jueves, 19 de abril de 2007

El hombre que camina.

El hombre no asciende ni progresa, el hombre camina.
El hombre no necesita de una carrera ni de una historia, sino de un camino.
El hombre es cuando camina.
Caminar es entrar en el justo ritmo del vivir, entre la muerte y la aventura, entre la silla y las alas.
Es también la fuente generadora de la posibilidad, de la que emanan serenamente la fantasía y el cuento.
Basta con que el hombre tranquilamente salga a caminar para que naturalmente empiecen a ocurrir cosas.
El hombre, al echar a andar, echa a andar su mundo.
Pero en el caminar como impulso básico y natural no hay sujeto ni objeto.
El caminar real como gesto ontológico surge del equilibrio y la quietud.
El mundo existe por primera vez cuando el hombre camina y camina el hombre cuando acepta estar en su mundo.
Simular el mundo es simular al caminante.

Gustavo Pita Céspedes.
Exposición "El Hombre que camina" del escultor Andrés Montalbán.
Centro Provincial de Artes Plasticas y Diseño, Ciudad de la Habana, 1996.

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)