jueves, 10 de mayo de 2007

En taxi por el Periférico

Hoy pasamos el peor susto de nuestras vidas... sin exagerar!

Terminando la clase de chino, salimos del colegio con la idea de tomar un taxi y llegar lo antes posible al trabajo. Normalmente hacemos esto, porque no me queda casi tiempo entre el final de la clase (1.30 pm) y la entrada al trabajo (2 pm). Como siempre,nos paramos y extendimos el brazo y, casi como siempre, segundos más tarde teníamos un taxi frente a nosotros... "¿Hacia donde van?"- preguntó, como siempre el taxista... que resultó ser un señor muy muy muy mayor... "¿Nos vamos aquí?"- le pregunto entre dientes un poco inquieta a mi esposo... quien, sin decir palabra me abre muy cortés la puerta, lo cual yo asumí como una respuesta afirmativa.

"Vamos por el periférico hacia Tacubaya"- le respondo ya dentro del taxi al señor. "Usted me indica."- fue su enigmática respuesta. Y avanzamos... "¿Por dónde?"- pregunta el señor. "Por periférico"- le digo nuevamente... Al poco rato: "¿Por dónde tomamos?"- repite el señor. Yo miré a mi esposo, él me hace una seña casi imperceptible con la mano pidiéndome calma, y le dice: "Doble en la próxima a la izquierda, por favor".

Ya una vez en periférico, nos despreocupamos un poco... "Si no le decimos otra cosa, el señor debe continuar todo derecho sin desviarse"- pensé yo, y nos ponemos a conversar. Y de pronto, el señor, que iba por el carril más lento de la avenida, toma una desviación y se sube al segundo piso del periférico!!! ¡Horror!

Para los que no viven aquí y no lo conocen, les cuento que el periférico es una avenida de alta velocidad, en la que no hay semáforos, ni calles que la atraviesen, sólo desviaciones a cada tramo que salen a las principales arterias de la ciudad. Es una especie de highspeed way, que se llama Periférico porque fué construida dibujando un circuito por lo que ellos consideraron la periferia de la ciudad. Hace poco más de dos años, le construyeron un segundo piso, que tendrá unos 10 metros o más de altura, que es aún mucho más veloz y con menos posibilidades de salida que el primero...

Pues por ahí andabamos con el señor, que cuando le dijimos que no, que por ahí no era nuestro camino, se empezo a poner nervioso y a acentuarsele un ligero temblorcito que traía, que ya no era tan ligero, mientras el volante iba de un lado a otro arrastrando consigo al auto... En el medio de las bocinas de los coches que venían detrás y al lado nuestro, mi esposo le dice al señor que se calme, que no preocupe, que ya encontraremos cómo salirnos de ahí. Poco a poco el señor fue retomando el control del auto (y de sí mismo), y bajo nuestras indicaciones se orientó en la carrilera que pensábamos la correcta. El único problema es que seguía manejando a 40 km de velocidad cuando el mínimo de esa carrilera era de 80!! Los otros autos nos pasaban por el lado como centellas y le lanzaban todo tipo de imprecaciones al pobre señor quien, para colmo, les respondía con una mueca o un movimiento del brazo... (mientras nuestro corazón se disparaba al ver el volante sostenido por una sola de aquellas manitos esqueléticas y temblorosas).

Finalmente encontramos la salida, y hacia allí nos encaminamos. Yo veía con horror cómo el carril se iba estrechando para bajar de aquel segundo piso, y la curva se iba acentuando, mientras el señor tan tranquilo seguía manejando casi derecho... de cuando en cuando se escuchaba el sonido de los neumáticos sobre la cuneta, a milímetros de la baranda de seguridad, y yo apretaba llena de pánico la mano de mi esposo, y la encontraba fria y sudorosa...
El terreno se me fue presentando lentamente, hasta que, aportando un poco de tranquilidad al asunto, ya pude reconocer algunas calles, y decirle al señor por dónde ir hasta que llegamos, milagrosamente sanos y salvos a nuestro destino. Mi esposo, que casi no había abierto la boca en el trayecto más que para calmar al señor, me dice (en japonés para evitar que nos entendiera) que aquel señor debía tener cerca de ochenta años, y cuál no fue nuestra sorpresa cuando, al bajarnos, nos dice el señor que "sólo" tiene 87 años!!!!!
El susto que pasamos fue mayúsculo. Creo que nunca antes había sentido tanto miedo en mi vida. De hecho, el nerviosismo, el temblor de las manos y la agitación no se me pasaron completamente hasta una hora más tarde. Pasado el susto, hasta bromas llegamos a hacer al respecto: "es un milagro que este señor este manejando, y es un milagro que hayamos llegado vivitos y coleando"...
"¿Por qué te decidiste a montar este taxi?"- le pregunté a mi esposo. "Pues porque no quería discriminar al señor - me respondió-. Seguramente nadie se monta con él por su edad, y seguramente trabaja para sobrevivir. ¿Quién sabe si tiene a su señora en casa, a quien tiene que mantener?"

¿Qué tan enferma puede estar esta sociedad que un señor tan mayor como este, un nonagenario, tenga que trabajar para vivir? El hecho de que tenga que trabajar no es un problema, es admirable que a su edad tenga la claridad y la energía suficiente para trabajar, pero, la pregunta es... ¿por qué tiene que trabajar en algo taaaan peligroso?

Manejar en esta ciudad no es nada fácil. Los choferes no respetan ni a los otros choferes ni a los peatones, se cambian de carril como quieren, se atraviesan sin hacer señal alguna, se detienen en medio de la calle sin previo aviso (sobre todo los del transporte público que no tienen paradas establecidas y se detienen cada vez que alguien les hace un señal)... Y por otra parte estan los robos, porque la inseguridad en esta ciudad está a la orden del dia, no importa si la víctima es un niño, una mujer, un anciano... aqui no somos más que posibles fuentes de dinero para los asaltantes.
Y en el medio de todo ese caos, un anciano, un nonagenario con Parkinson, manejando un taxi y este par de inexpertos e ingenuos extranjeros confiando en que al señor no le fallen los reflejos ni las fuerzas si algún loco se le atraviesa en el camino...

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)