viernes, 5 de enero de 2007

La Sombra del Viento

¿Que sucede cuando se acaba un libro? ¿Que hacer con el vacio que nos deja en el pecho?


Cuando lo empiezas y por la segunda pagina puedes imaginarte el deleite que te proporcionara su lectura, agradeces ver el grosor del libro. "Tengo disfrute para rato", piensas.


Te dejas atrapar por las palabras, las imagenes... Te detienes para comer, y entre bocado y bocado le lanzas miraditas de soslayo a la carátula, y apuras lo que te queda en el plato para poder volver a abrirlo y sumergirte en él. No imaginas otra mejor manera de encontrar el sueño que entre sus páginas. Y despiertas, pocas horas más tarde rememorando todo lo que has encontrado en él, admirándote por el buen oficio con que el autor te hace llegar las imagenes, utiliza ciertas frases, hilvana historias...


Un buen dia -o quizas sea mas justo decir, unas horas mas tarde- te das cuenta que ya has pasado la mitad del libro. ¡Horror! Desde ese momento te devates entre la ansiedad feroz que te consume por leer la siguiente página y el deseo de aminorar el ritmo de lectura para evitar encontrarte con esa triste palabra: FIN. Empiezas a sentir de antemano cuánto vas a extrañar este mundo que ya has convertido en parte de ti. Es en ese instante en el que le dedicas mucha mas atencion a cada palabra que pasa por delante de tus ojos, ya ni los articulos te pasan desapercibidos; no quieres perderte nada, pero nada que pueda llegar a ti desde esas paginas. Casualmente es justo ese el momento en que la trama esta en su climax y te tiene atrapado con todos sus hilos. No puedes moverte, estás atado sin remedio...


Y por fin terminas el libro. "Se me acabó", le comentas tristemente a tu pareja que te mira con un cierto matiz de incomprension en los ojos y te pregunta "Pero, ¿no decias que era el mejor libro con el que habias tropezado?". "Precisamente por eso...", respondes, queriendo ocultar inutilmente el tono delator... Si, te sientes traicionado: por el autor, por los personajes, por la imprenta... Y, para colmo, ahi esta, irreductible, el vacio que al que tanto temias ha llegado.


¿Que te haces entonces? ¿Que haces con los deseo de seguir leyendo? ¿Como encuentras un sustituto par ese amigo, si ni siquiera es realmente eso lo que quieres? ¿Que te haces con ese conocido temblor que sientes en los dedos, pidiendo a gritos pluma y papel?


Eso me acaba de suceder, con un libro. Una novela contemporánea (que no ha venido más que para hacerme tragar mis propias palabras, aquellas con las que afirmé una vez que de la contemporaneidad no podría salir nada bueno):


La sombra del viento


Y por supuesto que se las recomiendo mucho, si es que acaso son tan masoquistas como yo y aceptan todo el dolor de la despedida por unas maravillosas horas de lectura.


Ahora entiendo a aquel (hay quien dice que fue el bueno de Marti y no lo dudaria) que decia: Tonto es el que presta los libros, pero doblemente tonto es el que los devuelve...


¿Como me hago ahora para devolver esta joya a su dueña?

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)