jueves, 18 de mayo de 2006

Adoro correr!!!

Ayer nos fuimos a correr, mi esposo y yo, a un parque deportivo que hay cerca de casa. Y una vez mas me sorprendí de lo increiblemente adaptable, entrenable, flexible... que es el cuerpo humano.

Recordé cuando empezamos a correr aqui, en Ciudad de Mexico, a 3000 pies de altura. Corrimos creo que unos 100 metros y yo estaba taaan cansada que el regreso lo tuve que hacer caminando, y deteniéndome cada dos pasos para recobrar el aliento.

El segundo día hicimos más o menos el mismo tramo, pero en el regreso (que ya lo intentaba hacer tambien corriendo) nos encontramos a una señora que lleva a pasear alli a sus perros. Siempre que la veo, hasta hoy, me quedo embobecida mirando sus mascotas preciosas, y ya hasta me vienen a saludar (los perritos, claro está). A la señora tambien la saludamos con cariño siempre que nos encontramos.

Lo cierto es que aquel segundo dia de correr, lejos de alegrarme de ver a los perritos, le dije un par de improperios a la señora porque, según yo, ella estaba atravesada en el camino. y luego de esto ya no pude retomar elritmo que traia corriendo y tuve que detenerme nuevamente... (Ese dia cuando regresamos mi esposo me hizo ver que todo el cansancio que experimentaba me hacia sentir tan mal que se lo descargue a quien primero se cruzo en mi camino: la pobre señora.)

Y asi pasaron los dias... unos mejor y otros peor, aumentando poco a poco la distancia que corriamos hasta que nos aventuramos a darle una vuelta completa a lo que llamamos una pista, y que no es mas que un camino entre los arboles que han ido marcando otros que, como nosotros, se van ahi a hacer ejercicios. Aquello a mi me parecio toda una proeza, fueron 10 minutos completos corriendo, sin parar!!! Para quien no ha corrido nunca, como yo, era mas que suficiente...

Pero le seguimos aumentando, y un dia me sorprendi contandole a una amiga que estaba corriendo cerca de media hora diaria. "Orale!"-exclamó ella, mexicana hasta los tuetanos a pesar de que por su apariencia se podria decir que es europea.

Para ese entonces el hecho de correr habia cambiado completamente ante mis ojos. Ya no era algo que no pudiera hacer, algo lejano, sin sentido. Se habia convertido en un reto, del que disfrutaba muchisimo, y del que ya habia empezado a ver buenisimos resultados: estaba bajando de peso, respirando mejor, ya subia la pequeña pendiente que separa nuestro edificio de la avenida mas cercana sin agotarme en el esfuerzo (de hecho, un dia, por pura necesidad y falta de tiempo, comprobe que la podia subir corriendo y llegar a la cima como si nada hubiera sucedido)...

Y le seguimos... Ahora, cada vez que aumentamos una vuelta a la pista, me digo a mi misma que con eso ya es suficiente, cedo con todo tipo de pensamientos deprimentes ante el cansancio, pero cuando llegamos a la pequeña cancha que nos sirve de punto de partida, me quedo corriendo un poquito mas, aumentando incluso la velocidad, y siempre termino con la impresión de que la siguiente vez podre hacer un poco mas de lo que hemos hecho hasta ahora.

Se lo debo, como tantas otras cosas, a mi esposo. El ya habia tenido este tipo de entrenamiento, y me ha ido guiando, alentandome incluso para que no deje de hacerlo... Ahora, cuando ya corremos poco mas de una hora y diez minutos, y le damos unas 7 vueltas a la pista, me comento, como respuesta a mi pregunta: "Para ser fondista (corredora de fondo) debes hacer como hora y media. Cuando lo logres estaras en lo peor del entrenamiento real del atleta. Ese sera el principio". ¡¿?!

1 comentario:

  1. Hola Pelusa!!!
    Que buena manera de expresar estas vivencias, te escribo desde Suiza y te digo, deberia correr mas, bueno me animaste...

    Un grandissimo Saludo

    Baru

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)