domingo, 4 de octubre de 2015

¿Qué celebran los pájaros?

Hoy, mientras caminaba, estuve observando el comportamiento de los pájaros; y luego, ya en casa, también. Era difícil no hacerlo, y ahora les cuento por qué.

Para empezar, vi una especie de reunión de tórtolas. Había varias de ellas, cerca de una docena, paseando por un césped no muy lejos de casa. Hacían como que picaban aquí y allá en la tierra, pero es tan raro ver tantas juntas que era difícil no pensar que en realidad disimulaban, que estaban haciendo algo más.

Claro que no eran las únicas. Más allá, en un parque del pueblo vecino, había no ya una discreta reunión como la de las tórtolas, sino toda una asamblea de ruidosos y conversadores loritos. ¿Cuántos había? No los conté. Calculo que serían unos cincuenta, y no paraban de llegar más, siempre en grupos de cinco o seis. Estos sí que no disimulaban en lo absoluto, su ascendencia latina no se los permitía. Estaban reunidos alrededor del tronco de un árbol, y charlaban a toda voz sin preocuparse de si alguien los escuchaba o no. 

Las golondrinas que vimos más tarde, desde la ventana de casa, estaban no en el césped sino en el aire. Revoloteaban en grandes bandadas de un lado a otro, hacían giros atrevidos, jugaban, se divertían. Daban la impresión de estarse despidiendo del verano y de estas tierras, de celebrar la llegada de la lluvia, y con ella, el despertar del deseo de emigrar hacia sitios más cálidos. 

Y más allá, alzando un poco la vista, se podía ver un ave enorme, un halcón quizás, planeando en círculos. Era notable su tranquilidad, su parsimonia en comparación con todo el ajetreo de las golondrinas. No movía apenas las alas, sólo se dejaba deslizar, sin esfuerzo aparente, disfrutando de su vuelo.

Estuve a punto de hacer toda una alegoría de la humanidad basada en estas observaciones pero al abrir el ordenador algo me hizo cambiar de opinión: es 4 de octubre, y un día como hoy murió san Francisco de Asís, el amigo de los pájaros. Eran, pues, celebraciones y no simples reuniones las que tuve la suerte de presenciar.

Fragmento de obra propia


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viernes, 2 de octubre de 2015

Leer: ¿hábito o adicción?


Claude Monet- Springtime
Imagen tomada de Wikimedia


Estamos de acuerdo en que un hábito es aquello que hago frecuentemente pero puedo dejar de hacerlo cuando lo decida, de lo contrario he perdido el control y lo que sea que haga, bueno o malo, ya no es hábito sino adicción.

Bajo la luz de esta idea me propuse como experimento, no por obligación sino como ejercicio de mi voluntad, dejar de leer por unos días. Una semana, quizás dos. Leer es uno de mis hábitos mejores, más antiguos y más arraigados. Es de los más beneficiosos, por supuesto, y también de los que más placeres me ha proporcionado. ¿Para qué cuestionarlo entonces? Pues porque quiero saber qué tan adicta o tan dueña de mis actos soy, y porque creo que ninguna adicción es buena.

Desde entonces han pasado ya seis días, seis días sin abrir un libro. Tal parecen seis siglos. 

Estoy sufriendo un síndrome de abstinencia y está siendo duro, no saben cuánto. Puede parecer una exageración, pero les aseguro que refrenar el impulso de leer en cuanto aparece un momentito libre es de las cosas más difíciles que he hecho nunca. En serio. Es un impulso físico que nace solo. Con frecuencia me sorprendo a medio camino en busca de un libro, y puedo sentir la rabieta interior cuando decido dar media vuelta y dedicarme a hacer otra cosa. Ahora ya va menguando, pero sobre todo al principio era una pataleta en toda regla, con enojo y gritos (internos) incluidos.

Mi mente exige su droga, ¡y de qué manera!

Los resultados (hasta ahora): he descubierto que le dedico muchísimo más tiempo a la lectura de lo que pensaba. Ahora los días son más extensos... y yo me he reencontrado con un viejo amigo que hace años no veía: el tiempo libre. Las 24 horas han vuelto a llenarse cada una con 60 largos minutos que me permiten hacer un millón de cosas, sobre todo crear. He vuelto a ponerme en contacto con mi naturaleza creadora, he vuelto a estar hecha a imagen y semejanza del Creador, y eso no puedo decir que no sea bueno.

Ya sé que dirán que hay peores vicios. Por supuesto que los hay, pero leer se ha revelado como una adicción en mi vida, y yo quiero volver a leer cómo, cuándo y dónde yo decida, como una persona libre, y no arrastrarme cada día como una adicta inconsciente a meterme mi dosis de lectura.

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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)