lunes, 14 de enero de 2008

¡Se paró el mundo!

Hoy tuve un sueño raro.
Sentí la voz de uno de mis hermanos llamándome, gritando mi nombre una sola vez, con una urgencia casi desesperada... Estaba solo su voz. No había nada ni nadie, ni siquiera yo misma.
Decir que me desperté sería un eufemismo, porque lo que realmente sucedió fue que pasé del sueño a la vigilia en una fracción de segundo.
Abrí los ojos y era como si aún los tuviera cerrados. Todo estaba oscuro y tranquilo. Demasiado tranquilo. Absolutamente quieto. Y eso - comprendí- es algo inquietante. No sentía nada a mi alrededor, ni dentro ni fuera de la casa, como si yo fuera el único ser vivo en la tierra. "Se paró el mundo"-pensé...
Y me acordé de Krishnamurti. A él también, en una ocasión, se le detuvo el mundo mientras caminaba por un bosque. Su cuerpo -incluso su respiración- se detuvieron por un instante y poco después, en armonía con el entorno, regresaron a su condición natural. Luego le comentaron que por esos lares habían visto rondando a un enorme tigre de Bengala.
"En Tsukuba no hay tigres de Bengala ni ningún otro animal peligroso"-me reí para mis adentros, y aunque la quietud permanecía volví a dormirme.
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Hoy fuimos al parque en la mañanita, y el lago estaba nuevamente helado. Así ha estado durante varios días, pero hoy había algo raro... ¡¡Los patos estaban caminando sobre él!! O sea, la capa de hielo ya no es más una fina película, sino que se hizo lo suficientemente gruesa y fuerte como para soportar el peso de estas aves.
Recordé la sensación de quietud extrema y entendí: el mundo, en ese instante de temperatura tan baja (creo que anoche llegó a -7ºC), realmente se detuvo.

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)