Proyecto 365, dia 59: Analogias baratas.


Me centro, flexiono mis rodillas y apoyo mi mano en su pecho. La primera impresión es suavidad. “Como si no tuviera huesos”, pienso. Me da hasta pena presionar, pero de eso se trata. Empujo. Se me escapa entre los dedos como mantequilla. Trato de sostenerle, pero no hay forma, se me resbala, no le puedo agarrar. Termina en el suelo, delante de mí, riendo.
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Vuelvo a centrarme, calculando su altura. Esta vez flexiono menos las piernas, pero así y todo mi mano le llega no más al diafragma. Sus ojos, cerrados detrás de los gruesos cristales de sus gafas. Me empuja y me saca de mi posición. No me ha dado tiempo ni a reaccionar. Regreso. Esta vez intento tomar la delantera. Presiono su pecho y recibo un fuerte empellón a cambio que termina por desequilibrarme completamente. Lo dejo.
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Le sonrío. Me sonríe, se centra. Apoyamos las manos en el pecho contrario a la vez. Comienzo un movimiento suave y lo sigue. Me detengo. Se detiene. Espero. Espera. Me decido a presionar y no encuentro resistencia. Pierdo mi centro y caigo. Sonrío. Sonríe.
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Nos centramos. Cerramos los ojos. Presiono un poco. “Presiona mas”-me insta. Presiono mas y me desequilibra. Nos centramos. Espero. “Presiona”-insiste. Presiono. Aprovecha mi fuerza y me saca de mi posición. Nos centramos. Espera. Espero. Espera. Espero. “Presiona”-ordena. “Presiona tu”-le contesto. Abre sus ojos lentamente. No sonríe.
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“¿Sabes que es lo mas difícil de estas practicas?- me pregunta Mireia al salir- La certeza de que así como te mueves ahí dentro son tus reacciones en la vida.” Las dos reímos sin ganas.

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