía estar herido, golpeado –desmayado, acaso, en algún lugar oscuro. Y en su busca se afanaba el empresario, cuando un cortocircuito dejó al teatro sin luz… El Primer Magistrado, seguido de sus ministros y jefes militares, volvió al Palacio. (…)
Enrico Caruso, arrestado en la calle por un guardia, estaba detenido en la 5ta Estación de Policía, por llevar disfraz fuera de carnavales; y disfrazado de mujer, y maquillado de ocre, con boca y ojos pintados –detallaba el Acta- lo cual le hacía caer bajo el peso de la Ley de Represión de Escándalos y Defensa de la Moral Ciudadana, cuyo artículo 132 preveía una pena de treinta días de prisión por atentado a las buenas costumbres y comportamiento indecoroso en la vía pública, con agravación del castigo si ello se acompañaba de una manifestación evidente de homosexualidad en el atuendo y aspecto personal, que, en este caso, estaba ilustrado por un tocado a rayas horizontales puesto sobre la frente, aros labrados en las orejas, pulseras de fantasía, y unos collares colgados del cuello, con adorno de escarabajos, amuletos, dijes y piedras de colores que –según el informe policial- eran seguro indicio de mariconería…

Alejo Carpentier, El Recurso del Método.

Comentarios

  1. ...esta anecdótica narración hizo suspirar de alivio a los integrantes de la compañia japonesa de kabuki y al mismísimo Marcel Marceau que habían creído en la posibilidad de ser convocados al mismo festival, afortunadamente sólo en la imaginación de este ajetreado comentante.

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  2. "Ley de Represión de Escándalos y Defensa de la Moral Ciudadana"

    Pelusita

    Con el puro nombre de esa Ley... está dicho todo. Y lo peor es que en algunas partes del mundo -no tan lejanas- todavía pasan cosas así.

    Un beso

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  3. Jeje, parece que somos los unicos que no andamos de vacas por ahi, no?
    _____________
    Ivanius:

    Jajaja! Me has hecho reir con tus imaginerias... Pude ver la cara de la compañia de kabuki en pleno, temerosas con la pronta visita...
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    Marichuy:

    Pero si si siguen sucediendo es porque de alguna forma tienen apoyo, o al menos, la aprobacion del silencio.

    Besos

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