¡Qué rico!

Hace unos días quedé con mi querida amiga Rocío en pasar por su casa a conversar un rato. Por un buen tiempo no nos habíamos visto, y queríamos ponernos un poco al día con la vida de cada cual... Pero, cuando llegué a su casa, resultó que, por mil y un motivos, decidimos no quedarnos ahi, sino irnos a comer a un restaurant japonés que queda a dos escasas cuadras de su casa.

Recién llegado mi esposo a Mexico, ella lo invitó a comer allí, y él me había contado de la magnífica comida que ofrecían en el lugar. "El chef es un japonés, así que yo creo que es el único lugar en el DF donde puedes pedir sushi a lo japonés, y no combinado con queso crema y aguacate, como los hacen por todas partes"- me comentó. Aunque resulte rara tal combinación para quienes hemos probado alguna vez la comida japonesa tradicional, me contaron alguna vez que al llegar a México los platillos tradicionales japoneses, no llegaban a complacer el gusto de los nativos de acá. Así que, para lograr prosperidad en sus negocios, los japoneses y las compañías americanas que empezaban aquí, decidieron "mexicanizar" la comida japonesa. Como resultado, obtuvieron extrañas mezclas como el sushi con queso crema y chile picante en lugar del tradicional wasabi... , y, por supuesto, el aumento considerable de las ventas.
Pero en este restaurant, aunque tienen esas raras variedades, para complacer al paladar mexica, también -por suerte- se puede comer lo tradicional, con verdadero wasabi y tofu made in Japan... Así que allí me tienen, parada frente a la puerta, esperando a que abrieran el lugar (llegamos media hora antes de us apertura por desinformación), haciéndoseme agua la boca.
Al fin abrieron. De detrás de aquellas puertas de madera y cristal nevado salió el chef y dueño en persona, a recibirnos, por ser sus primeras comensales. Un japonés ya bastante mayor, super amable, con el que me sentí tan en confianza que comence a hablarle en su idioma (más bien a chapurrearle)...

El lugar: decorado todo de madera y papel, con lámparas de papel manufacturado, y organizado como un kaiten sushi, o sea, como esas barras de sushi que se colocan en el centro del local, y por una estera se desplazan los platos con sushi... La diferencia está en que en este restaurant, los sushis no corren por una estera, sino en pequeños barcos por una canal con agua corriente... ¡Precioso!

En el centro de la novedosa barra, en lugar de los chef, como usualmente vemos, hay una fuente con piedritas, un pequeño puente de madera, dos trozos de bambú colocados de forma tal que uno vierte agua gota a gota en la boca del otro, y, cuando este se llena, se inclina por el propio peso del agua, la echa en la fuente, y retorna a su posición inicial haciendo un sonido sordo al chocar contra una roca que le sirve de apoyo (este es un implemento que se ve con mucha frecuencia en los templos budistas japoneses - aunque su función original no es decorativa, sino, en primer lugar, para espantar a ciertos animales, y, en segundo lugar, para llevar un conteo del tiempo que transcurre en la meditación-, e inclusivese pueden ver pequeñas carpas de colores. La música, a veces japonesa, a veces francesa, pero siempre muy tranquila, solo para recrear el ambiente...

Mi amiga y yo pedimos una sopa misoshiro tradicional, un yakimeshi (arroz cocido al vapor con mariscos y verduras) y un plato de tempura (mariscos, pascados y verduras empanizadas y fritas, acompañadas de salsa de soya aderezada con wasabi). ¿La verdad? Hacía mucho tiempo que no disfrutaba tanto una comida.


Tanto me gustó esta experiencia, que justo hoy, como un pequeño regalo por el término feliz del curso que mi esposo estaba impartiendo en Chapingo, lo invité a comer en este mismo lugar. Al principio dudó, porque estaba un poco cansado, por temor a los mariscos... , pero al final cedió.
No más entrar, su rostro inmediatamente cambió de expresión. El ambiente tan tranquilo y relajante hizo su efecto al instante y olvidamos las pocas horas de sueño y el cansancio por completo, mientras degustábamos de unos platos de sopa, arroz y un exquisito sashimi de salmón (salmó crudo rebanado de una manera especial acompañado de salsa de soya y wasabi). Como colofón, una jarrita de sake para festejar y no perdernos de la posibilidad de brindar por la realización de todos nuestros sueños, y al final, como cierre unas tazas de te verde servido en una preciosa tetera y unas tacitas de cerámica de ensueño.

Aunque los precios no estaban muy elevados, esta vez consumimos mucho más que lo que consumimos mi amiga y yo, así que mi cuenta se quedó por debajo, y mi esposo me ayudó a pagar. Pero fue una gran alegría constatar que, por primera vez, podemos sentarnos ambos tranquilamente a comer en un restaurant, y que el gasto corra por nuestra cuenta. ¡Qué bien se siente!