Para entender(nos) un poquito más

En estas fechas, por supuesto, me he estado preguntando de dónde salieron todas estas "tradiciones", de las que los cubanos un buen día prescindimos y hoy, al intentar retomarlas dejándonos arrastrar por el espíritu de otros pueblos (poniendo arbolitos de Navidad en nuestras casas, enviando postales de felicitación, haciendo regalos a los más cercanos, participando en las posadas mexicanas y rompiendo las piñatas -estuve en un par de estas fiestas en México-, celebrando la llegada de los Reyes Magos), nos damos cuenta de que, en realidad, no entendemos nada de lo que está pasando.
Por ejemplo, en estas navidades yo envié cerca de 60 postales en total, a amigos y familiares -lo cual fue un gasto importante de tiempo y de dinero para mi- y, cuando terminé de escribir la útlima, me quedé pensando seriamente para qué había yo hecho todo esto... Al final encontré mi justificación: quiero expresar mi agradecimiento a los que me han brindado su ayuda y su cariño desinteresado en todo este tiempo (por supuesto, ni aunque hubiera tenido toda la fortuna de la tonta de Paris Hilton y la hubiera empleado con éste propósito, creo que nunca hubiera llegado a agradecerle, aunque sea con una simple postal, a todos lo que ha puesto su granito en mi vida). Claro, no dejo de reconocer que es una justificación que vino a cubrir justo a tiempo lo que habría sido un duro reconocimiento: me dejé arrastrar por la corriente.
En el fondo siempre he defendido la idea de que aquellas almas que encontramos en el camino y que realmente tienen una función en nuestro desarrollo, siempre van a estar cerca, incluso si están cruzando los oceános, incluso si no se comunican en mucho tiempo... cuando un día retoman la comunicación lo hacen sin reproches, sin regaños, como si todo el tiempo sin hablarse y la distancia no existiesen, sin necesidad de andar rindiendo pleitesía con postales o felicitaciones en las fechas "señaladas" para hacerlo, ni tener que estar respondiendo reenvíos con mensajitos tiernos, que te aclaran al final: si me lo reenvías, sabré que eres mi amigo. ¡Noooo! Yo, al menos, no necesito de esas pruebas para seguirlos sintiendo cerquita de mi corazón...
Pero bueno, a lo que iba. Encontré en una página del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la explicación de palabras claves de estas fechas como "Navidad", "Papa Noel", "Santos Inocentes" y "Año", y quería ponerlas aquí de modo que a todos aquellos que aún sentimos vacías estas palabras o que no nos conformamos con el sentido consumista que han ganado con el tiempo, descubramos un poco más de su historia que, a la larga, es también la nuestra.

Navidad

Cuando compramos los regalos de Navidad, decoramos el árbol o nos reunimos con la familia alrededor de la cena navideña, raramente nos detenemos a pensar cómo se fueron formando esas tradiciones milenarias, algunas de ellas mucho más antiguas que el propio cristianismo.
La conmemoración del nacimiento de Jesús, la fiesta más universal de Occidente, se celebró por primera vez el 25 de diciembre de 336 en Roma, pero hasta el siglo v, la Iglesia de Oriente siguió conmemorando el nacimiento y el bautismo del ‘niño Dios’ de los cristianos el 6 de enero. El nombre de la fiesta Navidad, proviene del latín nativitas, nativitatis (nacimiento, generación).
En siglos posteriores, las diócesis orientales fueron adoptando el 25 de diciembre, y dejando el 6 de enero para recordar el bautismo de Cristo, con excepción de la Iglesia armenia, que hasta hoy conmemora la Navidad en esa fecha de enero.
No se conoce con certeza la razón por la cual se eligió el 25 de diciembre para celebrar la fiesta navideña, pero los estudiosos consideran probable que los cristianos de aquella época se hubieran propuesto reemplazar con la Navidad la fiesta pagana conocida como natalis solis invicti (festival del nacimiento del sol invicto), que correspondía al solsticio de invierno en el hemisferio norte, a partir del cual empieza a aumentar la duración de los días y el sol sube cada día más alto por encima del horizonte.
Una vez que la Iglesia oriental instituyó el 25 de diciembre para la Navidad, el bautismo de Jesús empezó a festejarse en Oriente el 6 de enero, pero en Roma esa fecha fue escogida para celebrar la llegada a Belén de los Reyes Magos, con sus regalos de oro, incienso y mirra.
A lo largo de los siglos, las costumbres tradicionales vinculadas a la Navidad se desarrollaron a partir de múltiples fuentes. En esas tradiciones, tuvo considerable influencia el hecho de que la celebración coincidiera con las fechas de antiquísimos ritos paganos de origen agrícola, que tenían lugar al comienzo del invierno.
Así, la Navidad acogió elementos de la tradición latina de la Saturnalia, una fiesta de regocijo e intercambio de regalos, que los romanos celebraban el 17 de diciembre en homenaje a Saturno.
Y no hay que olvidar que el 25 de diciembre era también la fiesta del dios persa de la luz, Mitra, respetado por Diocleciano, y que había inspirado a griegos y romanos a adorar a Febo y a Apolo.
En el Año Nuevo, los romanos decoraban sus casas con luces y hojas de vegetales y daban regalos a los niños y a los pobres, en un clima que hoy llamaríamos ‘navideño’ y, a pesar de que el año romano comenzaba en marzo, estas costumbres también fueron incorporadas a la festividad cristiana.
Por otra parte, con la llegada de los invasores teutónicos a la Galia, a Inglaterra y a Europa Central, ritos germánicos se mezclaron con las costumbres celtas y fueron adoptados en parte por los cristianos, con lo que la Navidad se tornó desde muy temprano una fiesta de comida y bebida abundante, con fuegos, luces y árboles decorados.
La Navidad que celebramos hoy es, pues, el producto de un milenario crisol en el que antiguas tradiciones griegas y romanas se conjugaron con rituales célticos, germánicos y con liturgias ignotas de misteriosas religiones orientales.

Papá Noel

El viejecito de ropas rojas y barba blanca que vemos en vísperas de Navidad en los shoppings de todo el mundo, se ha convertido en ícono cultural de la sociedad de consumo del tercer milenio. El sonriente personaje, que encanta a los niños, fue forjado a lo largo de los últimos diecisiete siglos, basado en la historia de un obispo que vivió en el siglo IV.
La ciudad de Mira, en el antiguo reino de Licia, actual territorio de Turquía, tuvo un prelado llamado Nicolás, célebre por la generosidad que mostró con los niños y con los pobres, y que fue perseguido y encarcelado por el emperador Diocleciano. Con la llegada de Constantino al trono de Bizancio ─ciudad que con él se llamó Constantinopla─, Nicolás quedó en libertad y pudo participar en el Concilio de Nicea (325). A su muerte fue canonizado por la Iglesia católica con el nombre de San Nicolás.
Surgieron entonces innúmeras leyendas sobre milagros realizados por el santo en beneficio de los pobres y de los desamparados. Durante los primeros siglos después de su muerte, San Nicolás se tornó patrono de Rusia y de Grecia, así como de incontables sociedades benéficas y, también, de los niños, de las jóvenes solteras, de los marineros, de los mercaderes y de los prestamistas.
Ya desde el siglo VI se habían venido erigiendo numerosas iglesias dedicadas al santo, pero esta tendencia quedó interrumpida con la Reforma, cuando el culto a San Nicolás desapareció de toda la Europa protestante, excepto de Holanda, donde se lo llamaba Sinterklaas (una forma de San Nicolás en neerlandés).
En Holanda la leyenda de Sinterklaas se fusionó con antiguas historias nórdicas sobre un mítico mago que andaba en un trineo tirado por renos, que premiaba con regalos a los niños buenos y castigaba a los que se portaban mal.
En el siglo XI, mercaderes italianos que pasaban por Mira robaron reliquias de San Nicolás y las llevaron a Bari, con lo que esa ciudad italiana, donde el santo nunca había puesto los pies, se convirtió en centro de devoción y peregrinaje, al punto que hoy es conocido como San Nicolás de Bari.
En el siglo XVII, emigrantes holandeses llevaron la tradición de Sinterklaas a los Estados Unidos, cuyos habitantes anglófonos adaptaron el nombre a Santa Claus, que les resultaba más fácil de pronunciar, y crearon una nueva leyenda, que acabó de cristalizar en el siglo XIX, sobre un anciano alegre y bonachón que en Navidad recorría el mundo en su trineo, distribuyendo regalos.
En los Estados Unidos, Santa Claus se convirtió rápidamente en símbolo de la Navidad, en estímulo de las fantasías infantiles y, sobre todo, en ícono del comercio de regalos navideños, que anualmente moviliza miles de millones de dólares.
Esta tradición no demoró en cruzar nuevamente el Atlántico, ahora remozada, y en extenderse hacia varios países europeos, en algunos de los cuales Santa Claus cambió de nombre. En el Reino Unido se le llamó Father Christmas (papá Navidad); en Francia fue traducido a Père Noël (con el mismo significado), nombre del cual los españoles tradujeron sólo la mitad, para adoptar Papá Noel, que se extendió rápidamente a la América Latina.

Santos Inocentes

En los países católicos se celebra el 28 de diciembre el Día de los Santos Inocentes, en memoria de los recién nacidos que fueron degollados por orden de Herodes con la intención de matar a Jesús, porque se sintió amenazado cuando los arúspices le dijeron que había nacido un rey.

Año

En las primitivas sociedades agrarias, el curso de las estaciones, desde la temporada de la siembra hasta la cosecha anual, revestía una significación mucho más considerable que la de hoy, puesto que era la actividad principal de la comunidad, que trabajaba casi exclusivamente para asegurar la supervivencia de sus miembros.
Los antiguos prestaban especial atención a la época que consideraban el inicio del ciclo, cuando la duración de los días empezaba a aumentar en el hemisferio norte alrededor de la fecha que hoy llamamos 21 de diciembre hasta alcanzar su máxima duración, seis meses más tarde.
El inicio de un nuevo año ha sido desde siempre para los hombres una ocasión de renovar aspiraciones, esperanzas y proyectos, así como una oportunidad de rogar a los dioses un tiempo propicio para sus cosechas.
A ese período de alrededor de 365 días y cuarto, que corresponde a un giro de la Tierra alrededor del Sol, las comunidades prehistóricas indoeuropeas lo llamaron at-no, palabra que dio lugar en latín a annus y en las lenguas romances a año en español, an en francés, ano en portugués, any en catalán y anno en italiano, entre otras.

Comentarios

  1. En Suiza existe una leyenda sobre Santa Klaus
    los padres los utilizan para asustar a los ninos y saber si hicieron las tareas durante todo el tiempo y se portaron bien.Si no se portaron bien y fueron buenos ninos Santa Klaus los mete en un saco y se los lleva a las montanas.
    Por eso cuando vas en el tren es posible ver figuras de tamano humano de Santa Klaus subiendo por los balcones para llevarse a los ninos que no se portaron bien.
    Claro, si el nino se porto bien, lo que sale de su
    saco es un regalito pera el .
    Mi vision de Cuba sobre Santa Klaus era total positiva, ......pero que diferente luce santa Klaus en Suiza.!

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