Proyecto 365, dia 80: Omision completamente voluntaria

La verdad es que la semana pasada lei otro libro ademas de los ya confesados. Fue un desliz –lo reconozco- en esos momentos en que habia terminado el Infierno y aun no habia encontrado a Calderon. Me habia quedado, por supuesto, con deseos de seguir leyendo y estaba parada con la cabeza incómodamente caida sobre el hombro izquierdo (por eso me gustan los libros en japones: no hay que inclinar la testa para leer los lomos) frente al librero del salon. Estuve un buen rato alli (yo soy de la teoria, quizas por venir de un pais con poca variedad para escoger, de que si las opciones son muchas y buenas, lo mejor es agarrar lo primero que veas porque si te demoras mucho te cansas, y el cansancio puede llevarte a que no te decidas por nada y te vayas con las manos vacias o, peor, que te vayas con algo de lo que después puedas arrepentirte) y al final me lleve el librito mas inofensivo que encontre, algo ligero y simpatico: “Tratado de las buenas maneras. Para que usted no sea un cursi ni un hortera”, de Alfonso Ussia. Perfecto para refrescar luego de una gran obra- pense mientras subia a la habitación leyendo la contraportada.
Ligero y simpatico era, sin dudas, pero de inofensivo no tenia ni una letra. Desde la primera pagina, el autor comienza a burlarse del lector de todas las formas posibles sin tomarse el menor trabajo para disfrazar su desden por los demas –entiendase todo aquel que no conozca o respete las muy estrictas e inservibles buenas maneras de las que el hace gala, o sea, el resto del mundo. Al principio me divirtió –porque disfruto realmente con la simpatia del pueblo español-, pero luego cada pagina que leia agregaba un poquito de amargor al asqueante regustito general del libro. Para cuando llegue al final –si, llegue al final- estaba harta de insensateces.
¿Para que hace falta todo esto? Vivir humanamente pasa por el sabio uso de los implementos que la cultura ha creado en aras de satisfacer las necesidades mas basicas -estamos de acuerdo en que es mucho mas gratificante tomar un buen te en una linda taza de porcelana china que en un vasito desechable-, pero no se limita a eso!! Encerrar la condicion humana en un marco tan angosto habla mas bien de estrechez de mente y, en consecuencia, de espiritu.
Pregunte por el autor en plena cena y la opinión general se puede resumir en pocas pero muy españolas palabras: es un pijo clasista. (Misántropo y regionalista, agregaria yo.) Comentamos entre risas mi lectura en la sobremesa y tuvo tanto éxito el tema que, en los dias que siguieron, no dejamos de mencionarlo cada vez que nos sentabamos a la mesa: el que “con el perdon de Ussia” no se ponia la servilleta en las rodillas a tiempo, el que “con el perdon de Ussia” cogia mal los cubiertos, el que “con el perdon de Ussia” terminaba de comer antes que los demas, el que “con el perdon de Ussia” decia “Buen Apetito”…

Comentarios

  1. Una vez, Orlando Tajonera (¿lo conociste? para más referencia, pregunta a G), nos dijo en el aula que la educación formal no existía, porque la educación tenía que tener forma y contenido, y que el hombre culto, en su expresión más cruda, era educado y amable para mejorar su propio entorno. Coincido contigo en que las estupideces de la servilleta son mecanismos huecos y clasistas, pero tampoco concuerdo con los extremos que tu y yo hemos vivido en cierto lugar del mundo, de rudeza inútil, como única arma de expresión de una frustración ancestral. Yo nunca sé cuál es el tenedor de la fruta y cuál el de la ensalada. Un beso.

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  2. Creo que fue Arturo Pérez-Reverte (en "La tabla de Flandes") quien dijo en voz de de alguno de sus personajes "en nadie como en ella se cumplía el principio de que los modales eran una refinada manera de manifestar su desprecio por los demás".

    Yo encuentro muy instructivos (y también divertidos, como dices) los "manuales de modales" entre otras cosas por toda la parafernalia "imprescindible" y la multitud de personal hoy casi siempre inexistente: valet, mayordomo, camarero, chofer, abrigo, guantes, bufanda, esmóquin, sombrero, etcétera. Cosas y personas que se hacen pasar como símbolo de status, más que como señal de buenas maneras; todo eso junto a explicaciones que (en el mejor de los casos) ayudan a entender por qué, por ejemplo, se cede a la dama el lado "interior" de la acera al caminar en la calle (para que esté a cubierto del ruido, y para que los carruajes que circulan por el arroyo no vayan a salpicarla con el lodo que pueden arrojar con sus ruedas). No conozco ese que mencionas, pero sí el clásico de Carreño.
    Actualmente, Judith Martin, "Miss Manners" publica semanalmente en Internet las respuestas a situaciones de "etiqueta y modales" de hoy con, creo yo, bastante sentido común y sentido del humor; lo cual, "con el perdón de Ussía", es precisamente lo que les hace falta a muchos teóricos del esnobismo.

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  3. Mara e Ivanius: Justamente por eso leo este tipo de libros, porque me parece, mas que necesario, imprescindible el aprender a vivir humanamente, aprender a dejar atrás la barbarie de la que nos quieren convencer barnizándola con el nombre de “sencillez” y el calificativo de “popular”… Pero este libro habla no tanto de forma como de contenido. Las formas son vacías, no existen –como diría Tajonera-, pero nos mantienen a flote. Sin ellas, mejor seria renunciar a las ciudades y volver todos a la madre selva. El contenido, me parece, es un tema muy personal que tiene que ver con cosas tan diversas como tu gusto estético o tus dividendos. Esta bien que en estos libros te enseñen que no debes alzar el meñique al sostener una taza de café, pero decirte que si no usas tal tipo de calzado en específico –marca incluida- eres un “hortera” es, a mi entender, pasarse un poco… Lo sorprendente es el éxito editorial del libro, que llevo al autor a escribir no uno, sino dos mas como secuela de este.

    Mara querida: Claro que conocí al buen Tajonera!!! Y guardo los mejores recuerdos de el… Nunca fui su alumna ni lo vi en clase alguna, pero su personalidad me fascino siempre. Gracias por la anécdota. La atesorare. Besos!

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