jueves, 28 de mayo de 2015

Reseña: "El caso Jane Eyre" de Jasper Fforde

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Thursday Next es el curioso nombre de una detective que vive en la Inglaterra de los años 80s. Sería todo muy normal si no fuera por la rara circunstancia de que, en esa realidad alternativa, todo se mueve en torno a la literatura: los crímenes tienen que ver básicamente con libros y manuscritos originales; las bandas se pelean por defender sus teorías literarias; el pueblo en general conoce de memoria los grandes clásicos... Además de la policía que persigue los delitos comunes, ha sido necesario crear una red de operativos dedicados a velar por el orden en este otro sentido, y ahí es donde entra en acción la protagonista, una detective literaria que tiene que enfrentarse en su primera aventura a un criminal que intenta entrar a los libros y cambiar sus historias.

Es literatura sobre la literatura, o lo que es lo mismo, metaliteratura, con mucha imaginación y un divertido toque de novela negra. Esta es, a grandes rasgos, la idea base de la serie de libros sobre Thursday Next escrita por Jasper Fforde, un inglés con más de dos dedos de frente. Las suyas son historias llamativas, inteligentes y con un profundo trasfondo cultural.

No sólo he disfrutado en el primer libro de referencias a obras conocidas, y hasta incursiones en ellas, sino que a lo largo de toda la historia encontré un tema recurrente que no me era del todo ajeno, y que me tomó por sorpresa: el de la real autoría de los textos de Shakespeare. Y es que, teniendo en cuenta que el Shakespeare real, de quien la historia tiene referencias, al parecer era un comerciante y actor de segunda sin mucha formación, bastante lejos de la genialidad que se le atribuye, hay quien sospecha que este no era más que un testaferro y que detrás de sus grandes obras realmente había otros autores que decidieron quedar en el anonimato. Fforde, pues, se las arregla para ofrecernos en medio de las aventuras de la detective Next, varias de las hipótesis que se manejan sobre este tema y también, claro, algunas de sus refutaciones. Es más, termina dándonos su propia solución al problema, muy acorde con esa realidad alternativa que ha creado.

En fin, que el primer volumen de esta serie me resultó divertido, interesante y fácil de leer. El balance final ha sido muy positivo y, sí, ya voy por la mitad del segundo libro de esta serie que ya cuenta con siete publicados. Totalmente recomendable, sobre todo para aquellos que gustan mucho de los libros, al punto de que disfrutar leer sobre ellos. Eso sí, un pequeño bagaje sobre los clásicos de la literatura, sobre todo los ingleses, ayuda mucho en esta lectura.


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lunes, 25 de mayo de 2015

¿Cómo ayudar?

Hace unos días, un amigo nos preguntaba de qué manera él podría hacer algo para ayudar. Ayudar, así, en general. Y tenía razón en preguntarlo de esta forma tan abstracta, porque hay tanto por hacer para mejorar este mundo que por cualquier lugar que se empiece ya es una ayuda. Sin embargo, nuestra condición de seres humanos finitos nos obliga a concretarnos. 

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La primera respuesta que me vino a la cabeza en ese momento fue «ayuda a los demás.» Claro que esto no deja de ser tan abstracto como la pregunta, pero es más fácil de entender de lo que parece, y además, resulta una ayuda «de ida y vuelta.» Cuando estés preocupado por algo que no puedes solucionar, cuando andes depre, cuando te sientas de alguna manera negativo, sal por un momento fuera de ti, pregúntate qué necesitan los demás que te rodean y haz lo que puedas por ayudarles. Como decía Dickens: «Nadie es inútil en este mundo mientras pueda aliviar un poco la carga a sus semejantes.» Les aseguro que es completamente gratificante.

Las otras respuestas que se me ocurrieron, mucho más concretas, son cosas que están en nuestras manos y de cuya importancia, por su sencillez, no siempre tenemos conciencia: 
  • Reciclar: separar la basura, depositar las baterías donde corresponda, no tirar el aceite usado por el desagüe...
  • Consumir con responsabilidad. Es decir, no comprar lo que no sea necesario. Lo bello también es necesario, por supuesto. Lo que conviene preguntarse si son necesarias son las ofertas de última hora, las modas, los antojos a los que nos lleva la disposición de los artículos del mercado...
  • Usar con medida los recursos a nuestro alcance: la electricidad, el agua, el papel, el combustible, etc.
  • Dar una limosna, dar una moneda a quien la pida, siempre que se tenga, claro. No es cosa de arruinarse; por una moneda no seremos más ricos ni más pobres. Y no hay más que pararse a pensar en lo difícil que sería para nosotros tener que pedir limosna. Lo que haga el otro con la moneda, eso no es asunto nuestro.
  • Ayudar a los animales: Pan viejo a las palomas, un recipiente con agua a los perros callejeros... Cualquier pequeño gesto de nuestra parte puede facilitarles la vida. No vivimos solos en este mundo. 

No es cuestión de hacerlo todo cada día. Incluso una sola cosa que hagamos, ya es ayuda. Hay algo más que sí podemos hacer a diario, que no nos genera ningún gasto ni siquiera de tiempo ni energía, y es evitar colaborar con la negatividad. No se trata de andar de optimistas por la vida, pero ya hay suficiente oscuridad en el mundo como para prestarnos a ser sus agentes. ¿Qué ganamos con andar propagandizando todo lo malo que pasa? Para eso están todos los medios de comunicación, ¿o no? Mejor si ayudamos a los otros a ver lo positivo de nuestro entorno, o cómo podemos colaborar a hacerlo más hermoso, más creativo, en fin, más positivo. Es el poco de luz que podemor aportar.

He dejado para el final quizás lo más importante, porque no hay nadie en el mundo que lo pueda hacer en tu lugar, y es hacer lo que sabemos hacer. Eso. Si tienes un don, úsalo. Si sabes escribir, escribe. Si sabes cantar, canta. Haz lo que sepas hacer, que para algo tienes ese conocimiento. Y si no sabes hacer nada, que lo dudo, aprende algo nuevo. Daño no te hará, crecerás, te superarás y podrás ser más útil. 



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martes, 19 de mayo de 2015

Reseña doble para coger impulso

Reabrimos el Diario después de un tiempo de descanso con, cómo no, una reseña doble. Es que acabo de leer consecutivamente dos novelas de una misma autora, contemporánea además. Es algo que casi nunca hago. Por mucho que me guste un autor suelo darme un tiempo entre sus obras para, de alguna manera, dejar que en mi espíritu se aposente su hacer. En ese intermedio leo obras de otros autores, de otros temas, de otras épocas, en un intento por mantener la elasticidad de mis neuronas.

Esta vez, sin embargo, me dejé llevar por el gusto que me despertó la fluidez del estilo de María Dueñas. Luego de leer El tiempo entre costuras, novela de moda (y sobre moda entre otras cosas), me lancé con La Templanza.



Crédito: imagen 1, imagen 2.

La primera cuenta la historia de una modistilla madrileña que, justo antes del comienzo de la guerra civil (1936), se traslada a Tetuán, Marruecos, y allí abre un taller de alta costura. Los personajes que conoce y la época en que vive hacen que su vida dé un vuelco sustancial. La Templanza por su parte, se desarrolla en la segunda mitad del siglo XIX, y sigue la historia de un minero arruinado por un golpe del destino. Es español radicado en México, pero la historia nos va llevando en pos suyo de Ciudad de México a La Habana, y de allí a Jerez; de la oscuridad de las minas mexicanas a la tranquilidad de las bodegas de buen vino español, pasando por el inconfundible olor a mar de mi Habana.

Aunque fue la segunda la que me atrapó completamente por esta feliz coincidencia de tocar tres países que me son queridos, ambas me parecieron muy buenas historias, en gran medida por la capacidad de la autora para contarlas. Por diferentes que sean sus tramas, tienen un punto de semejanza que vale la pena hacer notar: son historias personales en las que el protagonista debe afrontar los embates de la vida y crecer por sí mismo; hay amor en ellas, apasionado y vibrante, pero no es el amor lo que hace que el protagonista se supere si bien puede que se apoye en el ser amado en algún momento. La transformación es puramente personal. Y eso me gusta, la independencia de sus personajes y también su humanidad. Porque son profundamente humanos, tanto los protagonistas como los personajes secundarios; caen, se levantan, odian, aman, hacen lo mejor que pueden aunque eso implique a veces hacer lo que no se debe, en fin, viven.

Si hay algo que mejorar en estas dos novelas es que, como se suele decir, los acontecimientos se precipitan hacia el final. Podría argumentarse que es parte del estilo de la autora, pero el lector se queda un poco deseando encontrar al final la misma parsimonia al contar, la misma profundidad de miras y el mismo detalle en los hechos que disfrutó en el resto de la historia. Ahora, el rigor histórico de las novelas es muy de agradecer, sobre todo en la primera que incluye hasta una bibliografía al final.

Con todo, son mucho más abundantes los puntos a favor de estas novelas. Muy recomendables para pasar un buen rato en su lectura y no salir con las manos vacías.



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Epílogo

“No es bueno de este modo te apoltrones”
dijo el maestro, “que entre seda y pluma
no se va de la fama a las regiones.

Quien entre el ocio su existir consuma,
No dejará mas rastros en la tierra
Que humo en el aire y en el agua espuma.

¡Arriba, sin cansancio, como en guerra
triunfa el alma luchando por la vida,
si vence el flaco cuerpo que la encierra!”

(Infierno, Dante)