jueves, 4 de mayo de 2006

Otro fin de semana entre Texcoco, el cine y un poco de literatura

Pues este sábado pasado nos fuimos de nuevo a Texcoco. Llegamos temprano, y como ya teníamos bien localizados el lugar en el que sería la conferencia, nos sentamos con un sabroso café bajo unos árboles muy cerca de una escultura a la Diosa del Maiz, una hermosa mujer (en el sentido antiguo, porque para los cánones actuales está un poquito pasada de peso) con una mazorca de maiz en su vientre...
Nos encontró uno de los profesores organizadores del curso, resultó que habían cambiado el lugar de la charla por uno, aparentemente más grande y mejor acondicionado. Hacia allá nos movimos, y ya había un buen número de alumnos esperando. Esto de alguna manera nos sorprendió, porque las charlas son los sábados, y para colmo, este lunes, Primero de Mayo era día feriado, por lo que mucha gente aqui se toma todo el fin de semana como un puente y se van a vacacionar a otros lugares.
Bueno, nos sentamos a conversar con los alumnos fuera del local, en espera de que apareciera la persona encargada de la llave para que lo abriera. Yo estuve hablando con una muchacha que me conto mucho de su tierra, cerca de la costa; y mi esposo con unos cuantos muchachos, uno de los cuales nos contó que su familia cultivaba aguacates hacía ya muchas generaciones. Pero los aguacates mexicanos no son ni en tamaño ni en sabor la mitad de los cubanos. Así se lo hicimos saber, y el muchacho se reía, incrédulo, y nos decía que él tenía que verlo con sus propios ojos para creer que un aguacate pudiera tener el tamaño que nosotros le contábamos.
Al final, luego de hora y media de espera, la llave no apareció y nos fuimos al antiguo local que, según nuestro parecer, no está para nada mal. La charla, como siempre, fluida, interesante y con buena respuesta del auditorio. Esta vez hubo varios profesores mas que la vez pasada, bastante interesados parecían.
Un día voy a transcribir aqui mis notas de estas charlas.
Cuando terminó, y luego de responder las preguntas de los alumnos, entramos nuevamente a la capilla de Diego Rivera. Ya digo que no es una experiencia para agotar en una sola visita. Hay que sentarse frente a aquellos frescos y dejarse deslumbrar por ellos... . Creo que no será la última vez que pasemos por allí. "Cómo le gustaría al profesor Alejo venir a este lugar!!"- comentamos antes de salir, y, agrego, a nosotros poder disfrutar de sus sabias observaciones...
Ya en la salida de la Universidad, nos topamos con el esposo de la profesora que organiza el curso, y nos invitaron nuevamente a comer algo tradicional... Nos llevaron esta vez a un tianguis, que es una especie de mercado sobre ruedas donde se puede encontrar todo lo imaginable y deseable a precios increíblemente bajos. Allí nos sentamos en el kiosko de un par de señoras muy agradables, que enseguida empezaron a llamarnos "paisanos".
"Estas son las mejores tostadas de por aqui"- nos dijeron, y yo creo que sí son magníficas. Se trata de las mismas tortillas de maiz, pero tostadas, como bien lo dice su nombre, a la que le untan una pasta de aguacate, le agregan cebollita y perejil picaditos, y encima le ponen el guisado de tu preferencia. Este día tenían un guisado de pata, cebiche de pescado y puré de papas sazonado. Nosotros probamos una de pata y otra de cebiche, la verdad que deliciosas.
Pero a los profesores no les bastó con esto, y nos trajeron unas quesadillas, que son las consabidas tortillas de maiz (practicamente omnipresentes en la comida mexicana), pero esta vez de maíz azul, rellenas con un hongo, de color negro, llamado Huitlacoche. Es el hongo que, según nos contaron, acaba con las cosechas del maiz. Entra en la mazorca y se la come. Pero los indios encontraron que tenía muy buen sabor, y, para completar, es extremadamente nutritivo. Yo estoy completamente de acuerdo. Tiene un sabor muy particular, sobre lo dulce, y puedo asegurar que luego de las dos tostadas y una quesadilla (se llaman así porque frecuentemente contienen queso que, al calentarse la tortilla doblada sobre el comal, se derrite dentro de ella, creando una mezcla deliciosa con cualquier otro ingrediente que se le ponga) de huitlacoche, estuvimos sin comer nada más en todo el día, sin sentir apenas hambre.
Y ya nos regresamos al DF, pero luego de la semana que habíamos tenido taaaan ocupada, decidimos darnos la tarde de descanso, y nos fuimos al cine. Solemos ir al Centro Cultural Telmex (así se llama), en el que no solamente hay un cine, sino también un teatro, y muchas tiendas donde venden los mas diversos articulos, desde ropa y zapatos, hasta las consabidas Mac Donalds. Generalmente comemos algo, o nos compramos una palomitas y un refresco para comer mientras vemos la película, pero este sabado ya no teníamos nada de hambre, así que nos ahorramos el refrigerio.
Entramos a Internet, para chatear un rato con la hermana de mi esposo, pero casi fue una torura china. La conección constantemente cesaba, o las maquinas se apagaban, o la electricidad fallaba..
La película, Bajos Instintos II, nos pareció buena dentro de su género. Nada totalmente remarcable, pero con muy buenas vistas de Londres, una buena trama bien lograda (aunque un poco enredada), y una buena actuación. Justo lo que necesitabamos para liberarnos de las tensiones acumuladas en el trabajo. A mí, particularmente, me interesó mucho que la protagonista fuera una mujer escritora, pero no me parece bien conseguir tema para un libro de la manera en que ella lo hizo... Opinión muy subjetiva, pero sincera.
Ahí casi casi que acabó nuestro fin de semana: el domingo, la clase de aikido, y el lunes (afortunadamente feriado) lo dejamos para estudiar tranquilos en casa.
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En otro orden de cosas, ya termine el libro de Octavio Paz sobre Sor Juana Ines de la Cruz. ¿Mi opinión?
El libro: muy bien escrito y muy ambicioso (Sor Juana es casi un pretexto para darnos una inmejorable panorámica por la sociedad, la cultura, las costumbres y los personajes de aquella época, siglo XVII, en Mexico).
Sor Juana: hermosa mujer, valiente, un poco narcisista, lamentablemente limitada por su época. Luego de una vida envidiable de lucha por defender su derecho de amar al saber, cedió ante toda la presión social que se había acumulado sobre sí durante 25 años, y terminó como una fanática religiosa, azotándose, martirizándose hasta la muerte. Renunció al mundo del saber, y con eso terminó su vida. Lo demás era solo carne, sin espíritu.

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)